DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A J. K. ROWLING

* CAPITULO REEDITADO *

ONÍRICA

Un nuevo inicio

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Después de la caída de Voldemort a manos de Harry Potter, las cosas retomaban su rumbo lentamente. La gente estaba recuperando de nuevo la confianza para salir a la calle, los negocios volvían a abrir al público, y el revuelo festivo que había sucedido al desenlace final del mago más Tenebroso de todos los tiempos estaba comenzando a evaporarse, para dejar a su paso tranquilidad. La vida volvía a ser segura. Sin embargo, las secuelas del terror que se vivió aún podían palparse en el aire. Las familias seguían en duelo por la pérdida de sus seres queridos, y la memoria aún dolía. Voldemort aún reinaba en las pesadillas de aquellos que sufrieron de primera mano el devastador poder de su magia. Pero ya era sólo eso, una horrible pesadilla, de esas que se olvidan al despertar...

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Cuatro chicos entraron al castillo tranquilamente, felices de regresar al lugar que los había visto crecer y aprender. Tan solo habían pasado cuatro meses desde que Voldemort había sido destruido. Después del fin de la guerra, Harry, Hermione y Ron habían sido víctimas de la prensa nacional, apareciendo en cada publicación del Profeta, los perseguían diariamente para intentar captarlos con sus cámaras fotográficas y los reporteros los asediaban para conseguir algún nuevo reportaje.

No tenían vida privada. Habían estado encerrados en la Madriguera todo el verano, ya que en las contadas ocasiones que intentaron salir para ir al callejón Diagon la gente los había rodeado para abrazarlos, felicitarlos, pedir autógrafos o intentar fotografiarse con ellos. Había resultado imposible intentar escabullirse, por lo que prefirieron mantenerse aislados hasta el día de su arribo a Hogwarts.

Y habían llegado.

Apenas pusieron un pie en el concurrido vestidor y el silencio inundó la habitación. Los héroes de guerra cruzaban las puertas y todas las miradas se posaban en ellos. Murmullos bajos los nombraban con emoción y dedos los apuntaban descaradamente. Más de seis personas intentaron acercarse a ellos, pero era tanta la admiración que causaban en sus espectadores que la gente se quedaba petrificada en su sitio y boqueando como peces fuera del agua.

Era de esperar ésta reacción, hasta cierto punto lo habían considerado como una opción factible. Pero aún así se sentían sumamente incómodos mientras les abrían el paso hacia el Gran Comedor y se colaban entre el tumulto de gente que los miraba ávidamente. El trío dorado y Ginny se encaminaban presurosos y con los ojos dilatados, volteando de aquí a allá nerviosamente. Más de una vez tragaron grueso.

—Esto resultó mucho más embarazoso de lo que hubiera imaginado —comentó Hermione en un murmullo a sus amigos.

A ella era a la que más le incomodaba la situación. Había recibido una infinidad de lechuzas de chicos que ni siquiera conocía declarándole su amor y proponiéndole una cita, o un noviazgo… o matrimonio. Había dejado de abrir las cartas puesto que sospechó que alguna de ellas pudiera contener amortentia, y había aconsejado a sus amigos que se abstuvieran de abrir correspondencia de procedencia desconocida si no querían terminar estupidizados por algún extraño con tendencias psicóticas.

—Creo que tendrán que acostumbrarse chicos—, comentó alegremente Ginny, tomando la mano de Harry y apretándola cariñosamente. —Aunque Harry ya debe estar acostumbrado a ser el centro de atención—, agregó con una sonrisa en los labios. Desde que Harry había terminado con su deber de "El-elegido-salvador-del-mundo-mágico", había regresado con ella y mantenían un hermoso noviazgo. Ambos se sentían tan dichosos estando juntos que procuraban no soltarse mas que para lo absolutamente indispensable.

Harry rodó los ojos y bufó para después dedicarle una sonrisa resignada a su novia. —Nunca terminas de acostumbrarte a esto Gin, pero la novedad se les acaba después de un par de semanas. Es cuestión de ser pacientes.

Hermione murmuró algo similar a un eso espero.

