"Día 37. Diario mental de Rivaille"
Me alejé unos centímetros el rostro del suyo y, con la mano agarrando su barbilla, pasé la lengua por sus labios enrojecidos.
– Eres un mentiroso –Eren me dirigió una mirada terrible–. Me dijiste que pararías si te lo pedía por favor…
Encima de él, hice una mueca de satisfacción y sus ojos brillaron.
– Jamás dije tal cosa. Afirmé que sería "compasivo" si me lo pedías por favor. Y lo he sido, ¿verdad?
Entonces, aún con mi mano derecha apresando las suyas por encima de su cabeza, me acerqué más a su rostro y le introduje la lengua en los labios entreabiertos. El pequeño se resistió al movimiento y, alzando su cuerpo, intentaba separarse de mí. Pero no cedí y continué con el beso. Al final, Eren no pudo resistirse y lo correspondió. Se dejó llevar, soltando el aire contenido.
– Por… favor –susurró como pudo con los ojos entrecerrados.
Sin embargo, abruptamente y por desgracia, paré el beso.
¿Por desgracia?
Enfurruñado, se incorporó y me dirigió la mirada con esos ojos tan grandes. Hay que ser un poco tonto para no darse cuenta de que ese cuadro no es otra cosa que deseable: mejillas coloradas, labios hinchados y piel flexible bajo la camisa por encima del ombligo. Todo mío. A mi disposición por completo cuando quiera.
Desde que pasó aquello hace poco más de una semana, esta situación se ha repetido todos los días después de clases. Pasó demasiado rápido. Solo le pregunté si sería capaz de convencerme con las técnicas tan infantiles que poseía. Aceptó. Está "en prácticas" por decirlo de alguna forma. Siento que necesito una excusa, por muy patética que sea, para poder hacer esto sin sentirme más culpable aún.
Me levanto de la mesa para sentarme en la silla. Doy palmaditas en mis rodillas indicándole que se sitúe encima. Me hace caso, por supuesto. Se pone en pie dejando tras de sí su chaqueta del uniforme y se acomoda a horcajadas sobre mí.
Deslizo mis manos sobre su camisa y la desabrocho. Comienzo a besar y lamer su piel, desde el cuello bajando por su clavícula, mordiéndola con suavidad y saboreando su estómago mientras él se echa hacia atrás arqueando la espalda.
Lo atraigo hacia mí y lo coloco mejor encima de mis caderas, nuestras partes se rozaban. Me acerco a su pecho y lamo con mi lengua un pezón de Eren y éste gimió al instante.
–Déjame escuchar más… –digo mientras le acaricio la espalda con la mano bajando despacio hasta sus nalgas.
Su pantalón ya está desabrochado, dejando ver todo lo que quería y más.
– ¡Rivai-! –Eren no pudo terminar de pronunciar palabra. Un grito se había escapado de sus labios al notar mi dedo entrar en su interior. Se pegó más a mí y las manos me abrazaron enganchándose a mi cuello.
Le muerdo la clavícula, dejando la huella de mis dientes marcada, rojiza e insinuante.
–Es... Hah… –introduje lo máximo posible el dedo y lo fui moviendo en su interior-. Es…raro…ah…
Admirado por la manera en que Eren se estaba entregando, quise investigar más su cuerpo. Inclino la espalda y muerdo su cuello levemente, siendo respondido con un breve escalofrío por parte de él.
– Es raro… Pero te gusta, ¿verdad? -lo beso tras la oreja y lamo la piel de su cuello.
– Hah… No lo sé…
– Yo creo que sí –acerco mis labios a los de él.
El sonido de nuestras bocas hace eco en mis oídos. Con el dedo aun moviéndolo, lo beso despacio, saboreando cada parte de sus labios.
El efecto era abrumador, no sabía que Eren podía poner esas expresiones ni sentir tanto placer en mis manos.
Seguí besándolo, introduciéndole la lengua e intercambiando saliva con él. Pero Eren casi ni podía seguirme el ritmo de los besos, pues sus gemidos le interrumpían a cada momento. Me parecía muy excitante besarle mientras él gemía de placer.
Sintiendo la humedad en los labios, me aparto para deleitarme en mirar a Eren.
Sus labios brillaban también, como consecuencia de los besos. Introduzco otro dedo y justo cuando se lo fui metiendo por su entrada, el pequeño me sujetó fuertemente de la camisa y alzó sus caderas.
