House volvió a suspirar mientras miraba por la ventana. Afuera una lluvia torrencial azotaba la ciudad y el frío inclemente se colaba por las calles, recorría las aceras e incluso llegaba a fastidiarles la vida a los doctores y pacientes en el Hospital Universitario Princeton-Plainsboro.

En cualquier otro momento, House se hubiese parado para buscar una taza de café en su oficina, hacer algún comentario grosero a su equipo (que no podía hacer más nada que sugerir diagnósticos idiotas) y visitar a su incondicional amigo Wilson para despejar su mente y librarse de todo. Pero en esos momentos, la cosa era distinta; ahora luego de ese acontecimiento no podía hacer nada de aquello y él sabía y detestaba la razón.

Sin mucho ánimo siguió divagando por el lluvioso horizonte frente a sus azules ojos. De verdad que era aburrido aquello. Estar encerrado en un estúpido hospital, con las calles atascadas de carros y la ciudad puesta en alerta por una inusual tormenta podía llegar a ser deprimente, y el nefrólogo, aunque no daba muestras de estarlo, estaba muy apenado. En ese momento deseo que tuviese algo con que jugar, su pelota, su bolígrafo, cualquier cosa… pero claro, estaban en la oficina.

Cuando un rayo alumbró en la distancia la noche que ya empezaba a llegar, House ni siquiera se movió de su cómodo puesto. En vez de eso, cerró sus ojos, ocultando por momento sus perlas azules, y se puso a recordar todo lo que había pasado.

La razón de todo aquello, por la que tenía que estar encerrado allí y no podía salir se presentó en su mente. Habían pasado cuatro semanas desde el incidente y sin embargo, aún lo recordaba con claridad.

Pensé que era una buena noticia ─Había dicho el nefrólogo al ver a la mujer al lado de Wilson.

Ninguno de los dos hizo un comentario al respecto. Era obvio que había sido un comentario fuera de lugar, pero bueno, ¿qué se podía esperar de House? Fue Wilson, el que tras una larga e innecesaria pausa, por fin hablo.

Necesito que salgas un momento de mi oficina. ─La voz de Wilson sonó bastante fuerte. House, sin embargo, no se movió ni un ápice, en cambio sonrió y mostró interés.

Si dices que esa una buena noticia, yo no debería…

House

¿Qué? Solo estoy tratando de ser un poco divertido, ¿no es eso lo que le falta a este hospital?

Por favor, quiero hablar con Cuddy a solas así que Vete. ─Sus manos le hicieron señas para que saliera por la puerta.

Gregory House le sonrió a su amigo mientras examinaba la situación. En un momento iba a preguntar ¿qué se traen entre manos? Pero entonces se dio cuenta que entre Wilson y Cuddy definitivamente no había peligro. Al final de cuentas, podía relajarse o quizás no.

Me hubiese gustado hablar con mi mami. ─House ya había comenzado a caminar pero veía a la Cuddy en vez de mirar al frente ─Pero por lo visto papi no quiere.

Tienes razón, nadie quiere hablar contigo.

La inesperada voz de Cuddy lo sorprendió pero igual terminó su recorrido y se colocó bajo el marco de la puerta. No pudo evitar sonreír un poco pensando en lo gracioso que era escuchar a esa mujer luego de haberse perdido de su vida y del hospital.

Cuando volteó Cuddy y Wilson hablaban en susurros sin ni siquiera prestarle atención.

Cuídense.

Y finalmente salió de la oficina para dirigirse a la oficina del decano Foreman a tratar de llegar al fondo del asunto sin preocuparse demasiado.

La cosa es que no sabía que de hecho ya se estaba preocupando.

Y ahora en ese preciso momento daba muestras de preocupación y sobre todo aburrimiento.

A su alrededor no había nada interesante tampoco: seguía lloviendo a raudales, ya estaba bastante oscuro, un reloj marcaba las siete y doce de la noche y por el aire se deslizaba un frío lento y húmedo. En fin, nada interesante.