Ron caminaba silenciosamente al lado de los chicos, ligeramente rezagado. A pesar de que siempre había querido ser el centro de atención, ahora que lo vivía de primera mano le perecía de lo más incómodo. El chico había madurado mucho después de la guerra, dejando atrás su carácter explosivo y temperamental para convertirse en un joven centrado y ecuánime. La guerra había lastimado a su familia, dejando a su paso una estela de dolor y pérdida que no podía superar aún, y que sinceramente dudaba olvidar algún día.

De vez en cuando levantaba la vista para posarla sobre su mejor amigo y su hermana. Ambos se veían muy felices juntos, con un amor renovado e intenso después de los meses que había permanecido separados al embarcarse en la búsqueda de los horcruxes. Ahora no se les veía separados ni a sol ni a sombra. Y si era posible, cada día se veían aún más enamorados. Él pensaba que sólo estaban esperando a concluir sus estudios para irse a vivir juntos. El viejo Ron hubiera pataleado de celos ante tal pensamiento, pero el nuevo Ron lo aceptaba, y secretamente se alegraba de que al menos ellos pudieran tener una relación tan perfecta. Si alguien se merecía esa felicidad, sin duda era su amigo Harry.

Entonces volvió su vista hacia Hermione. Caminaba con la frente en alto y con la mirada fija al frente, probablemente intentando ignorar las miradas que la seguían insistentemente. Se veía tan linda que con sólo mirarla sus mejillas se coloreaban a niveles alarmantes. Hermione, su mejor amiga, su primer amor… Habían decidido terminar la relación que comenzaron justo al finalizar la batalla contra Voldemort. A pesar de que siempre se habían sentido atraídos mutuamente y tenían una química impresionante, en realidad sus intereses eran tan distintos que terminaban el día discutiendo y no podían compartir una plática en la que ambos se sintieran cómodos y participasen activamente. Había amor, pero las diferencias eran más grandes y se empeñaban en separarlos. Así que antes de que su amistad pudiera verse mermada por una relación problemática, acordaron finalizarla e intentar reconstruir su amistad. Se querían muchísimo y ninguno de los dos quería perder al otro. Actualmente se encontraban en esa incómoda etapa post-noviazgo que se llenaba de silencios incómodos y miradas melancólicas.

Llegaron a la mesa de Griffindor y se sentaron en sus habituales lugares. Hermione charlaba animadamente con Ginny mientras Harry y Ron las escuchaban sin intervenir.

Ellos aún cargaban con lo vivido en el último año. Más de una vez estuvieron cerca de la muerte, y ésas experiencias los unieron aún más si era posible. Pero también dejaron cicatrices, huellas invisibles que jamás se borrarían. Al mirarlos veías a un pequeño grupo de adultos, ya no a niños. Jóvenes que maduraron llevando el peso de una guerra sobre sus hombros, sufriendo juntos y ganando gracias a su unión. Voldemort había sido erradicado, pero a pesar de que nunca más sería una amenaza para ellos, el eco de su recuerdo aún se colaba por las noches en sus sueños, tiñendo de horror la memoria de una época que permanecería por siempre en sus recuerdos.

—Bueno, aquí estamos otra vez —comentó Harry, volteando a ver alternativamente a sus amigos, regalándoles una sonrisa a cada uno.

—Sí, otro año más. Al menos espero que ésta vez, para variar, sea un año tranquilo. Ha sido una suerte que nos permitieran regresar después de haber desertado el año anterior —secundó Hermione, con un brillo de emoción en sus ojos.

—Era de esperarse Herms, —añadió Ron mientras recorría la habitación con la vista—. Más de la mitad de los estudiantes abandonaron los estudios el año pasado. Hogwarts se convirtió más en una trinchera que en una escuela. Las clases fueron suspendidas y era lógico que el año escolar se diera por perdido. La mitad de los estudiantes huyeron con sus familias para intentar salvar su vida, y los pocos que quedaron en el colegio dudo que hayan puesto mucho empeño en sus enseñanzas.

