Buenas! He tardado más de lo que tenía pensado en actualizar pero es que el trabajo y el ponerse enferma quitan más tiempo del que una pensaría. Dos cosas antes de que leáis el cap, si es que alguna lee esta parte, que a saber XD
1. Sé que antes, en Chasing Kites, contestaba una por una pero en esta segunda parte, a no ser que sea una duda muy grande (no me vale el: que ha pasado para que estén así XD) no contestaré como hacía, más que nada porque me conozco y se me escaparía algún spoiler bonico, porque soy así :D Igualmente os leo todas y cada una de las reviews (ha inspirado mucho amor hacia mi persona el cap 1 :( ha sido bonito leerlas XD ) y ya sean buenas o malas (siempre que no vayan a matar) se agradecen mil, es genial que os toméis la molestia de decirme algo y ayuda y da ánimos. Así que... Gracias, en serio.
2. Esta segunda parte alterna pasado y presente, el presente sería el cap 1.
Y eso es todo, creo, así que... Cap 2 listo!
The one
―¡Joder! Que va en serio, Elsa. ¡Es el amor de mi vida!
―¡Lo acabas de conocer! ¡No puedes decir eso de alguien a quien acabas de conocer!
―¿Cómo que no?
Emma no puede más que mirarlas, totalmente divertida, mientras Ruby vuelve del baño y se aferra a su cerveza. Pero Emma las observa, siempre le ha gustado ver a Elsa y Anna. Antes les tenía envidia. Hasta hace dos años las envidiaba tanto que odiaba verlas porque ella no tenía esa relación con su hermana, pero ya no. Jennifer ahora no es aquella hermana a la que no soportaba ver, ahora es su amiga, su apoyo, uno que nunca esperó. Siguen peleando, como Anna y Elsa, pero es lo bonito.
―¿Qué os pasa chicas? ―pregunta en cuanto llegan a la mesa.
―¡Emma! ―Se le lanza encima, sonriendo, pura vida y energía. Siempre ha sido muy diferente de su hermana Elsa―. ¡Cuanto tiempo!
―¿Qué tal, Anna? ―al preguntarlo Ruby también recibe un fuerte abrazo que le corta la respiración y le cruje la espalda.
―Pues tías, le comentaba a mi hermana que he conocido al amor de mi vida. Me caso con él.
―¿Qué? ¿Cuando?
―¡Hoy! ―Emma y Ruby estallan en carcajadas mientras Elsa se sienta, cabreada, casi derribando la silla en el camino, y Anna las mira ofendida―. ¿Por qué os reís?
―¡Porque estás loca!
―¡Que hablo en serio, Ruby!
―Ese es el problema, Anna.
―¡Emma!
―Te lo dije.
Y ese comentario de Elsa se gana que su hermana finalmente se siente cabreada, aunque sólo hasta el momento en el que el camarero, al que no le quita ojo de encima, viene a tomarles nota. Piden una ronda, Emma y Ruby otra ya que habían llegado media hora antes, y Elsa y Anna se piden la primera. En cuanto se marcha el camarero el móvil empieza a sonarle y curiosa descuelga:
―¿Qué pasa, amor?
―¿Amor? ―pregunta Anna confundida.
―Calla, Anna ―el tono cansado de Elsa hace que Emma se distraiga.
―¿Qué, Regina? ¿Qué has dicho?
―Emma, dijiste que estarías para recibir el paquete.
Su tono resignado le demuestra que era importante. Lo sabía. Se lo había recordado esta mañana y ella se ha olvidado. Se golpea la frente, haciendo que las otras tres la miren alucinada, y exclama:
―¡Mierda! ¡Me olvidé! ¡Lo siento!
―Tranquila… ―su suspiro resignado le duelen, un favor que le pide y se olvida, a veces se odia un poco por ello―. Iré mañana a por él…
―Iremos juntas.
―Vale.
―Lo siento de veras, llevabas la tira esperándolo.
―Lo sé. Y también sé que seguro que estas con tus amigas y se te ha ido la olla como siempre dices.
