Disclaimer: El Hobbit, El señor de los Anillos y sus personajes no me pertenecen; pertenecen al maestro Tolkien, grande donde los haya.

Advertencias:ligero lemon.

Parejas:Thorin x Female Fili.

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Licor, Dorwinion, Miruvor e Hidromiel

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Thorin se llevó la mano a la cara con un suspiro, incapaz de creer que algo como aquello estuviera pasando.

Quién lo habría pensado; su joven heredera, siempre responsable y obediente, tan fiel y dispuesta, borracha como un jovenzuelo inexperto catando el licor por primera vez. Y de hecho así lo creía el rey de los enanos, Fili no tenía apenas experiencia con la bebida, y a saber en nombre de la barba de Durin qué habría bebido la rubia para quedar en ese estado. Estaba tan distraído en sus pensamientos que no se dio cuenta de en qué momento un montón de nieve le fue arrojado a la cabeza manchándole el cabello y la capa de blanco perlado, acto seguido de una risa débil.

Respiró hondo para controlarse, una vez, y una vez más de nuevo. No era culpa de Fili, debía repetirse a sí mismo, no; ya arreglaría cuentas con su hermano luego, en cuanto pusiera a la rubia a salvo de cualquier cosa punzante y de altura que pudiese dañarla.

—Pareces dun viejo, dío Thorin —rió la rubia, andando tambaleante hacia él con la mano en el abdomen debido a la risa—, si… edes gracioso… domo un oso —y rio de nuevo—, oosooo.

—Fili —cortó sencillamente ignorando su sentencia—, ten cuidado.

El aludido se acercó a ella al ver que la joven tropezaba en una piedra y la sujetó por los hombros para impedir que diera de bruces con el suelo; pero Fili en vez de inmutarse, totalmente ajena como estaba de que hubiera caído de lleno contra las baldosas de piedra, se rió un rato más antes de quedar en silencio durante unos instantes, para de pronto comenzar a forcejear sin motivo ninguno intentando que Thorin la soltara, negando con la cabeza mientras se alejaba y retrocedía torpemente.

Thorin al ver su inútil intento de huida y su torpe movilidad, temía que se tropezara de nuevo con la misma piedra de antes y cayera hacia atrás, por lo que intentó de nuevo tomarla por los hombros para sujetarla e impedirlo, pero ella no lo dejó, dándole un manotazo fuerte en el brazo.

La joven negó con la cabeza de nuevo, esta vez gritándole, todo rastro de diversión perdido ya en su voz.

—¡Edes un necio, dío Thorin! —gritó la rubia intentando golpearlo, desestabilizándose al ir hacia delante—. ¡Tze odio!

Pero de nuevo, antes de que la enana llegara en verdad a caer, Thorin la tomó en brazos apoyando la cabeza de la rubia sobre su hombro sujetándola por las piernas y la cintura, armándose de valor y paciencia. Sí, definitivamente Kili estaba metido en un buen problema.

—No me diento bien… —gimió débilmente su sobrina interrumpiendo sus pensamientos de nuevo, con los ojos cerrados y semiinconsciente.

Entonces Thorin temió lo peor, que la rubia le vomitara encima y los pusiera perdidos a ambos, sin embargo gracias a los Valar no sucedió. Cuando el moreno bajó la mirada para ver cómo estaba, la encontró inconsciente; su respiración acompasada y tranquila indicaba que se había quedado dormida, y sus labios entreabiertos y latidos suaves y pausados le hicieron soltar un suspiro de sincero alivio.

Por el martillo de Mahal, se había librado por esa vez.

La miró de nuevo, observando sus pecas difusas bajo sus ojos, sus pestañas oscuras y sus rizos desordenados cayendo sobre su frente, sin poder evitar que su mirada bajara un poco más y notara como la camisa de lino de la joven estaba ligeramente desatada, mostrándole parte de uno de sus pechos y su corsé. Thorin suspiró. Fili había crecido mucho, se había convertido en una enana hermosa y deseable, ya no era ninguna enanilla, era una mujer hecha y derecha, a pesar de que apenas faltaban unas semanas para que cumpliera los setenta y tres años, tan joven todavía…y tanto que se había perdido en su vida.

—Está bien, sobrina —dijo el moreno distraídamente—, vámonos a casa… Tan sólo espero que tu madre no esté despierta, o ambos nos veremos en un buen problema.

