Aquí el segundo capítulo little demons. Me gustaría dedicarselo a Izuspp por encontrarlo tan rápido xD y por sus estupendos comentarios y a ChiharuLamperouge por unirse a estas loquísimas filas jeje
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Cap.2.-Di que sí
-¡Tú!
-Exacto, vosotros.-puntualizó Edward.
-¡¿Qué hace él aquí?
-¿¡Y tú aquí!
-¡Yo he preguntado primero!
-¡¿Qué pasa has confundido el edificio con la tienda de mascotas gatunas?
-¿¡Y a ti se te han terminado de caer todos los tornillos de la cabeza!
-¡No sólo los pierdo de vez en cuando, no como tú que naciste sin ellos!
-¡Mira quién fue a hablar, el premio nobel del siglo!
-Bueno yo creo que...-trata de decir Edward.
-¡Tal vez! ¡Pero creo que primero va el Oscar!
-¡Sigue soñando! ¡Sabes que siempre me han preferido a mí!
-Tal vez si nos relajamos...-intenta de nuevo.
-¡Oh claro, lo olvidaba las chicas prefieren lo que se les parece!
-¡¿Qué insinúas? ¡Estirado!
-¡Claro como que tú no eres un altanero!
-¡Estúpido!
-¡Imbécil!
-...
CH deja la taza de café vacía sobre la mesa y grita a pleno pulmón:"¡Ya está bien!" Las dos personas que discutían prácticamente pegadas la una a la otra en esos momentos y a bien poco de agarrarse por los cuellos de sus camisetas la miraron. La mujer volvió a tomar asiento y con la mirada les ordenó que hicieran lo mismo. Ambos obedecieron a regañadientes y se sentaron, pero separados un metro el uno del otro, cada uno en una esquina del sofá y sin mirarse.
-Ya me esperaba algo así.-suspiró Edward. -Por cierto, hola de nuevo Sebastian.
-Edward.-saludó cruzado de brazos y casi sin mirarle.-Antes que nada ¿le importaría a alguien explicarme qué hace él aquí?
-Lo mismo podría preguntar yo.
-Pues preguntalo. ¿O se te ha comido la lengua el gato?
-A los gatos los echo a los perros.
-Basta los dos. U os amordazaré.-amenazó CH.-Escuchadme bien los dos, Claude, Sebastian, vais a rodar la serie juntos—enfatizó—ambos compartís protagonismo. Para bailar siempre se necesitan dos personas.
-¡Cuando llamaste no mencionaste nada de él!-le gruñó Sebastian a Edward, que simplemente mostró las palmas de las manos denotando inocencia.
Claude le observó. Sebastian Michaelis, su némesis en Kuroshitsuji II, el actor que encarnaba al siempre perfecto mayordomo Phantomhive. Ambos habían compartido enemistad tanto dentro como fuera de la mítica serie, pues sus personalidades chocaban mucho entre sí, por eso las escenas de pelea les quedaban tan bien; una vez incluso casi estuvo a punto de no ser fingida. El ojirrojo estaba cruzado de piernas y matando con la mirada al rubio director, su pelo estaba más largo, le caía hasta la mitad de la espalda y había adelgazado con lo cual ahora se marcaba mucho más la diferencia de uno a otro, pues Claude siempre fue algo más alto que él. Ataviado con unos pantalones grises y una camiseta de rayas negras y blancas con una chaqueta oscura por encima se mantenía erguido pero amenazante.
-No lo mencionó...-empezó a hablar CH—porque yo no le dejé. Sabía que si lo hacía ninguno aceptaríais el papel.
-¡Pues claro que no!-exclamaron a coro.-¡Me niego a volver a trabajar con él!
-Oh vamos, vamos ni que fuerais unos niños. Además, ya habéis aceptado el papel y en estos momentos vuestros mánagers se encuentran buscandoos piso en Nueva York.
-Yo aún no he firmado nada.-aclaró el de ojos oro.
-Puntualizador...por eso vas a ser abogado.-rió la mujer.-Cierto no habéis firmado, pero tengo dos interesantes conversaciones grabadas en las que dais vuestra palabra de que lo haréis.
-A mí si me cambias a éste lo hago.-dijo Sebastian refiriéndose a Claude, quien le gruñó.
