Hola,
Un par de aclaraciones antes de empezar el capítulo:
a) Lo que esté en cursivas se está hablando en inglés. Mayormente para Takaba, la azafata y los guardaespaldas.
b) Lo que está entre ()...() es un recuerdo. Sólo sale una vez.
c) Lo que está entre ***...*** se está hablando en español. También sólo sale una vez.
De ahí en fuera todo se dice en japonés.
HEAT: Seducción, engaño y traición en el paraíso
Capítulo 2
Autora: Sue
Traducción: Kumiko Tsukishiro
Totalmente exhausto, Akihito durmió sin soñar. Una voz masculina irrumpió en su desesperada necesidad de descansar.
"...Despiértese."
Una mano le tocó el hombro y lo sacudió gentilmente. "Señor... es hora de su vuelo."
Realidad. No deseada, pero Akihito no tenía elección. Abrió los ojos. "Dios. ¿Esto todavía no termina?" gruñó.
El empleado de la aerolínea sonrió y continuó en inglés. "Casi, Sr. Takaba. Sólo unas pocas horas más y finalmente estará ahí."
Akihito se removió en el enorme asiento de piel. Su cuerpo se sentía como si hubiera pasado una semana en la cama con Asami. Lastimado, adolorido y exhausto. Un vistazo a su ropa desaliñada confirmó que se veía tan miserable como se sentía. Los viajes al extranjero probaban ser peor de lo que esperaba.
"¿Tengo tiempo de cambiarme?" preguntó.
"Sí, pero va a estar en el aire por otras seis horas. ¿Tal vez quiera esperar?"
"Mierda," se quejó en japonés. "¿Por qué diablos estoy haciendo esto? Eres un completo cabrón, Asami."
"¿Señor?"
Akihito suspiró, y luego volvió a cambiar a inglés. "Nada. Déjame echarme algo de agua fría en la cara."
Se forzó a sonreír y luego arrastró su aturdido cuerpo al baño. El representante de la aerolínea se había reunido con él cuando el avión aterrizó en Los Ángeles. Mientras Akihito descifraba los letreros y escuchaba el caos a su alrededor, el hombre le ayudaba en la aduana e inmigración, después lo llevó al Club de Almirantes de la aerolínea para que esperara las once largas horas hasta su vuelo. Aunque Akihito sabía algo de inglés básico para las conversaciones, el simple hecho de que el hombre hablara japonés le hizo una más sencilla la transición a la cultura extranjera.
América. Estaba en América.
"Esto no es real," murmuró, viendo fijamente a su reflejo en el espejo del baño. A mitad de un viaje alrededor del mundo. Primera clase, siendo tratado como un príncipe. Hasta el club donde había esperado estaba reservado sólo para pasajeros de primera clase. Si no fuera por la fatiga, y porque sabía que todavía tenía que soportar un vuelo nocturno, Akihito habría sentido algo de emoción. Como si no fuera, nada. O, casi nada. El espejo se burló de sus ojos soñolientos y de su cara pálida con un recuerdo.
Asami, sus seductores ojos cerrados, gotas de sudor bajando por sus mejillas. Y en su cara una expresión de puro éxtasis.
Un temblor recorrió a Akihito. "¿Alguna vez podré ver un espejo y no recordarlo?" se preguntó en voz alta.
"¿Sr. Takaba?"
Asustado, Akihito se dio la vuelta. Perdido por un momento, no había escuchado la puerta abrirse.
El servicial hombre asomó la cabeza.
"Lo escoltaré hasta la puerta. Su vuelo sale en treinta minutos."
"De acuerdo."
Akihito frotó una toalla húmeda en su rostro. Mientras se daba la vuelta, echó una última mirada al espejo. Miedo y anticipación, ira y necesidad asaltaron su mente cansada. La maraña de emociones forzó un último y desesperado murmullo.
"Te veré pronto."
Las últimas horas de vuelo fueron mejores de lo que Akihito esperaba. El sueño vino de buen agrado en la comodidad de un asiento de primera clase que estaba reclinado casi hasta el tope. No se movió hasta que la azafata lo despertó cuando el avión empezó su descenso. Más de treinta horas pasaron desde que abordó el primer avión en el aeropuerto de Narita. Se sentían como si fueran años.