Y con ese pensamiento en su cabeza el rey comenzó a andar a través de la aldea camino a su casa.

Ered Luin era una aldea pequeña, y aun así podía decir con cierto orgullo que habían logrado que creciera bastante, dentro de lo que cabía. Tenía su propio puesto de carne, su propio puesto de pescado y un par más dedicados a la fruta y los vegetales, algo que ahora se veían bastante obligados a comer, pues eran más baratos. A parte, Furkur, el marido de una de sus antiguas amantes de Erebor, Furka, había logrado incluso abrir un pequeño molino para hacer harina, pan, y vender cereales tostados al sol.

Habían logrado entre todos explotar un poco la mina de hierro de las Montañas Azules, y gracias a ello Thorin había podido abrir un humilde puesto de herrería, con un horno pequeño y una mesa de trabajo rudimentaria, pero lo suficiente para darles monedas con las que comprar comida y un par de cabras para obtener leche. No había lujos, pero sobrevivían.

Les iba bien. Pero no era suficiente.

Nunca lo sería.

Aquélla no era su vida, y cuando llegara el momento recuperarían Erebor. Les daría a Fili y a Kili la vida que merecían.

Puede que incluso llegara el momento en que se decidiera, ya sin tantos obstáculos y penurias a confesarle a su sobrina lo que sentía por ella, que llevaba sintiendo desde hacía muchos años, y que ahora veía ante sus ojos tan claro como el agua, con ella entre sus brazos. Fili era para él tan suya como él lo era de ella, su amada, su adorada, su todo. Ella no tenía idea todavía, pero pronto lo sabría.

Sin embargo lo más apremiante ahora era llevar a Fili a casa, dejarla dormir las horas necesarias y darle un café cargado que le despejara el dolor de cabeza que luego de seguro tendría.

Con mucho cuidado llenó tres cucharadas repletas de café molido en el filtro de la cafetera y la cerró, poniéndola sobre la cocina de leña, observando cómo las lenguas de fuego lamían el metal, calentando el agua que pronto se convertiría en oscuro y cargado café. Ésa estaba siendo una noche muy larga y no tenía pinta de ir a mejorar próximamente, bien lo sabía; lo único positivo de todo aquello era que Dis no se había despertado todavía, ni siquiera con el ruido que había provocado hacía un rato.

Había entrado en la casa y al ser noche cerrada todo estaba tranquilo y oscuro. Dwalin y Kili estaban en la taberna, y Dis y Balin dormirían plácidamente en esos momentos, por lo que él sencillamente había entrado en la pequeña cocina por la puerta de atrás cargando aún en brazos a su sobrina y con mucha delicadeza había cerrado la puerta para no hacer ningún ruido que los alertara. Después, había cruzado la cocina y el pasillo y había subido las escaleras andando más despacio que nunca en su vida, con sus pesadas botas haciendo crujir las tablas de madera de los escalones encontrandolos más chirriantes que nunca, en aquel sepulcral silencio.

Thorin sentía su corazón latir acelerado, sabiendo que podrían despertar en cualquier momento y él se vería forzado a dar explicaciones de por qué Fili llegaba en ese estado tan lamentable, inconsciente y borracha; sin embargo todo estaba saliendo relativamente bien. Estaba por la mitad de las escaleras ya, cuando Fili hizo un ruido que lo alarmó haciendo que inclinara la cabeza para mirarla, tropezando con un par de botas que había en el escalón siguiente, casi perdiendo el equilibrio, trastabillando hacia atrás y sujetándose con un brazo en el último momento a las escaleras.

Un ronquido fuerte se escuchó entonces rompiendo el silencio, proveniente del dormitorio de Balin, sin embargo nada más sucedió; había sido una falsa alarma, pensó el rey aliviado.

Observando las botas con las que había tropezado, vio que eran de Dwalin, maldito nadadith suyo, siempre dejando sus cosas donde menos debía… Al menos no se habían caído, se dijo a modo de consuelo, y con ese pensamiento terminó de subir las escaleras y cruzó el pasillo hasta la habitación del final del pasillo a la izquierda, la de su rubia sobrina, abriendo la puerta con cuidado entró y la dejó tumbada en la cama, sentándose a su lado y permitiéndose un suspiro enterró el rostro entre las manos, pensando, recordando lo que había pasado.

