'' Buenos tardes a toda la gente de Nueva York. Ahora mismo son las 19:30 de la noche, es una noche lluviosa, como pueden comprobar, pero no se preocupen, el sol siempre sale ''

Hice como que no escuchaba la radio del taxista. En mi vida jamás volvería a salir el sol, el sol se fue hace cuatro días, para siempre.

Estoy aquí en Nueva York por trabajo, quizá no sea el trabajo de mi vida, pero mi personalidad lo requiere. Es lo que tiene ser alguien letal, profesional y sobre todo muy, muy valiente.

Llegamos casi a mi destino. Me bajé del taxi y eché a caminar por las calles que me separaban de la central llamada S. H. I . E. L. D.

Su jefe, Nick Furia, me había solicitado para un proyecto que el denominaba ''iniciativa Vengadores'', pero no quiso explicarme más cuando vino a verme en persona, días antes de un fatal desenlace que ha cambiado mi vida.

Me quedé huérfana de madre cuando no tenía mas que 5 años. Y mi padre fue el que me cuidó, el que ha estado a mi lado.

Incluso ahora, bajo la lluvia, las lágrimas de mis ojos pueden bailar en mis mejillas libremente, nadie me ve, nadie puede preguntarme.

Furia me dijo que podía ir primero al edificio Stark a presentarme, pero quería empezar cuanto antes, asi que me dijo que fuese a la central de S. H. I. E. L. D a conocer al equipo y mi entorno de trabajo. Eso fue mi escapada, porque en mi vida no podía estar más sola.

Mi padre había muerto. Me había dejado sola.

Esto fue hace cuatro días, cuatro fatídicos días. Mi padre había muerto, dejándome sola en el mundo, destrozada, a pesar de que ya tenía 18 años, pero aún era una niña, prácticamente. Aún puedo recordar la última mirada que me lanzó, el último beso que me dio, su mano en mi mejilla, mis lágrimas surcando mi rostro. Aún recuerdo su última sonrisa, intentando darla fuerza para que siguiera conmigo. Pero nada se pudo hacer por salvarle la vida. Mi padre murió ante mis ojos, y tuve el valor suficiente para enterrarle en el jardín donde siempre habíamos vivido, al lado de mi madre.

Y mientras lloraba sobre su tumba, juré que iba a recordarle siempre, que si luchaba sería por él, por mi madre... Por mi propia supervivencia.

Ya eran las ocho. Quizá tardase un poco, o a lo mejor incluso me había perdido. Pero mis pensamientos me incitaban a seguir caminando, yo seguía inmersa en mis recuerdos. Es duro perder a tu familia, quedarte sola en el mundo, no tener a nadie que te ayude. El trabajo era lo único que podría llenarme en estos momentos, pero no tenía a mi padre al lado para que me diera fuerza. No había vuelto a sonreír desde esos cuatro días, a pesar de que soy muy risueña, alegre.

Algo peculiar también.

De pronto, me di cuenta de que estaba en un gran patio, con un edificio al frente. Por lo visto había llegado a las instalaciones de S . H. I. E. L. D, aunque me pareció ver algo raro antes de llegar. Entorné los ojos.

Parecía el famoso doctor Bruce Banner. Había oido hablar de él, de sus avances científicos. Así que me acerqué sin miedo, pero antes de llegar, vi que algo no iba bien.

Temblaba.

Y se volvia verde...

De pronto, se giró. Y me vio.

Estaba paralizada, no podía moverme. Solo acerté a decir:

- Doctor Banner... Tranquilícese...

Pero no me escuchó.

Y la masa verde aumentaba.

Y apenas fui consciente de la realidad.

Solo me hizo falta ver que se transformaba en el gran Hulk ( si, se quien es Hulk), y chillé.

Y me vi corriendo con él detrás.

Corrí como si mi vida dependiera de ello, aunque era cierto. Corrí hasta que me topé con la pared... Y no había salida.

Me di la vuelta... Y el estaba frente a mí, a unos metros. Con expresión de furia.

Mi vida pasó por delante de mis ojos, me quedé estática. Era mi final, y me lo había buscado sin darme cuenta. En unos momentos estaría con mis padres. Solo había vivido 18 años.

Los mejores de mi vida.

Y al ver que Hulk iba a saltar... Cerré los ojos.

Pero de pronto, algo o alguien me empujó contra la pared de al lado, y me sentí encogida, pero no abrí los ojos, solo pude escuchar una voz de hombre:

- ¡ Stark, contrólale! ¡ Yo la protejo!

Y escuché ruidos metálicos, de pelea. Yo estaba demasiado asustada como para mirar, pero le eché valor, y abriendo los ojos, miré con temor hacia quien estaba frente a mí.

Y le ví.

Llevaba un traje con las rayas de la bandera americana, y su traje era azul intenso. No llevaba máscara, era rubio, con los ojos marrones.

Era guapísimo.

Nuestras miradas se cruzaron. Sentí que algo conectaba entre nosotros, pero escuché ruidos de nuevo y me abracé fuertemente a él. Escuché su risa y me agarró con fuerza.

- ¡ Rogers, le tengo ya, vuelve a su forma! ¡ Nos vamos dentro!

Miré y vi que era cierto. Áun seguía lloviendo. Vi como alguien rojo y otro ser humano se marchaban. Así que alcé la mirada de nuevo y mi salvador seguía ahí, mírandome como si no hubiese mañana.

Y por un momento, mi alma se sintió mucho más tranquila, más segura.

Más querida.

Hasta la lluvia que nos rodeaba había quedado olvidada a un segundo plano.

Porque de momento solo me centraba en mi salvador.

El que debería hacerse llamar Capitán América.