Nuevamente, los personajes de Naruto no me pertenecen, son del genio absolutamente no complaciente Masashi Kishimoto.

Aquí va un nuevo capítulo, espero que les guste.

¡Dejen comentarioooos!

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Capítulo 2

La pelea

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Tonta, tonta, tonta – Se golpeaba Sakura mentalmente –. Él ya no te afecta, ¿recuerdas?

Observó su habitación y recordó el corto tiempo que había vivido en ella antes de ser exiliada al internado. Se veía claramente que era la habitación de una niña, todo de color lila y blanco. Definitivamente eso había que solucionarlo. Acomodó lo poco que tenía en su lugar correspondiente, los libros y las fotografías en la repisa, los uniformes en el armario, el maquillaje en el baño y su I-Pod sobre la cama. Abrió las pesadas cortinas y las ventanas para que el aire y la luz del mediodía entraran en la estancia.

Se tendió sobre las sábanas recién cambiadas. Seguro Kotonoha se había tomado la molestia de convertir aquel cuarto clausurado en un lugar habitable de nuevo. Se puso los auriculares y cerró los ojos con la intención de descansar un poco ya que la noche anterior no había dormido muy bien. La casa era exactamente la misma que ella había dejado seis años atrás. Con la excepción de un gimnasio que Kazuha había instalado en su ausencia.

La casa siempre le había gustado, era amplia, iluminada y con muchos lugares para esconderse. Lo único era que su habitación tenía un gran problema: quedaba frente a la habitación de su hermanastro.

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Sasuke subió las escaleras, pensativo y un poco irritado, ¿desde cuándo era él que se quedaba mudo frente a ella? Se quedó un corto momento observando la puerta cerrada de la habitación de Sakura, hasta que entró a la suya. Él rara vez había pensado en ella en los pasados seis años, pero cuando lo había hecho jamás se había imaginado que cuando ella regresara estaría tan endemoniadamente diferente. Su cabello que antaño había estado siempre aprisionado en un par de trenzas, ahora estaba suelto con las puntas de sus risos rosándole la cintura; sus enormes ojos verdes se habían tornado un poco rasgados dándoles un aspecto felino y ahora estaban profundamente delineados en negro, lo que resaltaba aun más su color; su piel ya era pulcramente blanca, ya que de alguna forma las pecas habían desaparecido por completo y su rostro había perdido los contornos redondeados de la infancia. Su cuerpo, por otro lado, aún seguía siendo pequeño, pero ahora era indiscutiblemente curvilíneo, a pesar de no ser una chica voluptuosa como Hinata, poseía una feminidad abrumadora, si Sasuke empezara por algún lado lo haría por ese monumental par de piernas que había visto desde un ángulo bastante favorecedor, sobre todo porque estaban muy a la vista bajo esa corta falda plisada de cuadros escoceses rojos. Debía admitir que el uniforme del internado le quedaba bastante bien, además de que ella lo había complementado con brazaletes de cuero y esmalte negro en las uñas. Sakura definitivamente ya no era la niña que se había marchado años atrás. Y eso sin hablar de su carácter, eso sí que había cambiado.

El timbre de su celular lo distrajo del curso de sus pensamientos y él saltó al caer en cuenta de las cosas que estaba pensando sobre Sakura.

– ¿Hola? – Respondió, aún un poco aturdido.

– ¡Sasuke! – Le gritó Naruto al otro lado de la línea, tan escandaloso como siempre – ¡Es sábado! ¡Saca tu perezoso trasero de tu casa y sal a la calle! ¡Vamos a Ichiraku!

–Naruto, el concierto es a las once – Le recordó Sasuke con una venita palpitando en su frente por la ira contenida.

– ¡Ya sé que es a las once, idiota! – Exclamó el escandaloso – ¿Pero cuál es tu problema con pasar un poco de tiempo con tus camaradas? ¡Eres un amargado!

–Nos vemos en Ichiraku – Le respondió Sasuke a sabiendas de que si no lo hacía, jamás se lo iba a quitar de encima.