Había sido una jornada dura en la herrería, tanto así que había declinado la invitación de Nori de ir a la taberna a celebrar su cumpleaños ciento cincuenta y seis, dos primaveras menos que Thorin, y un hecho que en esos momentos de relativa tranquilidad, puesto que a Nori le iba bastante bien en Ered Luin, quería celebrarlo con sus amigos invitándolos a buena bebida y comida, rememorando las antiguas glorias de Erebor.

Será divertido —había dicho Nori con una sonrisa alegre—. Vamos, Thorin, anímate, amigo mío. Trabajas demasiado.

Sin embargo él había negado con la cabeza y declinado la invitación amablemente.

En otra ocasión brindaremos juntos, Nori —había respondido—. Disfruta de la noche y bebe un hidromiel más por mí, hermano.

El castaño sencillamente se había encogido de hombros, asintiendo de manera conforme.

Así lo haré —se despidió el menor—. Descansa.

Y con esas palabras el castaño se había ido dejándolo solo en su herrería, a punto de cerrar, pues el ocaso ya estaba rayando en el horizonte, con sus tonos naranjas intensos y violetas azulados.

Él había cerrado como cada día y emprendido el camino a casa, entrando en la pequeña cabaña de madera encontrando a su hermana zurciendo unas camisas junto a la chimenea, con las cazuelas en la lumbre y la marmita sobre la encimera humeando, toda la estancia llena con un aroma delicioso; mientras que Balin estaba al fondo de la estancia, sentado en un butacón bajo leyendo unos libros con sus gafas de cristal gastado apoyadas en la nariz, muy concentrado.

Cuando su namadith reparó en su presencia le saludó con una sonrisa y le invitó a sentarse, ofreciéndole un plato de comida.

Tal vez deberíamos esperarlos ¿no crees, Balin? —había dicho Dis de pronto, mientras revolvía el guiso—. Me extraña mucho que Fili y Kili aún no hayan llegado…

Thorin negó con la cabeza mientras soplaba la cuchara intentando enfriarla, pues el guiso estaba muy caliente. La morena lo miró confundida, sin saber por qué su hermano negaba. Finalmente, cuando se hubo tomado la cucharada, Thorin habló respondiendo la duda de su pequeña hermana.

Cena tranquila y sin preocupaciones, namadith, Fili seguramente esté con Ori en su casa —dijo Thorin, pues era la razón que encontraba más lógica para la ausencia de su sobrina— y en cuanto a Kili y Dwalin no los esperes levantada. Hoy Nori iba a invitar a los hombres a unas rondas en la taberna para celebrar su cumpleaños.

Es cierto —confirmó Balin asintiendo—, Nori me dijo que pasara por allí, pero decliné la invitación. Soy mayor para esas celebraciones tan... ajetreadas.

Thorin sonrió ante las palabras de Balin, y Dis había insistido en animarlo, rebatiendo las palabras del peliblanco y argumentando que tan sólo tenía ciento noventa y un años, era muy joven todavía. Balin abrazo a la enana y juntos los tres decidieron que tal como había dicho Thorin lo mejor sería cenar juntos y dejar a Fili un poco de guiso en la cazuela, puesto que no tenían la certeza de si se quedaría o no a cenar en la casa de Nori con Dori y Ori.

Y así lo hicieron, cenaron el guiso de patata y conejo y charlaron animadamente de lo buena que estaba siendo la temporada y de cómo si todo seguía por ese camino y los presagios finalmente se revelaban, podrían recuperar Erebor. Tras un largo rato de charla, Dis se fue a fregar los platos y Balin y Thorin a fumar un poco de sus pipas al jardín trasero. Después todos se fueron a dormir, excepto Thorin, que se había quedado fuera contemplando las estrellas pálidas y diminutas que brillaban en el firmamento.

Así fue como Bofur lo encontró.

El joven enano había llegado corriendo, casi ahogado de lo rápido que había cruzado la aldea, parándose para recuperar el aire con las manos en las rodillas, jadeando durante un rato antes de por fin erguirse y tomar a Thorin de la manga de la camisa, ante la perplejidad del moreno, que lo miró atónito e incrédulo de lo que el más joven estaba haciendo.

En nombre de Mahal, Bofur, ¿qué estás haciendo? —se quejó Thorin exigiendo una explicación.

Sin embargo el castaño no dejó de tirar de él, intentando sacarlo del jardín.

Vamos,Thorin, muévete, tienes que darte prisa —dijo Bofur—, si no llegas pronto…

Pero el rey se negó a moverse, cada vez más confundido, irritándose cada vez más al ver que Bofur no se detenía en su empeño.