Es capaz de intuir la sonrisa en su voz. Ríe un tanto culpable y le da la razón:
―Totalmente. Un momento ―dice al ver el gesto que Ruby le hace.
―Vale.
Mira a Ruby que, tras dar un largo trago a su bebida, comenta:
―Dile que venga.
―¿Sí? ―exclama Anna emocionada.
―¿La invito?
―¿Por qué no?
―Claro, que venga ―la mirada serena de Elsa. Hay cosas que nunca cambian.
Ruby y su mirada felina. Elsa y su calma y Anna y su alegría casi gritando:
―¿Tu novia? ¡Nunca la he visto! ¡Que venga!
Ríe con ganas y por fin vuelve a la conversación con Regina.
―Cariño, todas insisten en que vengas.
―Estoy cansada del gimnasio.
―No me hagas suplicarte… porque lo haré.
La carcajada de Regina inunda su mundo y luego su voz resignada:
―Dime dónde.
Le da la dirección y cuelga sonriente.
―En quince minutos llega ―choca los cinco con Ruby que ríe mientras se pide otra cerveza.
―¿Cómo es? ¿Es guapa? ¿También estudia? ¿De tu edad? ¿Cómo la conociste?
La cara de Emma y Ruby es digna de fotografiar y Elsa se siente tentada de hacerlo al ver como Ruby contiene la risa y Emma mira a Anna totalmente sorprendida antes de preguntarle:
―¿No le has contado nada?
―No es mi novia, se lo cuentas tú.
―Pues… ―pero Ruby no tarda en interrumpirla.
―Tiene treinta y seis años. Casi treinta y siete.
Mira a su amiga con fastidio y luego se vuelve casi asustada al escuchar los gritos de Anna:
―¿Qué? ¿Cuántos te saca? ¡Espera…!
―Trece, me saca trece ―la corta cuando ve que intenta hacer la resta con sus dedos, como una cría.
―¡Qué fuerte!
Va a replicar, cabreada, mientras sus dos amigas se ríen y Anna es incapaz de cerrar su boca de la impresión, cuando una voz hace que todas se vuelvan:
―¿Qué es tan fuerte?
―Hola, Tink ―Anna lo dice de pasada, sin dejar de mirar a Emma.
―Hola, hadita ―replican Ruby y la rubia mientras Tink las mira divertida.
―Hola chicas. ―Y entonces se acerca a Elsa, la mira con dulzura y con amor y le susurra al oído―: Hola…
La mujer de hielo se derrite con su cercanía. Es como el primer día que se vieron. Desde aquel día siempre se saludan en susurros, demasiado cerca, como aquella vez, sólo que ahora sus labios siempre se besan y Elsa, como siempre, un poco sonrojada, le devuelve el saludo:
―Hola. ¿Cómo ha ido?
La sonrisa de Tink siempre es más luminosa a su lado, y ahora, mientras se sienta, lo es aún más al decir:
―Tengo el trabajo.
―¿En serio? ―Elsa la abraza con ganas y se separa cuando nota como sus dos amigas y su hermana la miran sorprendidas, porque ella no es la de muestras de cariño a todas horas. Se aclara la voz mientras Tink ríe―: ¡Es genial! ¡Cuenta!
―Pues… Buen horario, más sueldo, todo perfecto.
―¡Brindemos por ello! ―exclama Ruby, que no necesita excusas para seguir bebiendo.
―¡Yo no tengo con que brindar, capullas!
En tan sólo quince minutos Ruby ha sido capaz de pedir una ronda más para todas, a veces cuando se juntan los niveles de alcohol son demasiado altos. Están hablando de todo y de nada cuando Elsa saca el móvil y mientras se levanta se disculpa:
―Ups, vuelvo en diez minutos.
―¿A dónde vas? ―pregunta su hermana mientras mira al camarero que pasa por su lado olvidando ya a su nuevo amor.
―Acaban de avisarme de que ya tienen mi libro.
―¡Por eso querías venir aquí, so perra! ―exclama Ruby derramando un poco de su cerveza sobre Emma―. Lo siento.
