Chicos, lamento demasiado no haber aclarado de la mejor que este fanfic. está en proceso de corrección. Por favor, ignoren el tercer capítulo. Solo el primer cap. y este son los que cuentan.

¡Espero que lo disfruten!


Capítulo #2: Fuertes… muy fuertes revelaciones

Harry estaba afuera de la casa de los Dursley arreglando el jardín. Pensó que al entrar a Hogwarts sus tíos no le harían tanto caso y simplemente lo dejarían ir, pero era obvio que no deseaban que regresara a clases. Como si de alguna manera fuera a olvidarse de lo aprendido o que jamás tendría contacto con el mundo mágico.

Ya era primero de septiembre, tenía todo listo para irse y estaba igual que su lechuza, ansioso en su jaula. Quería regresar con sus amigos, quienes a mitad de las vacaciones comenzaron a mandar las cartas. Cuando contestó a la primera carta, ambos les dijeron que estaban preocupados porque no había respondido a otras cartas. Harry sospechaba que las lechuzas se habían equivocado o que incluso habían olvidado dejar sus cartas, pero Hermione le había comentado que era imposible que una lechuza se equivocara. Por una razón, las lechuzas nunca fueron reemplazados por algún invento como los teléfonos del mundo muggle.

—Quiero regresar —dijo a nadie en particular. Estaba usando la ropa vieja de Dudley. No le importaba ensuciarla o romperla, de todas formas, ya estaba.

—Harry, ¿por qué llevas esa ropa?

Potter brincó del susto. Atrás de él estaba su director, estaba usando una túnica morada con estrellas blancas. Le sorprendía que ningún muggle que pasaba por el vecindario le comentaba algo, solo se dedicaban a mirarlo extrañados y eso no le preocupaba al viejo. ¿Dónde quedó el asunto de "proteger el mundo mágico de los muggles"?

—Hola, Dumbledore, profesor Dumbledore —Corrigió—. Llevo esta ropa porque estoy arreglando el jardín, no quisiera arruinar mi ropa de diario.

Albus lo miró fijamente. Por el tono de voz de Harry, supo que había algo más. No quería considerar lo que mencionó Severus acerca de Petunia Evans. Si ella detestaba tanto la magia, ¿qué tan malo podía ser con Harry?... No había regresado Harry a la escuela.

—No quisiera ofenderlo, pero quisiera saber por qué vino aquí, señor —preguntó Harry esperanzado de que su sueño de regresar a Hogwarts se cumpliera.

—Vamos a Hogwarts, Harry —dijo Dumbledore con una ligera sonrisa.

Los ojos del niño se iluminaron, quería sonreír, pero ninguna persona de su edad se alegraría tanto como él para regresar a estudiar.

—Sí, además tengo muy buenas noticias, pero te lo mostraré cuando regresemos a Hogwarts.

—Bien —dijo Harry caminando rápidamente hacia la puerta de la casa.

—¿Puedo pasar a tu casa? —dijo el anciano antes de que se fuera.

Harry se detuvo y miró al director con aparente tranquilidad. Era uno de los tantos semblantes de Severus Snape cuando ocultaba sus sentimientos y pensamientos.

—No se preocupe, les avisaré que me voy. Ya tengo mis pertenencias listas, no tardaré demasiado en regresar.

Dumbledore asintió. Pronto se enteraría de la verdad.

El niño entró a la casa y en cuestión de minutos ya estaba afuera. Traía consigo su maleta y estaba ya vestido con su túnica negra.

—Profesor Dumbledore, tengo una pregunta.

—¿Qué pasa Harry?

—¿Por qué no se vistió como un...? —dijo Harry volteando a los lados—, ¿un muggle? —susurró Harry.

—Los muggles siempre piensan que me visto así por una apuesta o un reto —dijo entre risas.

—¿No existen reglas para que un muggle…?

—No te preocupes, muchacho —Le dio palmadas en la espalda.


—Oigan, ¿y Dumbledore? —preguntó James.

Eran las siete de la mañana y fue todo un reto haber llegado a la oficina del director sin ser cuestionados. Tuvo que quitarse sus preciados lentes y apenas podía diferenciar qué era un alumno y qué era una puerta, solo para que nadie lo relacionara con su hijo.

De la nada, se escuchó por toda la habitación que alguien regurgitaba. Los invitados voltearon asqueados, hasta que descubrieron de quién causaba los sonidos desagradables.

—¿Harry? —dijo Lily. No sabía si estar preocupada o sorprendida. Su muchacho era una pequeña versión de James. Le causaba demasiada ternura… ignorando el vómito.

¿Mamá?

—¡Alguien haga algo! —exclamó Lily.

