Capítulo 2: ¿Watson?
Eran las ocho de la mañana y aunque siempre solía llover, hoy el día comenzaba brillante y reluciente.
Mucha gente salía de sus casas y se iba a trabajar. Ese día era tan hermoso que la gente estaba muy feliz ya que pocas veces salía el sol. Ya se empezaba a oler el dulce olor de la panadería que utilizaba el glaseado francés por todo el barrio de BaKer Street. Al llegar el dulce olor algunas personas que, aun dormían despertaban felices y con deseos de almorzar uno de esos panes.
Menos, claro esta, Sherlock Holmes, que adolorido por su espalda, por dormir en su sillón, dejó al hombre con ganas de que ese día se acabara de una vez.
Las grandes ventanas de la habitación, iluminaron todo el cuarto, ya que con sus descuidos se había olvidado echar las cortinas, ahora mismo se maldecía por no hacerlo. Toda la habitación como siempre estaba llena de trastos inútiles o simplemente olvidados de hace muchos años. El detective se puso de pie, estirando todo su cuerpo. Miró al perro como seguía durmiendo aun dándole todo el sol en todo su cuerpo. Se masajeo los ojos, dio un repaso a la sala, y luego al abrigo de Watson que estaba caído en el suelo, expiro una vez mas el olor del doctor y lo dejo donde estaba, acariciándolo por ultima vez.
Holmes bajo rápidamente los escalones y se dirigió a la cocina, que como siempre estaba reluciente por la gran aplicación de la señora Hudson.
Se extraño no encontrarla en la cocina, ya que para ella era como su santuario mas preciado. Se sentó en una de las sillas, cerró los ojos como intentando recordar algo, volvió a abrirlos y allí estaba.
Su querido Watson, estaba enfrente de él, leyendo un periódico, tomando un te con tostadas con mantequilla de acompañamiento, dejo el diario a un lado, apoyo las rodillas en la mesa y apoyo su cabeza en sus manos. Miraba atentamente a Watson no le quitaba ojo, Holmes escuchó como un susurro.
-Señor Holmes, ¿Otra vez soñando despierto?. Le susurro Watson.
-¿Como dice?. Dijo Holmes sin entenderlo del todo.
Entonces de repente, Watson le sonrío y desapareció como la arena por el viento. Holmes quería alcanzarlo, "debía" alcanzarlo pero el desapareció antes de poder hacerlo.
Y al no verlo, otra vez se masajeo los ojos, hasta volver a la realidad y ver a su niñera mirándole extrañada.
-¿Qué le ocurre? Parece que quería atrapar algo. Decía la señora Hudson mirándole de pies a cabeza.
-No me ocurre, nada niñera, o ha lo mejor si. Me pregunto que piensa usted. A lo mejor estas salidas repentinas son indicios de un intento de asesinato hacía mi persona. No es así..¿niñera?. Dijo Holmes despectivamente, y mientras lo decía puso un dedo acusatorio en la cabeza de la niñera.
-Ojala pudiera señor Holmes, pero seguramente el doctor Watson me mataría.
Dijo la señora Hudson melancólica, ya que, al no estar el amable doctor, la niñera ya no recibía ninguna palabra amable.
Holmes empezó a mover las manos encima de la mesa, bajo la cabeza recordando a su doctor. La señora Hudson noto que había cometido un error al decir aquellas palabras. La niñera sabía que el "abandono" del señor Watson había sido muy doloroso para el detective, lo que no sabía era hasta que punto lo fue.
Podríamos decirlo que para él, era insoportable.
-He traído pan recién horneado, ¿le apetece?. Dijo la señora Hudson intentando ser amable.
-No gracias, niñera, podría estar envenenado y eso no me vendría bien en estos momentos. Tengo demasiadas cosas que pensar querida niñera. Otra vez Holmes utilizo un tono despectivo y malicioso. La niñera algo enfadada, pero acostumbrada decidió irse a su habitación para coser algunos ropajes descosidos, después de irse, Holmes cogió un poco de pan, lo partió por la mitad y hecho un poco de mermelada de uvas.
Mientras se las comía pensó otra vez en Watson, a él le encantaba esta mermelada mientras que el detective la detestaba, pero eso le hacía recordar a su doctor. Como se comía gustoso él pan, mientras leía su diario y cuando se la había acabado, siempre quedaba mermelada en sus labios, incluso en su bigote. Se lamía con la lengua la boca, lentamente para saborear mas de la mermelada y luego se limpiaba el bigote educadamente, ver a Watson comerse una tostada era una delicia sensual.
Una vez acabado el panecito, volvió a su habitación, viendo a Gladstone recién levantado de su sueño y dirigiéndose hacía la cocina donde la señora Hudson había preparado con anterioridad un plato para el perro.
Holmes se dirigió hacia su sillón, comprobando cartas de casos que había recibido, escribió la resolución de cada caso y luego las puso en una mesita, para que luego la señora Hudson se encargara de enviarlas.
Hace poco que el detective investigó acerca de aquel profesor, pero no encontró mucho sobre el caso. Acompañado de Lestrade investigó aquel cuerpo que había matado el tal Moriarty. Lo único que había dejado fue un poco de tiza en su abrigo, pero nada mas. Ese profesor sabía muy bien como pasar desapercibido.
Decidió hacer una limpieza general, pero al ver tantos trastos y pensar en "Yo nunca hago estas cosas" decidió dejarlo correr. Miró una foto que siempre la tenía en una gran vista. Era ella, la ladrona, Irene Adler.
Nunca la había amado, sabía ella a quien amaba, por eso siempre acababan como acababan, hasta que por fin Irene lo entendió y se despidió de ella para siempre. Podría haber ido con ella ahora que su doctor se había casado con Mary, pero ¿Habría sido feliz?
Tristemente no. Sabía que Watson sería su único amor y prefería estar solo antes de ser infeliz al lado de una persona que no fuera su doctor.
Camino hasta donde dejaba su pipa, se la puso en su boca, la encendió y comenzó a fumar mientras contemplaba las calles de Baker Street.
Había empezado a llover de nuevo, los niños no les importaba que lloviera y se dedicaban a correr por todas partes intentando los mas pobres, robar a hombres o mujeres ricas para comer algo. Otras mujeres se dedicaban a leer las manos de algunos hombres o mujeres, Siempre había músicos en las esquinas tocando algo para recibir alguna "limosna", había muchos puestos de comercio y la verdad es que los mercaderes se dedicaban mas a "sobornar" que a vender, pero eso ya es otra historia, lo que le intrigo ver a Holmes era un hombre, joven, caminando por la calle con un bastón muy familiar para él.
Pero no podía ser John Watson su acompañante y amor secreto. Él abandono su vida, decidido a tener una vida estable, sin aventuras, sin Sherlock Holmes.
Al ver al hombre desapareciendo se quedo mirando, las gotas de lluvia, intrigado por saber si su lógica le había ayudado.
Si la lógica le quería dar una esperanza de que su doctor había vuelto a 221B.
Y entonces, empezo a sonar golpes en la puerta.
Gladstone corrió hacia la puerta ladrando, Holmes se extrañó en esto ya que el perro nunca solía ladrar, casi nunca.
El detective abrió la puerta y se encontró con alguien al que su lógica le había dado esperanzas.
-¿Watson?.
Fin del Capítulo 2. Próximamente el Capitulo 3 Un nuevo caso.