―Capulla…
―Bah, vigiladme a esta ―Elsa sonriente está a punto de irse cuando su novia le replica.
―¿Cómo que esta?
―¿Vienes o te quedas?
―Me quedo porque no tardas, ¿no?
―No. Hasta ahora.
De nuevo se dan un beso y en cuanto la rubia se ha marchado Emma mira fijamente a Tink, la misma que parece más pensativa que en toda su vida.
―Venga, hadita, ¿qué te pasa?
―Eso ―la apoya Ruby mientras pide otra cerveza―, ¿qué ronda por tu diminuta cabeza?
―Yo… ―Tink parece totalmente apagada, es extraño verla así, como si algo la estuviera molestando de mala manera.
―¿Me voy? ―pregunta un poco dolida Anna, siente que sobra, que si Tink no lo cuenta es por ella.
―¡No! ―Tink la mira con una sonrisa culpable y tras coger aire suelta―: Es sólo que… Voy a cobrar bastante mejor, creo que no me hará falta compartir piso ya…
―Pero eso es bueno ―Ruby, seguramente por todas las cervezas que ya llevaba, no comprende nada.
―Sí, pero… Digamos que me gustaría compartir piso… ―su vista en la mesa, hasta que la fija en Anna.
―Con mi hermana.
―Sí, pero no sé, dudo que quiera, ¿no? No lo sé. Estamos genial pero…
Emma y Anna se miran divertidas hasta que la hermana dice:
―Pero es Elsa. Siempre ha sido muy… fría, ¿verdad?
―Sí… No me atrevo a decírselo. Llevamos ya dos años juntas pero no me atrevo.
―Díselo ―sus amigas lo dicen a la vez.
―Elsa está loca por ti. Nunca había traído a ninguna novia a casa, a mí no me había presentado a ninguna, hasta que llegaste tú.
―Sé que me quiere pero es un paso muy grande.
―No tan grande ―dice Emma con una sonrisa radiante.
―No te justifiques ―la sonrisa lobuna de Ruby hace que ponga los ojos en blanco.
―¿Eh? ―Anna de nuevo parece totalmente perdida.
―Esta se fue a vivir con la novia en cuanto volvieron.
Tink sonríe al ver la cara de fastidio de Emma cuando Ruby no para de soltarlo todo.
―¿En cuanto volvieron? ―cada vez le intriga más esa historia de amor de la que no sabe nada.
―¿De qué habláis? ―pregunta Elsa, que justo acaba de volver, pero Emma sólo mira a Regina, sus ojos fijos en los de ella.
―De la historia de amor de Emma ―Ruby ni se ha dado cuenta de que Regina ha llegado.
―¿De nuestra historia? ―las cejas alzadas, su tono de Evil Queen, Emma no puede más que sonreír.
―¡Oh, Regina! ―Ruby se hace pequeña al sentirse descubierta y todas ríen al ver su gesto de horror.
―Hola, chicas. ―Entonces se acerca a ella, sus labios rozan los suyos al decirle―: Hola, Señorita Swan.
Un roce de los suyos, de esos que siempre las estremecen, siguen teniendo ese poder.
―Hola. Y sí, esta lista que no deja de hablar de nosotras.
Regina mira a Ruby divertida mientras ésta trata de desviar la atención ordenando otra ronda. Entonces Regina finalmente mira a Anna, la misma que la contempla entre fascinada y sorprendida.
―Tú debes ser la hermana de Elsa, ¿no? Me lo ha comentado mientras veníamos cuando nos hemos encontrado en la esquina. No os parecéis.
―Yo…
―Pensaba que decías que no se callaba.
Elsa se encoge de hombros y va a decir algo cuando su hermana exclama:
―Wow… Sí que es mayor.
El silencio se cierne sobre la mesa segundos antes de que todas, menos Regina y Anna, estallen en carcajadas. Las más ruidosas son las de Ruby. Todo el bar las mira pero Regina procura mantener la compostura y Emma ríe más al escuchar su:
―¿Perdona?
