2do PASO: ANILLO
Entraron en el instituto, en el pasillo estaba Simón con Isabelle a su lado y Jace que en cuanto escucho la puerta fue al encuentro de Clary, Alec sonrió al ver ese cuadro, pero no pudo evitar sentir una punzada de soledad, solo faltaba Magnus, desearía que estuviera ahí para recibirlo también, preferiría no tener que hacer media hora de camino hasta la casa del brujo para poder ver sus hipnotizantes ojos.
- Los veo luego – dijo caminando para subir a su habitación, solo iría por una chamarra más gruesa y partiría a Brooklyn.
Escucho la voz de Clary agradeciéndole por acompañarla hasta el instituto, el solo subió y cerro su puerta y se recostó sobre ella, por primera vez desde hacía mucho sentía ganas de llorar, se quedó ahí conteniendo ese sentimiento, en la oscuridad de su habitación, saco la luz mágica de su chamarra, que empezó a iluminar poco a poco la habitación, una mano cubrió parcialmente la luz y la misma piedra que en cuanto tuvo contacto, lanzo miles de luces de colores, el cazador de sombras levanto la mirada para encontrarse con unos preocupados ojos felinos.
- Alec ¿estás bien? – el chico no pudo articular palabra alguna, solo soltó la luz y abrazo al brujo frente a él, beso sus labios y se perdió en un breve, pero dulce beso.
- ¿Qué haces aquí? – dijo cuándo se separo
- Vine por ti y tus hermanos me dejaron entrar a esperarte aquí.
Levanto la piedra del suelo y la guardo en el bolsillo del pantalón y volvió a besar al brujo, se sentía inmensamente feliz, sus labios se abrían suavemente dejando pasar la lengua del otro, tras un profundo beso sintió como el moreno dejaba sus labios, intento regularizar un poco su respiración antes de abrir los ojos y encarar los ojos de gato de Magnus posados en él.
- ya te extrañaba – dijo casi en suspiro mirando esos zafiros que tanto adoraba
- Magnus…
Ni bien había terminado de decir su nombre, cuando con sus manos alcanzo el rostro del brujo, volviendo a unir su boca con la de él, sintiendo como un calor iniciaba en donde se unían sus labios y le recorrían hasta el último poro de su cuerpo, profundizo ese beso, dejo que sus manos pasaran a sus hombros y recorrieran los hombros de Bane, de modo que el pudiera dejar sus brazos detrás del cuello, rodeándole, atrayéndole más hacia él.
El brujo coló los dedos debajo de esa playera de color negro, pero la piel del cazador de sombras, era una curiosa mezcla suave en general y un poco más ruda ahí donde había algunas cicatrices de batalla mezcladas con las de las runas. Toco las runas ya convertidas en cicatrices, las más antiguas se las sabía casi de memoria, las redibujo como si sus dedos fueran la estela, sintió la piel de Alec estremecerse bajo sus caricias y gemido perderse en sus labios.
Magnus aprovecho ese momento para besar su cuello, más marcas de runas aparecían según bajaba por su cuello y parte de la clavícula, jalo un poco para seguir con su tarea de llenar de besos el cuerpo de su novio, mientras intentaba dibujar las marcas con su lengua.
- Magnus… - suspiro Alec, su voz sonó ronca – podemos – aclaro su garganta antes de seguir hablando - podemos, seguir esto en otro lugar – pregunto refiriéndose a irse a casa del brujo.
- claro – dijo finalmente tomándolo de la presilla del pantalón y atrayéndolo hacia el nuevamente.
Caminaron lentamente por la habitación, besándose en el trayecto hasta la cama del cazador de sombras, Magnus solo había estado ahí dos veces, pero nunca había pasado la noche en el instituto, al menos no en la cama de Alec, mucho menos haciéndole el amor en ese lugar.