¿Llegar pronto? ¿Adónde? —inquirió el moreno—. ¿De qué estás hablando, Bofur? ¡Explícate! —exigió.

Finalmente el joven enano se detuvo suspirando, frunciendo los labios mientras pensaba cómo exponer la situación ante el rey, que se estaba impacientando, con los brazos cruzados y cara de pocos amigos, alzando una ceja expectante.

¿Y bien? —inquirió.

Verás, es Fili —comenzó Bofur—, ella…

Y ante la mención de su sobrina la expresión de Thorin cambió por completo, interrumpiendo al castaño, alarmándose al suponer que algo podía haberle pasado, tomando a Bofur por los hombros con demasiada fuerza, más de la que en verdad pretendía, pero a Bofur no le importó.

¿Está bien? —preguntó Thorin con brusquedad.

Sí, sí, ella está bien, es tan sólo que —e hizo una pausa, sonriendo con cara de circunstancias, apartando la mirada algo avergonzado—, bueno, está en la taberna, y la cosa se ha salido de control…

¿En la taberna, dices? —repitió Thorin incrédulo—. ¡Mi sobrina, en la taberna!

—… Sí, y bueno, ya sabes, no debe estar acostumbrada a la bebida —continuó el castaño, tragando saliva, esperando un golpe próximamente estrellarse en su cara—, y está un tanto…

Y se detuvo a sí mismo, alargando tanto la pausa que Thorin se impacientó de nuevo, temiendo que alguien se hubiera aprovechado de su sobrina. Alguien iba a responder por esto, oh sí, vaya que sí.

¡Un tanto qué, maldita sea! —gritó Thorin, enfadado.

Mejor será que lo veas tú mismo —había respondido Bofur, zafándose de su agarre.

Y comenzando a andar a paso rápido fuera del jardín cruzaron la aldea, que no era demasiado grande, en dirección a la taberna La Garra del Oso, donde la fiesta se estaría en ese momento celebrando. La música aún se escuchaba desde lejos, y el reflejo de la luz brillaba vivamente por los cristales, iluminando el camino en la oscura noche con un halo dorado. Se veía que la música y la risa eran constantes; estaba siendo un éxito la jornada, tal parecía.

Thorin entró en la taberna detrás de Bofur, y las palmas y jaleos de los presentes entremezclados con la música de laúd, tambor y flauta inundaban el lugar. Sin embargo toda la atención parecía estar reunida en vez de en la barra, como sería lo lógico, en una de las mesas del fondo, que no podía ver desde allí; pero al acercarse el moreno lo comprendió todo, el porqué Bofur había ido a buscarlo tan alarmado, y por qué la gente estaba tan animada y concentrada en ese concreto lugar.

Fili estaba encima de una de las mesas, bailando alegremente sobre la madera mojada de hidromiel, la falda en las manos levantándosela al ritmo de la música cual ramera.

Thorin se quedó de piedra.

Decir que no tenía palabras habría sido un consuelo, cuando la realidad fue que se le abrió la boca de puro asombro e incredulidad, y sorpresa al escuchar a la rubia cantar, más ebria que una mariposa saciada de néctar, Fili cantaba una melodía animada, alegre y vulgar, un tanto incomprensible debido a su estado, pero aun así se le hizo imposible apartar la mirada.

«Es dulce, es bella, la buena doncella…» —cantaba la rubia—, «…bailad conmigo y tendréis mi espada, oh bella, oh dulce, oh hermosa princesa».

Y los hombres respondieron con aplausos entre trago y risotada, asintiendo con vehemencia.

«…vuestra espada me hiere, oh no, oh no, ¡no quiero ni verla!» —exclamó Fili entre las risas de la gente, fingiéndose asustada.

¡Baila con él! —gritó uno de los presentes, Bifur, para estupor de Thorin, que enrojeció de bochorno.

«…mi miel tendréis y de dicha gritaréis, si bailáis, si bailáis, oh dulce, oh bella, oh hermosa princesa" —continuó la joven—. «¡Bailemos, señor mío, y vuestra espada guardad si con pena ni gloria no queréis quedar!»

Y entre aplausos más estruendosos que los de antes, Fili hizo una reverencia y a punto estuvo de caerse de la mesa, sujetada en el último momento por alguien que Thorin no vio desde allí.

