Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.
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Al perder su padre el patrimonio familiar en un desafortunado juego de cartas, Elsa se había hecho a la idea de recuperarlo a como diera lugar, aunque eso significara enfrentarse a un hombre tan tramposo como Hans Westergaard. Excepto que en esta ocasión, ella ponía en riesgo no solo la hacienda paterna sino también su propia libertad.
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Día 2
Prompt: Apostando
Género: Romance
Palabras: 993
Rating: T
Propuesta de: Almar-chan
Un juego peligroso
—¡Hans Westergaard!—el hombre pelirrojo se dio la vuelta al escuchar su nombre, al igual que todos los presentes dentro de la pequeña taberna, que observaron con curiosidad a la rubia muchacha que estaba de pie en el umbral.
Hans esbozó una sonrisa de lado y vio como ella entraba en el sitio con paso decidido, incluso ante las miradas masculinas que se clavaban en su persona sin ningún reparo. Sabía que solo una razón de fuerza mayor haría que Elsa D'Arendel pusiera un pie en un lugar como ese y ya él se había encargado de que la tuviera.
—Señorita D'Arendel—habló con voz tranquila—. ¿A qué debo el placer de su encantadora compañía?
—Vengo a recuperar las escrituras de la hacienda de mi padre—respondió ella con determinación, despertando los murmullos de quienes los rodeaban.
—Me temo que eso es imposible. Verá señorita D'Arendel, yo gané esa propiedad limpiamente—replicó haciendo uso del tono conciliador que tan bien le servía para manipular a los demás—, su propio padre me la cedió como garantía del juego amistoso que tuvimos ayer. No hay nada que pueda hacer al respecto.
—Sí lo hay. Tengo una oferta que hacerle.
—¿Y qué cree que podría ofrecerme una jovencita como usted a cambio?—sus ojos verdes la recorrieron de abajo a arriba con velado interés, hasta clavarse en los azules de ella—No crea que ignoro que esa hacienda era todo con lo que contaba su familia. Ha sido una verdadera lástima que su padre no haya medido las consecuencias de apostarlo en una partida de cartas.
Las risas de los lugareños no se hicieron esperar ante el comentario. Elsa alzó la barbilla con altivez, intentando no revelar el nerviosismo que se había apoderado de ella y componiendo un semblante frío.
—Es una propiedad muy valiosa la que ha perdido su familia, señorita. Debería estar consciente de que no tengo interés en desprenderme de ella tan fácilmente, en especial cuando no cuenta con nada que apostar—Hans ensanchó su sonrisa—. No es nada personal. Solo se trata de negocios.
—Le ofrezco mi mano—soltó Elsa decisivamente y prácticamente todos liberaron una exclamación de asombro—. Le apuesto mi mano en matrimonio por la hacienda de mi padre. Si gano, usted me devolverá las escrituras y nunca más volverá a importunar a mi familia—agregó con un brillo de fiereza en su mirada cerúlea.
El cobrizo enarcó una ceja, astutamente.
—¿Y si pierde?—inquirió.
Elsa tragó saliva.
—Si pierdo, la propiedad es suya para siempre—respondió, deseando ser capaz con todas sus fuerzas de eliminar esa posibilidad—. Y me casaré con usted.
Hans volvió a sonreír con ademán calculador. Tenía a la joven justo donde quería. Tal y como había supuesto, la obstinada hija de su rival no se quedaría de brazos cruzados al darse cuenta de que habían perdido el patrimonio familiar, y haría cualquier cosa con tal de enfrentarse a él para recuperarlo. Una vez más sus planes se hacían efectivos.
Rio para sus adentros. Llevaba meses cortejando a la fría chiquilla que tenía delante y siempre se las arreglaba para escapársele, evadiendo sus propuestas y rechazándolo con sus aires de grandeza.
Pero eso se había terminado.
La suerte estaba de su lado y con la experiencia innata de la que disponía para jugar a las cartas, esa misma noche acabaría por obtener todo lo que había anhelado. Una hacienda que valía miles y una bella esposa.
