-No Sasuke—protesto Sakura con debilidad, y lo empujo.
La respuesta de Sasuke fue una estremecedora carcajada. Cuando Sakura intento zafarse, gruño, la abrazo con más fuerza y trazo un camino de besos por su sudorosa frente. Continúo besándole con suavidad la nariz para llegar desde allí hasta las comisuras de sus labios.
-Si, Sakura—insistió.
Sakura, asustada y al mismo tiempo excitada por la respiración de Sasuke que rozaba sus labios, se retorció en sus brazos. Sasuke empezó entonces a exigir una respuesta de su boca. Consiguió acercarse y, durante unas decimas de segundos, sus labios se encontraron. Fue un contacto tan fugaz que, por un momento, Sakura pensó que lo había imaginado.
Pero su traicionero cuerpo sabía perfectamente lo que había ocurrido. Sakura sentía el ardor del deseo en aquellos lugares que Sasuke acariciaba; la emoción la recorría como si fuera una lengua de acero fundido. Pero dejarse arrastrar por aquellos sentimientos era un error, un terrible error. De modo que busco en lo más profundo de su ser la fuerza necesaria para rechazar aquellos labios tan deliciosamente persuasivos, aquellos labios cuyo saber era más delicioso que el más exquisito de los licores.
-No—le ordeno Sasuke con voz ronca y tono indulgente –No te resistas. Es absurdo luchas contra el deseo, relájate—la urgió mientras dibujaba con la lengua las líneas de su boca –Solo un beso, mis labios acariciando los tuyos, quiero probar con mi lengua el sabor de la tuya, hacer revivir tu boca con un beso. Y tú también nacerás a una nueva vida. Te lo prometo, Sakura, pero cuanto más forcejees, mas luchare yo para vencer tu resistencia y mas tendrás que perder. Relájate, cariño—repitió con una voz fascinante –relájate—
Empezó a acariciarle las mejillas. Dejo de sujetarla para acariciarle la barbilla con dedos que a la joven le parecían mágicos. Aquella caricia tierna, le llego al corazón. Un gemido de placer escapo de sus labios cuando Sasuke la miro con los ojos empañados de emoción.
Y entonces, la beso. Sakura entreabrió los labios por la sorpresa y Sasuke deslizo suavemente la lengua en el interior de su boca. Tiro de ella para acercarla a él haciendo que volviera a gemir, e impulsada por el deseo, Sakura estrecho sus senos contra el fuerte pecho de Sasuke. No había entre ellos más barreras que las finas telas de su ropa. Los gruñidos de placer de Sasuke eran música para los oídos de excitada Sakura. Sasuke exploraba con la lengua lo más recónditos rincones de su boca prometiendo más, mucho más.
-Sasuke, Sasuke—musito Sakura, abandonando ya toda cordura.
Sasuke soltó entonces una carcajada, una carcajada profunda y sensual que resonó en los oídos de Sakura.
-Sakura—susurro –sabia que revivirías, que en tu interior se escondía una mujer de fuego. Eres tan buena, sabes tan bien, sientes tan intensamente que pareces haber sido hecha para el amor. Yo tenía razón, mi pequeña tentación—y empezó a mordisquear y a besar con labios hambrientos su rostro.
Cuando la joven movió la cabeza, cayó sobre su cuelo una lluvia de besos, suaves y ligeros como una pluma. Era un placer embriagador, exquisito, pero a la joven ala esperaban muchas más sorpresas.
Sasuke deslizo las manos sobre sus hombros para moldear sus curvas en una caricia que hizo estallas nuevas explosiones de placer en el interior de Sakura. Sasuke gruñía de satisfacción, haciendo que corrieran ríos de excitación por sus venas. La intensidad del placer aumento cuando sus bocas volvieron a unirse. Los dedos de Sasuke arrancaban música del cuerpo de Sakura. Un deseo irresistible de acariciar, de besar, de amar, clamaba para ser satisfecho. Sasuke estaba sometiéndola a una tortura insoportable, pasaba suavemente las manos por los contornos de sus pechos, la acariciaba y la tocaba con una suavidad desesperante. Sakura lo quería ¡Lo deseaba! Y el resto del mundo dejo de existir para ella. Solo había un pensamiento en su mente, un deseo: Sasuke.