Entonces se dio cuenta de la situación en verdad. Su sobrina encima de una mesa, rodeada de varones, entre ellos su propio hermano, Nori, Dwalin y más gente que la conocían, y a nadie parecía importarle que ella estuviera humillándose a sí misma; y el hecho de que Dwalin no hiciera nada lo enfureció. Ya arreglaría cuentas con ellos luego, ahora tenía que sacar a Fili de allí.

¡Apartaos! —ordenó Thorin abriéndose paso entre la gente.

Dío Thorin… hip… al final has venido —dijo Kili con una sonrisa bobalicona, y Thorin vio claramente que estaba borracho como una cuba.

Hazte a un lado —dijo sencillamente, irritado, haciéndolo a un lado con el brazo antes de girarse hacia su nadadith—, y tú, ya hablaremos de esto.

Dwalin simplemente se encogió de hombros sorprendido, seguramente tan ebrio como todos los demás, por lo que Thorin se acercó a la mesa donde estaba bailando Fili y le tendió una mano. La rubia al verlo le sonrió alegremente, haciendo un esfuerzo por enfocar su mirada.

Dío Thorin, deberíamos bailar —exclamó la joven—, dube a la mesa —y le hizo un ademán para que subiera, apartándose con un tambaleo.

Baja de la mesa, Fili —insistió el moreno con más firmeza, aun extendiendo la mano, que finalmente ella agarró.

Sin embargo se resbaló de nuevo en el hidromiel derramado y cayó sobre Thorin, que por suerte tenía fuerza de sobra para cogerla, sosteniéndola en brazos mientras negaba con la cabeza furioso, abriéndose paso entre la gente para salir del lugar. Cuando el aire helado de la noche la golpeó, Fili se encogió entre los brazos de Thorin tiritando, escondiendo la cabeza entre sus hombros, por lo que Thorin la dejó en el suelo y la cubrió con su capa, comenzando a caminar hacia la casa.

Y ahí se encontraban.

Por suerte o desgracia, esa noche no dormiría, ni mucho ni nada.

Los pájaros cantaban en las ramas de los arboles cercanos, martilleando en la cabeza de Fili como si su tío estuviera al lado golpeando el yunque con el martillo de hierro, una vez y otra y otra, quería desmayarse, y ni siquiera había abierto los ojos todavía. Hacerlo fue un error. La luz del sol la cegó haciendo que volviera a cerrarlos de inmediato, llevándose una mano a la frente para mitigar el dolor y el martilleo, suspirando.

—¿Estás bien? —dudó una voz a su lado.

No le hizo falta abrir los ojos para reconocerla, Thorin estaba a su lado, y reconocería esa voz profunda y protectora en cualquier parte. Respondió aún con los ojos cerrados, permitiéndose un jadeo ahogado que hizo que soltara todo el aire que llevaba dentro.

—No —dijo sencillamente, y era cierto, no se encontraba nada bien, pero tampoco entendía por qué—, ¿qué ha pasado?

Thorin se levantó del butacón que había puesto junto a la cama de su sobrina y se acercó a la mesilla, donde había dejado la cafetera. El café estaba frío con total seguridad, pero mantendría sus propiedades, así que sirvió una generosa taza y se sentó en la cama junto a Fili. Tomando la mano de ella con la propia, le ofreció la taza de barro cocido. La rubia se forzó a abrir los ojos y mirarlo, aceptando la taza que le ofrecía su tío mientras se sentaba.

Finalmente Thorin habló, al ver que ella aún esperaba una respuesta.

—Bebiste más de la cuenta en la fiesta de Nori —explicó el moreno, y Fili notó que no estaba nada complacido, tal vez incluso enfadado—, ahora estás pagando las consecuencias.

—La fiesta de Nori —murmuró Fili bebiendo un trago del amargo y cargado café—, apenas recuerdo nada… Recuerdo con claridad que Kili me llevó a ella, a pesar de que en un principio yo no quería ir, pero luego me convenció y fuimos con adad y otros muchachos a la taberna —entonces hizo una pausa pensativa—. Al llegar allí me sirvió una jarra de algo y brindamos varias veces, después todo está confuso.

—No debiste aceptarlo —dijo Thorin—, ¿ni siquiera sabes lo que bebías y continuaste haciéndolo?

Fili frunció los labios, mirándolo con preocupación y un sentimiento de culpa naciendo en su estómago. Era cierto que había hecho una tontería, y se sentía mal por ello, pero no quería que él se enfadara con ella por eso; tampoco era tan grave al fin y al cabo.

