Capítulo 2: "Abatido".
El chillido de Nami despertó a todos, pero Usopp dio la vuelta en la litera incapaz de enfrentar al mundo. Cuando Luffy le gritó en el oído, sintió que la cabeza le iba a estallar. No entendió lo que le dijo, simplemente le había dado una orden que al tirador no le apetecía acatar.
Se acurrucó en la hamaca, recordando fragmentos de la noche anterior.
— ¡Usopp! ¡Te necesitamos! —Nami, desde la puerta del cuarto de los hombres, frunció el ceño— ¿Te pasa algo? —De repente se sintió desubicada por preguntarlo, como si intuyese que la pregunta tenía una previsible respuesta.
No conocía las razones, pero el día anterior lo había visto teniendo una rara conversación con el capitán. Después, el tirador desapareció durante todo el día.
—No me siento bien —dijo, con honda sinceridad.
Era un malestar físico aunado a uno claramente emocional.
— ¿Quieres que le diga a Chopper que venga a verte cuando terminemos de izar la velas?
Usopp negó quedamente con la cabeza y la navegante dio la vuelta a seguir dando las indicaciones, urgía atender el nuevo rumbo del barco pese a que le preocupaba su amigo. Luego le diría al doctor que fuera a verlo, aunque el tirador se hubiera negado.
Nami llegó justo a tiempo, para evitar que la quilla del Thousand Sunny diera contra un arrecife de coral. El mar en esa zona era altamente traicionero y la ausencia de una persona hizo claramente la diferencia. Usopp era quien se encargaba de la gavia junto con Chopper y Zoro, por eso ambos tuvieron que trabajar el doble.
El espadachín chistó en su interior, reprimiendo las ganas que sentía de ir a levantarlo a sablazos. Cuando todo pareció marchar sobre ruedas, la navegante se permitió relajarse y, sin haber dejado de lado el asunto en su mente, llamó la atención del reno.
—Chopper, ¿podrías ir a ver cómo está Usopp? Creo que no se siente bien.
—Tsk… desde ya —murmuró Roronoa, sin verdaderas intenciones de hacerlo, pero al ver que su murmullo había acaparado la atención de los dos, incluido el cocinero, agregó—Si se ha bebido hasta el agua de las letrinas —amarró la última soga y con apatía finalizó dando el parte en lugar del doctor—Es resaca lo que tiene.
—Entonces… —musitó el cocinero dando la media vuelta para volver a la cocina—le prepararé un brebaje que es mágico para estos casos.
—Iré a verlo —dijo Chopper yendo de inmediato al cuarto de los hombres.
En cuanto Nami se quedó a solas con Zoro, se acercó más a él para hablar con cautela.
— ¿Sabes si…? —Nami dudó, porque ni siquiera tenía en claro qué quería preguntar. —Usopp no es de beber —suspiró, mirando reflexiva el mar—¿Tienes idea de porqué escapó?
El espadachín negó con la cabeza, sentándose en el suelo para apoyar la espada contra el mástil principal. Él no tenía porqué revelar los asuntos personales del crío, era cosa suya, aunque entendía la preocupación de Nami.
—No es nada —trató de tranquilizarla—, ya se le va a pasar —cerró los ojos, tratando de dormitar un poco.
Escuchó los pasos de la navegante alejándose y abrió un ojo para ver por el rabillo a Chopper saliendo del cuarto. El reno fue hasta la cocina para avisarle a Sanji que Usopp enseguida se levantaría a tomar eso que le estaba preparando.
Zoro escuchó todo con nitidez, prestando atención con mucho disimulo.
Después de eso, el doctor fue hasta la enfermería para prepararle un poco de medicina. La primera cruda solía ser la peor.
—El mal de amores suele tener una sola cura que, curiosamente, es el mismo veneno…
Una voz femenina lo despertó del todo, abrió los ojos tratando de no mostrarse molesto por haber sido sorprendido. Nadie sorprendía a Roronoa Zoro ni siquiera durmiendo.
Robin terminó de bajar las escalinatas del puesto de vigilancia, esperando a la respuesta del espadachín. Si bien no había habido una pregunta, Zoro entendía lo que Robin insinuaba. Comprendía asimismo que la noche anterior, la vigilia había quedado a cargo de ella y con seguridad había presenciado parte del show que ofreció Usopp.