Fue cuando Foreman habló que se dio cuenta de que seguía en la oficina del decano y que de paso podía haber un poco de diversión después de todo.

─Pensé que estabas con el caso de la diseñadora rumana.

─Pensé que pensabas que te había quedado claro que pensaba que el caso era aburrido.

Foreman ni siquiera trato de entender lo que había dicho, aunque supuso al escuchar aburrido que House estaba evadiendo de nuevo el trabajo.

─La mujer ha estado teniendo reacciones alérgicas a algo que no sabemos.

─Y yo he estado disfrutando de la hermosa noche en este asiento.

─Ni siquiera te importa, ¿no?

─¿Debo responder a eso?

El decano decidió que era hora de llegar al fondo del asunto. Se escuchó le ruido del sillón al caer un cuerpo y House supo que no tenía escapatoría. Foreman entornó sus ojos en el nefrólogo. Como ya había aprendido luego del tiempo trabajando para él, sabía que ese era el momento justo para hablar de eso. Y con eso se refería a Cuddy.

─¿Te preocupa mucho que haya regresado luego de tanto tiempo?

Gregory House sabía que si decía que sí no iba a ser nada bueno. Si decía que no tampoco era algo bueno. Sólo le quedaba actuar de manera natural y mostrarse desconocedor en el tema. Para eso era perfecto.

─La paciente quizás es alérgica a la cura. Quizás piensa que con 90 años ya ha vivido suficiente.

─Sí claro y nosotros le daremos los tratamientos de lo que no sabemos hasta que muera de lo que no sabemos.

─Podría ser.

─No me importa nada de eso. ─Foreman endureció la mirada. Y House no pudo evitar sonreír. ─Hablemos de Cuddy

─Y luego dicen que soy yo el que tiene interés por hablar de la reina blanca.

─Sé que has estado aquí toda la mañana porque piensan en ella. Agradece que trato de ayudarte.

─Como usted diga, mi general. ─House se cuadró en su asiento e hizo una reverencia. ─¿Puedo irme y dejar esto para mañana?

─No. Sé que lo de Cuddy puede hacer algo duro pero…

─Aquí viene otra vez…

─Es importante que te mantengas concentrado ─El decano trataba de sonar convincente y de hablar duro. Aunque sabía que a la larga eso no serviría de nada, igual debía intentarlo. ─Las causas las desconoces, pero su regreso no puede significar algo realmente…

─¡Espera un momento!

─¿Qué? ─Era obvio que le molestaba que lo interrumpiesen

─Escucha la lluvia.

Un nuevo rayo alumbró desde la distancia y por un momento la oficina estuvo un poco más iluminaba. A House no le hizo falta mucha iluminación para darse cuenta de que Foreman no estaba muy contento de hablar de aquello.

─¿Puedes parar?

─Sí, podría pero…

─He estado tratando de ayudarte con lo de Cuddy.

─No hay nada en que necesite ayuda.

─¿En serio? ─House asintió enérgicamente, casi maniáticamente. Foreman no podía creerlo. ─¿No te llama la atención por qué se han reunido todas estas semanas en la oficina de Wilson?

─No. Y si me importase, igual no pasaría nada porque no sabes la respuesta.

House finalmente se paró del asiento sin importarle demasiado si seguía lloviendo. Foreman también se levantó y le puso una mano en el hombro a House, para evitar que se fuera antes de tiempo.

─De todas maneras tienes que dedicarte a tu trabajo. Debes quince horas de clínica y la anciana diseñadora se está muriendo de alergias inexplicables

─Sí bueno en ese caso, me ocupo más tarde. Ahora no puedo porque…

Pero se detuvo de repente. Foreman que quería saber que es lo que iba a decir se vio interesado por su inesperada pausa y solo pudo voltear a verlo para preguntarle con la mirada qué pasaba. Supo la respuesta al ver hacia la puerta de su oficina.