-Se siente Sebastian, Claude va a ser tu compañero de escena y de quién tu personaje va a enamorarse. Así que ya podéis ir aparcando esa guerra vuestra al menos hasta que el rodaje de la serie se termine.
-O sea que nos has contratado en secreta traición.-aseveró el actor de ojos oro. CH sonrió con fiereza.
-Exacto, soy mezquina lo admito.
-Explícaselo CH.-animó Edward.
-Seguramente os estaréis preguntando por qué precisamente a vosotros dos. Veréis, siempre he pensado que entre vosotros ha existido una especie de tensión...
-¡Claro, como que nos llevamos a matar!-interrumpió el ojirrojo.
-Tensión sexual. No me has dejado terminar.
-¡Ni de coña!-exclamaron a la vez mirándose con horror entre ellos.
-Je, pues os sorprendería saber que no soy la única que lo piensa. ¿Consultáis internet?-bromeó.
-De hecho—siguió Edward—yo también lo pensé, pero nunca se me hubiera ocurrido mezclaros en una serie y en unos papeles como estos, principalmente por la "peligrosidad" que supondría para todo el equipo.
-¿Estáis de broma verdad?-preguntó incrédulo Sebastian.
-No. Vamos a darle al público la satisfacción de veros juntos, aunque sólo sea ficticio. Durante el tiempo que dure la grabación seréis pareja de cámaras hacia dentro, fuera podéis mataros si así lo queréis.-terminó de decir el director.
-Además estáis estupendos así como estáis. Veo que has hecho lo que te pedí Sebastian.-dijo la mujer alegremente.
-Tsk, así engañado cómo no iba a hacerlo.-bufó.
Lo cierto era que CH se puso antes en contacto con el ojirrojo que con el ojidorado, pues necesitaba que éste se dejase el pelo largo y que entrenase para ganar flexibilidad para poder hacer bien su papel de bailarín. No quería pelucas ni extras. Las primeras las odiaba, y a los segundos no, pero simplemente quería que fuese el mismo actor quién lo hiciera. Y en cuanto a Claude, como su última película había sido de acción y tuvo que tirarse cuatro meses en un gimnasio para ganar musculatura, no necesitaba de nada más, aunque la mujer no le quería precisamente culturista sí deseaba marcar la diferencia entre él y Sebastian. Todo estaba saliendo a la perfección.
-Oh vamos, sé de sobra que el dinero que os ofrecí a ambos ha sido un incentivo suficiente como para moveros.-ambos actores guardaron silencio.-Muy bien escuchad, vamos a ir acortando las cosas, aquí la cosa es aceptar o no el papel; yo aún no os he transferido nada ni vosotros habéis firmado pero estáis aquí. Así que...—entrelaza las manos y las posiciona frente a su cara—¿qué decís? ¿Me seguís o no?
Claude y Sebastian, siguen en su actitud silenciosa, ambos le dedican una mirada de reojo al otro y fruncen suavemente sus entrecejos, el primero alza la cabeza y el segundo aprieta los brazos que tiene cruzados clavándose los dedos; parecían dos fieras esperando el movimiento del otro para abalanzarse en su contra.
-Venga, di que sí.-cortó el silencio el hombre rubio, sonriente y mirándolos a los dos de manera alternativa.
Se oyeron dos suspiros tras un minuto de silencio.
-Acepto.-dijeron al unísono.
-Perfecto...—aseveró a media voz la sonriente productora recibiendo un asentimiento de su director—entonces, pasad por aquí—dijo levantándose del sofá y yendo hacia la mesa maciza dispuesta en el lugar—es hora de que firméis vuestra sentencia de muerte.
-Que graciosa.-gruñó Sebastian, que se levantó primero.
-¿Quién ha dicho que bromee?
-Desafortunadamente tu cara es un libro abierto querida.-dijo Edward haciendo de tripas corazón y terminándose de un trago el café a pesar de su fuerte sabor.
Media hora después ambos actores se disponían a salir del despacho, CH y Edward les observaron partir en dirección al ascensor y mirarse con sus peores caras para ver quién entraba primero, cuando las correderas puertas metálicas del aparato comenzaron a cerrarse, ambos pudieron jurar que oyeron a ambos gruñirse.
-Un problema menos. Va a ser todo un reto amansar a esas dos fieras desbocadas.—aseveró medio suspirando el director, pasando de nuevo para poder coger su bolsa y marcharse también.