—Si todos están tan preocupados por él, deberían preguntárselo directamente.
Robin rió, enternecida con la capacidad que tenía el espadachín para esconder sus propias emociones.
— ¿Eso también va para ti, espadachín-san? —preguntó ladina, siguiendo su camino hacia la cocina en donde Sanji ya la esperaba con el café listo.
Zoro refunfuñó por lo bajo; a veces la arqueóloga tocaba fibras muy sensibles en él con sus acotaciones. Volvió a mirar hacia la puerta con ansiedad. No le costaba reconocerlo: estaba preocupado por Usopp, quizás más que los demás por haber estado a su lado y comprobar cuán grande era la herida. Había podido verlo en los ojos del tirador, había podido leerlo en las lágrimas que derramó.
Le preocupaba, porque Usopp era frágil. Era frágil de espíritu. Zoro sabía que para mantenerse sereno y centrado era necesario tener un espíritu fuerte que no se viera doblegado con facilidad.
Usopp solía comportarse como un idiota a veces, y estando dolido, era capaz de cualquier estupidez: Pelearse con alguien, dejar la tripulación, desestabilizar las uniones, hacerle daño a alguien… hacerse daño.
Cuando lo vio salir del cuarto no dejó de clavarle la mirada. Usopp se mostró incómodo y renuente a tratarlo, elevó una mano al paso en señal de saludo matutino. Zoro no correspondió el gesto, estaba más interesado en adivinar si todo estaba en calma, o si por el contario, el mar interno del tirador seguía agitado.
Pero la expresión en el rostro de Usopp podía deberse al malestar físico. Zoro negó harto de darle vueltas al asunto. Se puso de pie y se encaminó al observatorio para ponerse cuanto antes con sus pesas.
Entrenar como un poseso con la mente en blanco solía ser buena medicina para alejar las preocupaciones. Pero lo que menos hizo fue tener la mente en blanco. Luego de una hora, sudado, pero no cansado, decidió dejar de lado el ejercicio.
Se sentó en el suelo, dejando las tres katana a un costado suyo, y se quitó la camiseta mojada de sudor. Miró el mar a lo lejos, viendo pequeños promontorios que parecían ser archipiélagos áridos. Supo que Nami en cualquier momento lo llamaría, así que optó por ir bajando.
Dicho y hecho, Nami había mandado a Luffy a buscarlo.
En pocos minutos, sin la ayuda de Usopp, el barco fue puesto en un rumbo seguro soslayando esas enormes rocas sin vida.
—Zoro, ven conmigo… —Nami no le dio tregua una vez que el trabajo concluyó; con un dedo le indicó que la siguiese al cuarto del navegante.
Roronoa aceptó el pedido imperativo, más que nada porque comprendía que Nami quería entender, tanto como él, que era lo que estaba pasando.
Hacer algo, antes de que sea demasiado tarde quizás era posible si ambos compartían lo poco que sabían entre sí y ataban cabos.
…
Usopp terminó de beber el brebaje supuestamente mágico del cocinero y rechazó comer; temía regar el suelo con la delicada comida de Sanji. Cuando se puso de pie para dejar la taza en la pileta antes de que el rubio lo retase por vago, vio a lo lejos a Luffy jugando con Chopper a través del ojo de buey.
Sus ojos se cruzaron un instante y con torpeza corrió la vista, haciendo un movimiento brusco para tratar de salir del rango visual del capitán. Chocó contra Sanji, quien enarcó la única ceja visible en un claro signo de pregunta.
Usopp, saliendo de la turbación y sin decir nada, se escondió en el observatorio. Quería evitar cuanto más pudiese un posible encuentro a solas con Luffy. Sabía que tarde o temprano lo buscaría, quizás para conversar con él y tratar de entender algo que era muy sencillo de deducir.
Bueno, corría con ventaja. El Sunny era inmenso, así que Luffy tardaría en dar con él. En cuanto terminó de subir la escalerilla, caminó alrededor de la columna para sentarse de cara a la proa, pero de inmediato vio las katana del espadachín.
Frunció el ceño, eso era raro. Zoro solía llevarlas a todos lados, no se las sacaba para nada, ni siquiera para dormir. Tan receloso era de ellas que incluso a la hora del baño las tenía consigo en un lugar desde donde las pudiera ver.