Pero de pronto la música ceso. Sasuke se separo de ella y la miro con una expresión burlona.
Sakura recobro inmediatamente el sentido común.
-¡Eres una rata!—lo insulto –Una rata asquerosa y despreciable –se froto la boca con el dorso de la mano intentando borrar la huella de sus besos.
-No te has resistido mucho, Sakura—señalo con calma.
-No—Sakura inclino la cabeza y le dirigió una dura mirada –Y tú has utilizado toda tu experiencia en seducción, cosa que sorprende teniendo en cuenta que estas comprometido, ¿o has olvidado ese pequeño inconveniente?—
-Que amable eres al recordármelo—contesto Sasuke –Y no, no he olvidado que durante los próximos catorce días voy a estar felizmente comprometido contigo—
-Solo para guardar las apariencias—señalo rápidamente ella –El resto es puro teatro, una farsa, y eso no te da derecho a hacer lo que quieras—trago saliva. El recuerdo del beso, del deseo, revivía en su mente; para el sentimiento de culpabilidad le daba fuerzas para endurecer su corazón -¿Me has oído, Sasuke? Una actuación pública es una cosa, pero como se ocurra volver a tocarme o besarme cuando estemos solos, me iré tan rápidamente que no tendría tiempo ni siquiera de ver el polvo que levantaran mis pasos. Yo no soy Hikari—le recordó con amargura –y no te atrevas a olvidarlo.
Sasuke se encogió de hombros con una expresión indescifrable, se volvió en su asiento y puso el coche en marcha.
Salieron del aparcamiento subterráneo a la calle. Sakura pestañeo con fuerza cegada por el sol y se sorprendió al advertir que tenía las pestañas humedecidas por las lágrimas. Estaba completamente loca, se reprocho en silencio. Era absurdo continuar con Sasuke. Él solo estaba jugando con ella, divirtiéndose a su costa. Era un hombre egoísta, autosuficiente y únicamente pendiente de sí mismo. Sasuke Uchiha se merecía todo lo que pudiera pasarle. De hecho, decidió con firmeza, era el único culpable de aquel desastre lamentable.
En aquel momento, le convenía olvidar que Hikari había sido muy desconsiderada con él. Lo había herido y ofendido y lo había dejado completamente solo. Sakura se dijo que se lo merecía. Sasuke debería aprender a ser un ser humano como los demás, aprender lo que era sufrir. Sasuke no conocía el significado de la palabra dolor.
Pero su conciencia hizo que recordara algo. Sasuke estaba enfadado, enfadadísimo, porque Hikari lo había dejado en la estacada sin importarle no solo el daño que pudiera hacerle a él sino tampoco el sufrimiento que podía causarle a una anciana enferma.
Era lógico que hubiera dirigido su enfado hacia la única persona que había quedado a su lado, Sakura. Ella sabía que era injusto, pero también que Sasuke se tranquilizaría al cabo de un tiempo. Y si comprender era perdonar, Sasuke acababa de ser absuelto. Y al menos, se recordó con dolor, el fuego y la magia de las caricias de Sasuke quedarían grabados para siempre en su mente.
Pararon unos segundos después frente a un lujoso restaurante de Mayfais, uno de los barrios más exclusivos de Londres. Era una de las numerosas propiedades de Sasuke.
-Son las dos—le explico Sasuke al advertir su sorpresa –Y estoy hambriento. Vamos a comer. A menos que seas una de esas mujeres maniáticas que procuran no probar bocado—
-¿Con un tipo como el mío?—se burlo Sakura con desdén –No seas ridículo. Además, piensa en la invención que has hecho, si tu prometida ficticia adelgazara tendrías que tirar todas esas ropas que has comprado. Y hablando de ropa—señalo –Me parece que no voy adecuadamente vestida para estar en un lugar como éste. Y no me digas que no te has dado cuenta—
-Humm—Sasuke deslizo la mirada lenta y seductoramente por la camisa a cuadros de Sakura, en la que todavía quedaban restos de arcilla, y lavajo después hacia sus viejos vaqueros. Aquella detenida observación hizo que afloraran en Sakura sentimientos que prefería ignorar. –Quizá tengas razón, y como mis vaqueros tampoco son muy apropiados para los lugares que frecuento, creo que tenemos un serio problema—
-En absoluto—repuso Sakura con un travieso movimiento de cabeza –Sígueme, Sasuke, no eres el único que está hambriento y conozco un lugar en el que dan una comida de primera clase—
-¡Una hamburguesería!—exclamo Sasuke después de que le hiciera dar la vuelta a la esquina y subir los escalones de acceso a un local de ambiente alegre y acogedor -¡Dios mío! NO había vuelto a una hamburguesería desde que tenía diez años—
-Entonces ya es hora de que vayas aprendiendo lo que te has perdido—contesto Sakura con sarcasmo –Y puedes guardar tu cartera. Ahora me toca pagar a mí—
~ O ~
-¡Salud!—Sasuke alzo su vaso de refresco y lo inclino hacia Sakura para brindar solemnemente con ella antes de empezar a devorar el contenido de su bandeja.