—No me regañes, tío Thorin —dijo ella—. Sólo quería que Nori y los demás disfrutaran, fue una pinta inofensiva.

—No del todo inofensiva, tal parece —cortó abruptamente el moreno.

—¿Por qué estás tan enfadado? —dudó la rubia confundida—, ¿porque he bebido o porque tú no estabas allí para impedírmelo?

Thorin la miró con incredulidad, como si no le hubiera gustado que ella le hubiera respondido de esa forma, y Fili lo vio claramente por la forma en que sus ojos azul intensos se clavaron en los suyos azul grisáceos como agujas, traspasándola con una mezcla de irritación y enfado.

—Mahal, no continúes por ese camino, hija de mi hermana —dijo Thorin levantándose con brusquedad, girándose para no mirarla—, bébete el café y date un baño helado, te despejará.

Y comenzó a alejarse hacia la puerta, pero antes de que llegara a poner su mano sobre el pomo, la mano de Fili se posó sobre la suya, paralizándolo en su sitio.

—Espera, Thorin —dijo ella llamándolo por su nombre, sorprendiéndolo—. Por favor, respóndeme, no sé qué he hecho para enfurecerte tanto… Perdóname.

Si tan sólo supiera lo que producía en él… Por desgracia para sí mismo, Thorin lo sabía bien, ella no tenía ni idea.

—Fili… —suspiró el moreno.

Thorin no respondió, tal vez deseando que ella lo liberara, pero Fili no lo soltó. Al ver que no tendría más remedio que responder, el moreno se giró, guiándola hacia la cama aún tomada de su mano, sentándose sobre el colchón frente a ella, alzando su mano libre para perderla entre sus rizos dorados, acariciando su mejilla antes de rozar la suavidad del cabello.

—No tuviste que verte allí —comenzó aun sin mirarla a los ojos, la mirada perdida en sus rizos—, devorada por los ojos de todos esos hombres.

Fili se sonrojó por el toque suave de su tío, antes de pensarlo y abrir los ojos por la sorpresa, cayendo en la cuenta de que lo único que podía poner a su tío en tal estado era que hubiera deshonrado a la familia, o hecho algo en verdad muy malo. Sus remordimientos por haber bebido se multiplicaron.

—¿Te humillé? —dijo Fili cubriendo sus labios con ambas manos—. Oh Valar, yo… Lo lamento tanto, tío, nunca pretendí avergonzarte.

—No me sentí avergonzado, no totalmente al menos —confesó Thorin—. Me sentí… ultrajado, como si me robaran ante mis ojos sin ningún respeto.

Ella lo miró sin comprender, ¿de qué estaba hablando?

—¿Robado? —inquirió Fili totalmente confusa—, ¿de qué estás hablando?

—De nada —cortó Thorin—, haz lo que te digo y date ese baño. Más tarde hablaremos.

Y sin esperar a que ella dijera nada Thorin se puso en pie liberándose, dirigiéndose hacia la puerta y salió de la habitación, dejando a una Fili confusa y pensativa.

Cuando el balde de agua helada resbaló por su espalda, Fili sintió un escalofrío recorrerla, aunque no sabía bien si en verdad era lo frío del agua que la estremecía, o la sensación de estar olvidando, obviando algo importante. No podía dejar de pensar en las palabras de Thorin, que se repetían en su cabeza una y otra vez como un eco claro.

No se había enfadado porque ella hubiera hecho el ridículo, que al parecer lo había hecho, y mucho, pero no, fue porque había sido «devorada por los ojos de todos esos hombres». Eso era lo que en verdad había molestado a Thorin, que la hubieran mirado, que le hubieran… ¿robado? «Me sentí… ultrajado, como si me robaran ante mis ojos sin ningún respeto». Ésas habían sido sus palabras. Pero ¿robado el qué? ¿Por qué le importaba? ¿Acaso por defender el honor del linaje de Durin? ¿Por defender la honra de su sobrina?

Sea lo que fuera para Thorin había sido algo personal. Y entonces, de pronto, Fili lo entendió.

La revelación llegó a ella como una bofetada, rápida y certera, haciendo que incluso se sonrojara. Thorin la quería no como un tío a la hija de su hermana, sino como a una mujer, y no sólo eso, sino que la deseaba hasta el punto de celarse al ver que otros varones la observaban. El pensamiento hizo que un nuevo escalofrío la recorriera. ¿Cómo había podido estar tan ciega a lo que tenía ante sus ojos?