Se sentó en el suelo sin dejar de mirarlas, y de repente lo recordó. Una sonrisa adornó su morena cara, la primera desde que tuviera esa nefasta conversación con Luffy.
Que las katana de Zoro estuvieran ahí, junto a él, era destino, un buen presagio quizás. Pensando que era una buena oportunidad para hacer esa pequeña reparación que había advertido tiempo atrás, tomó la blanca bajando a toda prisa en dirección a su factoría.
Sin embargo, cuando pasó frente a la cocina, escuchó la voz de Sanji llamándole desde la ventana:
—Ey, ey, ey. Un momento. —El cigarrillo colgando de su boca, por poco más cae al ver lo que su amigo llevaba en la mano—Eso que llevas ahí, por casualidad, no será la katana del marimo, ¿verdad?
Usopp asintió con una sonrisa, y enseguida aclaró:
—Se la devolveré de inmediato.
— ¿Quieres que te mate? —preguntó con una pizca de brío. —Vuelve a dejarla donde la encontraste.
El cocinero también reparaba en el detalle de que era raro que Zoro dejase su katana por ahí, acaso ¿Usopp lo había matado? Era la única posibilidad que se le ocurría para explicar las razones de que el espadachín dejase tan descuidadamente su preciada katana. Reconocía que esa blanca era la más valorada, no conocía muy bien las razones, pero al marimo le ponía sensible que se la tocaran sin permiso. Y todos respetaban ese sentimiento.
—Sabes cómo es Zoro…
—Será un segundo —aclaró, ansioso por irse a su factoría, pero sabía que Sanji no lo dejaría hasta que no le diera la razón verdadera—, hace tiempo noté que el cuero de la empuñadura se está saliendo. Lo coseré dejándolo con el diseño original.
¿Arriesgar la vida sólo para repararle la katana a Zoro? No, simplemente era la manera que tenía Usopp de expresar lo que no sabía poner en palabras, de poder darle las gracias a un hosco y distante nakama como lo era Roronoa.
Sanji, de la sorpresa, no pudo decir nada, dándole la oportunidad a Usopp de marcharse con la mentada katana.
Al rubio no le costaba ver las verdaderas intenciones del tirador; con los años de convivencia, todos habían aprendido a conocer mejor a los demás, y Sanji sabía que a veces, cuando Usopp no podía dejar de lado su orgullo, solía tener esos gestos como una manera de decir lo que callaba o lo que le costaba admitir con palabras.
No sabía qué razones tenía Usopp, pero saber que andaba con cruda y las palabras del espadachín esa mañana, le dieron un panorama bastante claro. Caminó los pasos que necesitaba para volver a la olla que tenía sobre el fuego, dejando finalmente de lado el asunto de la espada.
…
Nami guardó un pronunciado silencio analizando lo que Zoro había accedido a contarle. Supo que le ocultaba algo, pero respetó esa reserva entendiendo que Roronoa se manejaba por un código muy simple: No iba a traicionar a Usopp contando intimidades de él, sin estar éste de acuerdo. Dijo lo justo y necesario, revelando lo poco que sabía, pero sin hablar de más.
—Ayer a la mañana… Usopp estaba hablando con Luffy en la cubierta —dijo ella, bajando la vista a los mapas que estaban sobre el escritorio. —Yo los vi de lejos, pero no pude escuchar nada. Empecé a prestar atención cuando Usopp lo tomó a Luffy del chaleco, sacudiéndolo —hizo una breve pausa—; pensé que iban a pelearse, pero Usopp lo dejó y… cuando se fue —rememoró con tristeza—vi que estaba llorando.
—¿Sabes por…? —No terminó la frase, Nami asintió.
—Esa mañana Robin estaba haciendo la guardia —bebió un trago de jugo para armarse de valor y serle sincero a Zoro—, dijo que no escuchó mucho, pero que lo poco que logró entender… Luffy le gritó que él los quería a todos, y que yo… —la idea le estremeció de pie a cabeza—pero que yo… sería la reina de los piratas —una sonrisa afligida se esbozó en el rostro de la muchacha.
—Entonces… —el espadachín se cruzó de brazos analizando la situación. Por lo poco que había hablado con Usopp estando este borracho hasta los huesos, sacó una apresurada, pero lógica conjetura—, le molestó la idea de que tú seas la reina de los piratas. —Sonrió de medio lado—Por un momento creí que era por Robin.