Sakura no estaba hambrienta, estaba famélica. Desde la de hora del desayuno, que ya quedaba muy lejos, solo había mordisqueado unas tostadas mientras estaba bajando. Al pensar en su trabajo, apretó los labios. Aquella mañana había tenido que preparar un pedido, una delicada figura que había embalado cuidadosamente para que fuera entregada en su destino. El mensajero que había ido a recogerla se había marchado poco antes de que llegara Sasuke. Si este último hubiera llegado diez minutos antes, no habría podido cumplir el encargo. Sasuke había llegado imponiendo su presencia, exigiendo toda su atención y acabando de esa forma con su preciosa concentración, por no decir su manera de ganarse la vida. Al pensar en ello, fruncía el ceño.
-¿Algo anda mal?—pregunto Sasuke mientras terminaba su hamburguesa para empezar a comer otra inmediatamente -¿No es esta la comida que a la señora le gustaba? Y eso que has elegido tú el restaurante. Eres tan contradictoria que como todas las mujeres. No sabrías lo que quieres aunque lo tuvieras delante—sonrió de oreja a oreja esperando que Sakura respondiera a su provocación.
Adivinando sus intenciones, Sakura forzó una sonrisa.
-Que visión tan machista, Sasuke. Siento desilusionarte, pero sé exactamente lo que espero y quiero de la vida. Y si tú y Hikari pudierais arreglárosla sin mí, podría hacer algo para conseguirlo—
-Dame dos semanas—contesto Sasuke sin alterarse –Y no volveré a molestarte nunca—
Sakura estuvo a punto de responder que ojalas se cumpliera su epitafio, pero un repentino golpe de dolor y tristeza se lo impidió. Dos semanas. Aparentemente muy poco tiempo, pero no se creía capaz de soportarlas al lado de un hombre tan desconcertante. Pero de pronto, recordó que no iba a tener que hacerlo si antes de veinticuatro horas podía hacer algo para remediarlo.
Terminaron de comer en silencio. La siguiente sorpresa del día fue que Sasuke se levanto para recoger la mesa.
-Es justo—señalo al advertir la reacción de Sakura –tú has pagado la comida y yo me encargo de recoger. Supongo que haces lo mismo con Hikari ¿o ella no hace su parte del trabajo?—
-¿Es una afirmación o una pregunta?—le dijo Sakura divertida –Si de verdad quieres saberlo, Hikari es una santa. Yo cocino y ella come, yo lavo los platos y ella se sienta cómodamente y me deja terminar mi trabajo ¿Puede haber algo más justo que eso?—
Sasuke hecho la cabeza hacia atrás y empezó a reírse. Sus carcajadas resonaron en la hamburguesería despertando las sonrisas del resto de los comensales.
-¿Y no te molesta?—pregunto poniéndose repentinamente serio –Ya veo que gusta jugar a la pariente pobre. No tenías ningún motivo para quedarte con Hikari cuando terminaste tus estudios. ¿Por qué volviste entonces? ¿Por qué permites que Hikari abuse de ti? ¿Por qué dejas que te exploten?—
-Yo me limite a volver a mi casa—contesto Sakura fríamente –Y hablando de explotación, Sasuke, tengo en frente de mi aun experto ¿O es que cuando eres tú el que explota ya no tiene tanta importancia?—
El semblante de Sasuke se oscureció. De repente resulto imposible descifrar ningún sentimiento en su mirada.