Las manos del brujo le tocaron de lleno en la espalda, cálidas y suaves pero firmes, subían por su espalda lentamente, elevando su playera, como un acto reflejo se arqueo y dejando de nuevo la piel de su cuello a la disposición de Magnus, que aprovecho para reanudar los besos en esa zona, un ligero gemido escapo de la boca de Alec, finalmente sus manos alcanzaron sus hombros, Magnus deslizo sus manos por los brazos del chico llevándose la playera con ellos y el hizo lo mismo con la camisa del brujo y bajaron sus manos en busca del cinturón y pantalón del contrario, los cuales desabrocharon con maestría, dio un suave empujón al ojiazul para que se sentara en el colchón, el entendió que intentaba Magnus, se recostó suavemente en la cama, quedando levantando en sus codos, viendo como el brujo le daba besos bajando por su abdomen, jugando con su ombligo, eso arranco un gemido desde el fondo de la garganta del chico que parecía más un gruñido. Sintió sus pantalones deslizarse por sus piernas, los labios de Magnus sobre su miembro, aparentemente sus boxers habían desaparecido junto con sus pantalones, una nueva ola de calor le recorrió, pero esta vez nacía en ese punto donde el brujo tenía su boca, no pudo más y dejo salir varios sonidos de placer ahogados, quería reprimirlos, no quería que nadie del Instituto los oyera, las manos de Magnus empezaron a recorrer los muslos firmes de Alec, una de ellas subió a por su abdomen, su pecho, hasta su boca, intento introducirlos en ella, le concedió el permiso, mojo los dedos del brujo con su saliva. Los ojos de Magnus se encontraron con los de él, esas largas pupilas mirándolo fijamente, sus ojos brillaban llenos de lujuria y deseo, los dedos del brujo se retiraron de su boca, una succión más por parte del brujo lo hizo romper el intercambio de miradas, cerrando los ojos, dejando salir nuevamente un gemido y arqueando la espalda, ese fue el momento que Magnus aprovecho para introducir uno de sus dedos dentro de Alec.
- ¡Ah! – Alec llevo una de sus manos a la boca
Magnus volvió a lamer el pene del nefilim, mientras movía suavemente el dedo que tenía dentro de él. Otra descarga de electricidad le recorrió por todo el cuerpo e involuntariamente comenzó a abrir un poco las piernas para dejar que el brujo pudiera maniobrar mejor, el segundo dedo entro en él, la mano libre de Magnus chasqueo los dedos. Los dedos del brujo salieron un poco del cuerpo del ojiazul, abrió el tubo que había aparecido y deposito un poco del pesado líquido en su mano derecha, sobre sus dedos, Alec observaba cada movimiento, cuando termino el proceso, volvió a sentir como entraba en su cuerpo, sin fricción, ni dificultad, supuso que era gracias al lubricante en los dedos de Magnus, se sentía bien, no había dolor, solo placer, dejo ir su cabeza hacia atrás, su respiración se tornó aún más irregular y sentía que tendría que liberar esa tensión en su entrepierna pronto.
- mnh… - intentar callar su propia voz le resultaba imposible.
- Alec, quiero oírte – dijo suavemente el dueño de los ojos felinos, al tiempo que metía y sacaba los dedos del interior del cazador de sombras con un ritmo lento – puse un hechizo en tu habitación, nadie nos oirá – dijo como si leyera los pensamientos de su novio.
- ¡Aah! – exclamó finalmente, libre de preocupación - ¡Magnus!
- ¿Se siente bien? – el chico solo asintió mientras se mordía el labio y el brujo inserto un último dedo en él.
Sabían que estaba listo, cuando incrementó un digito más dentro de Alec, sentía como su interior se acoplaba a sus largos dedos. Magnus notaba su erección a punto de explotar, llevo su mano libre a su propio pene, masajeándolo, puso algo de lubricante antes de entra en Alec, retiro sus dedos del interior del nefilim, sus ojos azules le miraron, el brujo se incorporó lentamente, abriendo un poco más las piernas del chico, acomodándose entre ellas, coloco su pene en la entrada de Alec, volvió a poner lubricante y empujo poco a poco, los ojos del nefilim se cerraron y su labios dejaron escapar un gemido, empujo un poco más y se detuvo, después de un momento el chico volvió a abrir los ojos, esta vez Magnus no empujo, al contrario, empezó salir un poco y volvía a entrar lentamente, observaba como el cuerpo de Alec se tensaba bajo su cuerpo, al poco tiempo sus movimientos se empezaban a acoplar, la cadera del cazador se movía al ritmo que el brujo marcaba. Cada vez entraba un poco más en él, un suave gruñido salió de la garganta de Magnus, parecía más un ronroneo, sentía como ese hombre mitad demonio se movía dentro de él, cada vez más profundo, le agradaba esa sensación, le hacía sentirse completo, una embestida más, tocando un punto especialmente sensible en él, le dio una nueva ola de descargas que llegaron hasta la punta de sus pies.