—Sí, —terció Ginny—. Ni siquiera los profesores ponían atención a sus asignaturas; a pesar de que ya cursé el 6to año, fue tanta la pérdida de materias y ausencias que lo seguiré cursando este año.

El murmullo que se levantaba en las mesas fue apagado al ver cómo la nueva directora, Minerva Mc. Gonnagall, se levantó de su puesto en la mesa de profesores y comenzó a hablar.

—Bienvenidos estudiantes, a un nuevo año en Hogwarts…

Los chicos miraron al frente para escuchar el discurso de la profesora, y sonrieron pensando en el futuro. Un porvenir que auguraba el inicio de una nueva época, libre de maldad.

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Estaba sentado, completamente solo, en un pasillo del colegio. Había llegado junto al resto de los estudiantes en el Expresso de Hogwarts, pero no le apetecía asistir al Banquete. Prefería no tener compañía. No es que le faltara con quién convivir, simplemente prefería la soledad. Esto era un cambio drástico en su persona, uno de los tantos que había sufrido en los últimos años. ¿Cómo había cambiado tanto en tan poco tiempo? Draco Malfoy tenía la absoluta certeza de qué lo había hecho cambiar, de quién lo había hecho.

Cuando se enlistó contra su voluntad en las filas del que No Debe Ser Nombrado comenzó un suplicio que se acrecentó tras su rotundo fracaso a finales del año antepasado. A pesar de que su familia había sido amenazada si no lograba asesinar a Dumbledore, cuando estuvo frente al anciano mago no pudo hacerlo. Aún recordaba el miedo que lo carcomía al estar apuntándolo con su varita. El miedo de saber que no podría atacarlo, a pesar de tenerlo desarmado.

Él no era un asesino, No. Pero estaba sentenciando a su familia por eso… Era un asesino indirecto.

Al regresar a la guarida de Voldemort comenzó su verdadero calvario. Diariamente era sometido a algún tipo de tortura, física o psicológica. Su cuerpo había soportado tantos crucios que se sorprendía de no estar enclaustrado permanentemente en una de las habitaciones de San Mungo. Y las vidas robadas… cada vez que el Señor Tenebroso enviaba a sus mortífagos a alguna misión especialmente sádica, era obligado a asistir. Ver como las huestes del Lord aniquilaban sin contemplación a hombres, mujeres y niños por igual, lo tocó hasta la médula. Tanto odio, tanto dolor. Tanta muerte...

Fue obligado a permanecer encerrado en su mansión día y noche, pero ni un solo momento tuvo paz en esos tiempos. Su tía Bellatrix lo torturaba al menos una vez al día, como manera de hacerlo escarmentar por deshonrar a su apellido y no haber estado a la altura de las expectativas de su Señor.

Su padre lo miraba con indiferencia. Había sido relegado de su puesto de honor al lado de Voldemort y era sometido a humillaciones y desprecios por parte de sus compañeros mortífagos, haciendo que el hombre se sintiera impotente. Veía a su hijo sufrir y no tenía la fortaleza suficiente para imponerse y evitarlo, entonces se aislaba en sí mismo y mostraba su mejor careta de frialdad.

Y su madre… su madre sufría con su dolor. Maldecía tener bajo su otrora techo al ejercito del Señor Tenebroso, y lloraba por las noches mientras se mantenía fría e indiferente durante el día, volteando a ver a su hijo con los ojos humedecidos por el dolor, mientras su hermana lo mancillaba y lo atormentaba.

Fueron tiempos de dolor. Dolor en todos los sentidos existentes. Físico, moral, emocional, psicológico… Dolor que lo transformó y dejó a un lado su infancia. Draco Malfoy maduró a base de tortura. Dejo de ser un niño pedante y presuntuoso, amante de la sangre pura y de la estirpe de su clase. Se volvió un hombre taciturno, solitario y callado. Con el peso de una guerra bajo su espalda y el recuerdo del dolor vivido asentado en su subconsciente.

Por las noches no quería dormir. Pesadillas lo aquejaban constantemente, pesadillas con un único personaje acompañándolo, pesadillas con Él… con Voldemort.