-Esta vez tienes razón—reconoció con desgano –Pero créeme, nada de esto hubiera sucedido si la salud de Chiyo no fuera tan frágil. Y le debo tantas cosas que lo menos que puedo hacer por ella es intentar que sea feliz.
-¿Por qué le debes tanto?—pregunto Sakura con cierto temor de parecer indiscreta.
-Se lo debe sobre todo el pequeño huérfano que alguna vez fui—había tanto dolor en su voz que a Sakura se le partió el corazón –No eres la única que no ha tenido padres. Chiyo me recogió e hizo todo lo que pudo para que yo tuviera una infancia feliz. Tú tuviste a Hikari—señalo en todo acusador –por no hablar de su dinero. Intenta crecer en dos húmedas habitaciones, con la única ropa que llevas puesta y comiendo pan rancio, antes de seguir hablando de mí como si fuera el más despiadado de los explotadores. Yo soy como la vida y Chiyo me han hecho. Y me niego a disculparme por algo que he hecho o por algo que estoy dispuesto a hacer por Chiyo.
Sakura se sonrojo y bajo la mirada. Era incapaz de enfrentarse a la expresión acusadora de aquellos ojos negros. No sabía nada de lo que Sasuke acababa de contarle, Hikari nunca le había hablado de ello. ¿Lo sabia ella?, se pregunto. Por supuesto, pero siendo como era, habría borrado rápidamente de su mente la imagen de un niño creciendo rodeado de miseria. La vida podía ser muy dura, Sakura lo sabía por propia experiencia, pero Hikari, la atractiva y consentida Hikari, no tenía ni idea de la clase de existencia a la que se enfrentaban miles de niños.
-Lo siento, Sasuke—musito. Levanto los ojos u advirtió un intenso dolor grabado en sus facciones.
Sasuke la ignoro; tenía la mirada perdida u los puños apretados con tanta fuerza que habían palidecido los nudillos. Sakura alargo la mano lentamente, vacilando, no sabía si estaba haciendo lo correcto, cuando estaba a punto de retroceder, le acaricio suavemente la mano con un dedo.
Sasuke volvió la cabeza y busco sus ojos. La sorpresa inicial que se dibujo en su rostro dio paso a una inconmensurable emoción que hizo que a Sakura se le encogiera el corazón.
-Estaba equivocado—admitió Sasuke relajándose y tomándole la mano –No te pareces en nada a Hikari. Hoy me lo has demostrado una y otra vez, pero Chiyo no lo sabe y eso es lo único que importa—afirmo con una súplica muda en la mirada –Si pudieras elegir en este momento ¿me ayudarías?—
-No sabía que podía escoger—repuso Sakura, eludiendo la respuesta y emocionada por el encuentro de sus manos y mirada.
-No tienes donde escoger—respondió Sasuke suavemente –Por lo menos si te pareces en algo a la mujer que creo que eres—como Sakura arqueo una ceja intrigada, añadió con una sonrisa –Tu conciencia social, ¿recuerdas? Y a diferencia de mi desagradable presencia, eso es algo que te acompañará durante toda tu vida—Sasuke arrastro al silla y se levanto, rompiendo así la magia del momento –Vamos a movernos, se está haciendo tarde y todavía tenemos muchas cosas que hacer. Chiyo podrá ser una anciana, pero no tiene ningún problema en la vista y la varita mágica ya está preparada para el próximo encargo—
~ O ~
Al menos eso era lo que Sasuke pensaba. Pero Sakura concienciada o no, no estaba dispuesta a ceder en todo.
-¡Pero lo has prometido!—le señalo Sasuke cuando se pararon fuera de la peluquería.
-He prometido ayudarte—lo corrigió inmediatamente y se sorprendió al advertir que realmente no le importaba echarle un mano hasta que Hikari volviera –pero no de esta manera. No funcionara. No soy un trozo de barro que pueda ser moldeado para convertirse en una mala copia de mi prima. ¿No entiendes que no va a salir bien? No voy a ser capaz de parecerme a ella, no puedo actuar ni sentir como Hikari. ¿Por qué no puedo ser yo misma?
