Sólo por eso.

Los pasos del monje eran casi inaudibles comparados con los del caballero, el cual iba delante de él, andando enérgicamente. La armadura tintineaba, y el monje se colocó el hábito marrón, pensando en lo poco apropiado que era para el otro llevar una espada colgada al cinto. Se conocían desde toda la vida, y aquello, simplemente, no parecía correcto.

- No estás hecho para la vida de caballero, Satoshi.

El que iba en cabeza se giró con una carcajada silenciosa y una ceja alzada, frenando los pasos al tiempo que indicaba al otro con una mano que subiese al carruaje que les esperaba.

- Ni tú para la vida escolástica, Houtarou.

El moreno se rascó la cabeza con gesto resignado, y suspiró, mientras bajaba la mano subiendo al vehículo y sentándose en el asiento.

- Tengo comida y un techo, y lo único que tengo que hacer es escribir y fingir que rezo. No está mal.

Otra carcajada, esta vez bastante más sonora, llenó el habitáculo cuando el caballero entró, sentándose en frente de él.

- Yo también tengo comida, y consigo verte cada vez que vas a algún sitio. Creo que lo tengo bastante bien.

El moreno simplemente se recostó en el asiento y miró por el ventanuco, evitando la mirada de Satoshi, y rezó por una vez.

Rezó por no sonrojarse.


Perdonadme por hacer el segundo capítulo ya un au. Pero no me lo podía quitar de la cabeza.