Soñaba que se encontraba en un lugar oscuro y mohoso, escuchaba el crepitar de un fuego a la distancia. Estaba solo en esa habitación de altos techos y muros ennegrecidos por la humedad y el tiempo. Entonces lo veía, miraba al Señor Tenebroso observándole con odio, sus pupilas alargadas clavadas como dagas sobre él mientras se encontraba arrodillado y hecho ovillo a sus pies. Oía su risa malvada y se escondía bajo sus brazos, temblando de terror. Y entonces sentía dolor… el dolor de la maldición cruciatus recorriéndolo como una corriente eléctrica por todo su torrente sanguíneo. Ácido y fuego. Se retorcía en el piso llorando silenciosamente y después se desplomaba, como un trapo inservible, roto en el piso… Siempre despertaba de ese sueño empapado en sudor frío y con su corazón latiendo aceleradamente.

El solitario joven que se encontraba inmerso en sus pensamientos levantó su mirada y tras un último suspiro comenzó a andar por el desierto pasillo. Regresaba a concluir con sus estudios al mismo colegio que había sido testigo de su silencioso dolor. Volvía a cruzar por sus pasillos. Pero esta vez, él ya no era el mismo. Draco Malfoy era otro…

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Subieron las escaleras que conducían a su torre charlando animadamente después de un extraordinario banquete de bienvenida. Hogwarts había acogido a veintiún nuevos estudiantes que cursarían el primer año. Habían presenciado la última selección de casas en su vida y ésta se volvió un motivo de melancolía para la mayoría de los alumnos del séptimo año.

Después de pronunciar la contraseña a la Señora Gorda irrumpieron en su amada Sala Común y se dispusieron a sentarse en las butacas frente a la chimenea.

—Cómo extrañe esto —comentó Hermione mientras se desparramaba perezosamente en la butaca más alejada del fuego—. El año pasado había perdido la esperanza de volver a sentarme aquí, con ustedes, después de una copiosa cena. —Agregó con la vista extraviada en sus recuerdos.

—También lo extrañe Herms—, dispuso Harry mientras colocaba a su pelirroja novia sobre su regazo y la acunaba entre sus brazos. —Ésta tranquilidad es la mejor recompensa que he recibido después de tanto sufrimiento.

Estar sentado junto a sus amigos y con su amada Ginny entre sus brazos era como un bálsamo que aliviaba sus heridas. No había sido fácil ser Harry Potter en los últimos años, pero definitivamente en estos momentos se sentía tan normal y feliz que casi lo había olvidado.

—Éste año los elfos se lucieron con el banquete de bienvenida, —agregó Ron, aún relamiéndose los labios por la deliciosa cena que ahora su estómago estaba digiriendo.

—Claro, nos ponemos melosos y lo único en lo que puede pensar mi querido hermanito es en sus papilas gustativas —comentó Ginny con humor y todos rieron ante el comentario.

—Los nuevos profesores de Transformaciones y Defensa contra las Artes Oscuras parecen ser buenos, pero confieso que extrañaré a Snape. —Hermione lanzó un suspiro ante la mirada azorada de sus compañeros. —Sí, era un pesado, pero sin duda un excelente maestro.

—Ya no le guardo rencor —agregó Harry—. Pero definitivamente la vida en Hogwarts será mucho más fácil sin él merodeando por las esquinas.

—Ahora sólo tendremos que aguantar a los slytherins que tuvieron las agallas de regresar al castillo este año —mencionó Ron y sus tres amigos asintieron enérgicamente.

—Aunque ahora tendrán que comportarse, si no quieren caer en nuevas investigaciones. La mayoría fueron procesados después de la caída de Voldemort y muchos de ellos se salvaron por los pelos—, agregó Hermione componiendo su mejor carita de sabelotodo—. Sobretodo el Magnífico Hurón Botador, ése puede ser refundido si no aprende a tratar a la gente como lo que es.

Todos quedaron pensativos después del último comentario de la castaña, pensando que sería increíble no tener que soportar a la partida de serpientes… Tal vez el año sería incluso mejor de lo que habían imaginado.