-Claro que puedes—insistió Sasuke con paciencia –siempre y cuando consigas parecerte a ella. Y una sesión de peluquería tampoco es el fin del mundo. Solo van a lavarte el pelo y a peinarte—
-¡Ja!—exclamo Sakura mirándolo con desprecio –Te conozco. Sasuke. Eres capaz de meterme ahí dentro y hacer que, antes de que pueda darme cuenta, mi melena larga y aburrida se convertirá en algo irreconocible. Y, por cierto, este peinado me sienta bien y no pienso cambiar. —
Sasuke se encogió de hombros.
-Si, eso es lo quieres, no voy a me, al menos entra y habla con Orochimaru. Y si no consigue convencerte de que hagas algo más que lavarte el pelo, no voy a decir nada. Supongo que podré vivir con ello. —
-¿Y prometes no regañarme?—
Sasuke sofoco un suspiro y apoyo las manos en los hombros de la joven, provocando una agradable oleada de calor en su interior.
-Así que todavía no confías en mi—le dijo con voz cansada.
-Digamos, que prefiero seguir guardando las distancias—se libero de aquel desconcertante contacto y dándole la espalda se dirigió hacia la puerta.
Sasuke la siguió.
-Sakura Haruno, Orochimaru—los presento fríamente –Es toda tuya. Y te advierto que es una de las mujeres más endemoniadamente cabezota que conozco—señalo a Sakura con determinación –Pasare a recogerte a las cuatro. Si pensara por un momento que has decidido ser una persona razonable, me quedaría para darte mi opinión, pero adelante, sigue siendo la reina d las obstinadas. Dile al mejor peluquero de Londres que no se atreva a tocarte un solo pelo de la cabeza y sal de aquí con toda la gracia de un hipopótamo revolcándose en el barro. Si así esta contenta ¿Por qué voy a preocuparme yo?
Cuando quedo sola, Sakura descubrió que el comentario de Sasuke la había convertido en el blanco de las miradas de una docena de mujeres exquisitamente arregladas que estaban en la peluquería y se enfureció. ¿Con que un hipopótamo revolcándose en el barro? Con Hikari o sin ella, iría a la fiesta, e iría perfectamente acicalada. Sasuke, se burlo en silencio cuando empezaron a lavarle el pelo, pronto se iba a arrepentir de haberse burlado de aquella mujer tan cabezota.
Pero a Sasuke no le impresiono demasiado su nueva y mejorada imagen.
-Te sienta bien—comento sin mucho interés después de echarle un rápido vistazo.
Sakura se tenso, un insulto no podría haberle sentado peor que aquella lacónica aprobación, se dijo con desprecio. Y entonces lo vio todo claro. Sasuke estaba acostumbrado a conseguir siempre lo que quería, utilizando cualquier método para ello, y ese había sido su caso.
Se sentó con expresión triste en el coche y mientras se abrían paso entre el trafico de la ciudad, se puso a pensar en lo ocurrido. Era humillante admitirlo, pero Sasuke era mucho más peligroso de lo que a primera vista parecía.
~ O ~
-¡Hikari! ¡Gracias a Dios! Pensaba que nunca ibas a contestar el teléfono. ¿Dónde has estado metida hasta ahora?—
-Esto trabajando, ¿recuerdas? Y ahora mismo estoy agotada. Me gustaría poder descansar un rato antes de acostarme—
-Eso no es asunto mío. Pensaba dejar la llamada para mañana por la mañana, pero tengo que hablarte sobre tu compromiso—
-¿Compromiso?, ¿Qué compromiso?—pregunto Hikari con voz dura –Ya no hay ningún compromiso del que tengamos que hablar. ¿No me digas que no te has enterado?—
-Pero… no puede ser—farfullo Sakura –Ya está todo arreglado y Sasuke…-
-Puede irse al infierno. Ya no lo necesito. Y si ha sido él el que te ha pedido que me llames, está perdiendo el tiempo. Todo lo que necesito lo tengo aquí—
-Pero tú estás enamorada de Sasuke—señalo Sakura.
-No seas ridícula. El amor nunca ha tenido nada que ver con nuestro compromiso. Simplemente era un acuerdo que nos convenía a los dos—
-Pero—Sakura estaba empezando a desesperarse –tienes que pensar en Sasuke y en Chiyo, y en los doscientos invitados que van a asistir a la fiesta. Todo el mundo está esperando el momento de brindar por la feliz pareja—
Hikari tenía que estar equivocada, se dijo, un compromiso era una promesa, una muestra de amor. Recordó desolada el aspecto triunfal que tenía su prima dos semanas antes. Parecía un gato satisfecho. Cuando Hikari quería algo, luchaba a brazo partido para conseguirlo, pero una novedad, lo desechaba como si se tratara de un juguete roto. Pero en aquella ocasión, Sakura no estaba dispuesta a creer que pensara hacer lo mismo con Sasuke.