Nami negó con la cabeza, comprendiendo que Zoro no estaba interpretando correctamente.
—Te equivocas… —se remojó los labios, nerviosa y algo acalorada por la idea—Sanji me contó que una noche… —perdió la mirada—los pescó a los dos en la bodega con… los pantalones bajos —le costaba hablar con fluidez del tema.
Roronoa se tomó unos segundos para analizar lo que la navegante le estaba dando a entender. Por lo visto sí era mal de amores, pero no por culpa de Nami.
No por culpa de una mujer.
—Ya sabes cómo es Luffy —dijo la navegante ya más relajada—, es muy ingenuo y seguramente ha hecho cosas con Usopp sin mediar en las consecuencias… Luffy es…
—Un idiota —completó el espadachín—, ya sé cómo es Luffy… —sonrió, ese chico no tenía otra cosa en la cabeza y en el corazón que ser el nuevo rey de los piratas.
Ya era mucho viniendo de Luffy nombrar a Nami como la reina. Comprendía asimismo que su capitán no tenía malas intenciones, jamás lastimaría a nadie —menos a los que quería— adrede.
Era un gran problema, que podía empeorar si esos dos no solucionaban sus asuntos. Él sabía cómo era Luffy, y entendía cómo se debía sentir el tirador, después de todo era tan fácil enamorarse de alguien como su capitán. La sonrisa nostálgica se borró de los labios del espadachín.
Eso Zoro lo sabía muy bien, y quizás por saberlo tan bien, había sabido templarse a tiempo para evitar heridas mayores en el futuro. Mantener el espíritu calmo, que sabe agitarse ante sentimientos intensos como el temor, el amor y el odio, había sido un desafío.
El camino del bushido le había ayudado a ser cauto con esos asuntos; al igual que Luffy, Zoro tenía un claro propósito en su vida; pero Usopp no tenía el bushido para valerse de él y sacar fuerzas. Se desmoronaría, como una torre de naipes, tarde o temprano.
—Es algo que tienen que arreglarlo entre ellos. Después de todos son adultos, algún día tendrán que madurar —analizó el espadachín, temiendo los resultados.
Tiempo atrás una pelea sostenida entre esos dos había sido un golpe duro para la tripulación, en ese entonces Robin estaba desaparecida y el Going Merry, muy pronto a morir.
Esto parecía ser incluso más serio, porque para Zoro el amor hacía débil a las personas, las tornaba vulnerables, impredecibles y sensibles. Él sabía que el amor era capaz de destruir imperios, así como de sumir en la oscuridad a los que no eran correspondidos.
Suspiró, teniendo un gesto natural en él; pero cuando la mano buscó la empuñadura de sus katana para descansar en ellas, se dio cuenta de que no las tenía consigo.
Se miró la cintura, incrédulo de que no estuvieran allí. Nami recién entonces pareció reparar también en ese detalle. ¿Tanto le preocupaba Usopp como para justificar semejante descuido en alguien como Zoro?
— ¿Dónde las dejé? —se preguntó consternado y enseguida recordó el observatorio.
Sin decir nada más y con cierta prisa dejó el cuarto de la navegante para ir cuanto antes a buscarlas. Se sentía desnuda sin ellas, desprotegido e inseguro. Pero cuando llegó al lugar, notó que faltaba una. Su preciada Wadō Ichimonji no estaba, y palideció con la idea de haberle perdido el rastro.
Cierto es que nadie se la iba a robar, que no podía estar muy lejos, que la iba a encontrar, pero su katana blanca era como su alma. La presencia de Kuina, que le acompañaba siempre en silencio. Sintió un vacío inexplicable, como si estuviera faltándole el respeto al recuerdo de su amiga, descuidando así su tesoro más preciado.
Calma; debía mantener la calma y hallarla cuanto antes, o masacraría a sus compañeros de la histeria que le daría si no la tenía consigo en los próximos dos minutos.
"Continuará", Brook dixit.
Con este van tres los fics que tengo por capítulos en One Piece :s No me gusta tener tantos fics en proceso porque después no sé cuál continuar primero XD, pero prometo volver rápido con este.
En mi Livejournal tengo un SanZo, y un UsoSan que estoy por subir mañana, les comento por si tienen ganas de leer sobre esas parejas.
Muchas gracias por leer ^^.
26 de mayo de 2011
Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.