Dumbledore realizó un encantamiento con su mano y pronto el suelo quedó limpio, el pobre niño se recuperó y su ropa quedó limpia, lo único que le quedó era una jaqueca.

—¡Harry! —Lily corrió hacia el chico y le dio un fuerte abrazo—. ¡James y yo te extrañamos demasiado!

Harry le devolvió el abrazo a su madre. Cerró sus ojos. Quería llorar de la emoción. No podía creer que su familia estuviera frente a él. Solo en sus sueños podía ser posible o que estuviera alucinando por comer demasiados dulces, en específico, las deliciosas e irresistibles ranas de chocolate. Lo más probable es que fuera la primera opción. Pronto estaría en casa de sus tíos en la alacena bajo las escaleras, mirando las bolas de pelusa y cómo las arañas podían escapar debajo de la puerta.

—¡Hijo! —dijo un hombre. Harry rápidamente lo miró, ahí estaba James Potter.

—Papá —susurró el niño, esta vez, ya no pudo contener las lágrimas. James lo abrazó fuertemente.

—Ya estamos aquí —Lily se unió al abrazo y también comenzó a llorar.

—¡Bien! ¡Entonces no estoy loco!

Snape había llegado a interrumpir a la familia y esto no alegró a los Potter. Voltearon al mismo tiempo a dirigirle una mirada fulminante.

—Lamento haberlo interrumpido… señor Potter —dijo Snape recuperando la compostura.

El chico comenzó a limpiarse el rostro con enfado. No dejaría que el maestro que más detestaba tuviera algo más que remarcar para humillarlo frente a los demás alumnos. Tenía suficiente con su actitud solo por ser de la familia Potter. Seguro no había una razón justificable para tener un resentimiento contra James. Ni siquiera tenía una buena razón para odiarlo.

—¿No pudiste haberte quedado en silencio? —dijo James.

—No, por el hecho de que no entiendo qué está pasando —contestó Snape.

James rodó los ojos.

—Ya te dijimos, Voldemort está bien muerto gracias a un arma muggle, Peter fue quien nos traicionó causando nuestra muerte, pero revivimos porque… la verdad tampoco entiendo por qué —dijo él mirando al techo—. Los Mortífagos tendrán que ir a juicio y ser sentenciados en Azkaban.

—Pero tú no Severus —añadió Dumbledore—. Ya no hay ninguna acusación en tu contra.

—Y lo más importante, ¡mi querido Sirius ya no está en la prisión de Azkaban! —Alzó sus manos emocionado y la puerta se abrió de golpe. Ahí estaba Sirius Black, de nuevo.

—¡Exacto! —dijo Sirius y entró a la habitación. Buscó rápidamente al más pequeño del lugar y ahí estaba el mero reflejo de James Potter. No pudo evitar sonreír— ¡Harry! ¡Soy tu padrino!

—¿Cómo? —dijo Harry parpadeando con rapidez. Apenas podía digerir lo que estaban diciendo.

—Es tu padrino —dijo Lily sonriendo.

—¡Abrázame! —Se acercó y lo apretujó antes de que su sobrino pudiera mover un músculo.

—Wow —dijo Harry, quien apenas pudo escucharse debido a que su tío estaba cubriendo su rostro.

—Sí —dijo Sirius sin dejar de soltarlo—. ¡Ahora podremos salir como familia! ¡Tus padres, tus amigos, saldremos con quienes tú quieras!

Sirius continuó hablando sin dejar a Harry. El niño no se quejaba. Ya tenía una familia que de verdad lo quería y nunca volvería con los Dursley. Nunca más haría deberes del hogar injustificados, ni sería castigado por culpa de su primo o sin razón. Tendría dos hogares. Sus amigos y su familia.

—Espera, Severus —dijo Dumbledore y todos voltearon a ver al profesor de pociones, quien ya tenía una mano sobre la manija de la puerta.

Severus de mala gana se volteó.

—Necesito regresar a mis clases —dijo con voz neutral. Ya estaba rendido—. ¿Para qué me llamaron?

Lily miró con preocupación a todos los presentes. Si Severus tenía una actitud tan a la defensiva, lo que dirían sería aún peor, pero tomaría el riesgo de que se enterara. Él merecía saberlo. Harry necesitaba saberlo.

—Bien, le diré yo —dijo Sirius con desesperación.

Severus cruzó sus brazos y con su mirada indicó que continuara.

—Harry es tu hijo.

Hubo un silencio rotundo. Harry quería volver a vomitar. Definitivamente estaba soñando y era una horrenda pesadilla.

—Claro y yo no soy el profesor más odiado de Hogwarts.

—¡Es verdad! —dijo Lily.