-Hikari—le suplico nuevamente –Sasuke te necesita—
-Por supuesto—repuso su prima con desdén –Es un hombre orgulloso y está acostumbrado a ir siempre acompañado por una mujer atractiva. Pero esta vez no tiene nada que hacer conmigo. Ya he tenido suficiente, lo abandono—
-¿Quieres decir que no vas a volver a casa?—
-¿Para qué me humille y me insulte? Claro que no, Sasuke y yo hemos terminado. Lo dejo muy claro cuando me llamo ayer. Pues bien, yo tampoco lo necesito, me basta con el apoyo de Kiba.
-¿Kiba?—pregunto Sakura, asombrada.
-Kiba Inuzuka. Fotógrafo de modas, uno de los mejores- estamos hecho el uno para el otro. Juntos vamos a conseguir grandes cosas. Así que ya ves…-
Sakura estaba empezando a verlo todo perfectamente claro. Sasuke le había dado un ultimátum y Hikari no lo había aceptado. No era sorprendente que estuviera enfadado. Y en cuanto a Chiyo, la pobre Chiyo, se había visto atrapada entre dos fuegos. Y, pensando en Chiyo, Sakura decidió hacer un último esfuerzo.
-Escucha, Hikari—empezó a decir en tono confidencial -¿No podrás hacer las paces con Sasuke solo durante una o dos semanas? Chiyo viene mañana—
-¡No insistas!—la interrumpió Hikari duramente –Ya he tenido suficiente. Tengo mi propia vida, por si lo has olvidado. Y si Sasuke necesita una niñera para cuidar a su abuela, puedes hacer tú el trabajo. Yo pienso quedarme aquí. Y no vuelvas a llamarme por teléfono, sería una pérdida de tiempo—colgó el teléfono antes de que Sakura pudiera decir nada.
Todo estaba perdido. Si antes había pocas probabilidades de que aquello se solucionara, tras aquella conversación ni una manada de caballos salvajes conseguiría arrastrar a Hikari a su casa.
Sus últimas palabras habían sido como un jarro de agua fría. ¿Así que tenía su propia vida? ¿Y quién demonios se creía que era para estar dando órdenes a diestra y siniestra, e intentar organizar las vidas de los demás sin pensar en nadie?
Sakura se levanto y empezó a recorrer la habitación de arriba abajo con la furia de un animal enjaulado. Por un instante, pensó en irse de allí y dejar que Sasuke y Hikari se ahogaran en su propio egoísmo. Ella también tenía muchas cosas que hacer. Claro, nada tan fascinante como ser una modelo de fama internacional, pero negocio que estaba montando era muy importante, al menos para ella. ¿Y por qué no iba serlo?, se recrimino en silencio. Cuando estaba en la universidad había tenido que hacer todo tipo de economías para poder reunir algún dinero para iniciar su vida profesional. Y lo había conseguido ahorrando centavo a centavo, y con una pequeña ayuda de Hikari, reconoció. Al pensar en ello, su enfado disminuyo.
Tenía que admitir que, a pesar de sus defectos, Hikari era una persona extremadamente generosa. Había sido idea suya montar el taller de cerámica en el jardín para que no tuviera que tirar el dinero en alquileres y los primeros encargos habían sido todos de amigos de Hikari. Sakura sonrió. Cerámicas Haruno, podría ser un negocio rentable, pero esa no era una excusa para darle la espalda a su prima. Sasuke estaba dispuesto a atacar la carrera de Hikari, con o sin Kiba Inuzuka, estaba pendiente de un hilo.
Estando así las cosas, tenía que reaccionar que la primera victoria había sido para Sasuke. Pero más le valía disfrutarla mientras pudiera, porque Sakura estaba aprendiendo muy rápido.
~ O ~
-Esta casi presentable—
Sakura se sonrojo. Sasuke estaba bromeando, pero cuando avanzo por delante de ella por el lujoso restaurant, aquellas simples palabras se convirtieron en un martirio para Sakura.