Akihito dio dos sorbos a su café y esperó a que su abrumado cerebro se aclarara. Mientras la cafeína corría por sus venas, la realidad empezó a hacerse presente. Casi estaba ahí. Esa verdad sacudió los últimos sedimentos de fatiga de su cuerpo y mente.
Akihito se recargó y levantó la persiana de su ventana.
Abajo, el mar brillaba tenuemente con la luz del sol. El profundo azul celeste gradualmente se desvanecía en pálido turquesa. Salpicado en los azules más claros había montoncitos de verde vivo. Islas, algunas diminutas, todas inhabitadas por lo que podía decir, cada una franjadas con arena blanca. Pero fue el mar lo que lo fascinó. Con los astutos ojos de un fotógrafo mantenía la mirada abajo, incapaz de imaginar algo tan hermoso.
"El Caribe... qué increíbles matices de azul..." suspiró.
Mientras el avión descendía, Akihito observaba cambiar el mágico escenario. Las pequeñas islas daban lugar a una larga costa, bordeada en algunas partes por arena blanca y rocas en otras más. Y luego señas de gente. Rápidamente las casas empezaron a verse más y más cerca hasta que se formó una ciudad, empezando en el mar y desvaneciéndose hacia el interior.
El avión aterrizó suavemente. Akihito exhaló. Lo había hecho. La agradable voz de la azafata se escuchó en la bocina.
"Gracias por volar con nosotros y bienvenidos a San Juan, Puerto Rico."
Akihito tomó la bolsa de su cámara del asiento de enfrente. Se rio consigo mismo. Takaba Akihito, fotógrafo internacional. De alguna forma Asami se las había arreglado para tener listos sus documentos y pasaporte para entrar a los Estados Unidos. Puerto Rico, siendo territorio de los EU, requería que Akihito tuviera la visa apropiada. Por supuesto, Asami simplemente podría haber hecho el turismo la razón de su visita. Tal vez, después de todo, el estoico yakuza tenía sentido del humor, pensó Akihito.
Como ya había pasado por inmigración en Los Ángeles, sólo necesitaba recoger su maleta del equipaje y el calvario al fin terminaría.
Lleno de energía por su llegada, Akihito casi rebotaba desde el avión hasta el puente de abordaje. Una mano apretó su brazo. En inglés, hablando muy lentamente, una profunda voz dijo:
"Sr. Takaba. Por favor venga con nosotros."
Se sacudió para defenderse. Ninguna palabra salió de sus labios. Ahí, dos hombres de cabello negro, vestidos con perfectos trajes sastres negros. El tipo de hombres que Akihito reconocía, aunque no fueran de Japón o Hong Kong. El tipo de hombres con el que nadie quería discutir.
"Uh..." se apresuró su mente. Las instrucciones que dejó Asami decían que alguien lo encontraría en la salida del aeropuerto.
La pregunta '¿por qué?' se cernió en su mente, si de verdad era cierto. Dijo,
"Pero mi mochila."
"Ya la tenemos."
¿Qué? Pensó. ¿Quién demonios eran estas personas que podían desafiar todas las medidas de seguridad? Akihito vio detrás de él, esperando que otros pasajeros crearan el suficiente alboroto para que escapara.
Extrañamente, nadie había dejado el avión todavía. Vaya coincidencia, pensó. Esto era serio, al igual que los dos hombres.
El segundo hombre abrió la puerta.
"Por aquí."
Todavía sujeto firmemente del brazo, el hombre lo guió a las escaleras.
Inmediatamente lejos del puente de descenso el brillante sol y aire tropical sorprendieron a Akihito. Un momento que había esperado. Y ahora estaba arruinado. Al pie de la escalera, en el asfalto, se encontraba una Hummer. Hasta las ventanas eran negras.
"No se ven muchas de estas de donde soy,"
Comentó en voz alta, esperando algún comentario en respuesta. Ninguno de los dos hombres respondió. Volteó a ver a los mozos de equipaje bajando del avión.
"¿Mi maleta?"
"En la Hummer."