- ¡Oh, Ángel! ¡Ah! ¡Magnus! – llevo sus manos a los hombros del brujo.
De nuevo ese gruñido y un ligero "nnh", salieron de la garganta de Bane, el lugar donde se encontraban y la estrechez de Alec le estaban jugando en su contra, ya no podía aguantar más, pero tenía la intención de hacer terminar primero al cazador de sombras y parecía haber encontrado su punto. Siguió moviéndose encajando más los dedos en la cadera del chico, su piel blanca se enrojecía en donde sus dedos se encontraban, entraba y salía de él, más y más rápido. Las uñas de Alec de encajaron en sus hombros, tenía una fuerza increíble, un fuerte gemido acompaño al líquido blanco que se esparció en el abdomen de ambos y tras unos segundos más, el dejo salir el propio dentro del nefilim.
Segundo después, soltó su agarre y se recostó a un lado del muchacho que mantenía sus ojos casi cerrados, las mejillas sonrojadas, el cabello pegado a su frente por el sudor y su pecho luchaba por regularizar su respiración.
- Alec… - no pudo decir más porque sus labios los cubrió la boca del cazador, le beso lentamente, solo con los labios.
- Te amo – dijo Alec cuando termino el beso.
- Y yo a ti – la blanca sonrisa del brujo centello en su cara, acto seguido dio un chasquido a sus dedos, la humedad del semen de Alec, desapareció sin dejar rastro y jalo la cobija a los pies de la cama y los cubrió a ambos.
- Magnus… - el brujo le miro a los ojos, esperando a que continuara – si yo te diera algo, un regalo ¿lo usarías?
- Claro, tu sabes que para ti la respuesta, siempre es un si – una sonrisa iluminó el rostro de Alec. Magnus amaba verlo sonreír.
Alec entrelazo sus dedos con los del brujo, noto que solo estaba usando un anillo en su dedo índice, mientras que en la otra mano solo usaba uno en su pulgar. Después de que le prestara un pantalón de pijama y una playera a su novio, y ponerse una el mismo, se acomodaron bien en la cama, esta era más pequeña que la que tenía Magnus en su departamento, pero tampoco había quejas por parte de ninguno, se abrazaron y dejaron que el sueño llegara.
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Abrió los ojos pesadamente, noto que el brujo no estaba a su lado, no lo escuchaba en el baño, pensó que tal vez ya había salido a desayunar, busco en la ropa de anoche que tenía arrumbada en uno de los sillones de su habitación, hurgo en la bolsa para sacar su teléfono, era temprano, Magnus jamás se levantaba antes de las 10 y faltaban casi 2 horas para eso. No veía rastro de él, ni su ropa, ni su celular, ni el pijama de la noche anterior.
Se apresuró por el pasillo hasta la cocina, toco cada una de las puertas, no había nadie en el Instituto, no supo que pensar, aun en el pasillo marco el número de su novio, directo a buzón; Jace, buzón; Isabelle, igual; solo quedaban dos números más, marco al número de Clary y obtuvo el mismo resultado. Maldijo en voz alta y agoto su último recurso, Simón, de puro milagro el número del mundano dio línea.
- ¿Bueno?
- Gracias al Ángel – exclamo más para sí mismo – ¿Simón?
- ¿Alec?
- Si, dime que mis hermanos están contigo
- Lo siento, pero no, estoy con mis amigos, ensayo de la banda
- Demonios ¿sabes dónde está Isabelle?
- No, yo la deje anoche en el Instituto después de cenar y volví a mi casa ¿está todo bien?
- No, no lo sé, no encuentro a nadie y no puedo contactarlos
- Voy para el instituto
El tono de fuera de línea, seguía sonando en la cabeza de Alec, si Simón tampoco sabía dónde estaba su hermana, quizá era porque algo había pasado, entro a su habitación, cambio su pijama por un pantalón negro y una playera gris azulada vieja, la primera en la pila de ropa limpia, tenis y su habitual chamarra de combate y cinturón, acomodo la estela y varios cuchillos serafín, tostó una rebanada de pan de caja y lo devoro con un trago de leche fría. Escucho la puerta, debía ser el mundano. Salió de la cocina y corrió a su encuentro, al llegar al final del pasillo paro en seco.
- Magnus – una sensación de alivio y enojo le llenaron el pecho.
- Alec – su voz tenía una nota de sorpresa al igual que sus ojos.