Eran el centro de todas las miradas, aunque las mujeres apenas reparaban en su existencia antes de fijar sus ojos cargados de deseo y admiración en Sasuke. Y, sola entre aquella multitud, la joven sintió crecer su dolor. Comprendió con amargura que estaba fuera de lugar y, para su propio asombro, descubrió que le importaba.
Su amor propio acudió a rescatarla. Aquello podía ser un simulacro, pero, por el momento, el hombre más atractivo del salón le pertenecía a ella. Cuando llego a la mesa, precedida a una distancia de varios pasos por Sasuke, fue consciente de que se formaba a su alrededor un murmullo de expectación.
-Gracias, cariño—le dijo con una radiante sonrisa.
Lo sorprendió ofreciéndole sus labios para que la besara. Ahora te toca a ti, lo incito en silencio, dirigiéndole una mirada desafiante. Sasuke se limito a sonreír con una confianza ofensiva e inclino la cabeza para rozar sus labios. O al menos, eso era lo que pretendía hasta que Sakura le rodeo el cuello con los brazos. Enfrentando a la posibilidad de seguirle el juego o quedar como un estúpido, permitió que Sakura profundizara el beso.
-Señora, podría retorcerle su precioso cuello—gruño Sasuke al ver su expresión de triunfo.
-Pero no vas hacerlo, ¿verdad Sasuke?—lo aguijoneo –Porque yo solo cumplo ordenes, y como tú eres un hombre al que le gusta valorar las cosas en su justa medida ¿Por qué rechazar ciertos beneficios?—
-De modo que esto es un beneficio—contesto en un tono que suavizaba la dureza de sus palabras. Sakura incluso advirtió cierta admiración en sus ojos.
Aquella actitud marco el tono de la velada y Sakura empezó a relajarse, ayudada por un excelente vino de burdeos. Las duras palabras de Hikari perdieron parte de su capacidad de herirla y, cuando les sirvieron el postre la idea de ayudar a Sasuke había dejado de parecerle un deber.
Solo un par de semanas, se decía, vagamente consciente de la huella que Sasuke estaba dejando en su corazón. No había ninguna razón lógica para aquel cambio de sentimientos, a menos que tras esa fachada de arrogancia se escondiera un hombre distinto. En cualquier caso, aunque todavía no estaba convencida de que fuera capaz de soportarlo, por Hikari y por Chiyo lo intentaría.
-¿Vas a tomar café?—le pregunto Sasuke cuando se estaba metiendo en la boca la ultima cucharada del postre.
-Me encantaría. Y gracias, he disfrutado mucho de la velada—
-Te comprendo—sonrió con ironía –Supongo que su alegría se debe en parte al dinero que nos hemos gastado antes en la boutique de Tobi. No hacer las cosas a medias, ¿verdad Sakura?—
-¿De verdad piensas que me comprendes?—repuso Sakura, cambiando completamente de actitud –Me gustaría recordarte que yo no te he pedido nada. Te estoy haciendo un favor al estar aquí, Sasuke, y sería mejor que no lo olvidaras—
-¿Me estas amenazando?—
-No, te estoy refrescando la memoria. He dejado un negocio abandonado para satisfacer tus caprichos. Y si unos cuantos vestidos que no quería, no necesitaba y no voy a volver a ponerme en mi vida te parece un precio excesivo, dímelo y me iré—
-¿Por qué?—pregunto Sasuke con calma.
-¿Por qué?—replico inmediatamente Sakura molesta por su actitud y con la vaga impresión de que Sasuke se estaba divirtiendo.
-¿Por vas a tirar unos vestidos tan bonitos? Mira este, por ejemplo, no va a pasar nunca de moda. Sería un despilfarro. Podrías ponértelo en muchas ocasiones y nunca estarías fuera de lugar.
-Tampoco esperaba estarlo sin él—añadió con amargura, agarro la jarra de agua y se sirvió un vaso –Pero no creo que tenga sentido comprender a mi ropa tan elegante. Casi presentable- le recordó sus palabras –Es posible que tengas razón, pero a partir de ahora haré las cosas a mi manera-.