Lo empujó el hombre hacia el vehículo que aguardaba. Akihito se quejó, pero no es que tuviera oportunidad. Sintió algo de alivio al ver su maleta en el asiento de atrás y puso la bolsa de su cámara al lado de ella.
Mientras se alejaban lentamente del avión, Akihito se dirigió a ellos.
"¿Tal vez me dejarían practicar mi inglés?"
"Parece que lo está haciendo bien."
El otro hombre añadió, "¿Qué tal está su español?"
"¿Huh?"
"*¿Usted habla español?*"
"¿Qué?"
El hombre se rió.
"Bienvenido a Puerto Rico, muchacho. ¡Esta es una isla donde se habla español!"
"Mierda," murmuró. Algo que debió haber sabido. Había tenido tan poco tiempo para investigar antes de dejar Tokio que no sabía qué esperar. Asami le había dado menos de 24 horas para decidir, y después empacar y tomar el vuelo. Intencionalmente, sin duda. Probablemente Asami lo quería desprevenido.
La Hummer conducía de forma rara a lo largo de la salida del aeropuerto, y alrededor de la colección multinacional de aerolíneas cargando y descargando pasajeros. Los aviones despegaban y aterrizaban cerca. Parecía demasiado cerca.
"¿Esto no es peligroso?"
Preguntó. El hombre que conducía se encogió de hombros.
"Es seguro, comparado con los caminos aquí en San Juan."
Pronto Akihito entendió a lo que el conductor se refería. Una vez que dejaron el aeropuerto, el tráfico gruñía tan terrible como aquel de casa que te hacía parecer que el corto camino duraría para siempre. El sonido de los claxon nunca se detenía. Ni el exótico ritmo de la música increíblemente fuerte en muchos de los autos. La sensación de estar en una tierra tan completamente diferente a la suya distrajo a Akihito de la situación. Esto y la vaga sensación de que estos dos hombres le estaban diciendo la verdad. Ellos no le ponían la piel de gallina, como lo hacían los hombres de Fei Long, o los hombres de Asami cuando lo vio por primera vez. Aun así, eran desconocidos y eso lo hacía sentirse incómodo.
Al fin la Hummer se estacionó a lo largo de una concurrida calle llena de hoteles y exuberantes árboles. El conductor abrió la puerta de Akihito.
"Sr. Takaba. El Hotel y Casino El San Juan."
El otro hombre sacó su maleta. Cuando se estiró para tomar la cámara, Akihito se la arrebató. El hombre lo acompañó a la entrada del hotel.
"Su habitación le espera. Lo asistiré."
"¿No necesito registrarme?"
"No. Sígame."
El estrecho recibidor tenía pequeñas boutiques con nombres costosos que él reconoció. Otra serie de puertas se abrieron para mostrar el hotel.
"Wow..." murmuró mientras pasaba por el hermoso lobby. Madera oscura, con tallados intrincados, cubría las paredes y el techo y el mármol bajo sus pies hacía que el espacio se sintiera como un agradable y tranquilo escape del sol tropical. Cada esquina olía a dinero. Este no era un hotelito para vacacionistas. El hombre se detuvo en la entrada abierta a un espacio igualmente decorado junto al lobby.
"El casino."
Casino. La mente de Akihito se tornó un poco más rápida ahora. Asami no voló al otro lado del mundo sólo para unas vacaciones en la playa. La nota que le dejó decía que tenía que hacer unos negocios. Pensando, continuó siguiendo a su escolta.
El hombre de detuvo frente a unas enormes puertas cerradas.
"El club nocturno."
Después siguió por el vestíbulo hasta una sección de ventanas con una obstructiva vista del mar.
"Por ese camino están la alberca y la playa."
Akihito suprimió el deseo de volar por esas puertas y salir a la playa. Pero lo que ahora necesitaba era información. Siguió al hombre al elevador.
"Este es todo un hotel. ¿Quién es el dueño?"
"Mi patrón."
El rompecabezas se hacía más grande aunque algunas piezas empezaran a encajar. Akihito se guardó sus preguntas mientras el elevador los llevaba al tercer piso. El hombre lo condujo al final del pasillo.
"Su habitación."
La puerta se abrió revelando no una simple habitación de hotel, sino una enorme suite. Sorprendido por el tamaño y lo costoso de los muebles, Akihito dio un traspié con la boca abierta.