- ¿Dónde estabas? ¿sabes algo de mis hermanos y Clary?
- Yo salí a ver un cliente – no mentía al respecto, esa mañana recibió una llamada de uno de sus mejores clientes dueño de una gran compañía - no creí que te levantarías tan temprano, los demás parece que fueron a Idris, tu madre llamo y les solicito ir, Clary abrió el portal.
- ¿Idris?
- Si, dijeron que no tardarían, supongo que estarán de vuelta pronto - la puerta volvió a abrirse, era Simón.
- Alec – miro hacia el otro lado – ¿Magnus? – volvió a mirar al chico de los ojos azules - ¿qué has sabido?
- Parece que fueron a Idris.
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- Mama – dijo a Isabelle en cuanto atravesó el portal
- Izzy, dime que Alec no viene con ustedes.
- No, lo dejamos dormido.
- ¿Qué sucede Marisse? – pregunto Jace
- Parece que finalmente la Clave aprobó la unión entre Submundos y Cazadores de sombras, gracias a Luke y tu madre – añadió mirando a Clary.
- Esa es una gran noticia mama, pero ¿no podías decírmelo por teléfono?
- No, porque necesito que hablen por Alec, la Clave necesita que haya testigos para poder acreditarlo, Clary, atestiguara por Luke y tu Isabelle, por tu hermano y Magnus.
Todos salieron de la casa que perteneció a Ragnor Fell, ya que nadie podía aparecer dentro de la ciudad, tomaron los caballos y anduvieron hasta el Salón de los Acuerdos.
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Magnus se despidió de Alec, que no podía dejar solo el Instituto, tomo el tren a su casa, pero antes hizo parada en el mismo bar en el que había quedado con Jace e Isabelle, en la misma mesa que él había ocupado la noche anterior se encontraba el hombre que estaba buscando, con un impecable traje azul oscuro, piel pálida y cabello negro como la de su novio, lo único inusual en el eran las orejas puntiagudas que escondía bien debajo del sombrero que usaba, se acercó hasta el tomo asiento.
- ¿Y bien? ¿ya lo tienes listo? – dijo Magnus con algo de impaciencia en la voz
- Si, espero que traigas lo que ofreciste brujo - dijo el hombre hada
- Aquí esta – dijo mientras extraía del bolsillo del traje una pequeña caja de bordes dorados forrada con terciopelo azul claro, el brujo tomo la caja y la abrió para inspeccionar el contenido y la cerró, satisfecho con el trabajo que solicito.
- Aquí tienes – dijo Magnus, entregando una caja de madera, el hombre la inspecciono el contenido, de la misma forma que él lo había hecho anteriormente - creo que estamos a mano brujo
El hada no dijo más, se levantó de su asiento, abotono su saco y salió del establecimiento, Magnus decidió pedir una bebida y dejar que pasara un poco el tiempo hasta que fuera hora de volver al Instituto con el cazador de sombras.
Paso cerca de una hora cuando su celular sonó, la pantalla decía Ragnor, sonrió melancólicamente ante el recuerdo de su viejo amigo, nunca cambio el nombre con el que tenía registrado el número de su casa en Idris, supuso que era una llamada de alguien de la clave.
- ¿Diga?
- Magnus, soy Isabelle – había una extraña excitación en la voz de la joven – te tengo una increíble noticia
- ¿Ah… ha?
- La Clave ya lo aprobó – el celular casi se resbalo de la mano del brujo – ¡ya puedes casarte con Alec!
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El portal se abrió en el jardín del Instituto, los tres cazadores de sombras pasaron a través de él, dejando el salón de acuerdos tras ellos junto con los padres de ambos, que los despedían con una sonrisa. Era extraño ver a los Ligthwood juntos como la pareja que solían ser, eso animo a Isabelle, el portal se cerró mientras ella pensaba en que le gustaría que sus padres volvieran a estar juntos, caminaron a la entrada principal, para entrar al Instituto. Alec se encontraba con Simón en la cocina, técnicamente había estado ahí desde media mañana, esperando a su hermana, los oyeron acercarse por el pasillo y enmudecieron en cuanto los vieron en la mesa de la cocina.
- ¡Isabelle! – exclamo feliz Simón, caminando hacia ella.