—Bueno chicos, —Hermione rompió el silencio reinante—, creo que es hora de dormir, ya que mañana empezaremos desde muy temprano y éste año tengo programado un riguroso plan de estudios y actividades a completar antes de las evaluaciones finales y los ÉXTASIS. —Los ojos de Hermione se iluminaron ante tal pensamiento y fueron el timbre de salida para sus compañeros, que no querían empezar a planear sus horarios de estudio desde antes de iniciar las clases.

—Hasta mañana chicas —se despidió Ron, mientras Harry colocaba un tierno beso en los labios de Ginny.

—Descansen —secundó Hermione, mientras subía, acompañada por Ginny, las escaleras que conducían a los dormitorios de chicas.

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Hermione se removía intranquilamente entre sus sábanas. Murmuraba quedamente y su respiración se volvía algo errática. Algún tipo de pesadilla se colaba en sus horas de sueño y auguraba no dejarla en paz hasta bien entrada la madrugada.

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Camino desorientadamente por un pasillo largo y angosto que no parece tener fin. Pequeñas antorchas luchan contra la oscuridad para intentar iluminar ligeramente el sendero que se abre camino entre muros de roca antiguos y deslavados por el paso del tiempo. Huelo humedad y abandono en el aire, y mi piel se eriza al percibir un decremento súbito en la temperatura del ambiente. Tengo miedo, un miedo difícil de explicar que me hace sentir impotente. De alguna manera sé que estoy en el sitio correcto. Una parte de mí se siente aliviada. La otra, que es la parte consciente, se siente fuera de lugar y contexto.

Busco mi varita en un intento de conjurar algo de luz adicional y encontrar la salida de éste laberinto.

No está. Mi varita ha desaparecido.

Entonces el miedo se convierte en terror.

Unos ojos enrojecidos me miran a la distancia y parecen acercarse con una parsimonia desconcertante. Escucho un siseo proveniente del punto en donde se encuentran los ojos y enfoco mi vista para tratar de identificar a la persona, o cosa, que se encuentra bloqueándome el paso.

Al escuchar su voz me aterro y siento cómo mis piernas flaquean y me traicionan, haciéndome caer torpemente sobre el mojado piso.

Al fin te encuentro, Sangre Sucia. Llevaba un tiempo esperándote en mis nuevos dominios. Supuse que tarde o temprano vendrías a rescatarlo. Pero es tarde, Malfoy es mío ahora. Y lo que vienes a buscar de él no lo encontrarás aquí. Han perdido y ahora, ahora nadie podrá detenerme…

No entiendo nada... ¿Porque estoy soñando con Voldemort? ¿Por qué me está buscando a mí? ¿Qué demonios hago en ese podrido lugar y por qué coños menciona a Malfoy como si a mí me importara?

Intento hablar pero no puedo, me encuentro muda de la impresión. Siento cómo el maldito se acerca a mí y mi posición se vuelve insolente, retadora. No puedo controlar lo que estoy haciendo, mi cuerpo me está traicionando.

Me levanto y encaro a Voldemort como si no le temiera en absoluto, como si fuera un igual y no la pesadilla personificada del mismísimo demonio, y le espeto entre dientes

Eso lo veremos Riddle…

Internamente me pongo a temblar, como si mi conciencia no perteneciera a mi cuerpo, como si estuviera viendo a través de unos ojos que no me pertenecen, aunque estoy totalmente consciente de ser yo. Sin embargo mi fachada permanece tan inalterable como hasta hace unos momentos.

Escucho su cruel risa despectiva que me cala hasta los huesos, pero derrepente todo se vuelve negro. Siento como si un hilo estuviera jalándome desde el centro de mi cuerpo a gran velocidad y una sensación de vértigo se apodera de mis sentidos.

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Tras una sacudida, Hermione se levantó impulsada como un resorte de su cama. Su pesadilla había sido tan confusa que no podía entenderla ni por asomo. Meneó la cabeza negativamente un par de veces, intentando aclarar su mente revuelta, y tras un suspiro se volvió a recostar sobre sus almohadas, con una opresión en el pecho que hace mucho tiempo no sentía. Exactamente desde hacía cuatro meses.

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