-Ooh, pero de eso se trata querido rubio. Vamos a jugar a ser domadores. Mejor dicho—rectifica—tú vas a jugar a ser domador, mi trabajo con ellos se ha terminado.
-¿Perdona?
-Te perdono. Tú eres el director, así que actores, guionistas, montajes y demás rollos son cosa tuya, yo soy productora, me hago cargo de cosas más técnicas.
-Cierto, aunque odie admitirlo. Por cierto—pregunta cogiendo sus pertenencias y dirigiéndose a la puerta, de donde ella no se había movido—¿te has puesto ya en contacto con los otros?
-Por supuesto. Todo el reparto de actores está ya decidido y organizado, el resto aceptaron sin problemas, de hecho estos dos han sido los últimos en firmar el contrato.
-¿¡Aún siendo los protagonistas!-exclama.
-Bueno bueno tranquilo. Ya has visto que han firmado, relájate, vete y tómate un baño de espuma y luego ve una película Disney con Richard; dentro de una semana comenzaremos los primeros tanteos, y más te vale estar despejado para meterte en la jaula.
El hombre la miró con cierto deje de reproche, pensó que con la mirada le estaba vistiendo de domador mentalmente. Se despidió de ella con cortesía y esperando verla en una semana, tras salir y caminar por el pasillo oyó la puerta cerrarse con un golpe.
CH se apoyó en la puerta tras cerrarla y suspiró, sonriendo a su macabra manera.
-Parece que vamos a tener mucho trabajo por delante. ¿No te parece Chess?
Un maullido le respondió y un gato de brillantes ojos amarillos salió de debajo de la mesa, donde al parecer llevaba todo el tiempo escondido.
··········Momentos antes, con Claude y Sebastian··········
En el ascensor el ambiente era tenso, y la larga bajada de diez pisos no ayudaba para nada, más bien lo que hacía era empeorar las cosas. Cuando por fin alcanzaron la planta baja, las personas que había esperando para coger ese mismo ascensor pensaron que eran una pareja que acababa de discutir. En mitad del hall, Claude recibió la llamada de su mánager informándole de que ya tenía piso en Nueva York.
-Bien, gracias.
-Vaya si hasta sabes dar las gracias, pensé que te habías quedado en la lección de dar la patita.-ironizó Sebastian.
-Sí—respondió guardándose el móvil—te llevo varias lecciones de ventaja.
El ojirrojo sintió sus mejillas tornarse rojas de enfado, el muy maldito siempre tenía respuesta a todo. Trabajar con él sería como intentar sobrevivir en un campo de concentración atado de pies y manos, pero el papel y la oferta lo merecían; habría que hacer de tripas corazón e intentar sobrellevar las cosas, así que haciendo acopio de fuerzas decidió "abrirse en banda".
-Neee, Claude. ¿En qué parte has conseguido piso?
-¿Por qué lo dices?
-Para no conseguir yo otro en el mismo sitio.—ante la mirada cansina del otro, el ojirrojo se regañó mentalmente—"¡no, no y no!¡espabila Sebastian Michaelis!¡si voy a tener que trabajar con este tío tendré que...que aprender a...uff...a no matarme con él."
Se produce un silencio incómodo, ambos salen del edificio, en el cielo unas cuantas nubes empiezan a pintar el cielo de gris.
-Es en la Avenida Madison.-dijo de repente el de ojos oro, casi sobresaltando al otro.-En el cruce con la calle 96, no queda lejos de aquí. Y mejor porque...—mira al cielo—yo no he traído mi coche y va a llover.
Y como respuesta a sus palabras, se oyó un trueno precedido por un relámpago y un segundo después comenzó a diluviar, empapando por completo a ambos hombres. El más bajo miró con cara de no creerselo al más alto.
-¿Nunca pensaste en dedicarte a la metereología?
-No estaba en mi lista.-respondió echando prácticamente a correr.
-¡Eh, oye tú espera!-llamó Sebastian corriendo tras de él.
-¿Qué quieres?-preguntó sin detenerse.
-¡Llévame contigo!
Esa frase hizo detenerse en seco a Claude, que miró incrédulo a Sebastian que estaba tras suya y con las mejillas rojas a pesar del frío de la lluvia.
-Es es que...-tartamudeó, pero no pudo seguir puesto que un estornudo se le subió a la nariz.