Seguí así por varios minutos, abriéndolo y preparándolo. Esta vez, me olvidé del final, no quería correr, no quería pensar en terminar… quería disfrutar del momento, y eso era algo que nunca jamás había querido hacer.
Saqué los dedos, y Eren suspiró, relajado. Volví a acariciarle las nalgas y le recorro la espalda con los dedos, subiendo y bajando. Estaba comenzando a adorar el cuerpo de aquel mocoso… la piel, su pelo, su boca, sus ojos, sus piernas… era todo.
Volví a introducirle los dos dedos, justo cuando Eren creía que ya no volvería a hacerlo, y aunque se cerró un poco debido a la sorpresa, lo sentí relajado y dispuesto a recibirme.
– Riva…ya no…creo que pued… Hah…más…
– ¿Tan rápido? Eres un niño.
Lo es. Soy consciente de ello. Esto podría costarme mi puesto, mi carrera, muchas cosas están en juego y sigo aquí. Despreocupado, con trabajo acumulado durante estos últimos días por culpa de él.
¿Por qué?
Me levanto y me coloco en frente de la mesa, con las piernas a cada lado de las de Eren. Lo agarró por las caderas y lo alzo, posicionándolo a cuatro patas.
Eren no se resiste y se deja llevar.
Le acaricio los muslos con las manos y las voy subiendo hasta llegar a su miembro, totalmente duro y erecto. Se lo toco y masajeo, subiendo y bajando, apretando y relajando.
– Yo también…ah…quiero tocarte… –me exige.
– Estás hablando mucho.
Coloco una rodilla encima de la mesa y cojo un poco de impulso para situarme de tal manera que mis partes rocen con el trasero de Eren. Se sorprende. Seguramente por notará la dureza que hay en mis pantalones.
Mierda.
Aún de espaldas, Eren se levanta y apoya la cabeza en mi hombro. Siento como me agarra el antebrazo libre y lo coloca de tal forma que acabo rodeándolo con él.
El pelo de Eren descansaba sobre mi hombro y puedo olerlo, un olor que me abruma y me excita. Meto la mano por entre la camisa de Eren y acaricio su cuerpo, su ingle, su vientre, sus pezones… hasta llegar a su cuello.
– Ya… Ya…está…
Notaba como Eren, retorciéndose en mis brazos, comenzaba a llegar al orgasmo.
– ¿Ya no aguantas más? –le pregunto.
Él no contesta, en cambio, se sujeta con fuerza a mis brazos mientras movía las caderas desesperado por correrse.
– Está bien… –le muerdo en el cuello, introduciendo los dedos a la vez con largos y profundos movimientos.
Los gemidos de Eren, cada vez más agudos y entrecortados, se mezclaban con el sonido de la fricción.
Notando como su interior se contraía, Eren llegó al orgasmo con un grito mientras su cuerpo temblaba en mis brazos. Lo sujeto fuerte y lo sigo tocando con suavidad mientras él se estremece y convulsiona.
El pequeño, en mi pecho, jadeaba. Se da la vuelta hasta quedar cara a cara.
- Rivaille ... eh ...
Le miro seriamente. Todavía temblaba y, cuando vi su rostro, inevitablemente un pinchazo atravesó mi pecho.
¿Es consciente de lo vulnerable que es así?
Eren me abraza de nuevo y apoya la cabeza en mi pecho.
– ¿Puedo… dormir esta noche en tu casa?
Chasqueo la lengua.
– Eso es molesto.
No quiero involucrarme en esto más.
Se aprieta más a mí y me agarra con fuerza de la nuca.
– Por favor…
– Veo que te has acordado de cómo de piden las cosas.
Le aparto y le miro directamente a sus ojos llorosos. Está feliz, solo hay que ver la sonrisa dibujada en su rostro. Sabe que voy a aceptar su propuesta.
– S-Sí.
– Sólo una cosa más.
Alza la vista, extrañado. Su cuerpo se pone tenso, pero se relaja por completo cuando uno nuestros labios una milésima de segundo, dejando un rastro de saliva entre nosotros.
– Estate preparado.
Mocoso.
¡HolaHola!
El siguiente que voy a subir será el último. Siento si os decepciona que sea así, pero como ya mencioné, no me atrevo a subir historias más largas.
También aviso que en el siguiente capítulo habrá relaciones sexuales y sí, si yo fuera vosotros sería lo que más esperaría. ¡SÉ QUE VOSOTROS SÓLO QUERÉIS ESA PARTE!
¡Nos vemos!