Snape frotó sus ojos con su mano. Apenas comenzaba a aceptar que realmente era un hombre promedio y sano de sus facultades mentales. Harry Snape Evans. Eso tenía menos sentido que Voldemort siendo asesinado por una pistola porque al menos tenía la prueba de que su marca tenebrosa había desaparecido. Inclusive, esa mañana recibió el periódico "El Profeta" donde señalaba que Lord Voldemort había muerto. Pero Harry Potter era claramente hijo de su antiguo compañero de escuela. Tenía el mismo cabello alborotado, castaño oscuro, lentes redondos... Él era la viva imagen del hombre, a excepción de sus ojos.

—El hechizo que provocó que se pareciera a James desaparecerá en unos minutos —dijo el director mirando a Harry

—Sí —dijo James—. Me casé con Lily para ayudarla a cuidar a Harry. No puedo creer que hayas decidido apoyar a ese. Tenías una vida por delante con Lily y lo arruinaste. Ya tenías un hijo, por el amor de Merlín!

—¡Basta! ¡Nunca me casé con Lily y jamás tuve un hijo! ¡Él no es mi hijo! —Apuntó directo a Harry.

Lily se tapó la boca, tratando de no llorar. James la abrazó consolándola mientras miraba de reojo a Harry, quien no reaccionaba como esperaba. El niño no estaba desilusionado por las palabras de Snape, estaba enfadado. No quería estar relacionado a ese hombre de ninguna forma, apenas el año pasado tuvo una fotografía de sus padres y esa imagen no sería arruinada por su odio.

—¿¡Crees que quiero esto!? —dijo Harry desesperado—. Me odias, siempre me has tratado como basura, a todos, menos a tus preciados Slytherin. ¿Y sabes que? El sentimiento es mutuo. ¡No soy mi padre!

Su padre no era James Potter.

—¡No soy James Potter! —dijo desesperado—. ¡¿Acaso lo único que hice para merecer su odio fue existir?!

—No eres tan especial. Eres igual a tu padre.

Esas palabras fueron suficientes para Lily. Su esposo sí trataba horrible a su propio hijo. Harry no era como su padre. Severus era como su padre.

—Ni se te ocurra —dijo ella casi gritando—, ni se te ocurra ser como ese maldito.

Severus sintió que su respiración se iba. Sintió un gran nudo en la garganta. No podía creer que Lily pudiera compararlo con él. Era verdad lo que decía Harry. Podía tratarlo así, pero jamás golpearía a un niño.

—¡Bien! Esto es demasiado dramático —Sirius sonreía nervioso. Los presentes en la habitación lo miraban fijamente. La mayoría le agradeció en sus pensamientos de haber terminado con la incomodidad de escuchar asuntos privados.

—Sirius —dijo Lily con mirada fulminante.

—Tranquila, necesitan discutir esto en privado —dijo James tratando de calmarla.

—Sí —dijo Dumbledore sentado en su escritorio. Tenía una taza de té y tenía una expresión cómoda, como si estuviera mirando una telenovela.

—Y como Severus y tú ya no estarán juntos —dijo Sirius acercándose al maestro de pociones sonriendo ampliamente—. Puedo acercarme.

—¿Qué? —dijo Snape molesto. Detestaba esa sonrisa que desde la escuela mostraba cuando estaba cerca.

—Nada —Guiñó un ojo.

—Eres un…

Sirius Black no le dio tiempo de tomar aire. Juntó sus labios tan pronto vio la oportunidad. Sus manos estaban detrás de su cabeza, acariciando su cabello y sus ojos estaban cerrados.

—¡Eres un hijo de puta!

La pelirroja corrió y jaló el cabello rizado de Canuto. El pobre gritó del dolor, pero ya se esperaba un ataque de Lily. Se arriesgaría a conquistarlo, sin importar lo que pasara.

—¡Sirius! ¡¿Cómo pudiste?! —Los labios de James temblaban.

—James, tú sabes que siempre lo he amado —dijo él sobándose el cráneo.

—Pero él no te ama —dijo Lily.

—¡Pues a ti tampoco!

Lily abrió los ojos de más.

—Vuelve a decir eso, perro —dijo ella con los brazos sobre su cintura.

La discusión continuó entre Lily, Sirius y James. Dumbledore se dispuso a mirarlos y pensando en quién sería el ganador si llegaban a golpearse o hacer un duelo de magia. Apostó a que Lily ganaría en lo físico, mientras que James ganaría el duelo. Sirius se dejaría llevar más por sus sentimientos y se distraería.

El anciano dio otro sorbo a su taza. De reojo pudo observar como Severus y Harry dejaban de lado su pelea para salir lo más rápido de la oficina.