"Gah..."
"Esta es una de las pocas suite premium. El Sr. Asami se empeñó en que tuviera una y otra para él."
El hombre levantó una ceja, aunque muy ligeramente. Lo suficiente para que Akihito se sonrojara. ¿Todos se imaginaban sus asuntos privados?
"Las llaves de la habitación."
Señaló dos tarjetas que estaban en la mesita de café. Al lado de ellas había un pequeño sobre blanco. El corazón de Akihito se aceleró mientras tomaba la carta.
El hombre se dirigió hacia la puerta. Akihito se sintió algo incómodo por la forma en que había tratado al eficiente, aunque no muy amigable, guardaespaldas. Porque era un guardaespaldas. Por la posición del hombre no tuvo duda.
"Creo que debería decir gracias. Perdón por no haber confiado en usted en el aeropuerto."
El americano se detuvo en la puerta. Le echó un vistazo a Akihito, como si estuviera decidiendo cómo responder. Finalmente, dijo,
"Chico. Este no es un lugar para confiar en NADIE. Hiciste bien al ser cauteloso. Sigue así."
Akihito asintió. Muy en el fondo sabía que no podía confiar en nadie donde fuera que Asami estuviera involucrado. La no tan sutil advertencia lo dejó con una extraña sensación de gratitud. El hombre podía haberlo tratado como la simple puta de Asami. Otros lo hacían. Suspiró.
La espectacular vista lo atrajo y abrió las puertas del balcón. Con el sobre en la mano, salió de la habitación con aire acondicionado hacia la cálida brisa.
Abajo, la blanca arena y la cristalina agua turquesa se abrían en ambas direcciones.
Aunque todavía era medio día, la playa estaba llena de vida con personas riendo y disfrutando del sol y el mar. Akihito se sentía increíblemente afortunado. Desdobló la nota del hombre que hizo esto posible.
El bar de la suite está lleno. Cualquier cosa que necesites del servicio al cuarto, los bares del hotel y restaurantes lo cargarán a la habitación. NO dejes las instalaciones del hotel. Explorar solo no es una buena idea.
La cena es a las 8:00. Te veré en el lobby. Por favor, vístete apropiadamente. Encontrarás una selección de ropa y zapatos en el armario.
Si te aburre la playa, visita el casino. La casa tiene $5,000 a tu nombre. Diviértete e intenta no perderlo todo.
A
Akihito exclamó, "¡¿$5,000?!"
Se paseó frente al ropero.
"¡¿Ropa?!"
Le gritó a la nota.
"¿Dónde está el 'Bienvenido', o 'Estoy feliz de que vinieras'? Qué cabrón."
Después sonrió.
"Un completo bastardo."
En la habitación, Akihito abrió su maleta y vació el contenido en la cama king size. Más de treinta horas de vuelo lo dejaron sucio y asqueroso. Pero la ducha podía esperar. Al igual que el misterioso contenido del armario. Se quitó el pantalón y la camisa sudorosa y se puso una camiseta blanca. Luego se puso sus shorts para surf, ese que le quedaba casi hasta la rodilla con los decorados Hawaianos rojos y amarillos.
"¡Playa!" gritó, sonriendo, mientras tomaba una llave de la habitación y se apresuraba a través de la puerta.
Diez pisos arriba, el penthouse de El San Juan disfrutaba de la vista de la arena blanca y del mar Caribeño de más allá. Recargado contra la larga hilera de ventanas, Asami Ryuuichi miraba la playa. Sacó su encendedor Zippo y prendió el cigarrillo que pendía de sus labios.
Desde atrás una voz femenina lo regañó, entusiastamente.
"Ryuuichi querido... De verdad deberías dejar ese desagradable hábito."
Respondió sin apartar sus ojos de la ventana.
"Adrianna, querida..." Se detuvo a mitad de la oración.
Su larga espera había terminado. Finalmente, Asami exhaló una nube de humo mientras Takaba corría en la playa. Lo había logrado. Estaba seguro. Y vestido con unos short para surf. Asami sintió que las comisuras de su boca de curvaban en una ligera sonrisa.
"Adorable..." susurró.
Fin del capítulo 2