―¡No! ¡No! ¡Lo siento! ―Anna se pone más colorada que en toda su vida y parece no saber dónde meterse antes de aclarar―: ¡Es que pensaba que era mentira lo de los treinta y seis! ¡Lo siento!
―¡Siempre la lías! ―Ruby consigue decirlo entre risas que empiezan a dolerle ya en la barriga.
―¡Ha sido por tu culpa, Ruby!
―¡Es verdad! ―exclama Emma antes de darle una colleja.
―¡No lo hago aposta!
Y mientras las dos amigas siguen entre bromas Anna se disculpa totalmente avergonzada mientras Elsa y Tink se limitan a mirar la carta con una sonrisa en los labios.
―Lo siento, Regina.
―Tranquila… ―Regina se siente incapaz de culpar a esa joven pero sí puede cabrearse con su novia y su mejor amiga que siguen muertas de risa―: ¡Dejad de reíros vosotras dos!
―¡Es que tu cara! ¡Joder, cariño! ¡Te amo, Anna!
―¡Ay que me da un ataque!
―¡Parad! ―replica furiosa.
―¡Se pone en modo Evil Queen! ―grita Ruby haciendo que Emma ría aún más.
Regina las da por imposible y pide una cerveza para ella a la espera de que esas dos se calmen, cosa que ocurre tras unos minutos. Y todo avanza mientras Anna le pregunta cosas de ellas, se siente un poco cohibida al principio, no por ellas, sino por contar su historia, una que nunca fue la mejor. Pero entonces se fija en Tink, que parece nerviosa y pregunta:
―¿Te pasa algo, Tink?
―¿Qué? ―su cara de horror la descolocan.
―¿Estás bien?
―¡Claro! ―exclaman Ruby y Anna a la vez.
―¿Regina, no quieres pedir? ―pregunta Emma con una mirada que le dice que algo acaba de ocurrir.
―¿Qué…? ―sus palabras mueren cuando Elsa habla.
―¿Tink?
Tink mira a Elsa, se rinde bajo su mirada y tras suspirar, nerviosa, preocupada, procura dibujar una sonrisa nada convincente. Se levanta y pregunta.
―¿Vamos fuera?
Salen del bar y Regina no puede entender porqué su pregunta ha llevado a esto.
―¿Qué ha pasado?
―La has liado más que Anna ―replica Ruby mientras termina su ¿octava? cerveza.
―¿Cómo?
―Tink quiere vivir con mi hermana. Peor puede que la hayamos liado.
―No… ―se siente un desastre al haber provocado eso.
Pero Emma, que no quitaba sus ojos de ellas, no se pierde como Elsa se lanza a sus brazos y la besa con ganas. Con una sonrisa en los labios las señala y proclama:
―¡Oh! Parece que no.
Y las cuatro las miran divertidas y cuando regresan no tardan en celebrarlo.
Se despiden cuando ya son las once, tras haber bebido un poco más y cenado en el bar. Emma no puede más que mirar a Ruby con fastidio al ver como debe coger un taxi para ser capaz de llegar a su casa. Luego se despide de las otras tres y se marcha con Regina. No tarda en pegarse a ella y meter una de sus manos en el bolsillo de su abrigo, el mismo en el que Regina se refugiaba del frío, es su forma de ir de la mano en invierno. Choca su hombro con el suyo y sonriente pregunta.
―Bueno, ¿qué tal?
―Bien, payasa.
Le gusta demasiado su sonrisa y más aún como estrecha su mano con cariño.
―Siento lo del paquete.
―No pasa nada. ―Y Emma sabe que no. Pero Regina se detiene un momento y la besa, el beso que le habría gustado darle de no ser por estar sus amigas delante. Uno de esos besos en que el tiempo se esfuma. Y luego susurra―: Emma…
―¿Sí? ―el corazón a cien por hora.
―Te quiero.
―Y yo a ti, tonta. ―La abraza, le da igual estar en mitad de la calle, entierra su rostro en su bufanda, esa que huele a manzanas y a ella―. Tengo frío.
―Pues acércate.
―No puedo acercarme mucho más. ¿Quieres meterme mano?