-Venga vamos. A una semana del rodaje no nos conviene resfriarnos.-dijo volviendo a correr, tras un segundo de incredulidad, el otro le siguió.
Con la carrera, apenas tardaron cinco minutos, puesto que los dos estaban en buena forma. Siguiendo las instrucciones de su mánager, ambos llegaron al edificio en cuestión, el típico edificio de Nueva York, es decir, no apto para los que sufren de vértigo. La diferencia radicaba en que este edificio en cuestión estaba prácticamente nuevo, construido hace apenas tres años y en eso se notaba, era bonito, moderno y de lujo. Entrando, Claude fue a grandes zancadas hasta el portero, que sonrió con amabilidad y algo de gracia ante la cara que ambos traían.
-Usted debe ser Claude Faustus ¿me equivoco? Vi, su última película, me encantó la parte en que ambos saltan al mar desde la plataforma petrolera tras detonarla y...
-Oiga con todos mis respetos pero estoy mojado y acabo de darme una carrera así que dígame ¿tiene las llaves de mi piso?-preguntó tratando de no perder la paciencia.
-Oh sí por supuesto aquí las tiene. El señor que se las dejó me pidió que le dijera que ya está todo amueblado y preparado.-respondió tendiéndole las llaves.-Piso 21.
-¿El último?
-Así es, tiene usted el ático.
Dos minutos después ambos hombres entraron a la casa, que como era de esperarse de cualquier ático era bastante grande. En la mesilla que había dispuesta en la entrada bajo un espejo de pared había una nota.
"Ya tienes tu casa lista,amueblada y con la nevera llena oh y limpia de arriba a abajo. Como seguramente vas a estar bastante tiempo aquí decidí cogerte algo bueno, aunque le hice regateo al promotor inmobiliario. En fin, suerte con el rodaje y ya nos veremos."
Claude suspiró y dejó la nota donde estaba, se adentró más en el lugar y trató de ubicar el baño, después dejó solo a Sebastian, que seguía mirando curioso.
El actor ojirrojo pensó en lo que le debía de haber costado al otro un lugar como este y en lo rápido que había sido su mánager para prepararlo. Sus rubíes se pasearon y se detuvieron en la chimenea eléctrica, que daba un aspecto incluso más acogedor al ático. Un golpe blando en su cara le hizo volver a poner los pies en la tierra.
-¡Oye!
-Sécate. El piso está nuevo y no me apetece ponerme a limpiar mañana mismo.-le contestó Claude que ya estaba descamisado y secándose con el mismo objeto que había arrojado a Sebastian: una toalla.
El pelilargo frunce el ceño y los labios pero comienza a secarse, primero la cabeza y la cara; pero se detiene al darse cuenta de algo.
-Mierda...
-¿Qué te pasa ahora?
-Que no tengo ropa, y la que llevo está completamente mojada.
Claude suspira y vuelve a desaparecer, en unos 20 segundos llama al otro para que vaya a donde él está. Sebastian se adentra en las habitaciones, en la 2ª a la derecha del pasillo estaba su anfitrión casi metido en el armario empotrado de su habitación, evidentemente buscando algo.
-¿Qué haces?
-Buscarte ropa que te esté más o menos bien.
-¿Más o menos bien?-preguntó picajoso.
-Mi ropa te estará grande en su mayoría pero creo que...ah, aquí está. Ten, ponte esto, a ver que tal te está.-le dice lanzándole un pantalón y una camiseta.
El pelilargo asiente y se encamina al baño, ya de por sí resultaba embarazoso estar en casa de su némesis como para encima desvestirse en su presencia.
Claude escogió una camiseta gris de manga larga y se la colocó sobre los pantalones secos que ya llevaba cambiados, después se encaminó fuera de la habitación y fue hasta la cocina; de colores blancos y negros con algún matiz en gris la cocina también resultaba llamativa por su diseño, pero al actor lo que le interesaba era su adorada cafetera Nespresso, que reposaba sobre la encimera, contrastando enormemente con la tonalidad del lugar dado su fuerte color rojo. Esbozando una media sonrisa satisfecha, buscó las cápsulas de café, encontrándolas en el armarito justo encima de la encimera. Como no tenía ni idea de qué café le gustaba a Sebastian, y en esos momentos tampoco le importaba mucho, agarró dos cápsulas de latte macchiato y las colocó en la cafetera.
