Capitulo 2: Si lees esto es porque he muerto

Los días pasaron y a Kenneth al parecer no le importaba en absoluto el misterio que aún se encontraba atrapado dentro de la carta y el diario de su madre.

Era un domingo por la mañana, y Kenneth se disponía a correr en un parque aledaño a su departamento. Llevaba unos pantaloncillos cortos y una playera deportiva que dejaban al descubierto aquel cuerpo tan bien trabajado.

Se acercaba a la salida de su departamento, cuando de pronto giró su cabeza por encima de sus hombros y logró ver lo único que su madre le había dejado.

Lo tomó entre sus manos, primero la carta y después el libro. Se sentó en el sillón que se encontraba en la sala junto a la mesa.

Lentamente desprendió el sello con el que Bella, su madre, se aseguraba de que la carta llegara virgen a manos de su único hijo.

Al abrir la carta completamente, sacó del sobre una hoja la cual tenía un doblez justo por la mitad. En el centro de una de las partes se encontraba una leyenda en tinta negra que advertía: "si lees esto es porque he muerto". Y al desdoblar la hoja se podía apreciar perfectamente el mensaje que aquella mujer había redactado de su puño y letra.

Kenneth comenzó a leerla y no se detuvo hasta haber terminado.

Querido Kenneth:

Si te encuentras leyendo esto es porque finalmente he muerto. Después de tanto tiempo de anhelar incesablemente mi partida, por fin lo he logrado.

Yo bien sé que jamás fui una buena madre y te pido que logres perdonarme. Nunca fui capaz de atender a tus necesidades y quiero que sepas que siempre estuve consciente de eso, siempre me lo lamente hasta el último día de mí existir.

A lo largo de tu vida nunca tuve el valor de contestar todas tus incógnitas. Y sé que tú siempre necesitaste de un padre, de una figura paterna, mas eso no fue por mí, fue por problemas mayores.

Siempre tuviste una pregunta que nunca te supe contestar. Aún recuerdo que cuando tenías apenas cuatro años de edad me preguntaste: "mami ¿Dónde está papá? Yo me quebré delante de ti en un llanto incesable, y aunque eras demasiado pequeño para entender lo sucedido, te acercaste a mí y con tus pequeñas manos limpiaste las lágrimas que emanaban de mis ojos. Pero quiero que sepas que tu padre fue mi mejor amigo, su nombre es Jacob, y él, él me violó, pero todo lo sabrás más adelante.

Te agradezco de todo corazón por haber sido un hijo maravilloso, y aunque siempre tuvimos peleas por nuestros propios temperamentos y personalidades, ansío que sepas que siempre me he sentido, me siento y me sentiré orgullosa de ti sin importar el lugar donde me encuentre o mi estado vital.

Espero y Amelia te entregue mi diario. Ya que ahí conocerás todo sobre lo que has deseado saber, en ese libro vivirás mi vida como yo la he vivido, ya que ese libro, es mi diario.

Con amor Bella Swan. Tu madre.

Kenneth abandonó la carta sobre la mesa. Incrédulo tomo el diario entre sus manos que se encontraban temblorosas por la impresión recibida previamente. Lo sostuvo fuertemente, y cuando logro retirar el listón color rojo con las iniciales BS abrió el libro, pero en ese momento sonó el timbre de su apartamento y tuvo que posponer su lectura para más tarde. Era Caroline, una chica amigable, algo pequeña para sus 17 años de edad. Ella era la chica con quien saldría a correr. Kenneth no dudó ni el más mínimo segundo y abrió la puerta. Ella caminó con dirección al parque mientras él se aseguraba de que la puerta se encontrara cerrada.

Llegaron al parque y todo sucedía completamente normal, caminaron y corrieron alternando los tiempos entre cada ejercicio transcurrido. Al terminar de realizar todo su entrenamiento ella decidió invitarlo a desayunar, a lo que el cordialmente aceptó.

Se dirigieron con rumbo a un sitio muy elegante, en el cual la mayoría eran personas de alto rango y alguno que otro se encontraba ahí por error. Ambos caminaron al mismo ritmo hacia un par de asientos de cuero que se encontraban desocupados. Desde el norte del establecimiento llegó un mesero el cual amablemente tomó la orden de cada uno. Ambos solicitaron un café junto con unos panecillos.

Después de algunos minutos de espera, el pedido solicitado finalmente llegó a su destino y junto con él, la plática se hizo presente.

Y ¿Cómo te has sentido después de lo sucedido con tu madre? – pregunto Caroline.

Pues mejor, creo que por fin lo estoy superando – contestó Kenneth mirando sus manos como en señal de nervios.

La plática continuó por un muy largo rato. Parecía como una increíble guerra de palabras en la cual ambos participaban cuestionando distintos aspectos de la vida del otro.

Entre tantas preguntas hubo una que como un relámpago resplandeció.

¿Por lo menos logro confesarte la identidad de tu padre? – cuestionó Caroline.

No, pero muy pronto lo sabré – respondió.

Sin más por decir Caroline tomó la iniciativa de emprender la huida a sus propios destinos, y así, cada uno tomó su camino correspondiente que a su propia casa lo llevaría.

Al llegar a su casa Kenneth encendió el televisor y se sentó a observarla. Terminó el programa el cual el observaba y comenzaron los comerciales. El despegó su trasero del sillón y tomó el diario de su madre.

Es momento de saber la verdad – dijo mientras lo abría.

Comenzó a ojearlo lentamente todo el libro. Termino de recorrer cada una de las hojas y de un golpe lo cerró.

No puedo distraerme más – se dijo a sí mismo.

Kenneth cerró los ojos y una pequeña lágrima comenzó a rodar por su mejilla izquierda, se armó de valor y con un gran sentimiento abrió el libro en su primera página y comenzó a leerlo.