―Para eso me espero a llegar a casa.
―Ais… ―Se separan y continúan andando. Emma no puede esperar a llegar a su piso para desnudarla, es curioso como en pleno invierno la sola imagen de Regina desnuda es capaz de hacer huir al frío. Luego piensa en Tink y Elsa―. Estoy contenta por esas dos. Es bonito ese paso.
―Nos queda ya lejos, ¿no?
―¡Sólo hace un año y poco que vivimos juntas! ¡No vayas del palo ha pasado una vida!
―Pero es que ha pasado mucho, en nada terminas la universidad. Te quedan cuatro meses.
―Uff… Qué pereza. ―Pero es cierto, todo ha ido tan rápido, el tiempo se esfuma, se escapa de sus manos, ahora que cada día es uno feliz el tiempo parece huir―. ¡Va, date prisa!
―¿Por qué? ―pregunta divertida mientras ella tira de su mano para que acelere su andar.
―Porque quiero gastarte.
―Swan…
―Ya está, la has liado.
Y Regina no tiene tiempo a reaccionar. Emma termina arrinconándola contra la pared de un edificio y queda prisionera entre sus brazos segundos antes de que sus labios se unan a los suyos. Un beso audaz, profundo, su lengua, su aliento… La piel de gallina y odia su ropa por impedir que sus manos la recorran. En besos así Emma siempre la mata. Sobre todo ahora que sus manos aflojan su bufanda para alejarla de su cuello, el mismo que muerde y le provoca un gemido y que los calores suban.
Entonces Emma se separa y gruñe:
―Vale, creo que ahora será más difícil llegar a casa. ―Otro beso, muerde su labio inferior de la forma más provocativa del universo y se separa veloz y detiene al primer taxi que pasa―. ¡Taxi!
―¡Vivimos a cinco calles!
―¡Demasiadas!
Y sí, no puede más que darle la razón, necesita llegar ya a casa, necesita perderse en ella.
Está de nuevo en el escaparate, ya ha perdido la cuenta de las horas que ha perdido ante él, contemplando las diferentes opciones, soñando con que exista esa posibilidad. ¿Es posible? Casarse con Emma, hace un par de años ni se lo habría planteado pero ahora… Ahora que llevan casi un año y medio viviendo juntas, un año sin mentiras, un año en que son más que una familia, le parece un buen momento pero ella es tan joven… No sabe qué quiere, si aceptaría. Se siente estúpida.
Pero es que lo quiere todo con ella. Quiere su vida a su lado. Que sea su mujer, incluso a veces fantasea con que sea la madre de sus hijos. Cierra los ojos y coge aire mientras intenta borrar todos esos sueños estúpidos de su mente. Puede que fueran posibles pero… Esos trece años en esos temas parecen un abismo. ¿Emma casándose con veintitrés años? Es muy joven pero claro ella ya tiene treinta y seis. ¿Y ser madre? Eso suena aún más imposible. Un abismo demasiado grande, cuando es pronto para ella sería el momento y cuando fuera el momento perfecto para Emma para ella sería tarde…
Ahora que por fin no hay miedos, ahora que se siente poderosa, segura, que lo tiene todo, no pueden tener más, eso es lo que siente y aún así… Aún así no deja de venir a mirar ese anillo que parece perfecto.
Suspira, resignada, guardando sus sueños, aunque lamentablemente en ello tiene experiencia de sobras, y está a punto de irse cuando su voz la sorprende:
―Vaya, vaya, ¿qué tienes en mente, Evil Queen?
Se vuelve asustada pero suspira aliviada al ver que es Jennifer y no Emma la que la mira con las cejas alzadas y una sonrisa pícara.
―¿Jenn? ¡Qué susto! ―es todo cuanto es capaz de exclamar mientras busca una excusa.
―¿En serio?
Su tono de voz no deja dudas a que sabe perfectamente qué hacía ahí. Desvía la mirada y replica:
―Sí, me has asustado.
―No, no, me refiero a eso.