En ese preciso momento entraban Cuddy, Wilson, Chase, Taub, Park y Adams, todos en fila como si viniesen a dar un recital. House miró de izquierda a derecha, fijándose en la seriedad en el rostro de Cuddy y pasando por Chase y Taub que miraban a Cuddy con caras de ¿Qué hace aquí?. Park y Adams lucían interesadas, como esperando saber quién era esa mujer. Y Wilson era solo Wilson. House volvió a sonreír en ese día.

─¿Y bien, qué tenemos aquí?

Las miradas obviamente se fijaron en Cuddy obligándola de cierta manera a hablar. Cuando finalmente lo hizo, no fue lo que todos esperaban.

─Ya que están ocupados. ─Su mirada se posó en Chase y Taub y en las dos doctoras que supuso eran parte del nuevo equipo de diagnóstico. ─Esperare afuera. ¿Wilson?

─Sí.

Ambos doctores no dijeron nada más y abrieron la puerta para salir en la parte de afuera. Esa mañana había un juego de miradas inevitable, especialmente por parte de House, quien había seguido a la pareja esperando que alguno hablase o dijese algo.

Cuando por fin alguien habló, la voz australiana de Robert Chase no le interesó mucho.

─La señora Milton tuvo un paro cardiaco.

─¿La señora quién…?

─La señora Milton, nuestra paciente. ─Adams lo fulminó con la mirada antes de continuar. ─Ya la hemos estabilizado pero recientemente descubrimos que tiene fiebre y mucho sueño. No sabemos qué tiene.

─Ni yo.

─Por eso esperábamos que tú, como nuestro jefe. ─obviamente era Chris Taub─nos ayudases.

─¿Qué más sabemos?

─Bueno─ comenzó Park─ la mujer ha viajado mucho por el mundo, este verano estuvo en Italia y luego regreso a Rumania, su país y comió en un restaurante, luego de eso ha estado enferma.

─Más nadie de su distinguida familia se enfermó. Pero ─Taub se detuvo y volvió hablar tras pensarlo. ─confesó que ha estado teniendo relaciones con cualquiera que conozca.

─Entonces lo único que sabemos es que la mujer es muy explicativa sobre su vida sexual. Y que ha viajado por el mundo. A la verdad no es nada interesante. Tampoco es como si alguien desease que fuese interesante. Ser una diseñadora rumana es algo tan aburrido para todos los ricos de hoy en día. Y ni pensar que la gente sigue queriendo ser eso. No puede haber razones más estúpidas. Entre todas las razones estúpidas a conocer esta es…

Y Gregory House volvió a detenerse en ese momento. Su voz se extinguió casi de inmediato. Y todos a su alrededor se tranquilizaron al saber lo que eso significaba; House acababa de descubrir la enfermedad del paciente. Y sólo había que ver la cara que puso para descubrirlo.

Sin embargo, cuando empezó a ir hacia la puerta de la oficina, cojeando, como era obvio, todos se quedaron esperando la respuesta. Foreman sabía que el doctor iba a donde estaban Cuddy y Wilson.

─¿House?

El doctor volteo para ver al decano y finalmente dijo lo que todos querían.

─Díganle a la mujer que deje de tomar tanto alcohol, antidepresivos y pastillas para el sueño a menos que quiera irse a la otra vida antes de que Tom Hanks se compre un traje de Hugo Boss.

Al haber terminado de hablar, ya el nefrólogo no estaba en la oficina.

Se acababa el tiempo

Foreman también se dirigió hacia donde estaban Cuddy y Wilson. Por instinto sabía que algo no estaba bien. Y bueno, si agregaban la variable Gregory House a la fórmula, el resultado era desastre de proporciones infinitas.

Había que detener a Gregory House antes de que acabase con el mundo.