Aparte no estaba de más que saliera antes, ya que Hinata había tenido la repentina idea de que fuera un concierto de disfraces y él aún no había pasado por el suyo. Para la banda iban a ser más uniformes que disfraces, la hermana menor de Hinata lo había diseñado todo. Sasuke, Naruto, Suigetsu y Sai iban a ir con trajes negros y corbata blanca, mientras que Hinata llevaría un vestido blanco con corbata negra.

Sería una noche interesante.

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Sakura salió de su cuarto en cuanto recibió la llamada de Ino. Corrió escaleras abajo y por poco se choca con un niño de cabello y ojos negros que aparentemente acababa de llegar. Por un momento se quedó aturdida mirando al niño, era endemoniadamente parecido a Sasuke cuando era pequeño.

– ¿Quién eres? – Preguntó él entrecerrando los ojos.

–Soy Sakura. Tú eres… Daisuke, ¿no? – Le preguntó la chica aún impactada por el impresionante parecido entre el niño y su hermano mayor.

–Sí. ¿Tú eres la hija postiza de mi papá? – Le preguntó Daisuke mirándola fijamente.

–Por así decirlo – Le respondió Sakura divertida.

– ¡Pero si eres muy bonita! – Exclamó el niño como sin pensar y luego se puso colorado hasta las orejas – Bu… bueno, es que Hikari dijo que eras muy fea y que te parecías a las brujas de los cuentos.

–La verdad es que no me sorprende – Replicó ella con acritud –. ¿Qué llevas ahí? – Le preguntó fijándose en que el niño tenía unas revistas bajo el brazo.

–Bueno… son… – Balbuceó el niño sonrojándose de nuevo. Las levantó para que Sakura viera la portada del primero.

– ¡Es Manga! – Exclamó ella al reconocer los familiares dibujos japoneses en la portada.

– ¿Te gusta? – Inquirió el niño atónito.

– ¡Me encanta! – Le contestó ella y Daisuke le sonrió radiante.

–Si quieres puedes venir a mi habitación, tengo montones – Le propuso el niño emocionado.

– ¡Me encantaría…! Pero ahora no puedo – Le explicó ella, recordando su cita con Ino y el hecho de que la chica debía de estar esperándola en la calle.

–Ah… está bien – Accedió él, claramente decepcionado –. En otra ocasión será.

–Seguro – Le dijo Sakura, continuando su camino escaleras abajo.

Cuando llegó a la calle, Ino la estaba esperando en el asiento del conductor de un convertible blanco, con un vestido con detalles de encaje a juego con el auto y una mirada de reproche asomándose por encima de sus grandes lentes de sol que no pasó desapercibida para Sakura.

–Hola – La saludó tentativamente.

– ¿Por qué te tardaste tanto? – Le preguntó en tono de queja.

–No te imaginas…

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Sasuke entró a Ichiraku con la bolsa de tintorería que contenía su disfraz colgada del brazo. Pronto localizó a sus amigos debido al escándalo que estaba haciendo Naruto.

– ¿Por qué es que no puedes estar en silencio nunca, tonto? – Le espetó Sasuke a su escandaloso amigo, asestándole un golpe en la cabeza.

– ¡Oye! – Exclamó Naruto, indignado, mientras Hinata sonreía indulgentemente.

–Luces pensativo – Le comentó su amiga –, ¿Te sucedió algo?

Hinata era una chica tímida y serena, excepto cuando estaba en un escenario, con un micrófono en la mano era una persona completamente distinta. Pero a pesar de todo era extremadamente observadora.

–Nada… Bueno, en realidad sí – Admitió el ignorando las quejas de Naruto acerca de lo mucho que estaba tardando su ramen –. Mi hermanastra vino a pasar las vacaciones y no la veía hacía casi seis años. Sólo estoy sorprendido.

– ¿Tú hermanastra? – Inquirió Hinata con los ojos muy abiertos – ¿Sakura?

–Claro, había olvidado que ustedes eran amigas – Dijo Sasuke, distraído observando cómo Naruto se frotaba su cabeza rubia al haber sido golpeado por Suigetsu, al haber tratado de lanzarse sobre la pobre mesera por la emoción al ver que su ramen por fin había llegado –. Pues sí, llegó hoy, pero yo no tenía idea de que vendría, al parecer los únicos que sabían eran papá y Kotonoha, pero nadie me dijo.