―Yo…
Suspira, nerviosa, casi que temblando pero extrañamente la mirada calmada de ella consigue relajarla. Jennifer la mira fijamente y pregunta:
―¿Estás segura?
¿Que si está segura? No. Sabe que quiere casarse con ella. Que quiere todo con Emma. Pero no está segura de que deba pedírselo. De que sea necesario o de que sea algo que ella pueda querer.
―Quiero pero…
―Te dirá que sí.
Ella también lo cree pero teme que el único motivo de ese "sí" sea porque se lo pide y no porque sea algo que desee. "Por dios… Si Emma aún es joven, tiene tanto por delante. ¿Casarse? No suena a algo que alguien de veintitrés años quiera" eso es todo cuanto piensa, que sería un aprieto más que un sueño. Y sin comprender cómo, mientras cubre medio rostro enterrándolo en su bufanda, murmura su otro miedo:
―Mi último matrimonio no fue bien.
Una carcajada de Jennifer y su voz risueña:
―En tu otro matrimonio no había amor.
―Lo sé, pero no quiero que se parezca en nada.
Por fin Jenn se acerca a ella y chocando su hombro con el suyo, justo a su lado, susurra dulcemente:
―No lo hará. ―Luego se acerca al escaparate y agarrándola del brazo pregunta―: ¿Cuál estás pensando?
―Ese.
Señala un precioso anillo de plata con un rubí. Es delicado, son diferentes aros unidos que se entrelazan, como las raíces de un árbol y con ese rojo en medio… Desde el día en que lo vio no deja de pensar que es perfecto. Rojo, prohibido, manzanas y la plata, algo tan fino, tan puro… Le recuerdo un poco a ellas. Observa como Jenn alza las cejas sorprendida al ver la elección pero luego sus comisuras se alzan y dice divertida:
―Sí, le pega. ―Sus ojos se clavan en los suyos, odia sentir como se sonroja, se siente vulnerable bajo su mirada, mirando algo tan personal, pero ella no le presta atención a esas cosas. Un desafío en su mirada―: ¿Lo coges ya?
―¿Debería?
―La quieres. Te quiere. Vivís juntas. Ella acaba en nada la universidad. Y tiene pinta de que tú ya le has dado muchas vueltas.
―No quiero que se sienta presionada pero yo…
Jenn no deja que continue con sus excusas y sus miedos, la agarra del brazo y avanzan hacia la tienda:
―Vamos. Te acompaño, tenemos la misma mano.
Media hora después el anillo, en su caja, está ahora en el bolsillo de su abrigo. Siente un inmenso peso, esperanzas y miedos en su bolsillo. Su mano se aferra a la caja, sigue dando miedo. El corazón acelerado sólo de imaginarlo. Quiere. Hay pocas cosas que quiera ahora mismo más que eso. Aún así sus labios preguntan:
―¿No es muy joven?
―Ella sí pero tú no, sin ofender. ―Ríe con su comentario y de no haberlo pensado ella antes quizá se enfadaría un poco―. Nunca habrá una edad buena para las dos. Deberías mirar el momento. Ahora que acaba la universidad no parece una mala fecha.
Tiene razón. Ambas lo saben. Suspira y entonces sonríe al preguntarle:
―¿Te vienes a cenar?
Desde que Jennifer se instaló en Barcelona, por fin, tras un año de prácticas en la sede de Londres, de vez en cuando va a su casa a cenar y luego, alguna de esas veces, la observa irse con Emma. Sabe perfectamente a dónde van, sólo van a verla cuando es de madrugada, cuando pueden saltar la valla, colarse en el cementerio a visitarla se ha convertido en su tradición. Le gusta eso, le gusta verlas unidas, que se lleven bien, porque lo cierto es que ambas se entienden como nadie.
―Voy si me dejas elegir comida a domicilio.
―Vale. ―Sabe que pedirá japonés, siempre pide japonés―. ¿Y tú qué? ―su mirada curiosa mientras avanzan―. ¿Algún chico ya?