- ¿Dónde estaban? – pregunto Alec mirando a su parabatai
- Lo siento Alec, Marisse llamo, necesitaban a Clary e Izzy para unas declaraciones - sintió como las chicas se tensaban a su lado al oír la verdad de su visita a Idris saliendo de la boca de Jace - la Clave aun habla de Sebastián y Valentine – añadió antes de que la actitud de ambas los terminara de evidenciar.
- Podrían haber dejado una nota o algo ¿no? – dijo en tono sarcástico - Además si las necesitaban solo a ellas ¿porque fuiste tú también?
- Yo fui por esto – dijo Jace mostrando un par de cuchillos nuevo, una daga y algunas flechas, estas últimas se las entregó a Alec – son para ti, noté que ya no tenías.
- Gracias, supongo – una sonrisa curvo la boca del ojiazul – Bien, supongo que iré a casa entonces
- Gracias por cuidar el instituto en mi ausencia
- Es mi trabajo – dijo colocando su mano en el hombro de su parabatai - lo sabes
Dicho eso salió de la cocina con las flechas en la mano, entro en su habitación para dejarlas no las llevaría a casa de Magnus, tomo su chaqueta y salió de nuevo hacia Brooklyn
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El gran brujo de Brooklyn, sentado en su estudio, pensando, con la misma caja de terciopelo azul aun en la mano, debía buscar un lugar para esconderla, si bien esa era la habitación indicada aun no decidía el lugar. Miraba lentamente cada rincón, buscando un buen recoveco donde pudiera entrar la caja, miro algunos de sus libros de magia, una caja, su escritorio, finalmente vio la caja donde tenía algunos de los objetos que personas importantes en su vida le habían dado, quizá ese sería un buen lugar, solo era temporal, coloco el objeto aterciopelado en la caja, cerro la tapa y coloco un sencillo hechizo de cerradura.
Justo cuando salía de su estudio escucho las llaves en la cerradura de la puerta del loft, tomo al Presidente Miau del suelo y este maulló cuando el brujo le acaricio tras las orejas.
- Bienvenido a casa – dijo acercándose a Alec y depositando un beso en sus labios
- Gracias – le respondió, mientras le quitaba al minino de las manos.
- ¿Te parece si cenamos algo de comida árabe?
- Suena perfecto.
Con un chasquido de sus dedos apareció en la mesa de la sala, una variedad de cojines, platos con algo de falafel, kebab, shawarma y quibbes; ambos se sentaron a comer sin decir palabra, hasta que Magnus rompió el silencio.
- Alec, dentro de algunos días cumpliremos 5 años de estar juntos – dijo mordiendo un quibbe.
- Lo sé – sonrió el cazador de sombras.
- Y pensé que sería lindo hacer algo especial, no sé, una cena, un viaje…
- Magnus – le interrumpió dejando el tenedor a un lado con una porción de shawarma – hablando de eso...yo – empezó a jugar nervioso con el anillo en sus manos – hay algo que quiero pedirte…
- Solo pídelo y lo tendrás.
- Yo…- estiro su mano para tomar la mano del brujo – solo quiero pedirte que utilices esto… - dijo al tiempo que dejaba caer un anillo en la mano de Magnus -…siempre – esto último lo dijo con un ligero aire de tristeza.
- Alec… - Magnus lucia desconcertado, miro su mano, el aro de metal en ella, era el anillo de los Ligthwood, el anillo con el símbolo de la familia – ¿estás seguro de esto? Quiero decir ¿no crees que tus padres se molesten porque yo lo utilice o algo así?
- No tienen porque, ese anillo es mío y yo quiero que tú lo uses, quiero que sea la forma de yo me represente en ti, que me lleves siempre contigo…
- Alexander siempre te llevo conmigo, estas en mi mente y en mi corazón siempre – tomo el anillo con su mano derecha y lo coloco en su dedo anular de su mano izquierda, ajustaba perfecto, era como si perteneciera ahí, a él, desde siempre – te amo Alec.
Con un beso en los labios del cazador de sombras, selló una silenciosa promesa de llevar el anillo siempre con él, para sus adentros Magnus pensó, que esa argolla la usaría, aun cuando Alec dejara de existir sobre este mundo, él lo llevaría siempre consigo, la prueba de que logro amar a un ser mortal, a un cazador de sombras, a alguien que estuvo dispuesto a dejar el mundo por él, a alguien que le entrego su vida.
Espero poder actualizar pronto, por favor dejen sus comentarios, se les agradecerán inmensamente.