Para ella no eran ningún secreto los sentimientos que escondía por su tío, pero jamás imaginó que él llegara a amarla.

Todo tenía sentido ahora.

Las veces que Thorin la había protegido de hacer tonterías, el cómo siempre le daba el trozo de carne más grande a ella, el cómo le regalaba muñecas de trapo cosidas con sus trapos de cuero de la herrería, el cómo le contaba historias que ella sabía que a él le aburrían… eran pequeños detalles, pero que pesaban en su corazón como una piedra, por no haberlos visto nunca antes.

Y Fili lo tuvo tan claro como el agua de montaña en el que se bañaba.

Salió de la tina envolviéndose en una toalla amplia, y sin más miramientos hizo a un lado la puerta del baño y cruzó el pasillo abriendo la puerta del dormitorio de su tío, encontrándolo sentado en la cama sin poder evitar notar la expresión de sorpresa que se reflejó en los ojos de Thorin.

Cerró la puerta tras de sí; ahora hablarían claro.

Cuando la rubia cerró la puerta, Thorin se levantó, su estupefacción inicial sustituida por una total incomprensión de lo que pasaba.

Fili había entrado en su dormitorio desnuda, con el largo cabello rubio empapado chorreando agua sobre la pequeña toalla verde clara con la que su sobrina se había envuelto para cubrirse como mejor podía. No pudo dejar de observar sus piernas, y la forma de su cuerpo que se revelaba curvilínea bajo la tela. Suspiró, sintiendo un latigazo en los pantalones, apretando los puños para darse fuerzas.

—¿Qué significa esto, Fili? —inquirió Thorin—. ¿Por qué entras con esta facha en mi dormitorio? Explícate.

La rubia negó con la cabeza, acercándose hasta quedar tan sólo a dos pasos de distancia. Si alargaba el brazo podría tocarla, pero no lo hizo, esperando.

—Por una vez no debo explicar nada, tío Thorin —respondió Fili—. Por fin lo tengo todo claro.

Y dichas sus palabras desató el nudo de la toalla y la dejó caer bajo la incrédula mirada del moreno, que vio con plena lentitud y detalle como la tela rozó los muslos de su sobrina antes de quedar posada sobre la madera. Fili era como siempre la había imaginado, o incluso mejor que eso. Su piel era pálida y brillaba ligeramente por el agua que la empapaba, y las sombras que reflejaban sobre su cuerpo los amplios pechos y los pezones oscuros de la joven a la luz de la ventana se perdían en su cintura, plana y moldeada. Sus caderas anchas y muslos fuertes mostrándole todo lo que pronto tomaría.

Hermosa.

—Fili… —jadeó Thorin—, ¿qué…?

Pero ella no le dejó terminar, cruzando la distancia que los separaba, interrumpiéndolo con un beso que Thorin correspondió en el acto.

En nombre de Mahal, ¿qué estaba pasando? El juicio que tenía Thorin se fue poco a poco esfumando a medida que su manos recorrían la espalda mojada de su sobrina y se perdían al Sur de su cintura, sujetando su trasero para alzarla a peso, haciendo que ella lo rodeara con las piernas.

—Dime lo que está pasando o esto termina ahora —dijo volviendo a posar sus labios sobre los de ella.

—Finalmente entiendo tus palabras de antes, tío Thorin —dijo Fili entonces, entre sus labios—. Ya sé por qué te enfadaste tanto por lo que pasó en la taberna… Y ahora puedo decirlo, el sentimiento es mutuo.

Thorin la miró fijamente esperando por ver si se retractaba, pero no lo hizo, sus palabras jamás llegaron.

Sería demasiado afortunado si Fili hubiera descubierto sus sentimientos sin que él hubiera tenido que hacer nada por demostrárselo, pero nunca lo sabría, el lazo de unión funcionaba de maneras curiosas. Sus acciones quizá inconscientes lo habían delatado, quizá había sido él el ciego, y aunque no lo había planeado de esa forma, tampoco sería él quien pusiera pegas a su única ofreciéndosele sin reservas.

Más allá del amor, Fili estaba pidiendo deliberadamente ser tomada, y por mucha fuerza de voluntad que tuviera, con ella desnuda envolviéndolo con las piernas su fuerza se fue volando como arena en el viento, deseando hacer lo que pedía más que nada que hubiera hecho en su vida… Pero se aseguraría con todo el esfuerzo antes de dejarse llevar por completo por sus instintos.