―Digamos que un par o tres sí hay ―una sonrisa seductora y altiva. Los gestos entre ellas siguen siendo muy diferentes aunque cada vez tengan más expresiones en común. Siguen siendo dos mundos.
―Estás fatal.
Jamás pensó que llegaría el día en que pudiera decirle eso a ella. Jamas pensó que todo cambiaría así. Pero todo ha ido tan bien… A veces se siente en un sueño, en un cuento de hadas en el que por primera vez ella no es la villana.
Está agotada tras todo el día en la universidad y luego haciendo el trabajo en grupo que les han pedido. Se apoya en la pared del ascensor y mira el reloj. Las nueve y media de la noche, prácticamente unas catorce horas fuera de casa. Suspira resignada, todo cuanto quiere hacer es llegar a casa, ver a Regina, besarla y acurrucarse con ella en el sofá. No necesita nada más. No quiere nada más. Sólo necesita abrazarla y ya, más después de haber escuchado la desilusión en su voz al saber que llegaría tarde, aunque fue un poco menos desilusión al saber que pensaba cenar con ella, llegara cuando llegara.
Por fin está ante su puerta pero el día parece dispuesto a molestarla un poco más porque debe gastar un minuto en encontrar las llaves en su bolso y si lo consigue es sólo porque vacía todo el contenido en el suelo. Cuando las encuentra guarda todo de mala manera y por fin entra en casa y no cree lo que ven sus ojos.
Se queda con la mano en el pomo y la boca entreabierta al ver toda la casa a oscuras con la única iluminación de unas velas, que forman un pasillo, un camino, y unas tiras de luces pegadas en las paredes.
―¿Regina…? ―susurra sin entender de dónde saca la voz.
Pero no obtiene respuesta alguna. Deja caer el bolso y cierra la puerta.
En el momento en que cierra el silencio del piso desaparece. Una voz, un piano, la versión acustica de una de sus canciones empieza a sonar.
Tell me, tell me that you want me / Dime, dime que me quieres
And I'll be yours completely, for better or for worse / y seré tuya completamente, para bien o para mal.
Nota el pulso acelerado, traga saliva, un escalofrío la recorre, no entiende nada. Los nervios la invaden y procura respirar tranquila.
I know, we'll have our disagreements / Sé que tenemos nuestros desacuerdos,
Be fighting for no reason, I wouldn't change it for the world / peleando sin razón, no lo cambiaría por nada del mundo.
'Cause I knew, the first day that I met you / Porque supe, desde el primer día que te conocí,
I was never gonna let you, let you slip away / que nunca te dejaría, te dejaría escapar.
And I still remember feeling nervous / Y aún recuerdo sentirme nerviosa
Trying to find the words to get you here today / tratando de encontrar las palabras para tenerte aquí hoy
Y avanza. Avanza por ese camino que ella ha trazado. Una sonrisa incrédula en el rostro y se pierde en las palabras de esa canción. Llega al comedor y su mirada brilla con las mil luces que hay en él. Cientos de velas. Más tiras de luces. La música. Y encima de la mesa la maquina de escribir de Regina, esa que le regaló, esa en la que cada día escribe, en la que se deja el alma.
You make my heart feel like it's summer / Tú haces sentir a mi corazón como si fuera verano
When the rain is pouring down / cuando la lluvia está cayendo.
You make my whole world feel so right when it's wrong / Tu haces que todo mi mundo se sienta bien cuando está mal
That's why I know that you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
That's why I know you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
La máquina está rodeada de luces, casi como si formaran un nido. Se muerde el labio y avanza hacia ella, sabe que es el objetivo. Sabe que no está ahí por estar. Se acerca y observa la hoja que hay puesta. Lee las tres líneas.
Life is easy to be scared of / Es fácil tener miedo de la vida
With you I am prepared for what is yet to come / contigo estoy preparada para lo que está por venir.
'Cause our two hearts will make it easy / Porque nuestros corazones lo harán fácil
Joining up the pieces, together making one / uniendo las piezas, juntos formando uno solo.
You make my heart feel like it's summer / Tú haces sentir a mi corazón como si fuera verano
When the rain is pouring down / cuando la lluvia está cayendo.