En el poco tiempo en el que los cafés se preparaban el ojidorado caviló por qué había traído al ojirrojo a su casa sin pensárselo demasiado. Bueno, si iban a ser compañeros en papeles "más íntimos" se supone que debían aprender a tolerarse aunque fuera un poco.
Un pequeño pitido le sacó de sus pensamientos, los cafés estaban listos, así que llevando uno en cada mano volvió a la sala de estar, encendiendo las lámparas de pie a su paso, ya a estas horas no le apetecía encender las del techo. La temperatura había decaído a causa de la lluvia, así que el actor decidió encender la chimenea eléctrica, fue cuestión de apretar unos cuantos botones y de regular el termostato.
-Listo...-murmuró.
-¿El qué?—Claude se dio un ligero sobresalto. A su lado había vuelto a aparecer su invitado, ya vestido, se le quedó mirando de arriba a abajo.—¿Qué me miras tanto?
-Como suponía, incluso la más pequeña te está algo grande.
Sebastian se miró a sí mismo otra vez, llevaba puestos unos pantalones Adidas ,negros con franjas verdes, de chándal con una camiseta de algodón blanca de manga larga que llevaba impresa el mismo logotipo de los pantalones; éstos al ser elásticos le estaban mejor, pero la camiseta le quedaba grande, sobre todo de hombros y mangas.
-Antes no estabas tan delgado.-puntualizó el ojidorado, yendo a sentarse en el sofá dispuesto frente a la chimenea con una mesa baja por en medio, poniéndose cómodo, tomó su café, le dio un sorbo y le tendió el otro a Sebastian, que se sentó a su lado a una distancia prudencial algo cohibido. Soplando suavemente, el ojirrojo disipó el poco humo que el calentor de la bebida todavía producía y sorbió también, quedándosele espuma en la boca, el otro se rió.
-¿Qué?—pero al ver que el otro se señalaba el labio superior para referirse a él, le entendió y se limpió con frenesí.—Adelgacé tanto a base de bailar, además Edward me dijo que necesitaba estar más delgado de lo que estaba en Kuroshitsuji para dar bien el pego con el papel. Oye pero tú antes tampoco estabas tan...tan...
-¿Mazado? ¿Cachas? ¿Esculpido?-empezó a enumerar.
-Bueno tampoco te lo creas tanto.-refunfuñó.
-No me lo creo, pero si te parece que yo estoy musculado de más tendría que haber visto a Ryo descamisado, él se pasó más que yo con lo del gimnasio y las claras de huevo. Pero ya he perdido algo de masa muscular desde que terminé de rodar.-respondió.
-Ya. Bueno, por lo menos esa mujer dice que tal y como estamos ahora somos perfectos para los papeles...
Se produjo un silencio, que fue interrumpido por un potente trueno que hizo dar un salto en el sofá al ojirrojo y que por efecto rebote se apegase al ojidorado, que le miró con diversión.
-No me digas que te asustan los truenos.
-¡Pues claro que no! ¡Es que ese último ha sonado a cañonazo! ¡Tú también te has sobresaltado!
-Pero no me he echado encima tuya.
-¿Siempre tienes respuesta para todo?-preguntó con reproche.
-Ya deberías conocerme a estas alturas.
-¿Crees que podremos hacerlo? ¿Fingir que somos pareja aunque sea de cámaras para adentro?-preguntó tras unos segundos de nuevo silencio.
-Somos actores...se supone que sabremos hacerlo. Mira ahora por ejemplo, tú estás en mi casa aún no sé por qué y no nos hemos matado. Todavía.
Sebastian vuelve a ponerse colorado y algo tenso, pequeños balbuceos se escapan de su boca.
-Es que...es que...
-¿Es que qué?-preguntó Claude mirándole fijamente.
-...¡Es que no recuerdo la dirección del maldito hotel!—terminó por medio gritar.—¿¡Contento ya!
Sebastian sintió sus ya coloradas mejillas enrojecer más, pero de furia, cuando vio al ojidorado echarse a reír con sonoridad, llevándose incluso las manos a la tripa para tratar de canalizarla.
-¿¡Dónde está la gracia!-¡Oye!-protestó al ver como el otro reía el doble, apretando los dientes, Sebastian reaccionó de la primera manera que se le ocurrió, es decir, se abalanzó sobre Claude para taparle la boca aunque fuese a golpes; así que como un niño que se dispone a pelearse con otro el actor más bajo se dio impulso y fue a por su objetivo, que no le vio llegar bien a causa de su risa.