-Ya veo—deslizo la mirada desde su rostro hasta su agitado pecho – Así que la señora tiene su orgullo y también es ligeramente vanidosa. Pero, ¿Por qué no iba a serlo cuando esta noche esta fuera de su mundo? Tienes que reconocerlo, Sakura—añadió solemnemente – y también que h asta ahora has hecho las cosas a tu manera—
-¿Si?—pestañeo con fuerza para ocultar las lagrimas que se habían asomado a sus ojos. Era demasiado realista para no comprender el verdadero significado de las palabras de Sasuke –No tienes que fingir. La sinceridad es lo único que hay entre nosotros. No la sacrifiques para que no discutamos. Tú me has pagado el vestido, la peluquería…
-Y te he dejado elegir ambas cosas. Y además, pienso que nunca podrás pasar por Hikari—
-No, estoy demasiado gordita, y soy tímida y aburrida—
-Estas tergiversando lo que he dicho. Una talla doce nunca ha sido una talla para mujeres gruesas—
-Yo nunca he usado esa talla, me estas adulando. O quizá –añadió con amargura –esos piropos formen parte de un plan—
-¿Para qué complacerte?—Sasuke sacudió la cabeza –Sakura, no te menosprecies. He visto como volvía todo el mundo la cabeza cuando hemos cruzado el salón—
-Y yo también, y te aseguro que ninguna de esas muñequitas pintadas ha malgastado una sola mirada en mi—
-No—Sasuke disimulo una sonrisa –Pero los acompañantes de esas muñequitas pintadas si lo han hecho. Y, antes de que vuelvas a desmentirlo, recuerda que la cámara nunca miente—
Sasuke señalo perezosamente unas plantas que había detrás de ellos. Sakura advirtió rápidamente que había una cámara de seguridad y otras tres o cuatro más distribuidas por la habitación, inteligentemente escondidas entre las plantas que formaban parte de la decoración. La joven observo preocupada el serio semblante de Sasuke.
-Si no me crees, juzga por ti misma. Le pediré a alguno de los empleados que me pase la cinta más tarde. Mírala con atención, Sakura—la insto delicadamente –Nunca se sabe, es posible que descubra la verdad—
Sasuke solo estaba intentando ser amable, se dijo la joven a sí misma y clavo la mirada en el mantel.
Amable, diplomático, manipulador. Sasuke era suficientemente listo para adularla sin necesidad de comprometerse demasiado. Pero ella sabía que nunca sería una mujer atractiva, que nunca dejaría a nadie boquiabierto al entrar en una habitación. Y Sasuke también lo sabía. Pero en esas circunstancias, no podía enfrentarse a ella. Aquella ropa cara y el peinado le daban cierta categoría, pero ningún disfraz podría enviar que continuara siendo el patito feo. Comprendió con un nudo de tristeza en la garganta que no debería haberse comprometido a ayudarlo, pero ya era demasiado tarde. Y cuando mas durara aquella situación, más difícil le iba a resultar escapar.
Contuvo un sollozo cuando llegaron al vestíbulo. Había sido un día muy duro y empezaban fallarle las fuerzas.
-Pareces cansada—le dijo Sasuke –Tontuela, deberías habérmelo dicho, vamos, ya es hora de que re vayas a la cama—
¡Que se fuera a la cama! Sakura se estremeció de rabia. ¿Quién era él para mandarle que se acostara como si fuera una niña de cuatro años? Estaba abriendo la coca para protestar cuando Sasuke la agarro la mano.
-No discutas—insistió con firmeza –Estas agotada, niégalo si te atreves—
Pero no tuvo oportunidad, una profunda voz femenina que los llamaba desde el otro extremo del vestíbulo hizo que la contestación muriera en su garganta.
-¡Sasuke, Hikari!—
La mujer que los había llamado se dirigió entusiasmada hacia ellos, pero cuando se dio cuenta de su error, su radiante sonrisa se oscureció y observo temerosa el inescrutable semblante de Sasuke y el rostro sonrojado y culpable de Sakura.
Bajo la mirada con curiosidad y Sakura hizo todo lo posible para que Sasuke le soltara la mano, pero él se la retuvo con firmeza. Sakura nunc había estado tan nerviosa. Y entonces, la mujer volvió a sonreír, aquella vez con aire triunfal.
-¡Vaya, Sasuke!—ronroneo encantada -¡Ya tenemos el titular de mañana! Esto va a ser un festín para la prensa.