You make my whole world feel so right when it's wrong / Tu haces que todo mi mundo se sienta bien cuando está mal
That's why I know that you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
That's why I know you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
Érase una vez una Evil Queen que no tenía corazón…
Hasta que llegaste tú.
¿Quieres casarte conmigo?
Se lleva una mano a sus labios y nota como las palabras desaparecen tras las lágrimas. Mira alrededor, buscándola, pero no está. Sólo esa nota, sólo esas palabras tan inmensas. Una sonrisa bañada de lágrimas.
When we are together you make me feel like my mind is free / Cuando estamos juntos me haces sentir que mi mente es libre
And my dreams are reachable / y mis sueños alcanzables.
You know I never ever believed in love / Sabes que nunca había creído en el amor
or believed one day that you would come along / o creído que un día llegarías
and free me / y me liberarías
Jamás pensó este momento, jamás se permitió imaginarlo y ahora está ahí. Las manos temblorosas, su piel erizada, las lágrimas cubriendo sus mejillas y la sonrisa incapaz de abandonar sus labios. Acaricia las teclas e inspira profundamente antes de pulsar las ocho letras que conforman su respuesta, las necesarias para escribir la única respuesta que es capaz de imaginar.
El eco de las teclas se mezcla con la música y el ruído de sus zapatos, el que siempre la precede. Luego nota su olor pero sólo es capaz de mirar esa hoja, esa pregunta y su respuesta. Regina apoya su barbilla en su hombro, no sabe si se lo imagina, o quizá es porque es todo cuanto hace ahora ella, pero la siente temblar.
You make my heart feel like it's summer / Tú haces sentir a mi corazón como si fuera verano
When the rain is pouring down / cuando la lluvia está cayendo.
You make my whole world feel so right when it's wrong / Tu haces que todo mi mundo se sienta bien cuando está mal
Está leyendo la respuesta. Y siente como suelta todo el aire que contenía al leer lo escrito. Bajo esas tres líneas ahora hay otra:
¡SÍ!
Porque claro que se ve a casar con ella. Sus brazos la envuelven y sus manos buscan las suyas, entonces nota algo frío, pequeño y delicado y luego un susurro en su oído:
―Entonces debes tener esto.
That's why I know that you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
That's why I know you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
That's why I know that you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
No sabe qué le gusta más, si el momento, el anillo, o la emoción en su voz.
That's why I know you are the one / Por eso sé que tú eres la indicada.
La canción termina pero vuelve a empezar y por fin se vuelve. Por fin la mira y no entiende cómo es capaz de decir:
―Claro que quiero casarme contigo. Sí, quiero. Sí, quiero. Señorita Mills, no se imagina cuanto deseo casarme con usted.
Y ver sus ojos llenarse de lágrimas, su sonrisa, esa frágil, esa sincera, esa que seguramente es la única persona que ha visto, la estremecen. Todo es perfecto. Le pasa el anillo y Regina no duda en colocárselo. No puede evitar sonreír al notar sus manos temblorosas, esas que luego envuelven su rostro antes de besarla. Un beso que parece eterno y a la vez demasiado corto. Y le sigue su gesto, ese tan suyo, su frente apoyada en la suya y Regina susurra contra sus labios.
―Te amo.
La abraza con fuerza, un abrazo de Regina de esos que son capaces de alejarlo todo. Cierra los ojos, tratando de contener a su corazón, a las ganas de reír, tratando de contener las ganas de subirla a la mesa y hacerla suya, cosa peligrosa estando todas esas velas. Pero no importa, sus manos empiezan a desnudarla, ya no hay cansancio, sólo ganas de ella, sólo ganas de recorrer su piel con ese anillo acompañando al tacto de sus dedos. Lame su labio superior antes de morder el inferior, estirarlo un poco y luego ataca su cuello para terminar en su oído y susurrar, con la voz ronca por el deseo:
―Y yo a ti… Estoy dispuesta a demostrarlo durante toda la noche. Durante toda mi vida porque sí quiero, Regina.
Continuará…