—¿Estás segura? —preguntó para asegurarse, una última vez.

Fili rió entre sus brazos, posando sus labios de nuevo sobre los de él con un sencillo y delicado roce.

—¿Segura? Jamás lo he dudado —sonrió finalmente—. Sólo necesitaba saber que era correspondida, y ahora lo sé, así que hazlo.

Y Thorin no necesitó más palabras.

Bajó sus pantalones con una mano desatando los cordones de su pantalón interior como mejor pudo sin soltar el agarre que tenía sobre las caderas de la rubia, liberando por fin su miembro y enardecido como estaba, penetrarla de una sola estocada. Fili jadeó duramente, apretando el agarre de sus piernas sobre su cintura, respirando agitadamente antes de moverse ligeramente e indicarle que continuara.

—No ha sido tan malo —dijo ella para alentarlo.

—¿Acaso tienes algo con que compararlo? —sonrió él, besando su cuello y pasando su lengua por él.

—Libros de amad tan sólo —dijo Fili, acostumbrándose a sentirse llena de él, de su miembro dentro de ella—, historias de romances y doncellas… Tío Thorin, muévete, por favor…

Pero Thorin tomó el rostro de ella con su mano libre, observándola para cerciorarse que en verdad estaba preparada. Al ver que no había duda en su mirada el moreno la complació con todo gusto, comenzando a moverse sin liberar el agarre sobre las caderas de ella, que se sujetaba a sus hombros con ambas manos, y no paso mucho tiempo antes de que la joven estuviera soltando suspiros y jadeos de placer rogando por más.

Thorin se sentía en un sueño, flotando en la maravilla de la feliz y absoluta alegría. Tenía a la mujer que amaba entre sus brazos, siendo suya por completo, tanto como suyo era él.

Sus movimientos, lentos y profundos al principio para que ella notara cómo se sentía, fueron lentamente con cada respiración y latido haciéndose más llevaderos para ella, hasta el punto que comenzó a moverse acompasándose a su ritmo moviendo las caderas sobre las de él, alcanzando una perfecta armonía. Thorin entonces avanzó hacia adelante para sujetarse en la pared de la estancia, apoyando ambos brazos sobre la madera y envistiéndola con más pasión y vehemencia.

Fili se sentía desfallecer cada vez que su tío movía sus caderas y la golpeaba. Algo se movía dentro de ella, en su corazón y alma, tan perdida en sus pensamientos y sensaciones se encontraba que no se dio cuenta de en qué momento Thorin había cazado uno de sus pechos con los labios, sujetándola por la cintura ahora mientras se apoyaba en la pared aún con la otra mano.

—No puedo más… sagrados Valar. Esto es… —jadeaba la rubia inconscientemente sin saber ni qué decía.

Thorin tan sólo sonrió pagado de sí mismo, sabiendo perfectamente a qué se refería ella, aumentando su ritmo y profundidad. Soltando finalmente su pecho alcanzó los labios de su sobrina y los unió con los suyos en un beso profundo, lento y húmedo, lleno de ardiente deseo.

—Lo sé, kidhuzel —dijo finalmente al separarse y romper el beso.

Entonces como si quisiera enfatizar sus palabras, disminuyó un poco el ritmo y la envistió desde otro ángulo, alzando más las caderas de ella y llevando su mano libre a sus muslos comenzó a acariciarla con el pulgar aprovechando el flujo que lentamente había soltado la joven para intensificarlo, haciendo que Fili sintiera que su corazón saldría por su garganta, del placer que sentía.

Y finalmente Fili se liberó gritando de placer, sintiendo algo como nunca antes había experimentado, y el notar que lo había logrado empujó a Thorin a lograr lo mismo, encontrando su liberación dentro de ella, que gritó y se dejó caer sin fuerzas sobre su tío, que cayó de rodillas con ella sentada sobre él y la espalda apoyada en el colchón de la cama.

—¿Mejor que en los libros? —suspiró jadeante Thorin, con los ojos cerrados.

Ella tan sólo rió.

—Eso creo —respondió con cansancio—, pero aún podemos perfeccionarlo…

Thorin rió con ella, pues tenía toda la razón, tenían todo el tiempo del mundo para perfeccionarlo juntos.