Extendió su mano derecha hacia adelante, con una máscara falsamente encantadora en su rostro.
—Tenemos un trato, señorita D'Arendel—afirmó con malicia, al tiempo que la chica estrechaba su palma con cierta desconfianza.
Elsa trató de poner su mente en blanco, conforme tomaba asiento en una mesa de la taberna, ante el gesto que le hizo el pelirrojo y los ojos atentos de los parroquianos. Varios de ellos no habían dudado en soltar algún comentario socarrón para burlarse de la situación.
Se mordió el labio inferior. Se estaba arriesgando demasiado esa noche y si las cosas no salían bien, no solo perdería irremediablemente la propiedad por la que tanto habían luchado sus padres, sino también su libertad.
Ciertamente, la muerte prematura de su madre le había afectado lo suficiente a Adgar D'Arendel como para cometer la imprudencia de perderlo todo en una ridícula apuesta, contra un hombre tan manipulador y arribista como lo era Westergaard. Pero por la memoria de ella, Elsa no dejaría de usar hasta sus últimos recursos para salvaguardar la situación.
Y aunque su hermana menor le había implorado repetidas veces que no corriera el riesgo de ese modo, ya lo había decidido. Ahora solo cabía esperar a la buenaventura.
Las cartas fueron puestas sobre la mesa y la partida comenzó.
El tiempo transcurría como un enemigo silencioso para la mayor de los D'Arendel, que había demostrado correr con la fortuna suficiente como para mantener a raya los movimientos de su contrincante. Ella nunca había apostado y mucho menos se había tomado en serio los juegos de azar; pero en sus escasos veintiún años de vida sí que había tenido a bien aprender un par de cosas. Además era inteligente y no había acudido allí con la intención de ser derrotada a la primera.
Sus pálidas manos dejaron ver el último as con el que contaba, obteniendo exclamaciones ahogadas de la concurrencia y una que otra palabra de ánimo al reconocer su valentía en el juego. Para los asistentes del tugurio, aquello había dejado de ser la broma de una niña incauta.
Elsa esperó con ansiedad la próxima jugada de su contrincante, sabiendo que sería la que definiera su apuesta por completo. Del as que desvelara el enemigo dependía su victoria o su derrota.
El corazón le latió con fuerza.
La expresión en los rasgos de Hans era indescifrable. Él la miró un momento a los ojos y entonces, puso las cartas que le quedaban encima de la mesa…
Nota de autor:
¿Cuántas personas quieren matarme en este momento? Apuesto a que todas. e.e
Le estuve dando muchas vueltas al prompt de la querida Almar-chan. Quería una situación en donde nuestra parejita tuviera su buen enfrentamiento en un juego al azar y claro, un buen motivo como para que Elsa se involucrara en algo así, porque conociéndola, no creo que lo hiciera en circunstancias normales. Así que esto fue lo que surgió y no sé, me gustó mucho. :D Creo que las personalidades originales prevalecieron, ¿o ustedes que piensan?
¿Y cómo creen que haya terminado este juego? ¿Quién habrá ganado? xD Les confieso que hice el final abierto porque no soportaba la idea de que cualquiera de los dos perdiera, así que ahí se los dejó a su imaginación. :P
¡Estoy feliz por la buena recepción que ha tenido este nuevo proyecto! :D
F: Gracias copo de nieve, tú siempre estás ahí para apoyar mis nuevas locuras, jajaja.
NIAD: Así es, Enero es el mes del Helsa. ¡Bien por quienes nacimos en este mes! Jejeje, saludos y que disfrutes de todo, ;)
Helsa fan: Muchas gracias por tus buenos deseos chérie y por las felicitaciones adelantadas. No te apures por el regalo, se agradece tu aprecio y créeme que es recíproco. :3
¡Espero que hayan iniciado el 2015 con toda la actitud! Nos leemos después, copos de nieve. ;)