Uno cayó encima del otro, el otro empezó a forcejear con el uno y en un momento dado ambos cayeron del sofá a la alfombra que cubría el trozo de suelo bajo sus pies.
-Ya sabía yo que no duraríamos mucho.-dijo Claude, que tras la caída había quedado mirando al techo, alzando la cabeza se topó de pleno con la cara de Sebastian a tan sólo unos centímetros de la suya, pues había quedado encima al caer los dos.
Son en esos momentos tan incómodos en los que cientos de pensamientos atraviesan tu mente, llenando tu cabeza de ideas absurdas y logrando que tu cuerpo se mueva solo. El de ojos oro respira algo más fuerte de lo normal, su pecho sube y baja; el de ojos rojos ni pestañea y sus manos se posan sobre la superficie en la que había ido a caer, notándola más fuerte incluso de lo que creía.
La lluvia arrecia fuera, pero dentro el tiempo se ha estancado. Los impulsos dominan aunque las mentes pataleen y chillen a gritos que no son oídos, las distancias se acortan a cámara lenta.
Y el móvil de Sebastian suena. El pistoletazo que los devuelve a la realidad, el actor al que llaman se levanta de un salto tremendamente rápido y ágil y se lanza a por su teléfono; el otro actor se queda dos segundos en el suelo y luego se incorpora también.
-¿Sí?—contesta Sebastian algo azorado y con el corazón latiendole a mil por hora.—¡Hasta que por fin llamas! ¿¡Como qué por qué no estoy en el hotel! ¡Porque no me apuntaste la dirección ni el nombre! ¡Sí claro, no tenías mejores cosas que hacer!— brama.—¡No me pongas excusas y manda un estúpido taxi y reza lo que sepas para que te deje con vida!
El ojirrojo cuelga el teléfono con evidente frustación, Claude está de pie detrás suyo a una distancia prudencial.
-¿Qué pasa?
-El estúpido inútil de mi mánager, que ahora se da cuenta de que "no aparezco".-responde tecleando en el móvil.-Listo, ahora que me envíe el maldito taxi.—Se queda en silencio.—Oye...¿te importaría dejarme una bolsa para que metiera mi ropa mojada? Cuando nos veamos en una semana...te lo devolveré todo.
El anfitrión no contesta, simplemente desaparece de nuevo en dirección a su habitación y reaparece después llevando consigo una bolsa de deporte que tiende a su invitado, que la agarra y desaparece también rumbo al baño, donde hubo dejado su ropa mojada. Los minutos siguientes volvieron a hacerse tensos por la ley del silencio impuesta por ambos. Tras que hubiesen pasado 10 desde que Sebastian hubo recibido la llamada, éste decidió bajar al rellano del edificio para comprobar si el taxi había llegado y si no pues esperar allí.
-Gracias...por todo.-dijo suavemente para despedirse ya en la puerta.
-Tranquilo, no me las debes.
-Nos vemos en una semana, a ver que nos tienen preparado.
-Prefiero no saberlo, si lo supiera no me presentaría.
-Ni yo.-terminó de decir echando a andar hacia el ascensor, por el cual desapareció.
Claude cerró la puerta y volvió al sofá, sobre el cual se tumbó todo lo largo que era mirando al techo como si fuera la cosa más interesante del mundo y cerró los ojos, apretándolos con fuerza para evitar pensar en lo que acababa de ocurrir.
Sebastian llegó al rellano y se despidió del portero con un movimiento de cabeza. En la calle, pegado al bordillo un taxi amarillo le esperaba; cogiendo carrerilla corrió hasta él y se subió con rapidez, el conductor le saludó y se puso en marcha. Desde la ventanilla, el actor miró hacia lo alto del edificio, suspirando se mordió el labio y prefirió no pensar en nada.
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Whajaja apuesto a que os he dejado con la miel en los labios, ¡soy mala!
Pero no os preocupeis, que esto no se va a quedar así, claro que no. En el próximo capítulo hacen acto de presencia varios personajes más y ¡comenzamos a rodar!
¡Espero vuestros reviews! Besitos de cereza.
Atte.-Cherry Cheshire ;)