– ¿Y cómo está? – Preguntó ella ahora también distraída por los aspavientos de Naruto quien peleaba con Suigetsu por un plato de ramen, mientras Sai sólo negaba con la cabeza mientras sorbía de su bebida.

–Diferente, muy diferente – Fue la primera respuesta que le vino a la mente –. Deberías verla.

–Desearía hacerlo – Dijo ella con nostalgia.

– ¿Chicos? ¿No van a comer? – Les preguntó Sai – Porque si no lo hacen ya, Naruto y Suigetsu no les van a dejar nada.

Sasuke y Hinata dirigieron la mirada hacia la batalla campal que se estaba desarrollando sobre el mantel de cuadros blancos y rojos, y decidieron dejar su conversación para después.

–Oye, tonto, deja algo para ellos – Exclamó Suigetsu golpeando de nuevo a Naruto.

– ¿Qué pasa contigo? – Le reclamó el rubio, poniéndose de pie – ¡Tú has comido tanto como yo!

–Chicos, basta – Les dijo Hinata con calma, lo que tuvo un efecto inmediato.

–Lo siento, Hinata – Se disculpó Naruto con una mano en la nuca y Sasuke no pasó por alto el ligero rubor sobre las mejillas de su amiga.

–No siempre tendrás a Hinata para que te proteja – Le advirtió Suigetsu entre dientes.

– ¡Ya quisieras! ¡Es a ti a quien estaba protegiendo!

–Aquí vamos de nuevo – Suspiró Sai a lo que Sasuke y Hinata respondieron con resignados asentimientos de la cabeza.

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La excursión de compras fue larga y agotadora, pero claro, con Ino las excursiones de compras siempre eran largas y agotadoras. Sakura había sido arrastrada por su amiga por todas las tiendas de ropa femenina que habían en el centro comercial más grande que la chica había pisado jamás, sin que ella dejara de quejarse de lo diferente que era todo en París, y finalmente, Ino había terminado comprando más ropa que la misma Sakura. Ahora estaban sentadas en una heladería, rodeadas por bolsas de compras.

– ¿Cómo fue la llegada triunfal a la casa de tu padrastro? – Le preguntó Ino antes de tomar una cucharada de su helado.

–No sabría que decirte – Le respondió Sakura tras pensarlo por un momento –. Sasuke me abrió la puerta y mencionó, muy amablemente, que no he crecido nada desde la última vez que nos vimos – Le contó con irritación, mientras se vengaba de su helado, clavándole repetidamente la cuchara – Él es quien no ha cambiado nada, sigue siendo el mismo idiota de siempre.

–Pero es que, Sakura, creo que se refería a tu estatura – Le respondió su amiga, cautelosamente – y, bueno, tienes que admitir que, de ser así, tendría toda la razón – Concluyó con diversión mal disimulada.

– ¿Tú también? – Inquirió ella exasperada – Gracias por eso.

–Lo siento, pero es cierto – Se justificó Ino –. ¿Viste lo difícil que fue encontrar ropa de tu taya? Tienes dieciséis años y mides ¿cuánto? ¿1,50?

–1,55, en realidad – Respondió Sakura ácidamente.

– ¡Pero anímate! – Le dijo jovialmente – ¡Aún nos queda una tienda por visitar!

– ¿Eso debería animarme? – Inquirió Sakura.

–Voy a fingir que no dijiste eso. Ésta es una tienda de disfraces, amiga mía, lo que, como debes imaginar es algo incluso más emocionante.

– ¡Yupi! – Le soltó ella lacónicamente – ¿Y puedo saber para que necesito yo un disfraz? Está bien que preferiría no ver a mi madrastra o a su hija, pero dudo que un disfraz pueda ayudarme.

–También voy a ignorar eso – Respondió Ino tomando las últimas cucharadas de su helado –. Esta noche hay una fiesta en un bar del centro con una banda y todo, y como te habrás imaginado, es te disfraces, así que termina con tu helado, pajarito picoteador, y vamos por esos disfraces.

– ¡Como ordenes! – Respondió Sakura sarcásticamente, pero ya se encontraba un poco más animada. Una fiesta sonaba muy bien para su primera noche de regreso.

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Sasuke regresó a su casa a eso de las siete. Subió directo a su habitación, a riesgo de toparse con Hikari en el camino. Al llegar, notó que la puerta del cuarto de Sakura estaba abierta y no pudo evitar la tentación de asomarse.

Su hermanastra llevaba una camiseta holgada roja, unos shorts negros, unas medias de red y unas botas de combate. Estaba sentada en su cama, que llevaba la misma colcha lila con mariposas que él recordaba de seis años atrás, y doblaba una gran cantidad de ropa negra, roja y blanca.

–Hola, Sakura – La saludó reticente. No le gustaba para nada el no ser capaz de evitar el querer estar en su presencia. ¡Bah! Tenía que ser simple curiosidad acerca de cuanto había cambiado.

– ¡Sasuke! – Exclamó ella, claramente sorprendida – Hola – Lo saludó con una sonrisa. Al parecer ya había recuperado su buen humor.

– ¿Cómo va tu primer día de regreso? – Le preguntó apoyándose en el marco de la puerta y cruzando los brazos.

–Muy bien hasta ahora – Le respondió ella concentrándose en la ropa de nuevo –. Mi mejor amiga me arrastró por todo el centro comercial y conocí a tu hermano menor.

– ¿Conociste al experto en caricaturas? – Le preguntó él, curioso sobre su opinión al respecto.

–Primero, no son caricaturas, es manga; y segundo, creo que es genial que le guste, porque a mí me encanta – Replicó ella, mirándolo fijamente –. ¿Acaso tú eres de los que piensan que él está desperdiciando su vida o algo así?

–En realidad, muchos, han dicho eso sobre mí, sólo tocando guitarra y todo eso – Le respondió Sasuke – Por ejemplo, nuestra querida madrastra – Dijo, sin ocultar demasiado el sarcasmo de su voz.

–No lo es – Dijo Sakura, deteniendo el movimiento de sus manos de pronto.

– ¿Qué? – Inquirió él confundido.

–Ella no es mi madrastra – Se explicó –. Kazuha no tiene nada que ver conmigo.

–La verdad, Sakura, desearía que ella y su hija no tuvieran nada que ver conmigo tampoco. Eres afortunada.

– ¿Lo soy? – Le preguntó ella más como al aire que a él – Lo soy –Afirmó luego comenzando a doblar la ropa de nuevo.

– ¿Puedo ayudarte en algo? – Le dijo el chico tratando de aligerar el ambiente un poco.

– ¿Quieres ayudarme? – Inquirió ella con el seño fruncido, como si no comprendiera el significado de la frase.

–Claro, ¿por qué no? Respondió impasible, pero la verdad es que hasta él estaba sorprendido por su amabilidad.

–Bueno… puedes ayudarme a doblar la ropa mientras yo la meto en el armario, ¿está bien?

–Seguro – Contestó él dirigiéndose a la cama para tomar el lugar de ella.

Sakura se levantó y comenzó a meter sus prendas al armario empotrado de su habitación. Sasuke se puso manos a la obra mientras observaba disimuladamente a su hermanastra. Definitivamente había cambiando en exceso. Cuando era niña era de una torpeza inimaginable, mientras que ahora se veía abrumado por la gracilidad de sus movimientos. Además de que en el pasado ella hubiese estallado en combustión espontanea de sólo tenerlo a él en su habitación. El pensamiento lo hizo sonreír con arrogancia.

– ¿Hay algo gracioso en mi ropa? – Preguntó ella mirándolo con una ceja levantada.

–Sólo pensaba en lo mucho que han cambiado las cosas – Le explicó Sasuke mirándola fijamente, como para hacerle entender a qué se refería.

– ¿Qué quieres decir? – Le preguntó Sakura mirándolo sorprendida.

–Pues…

–¡Sasuke! –Gritó una voz chillona en el pasillo dejándolos paralizados a los dos.

–Hikari – Gruñeron al unísono como si se tratara de una maldición.

– ¡Aquí estás! – Exclamó encantada al posar sus ojos en él – Te busqué por todas partes y… – Se detuvo de golpe cuando se fijó en Sakura – ¿Qué haces tú aquí?

–Es mi cuarto, ¿recuerdas? – Le respondió la chica con acritud – ¿Qué haces aquí?

–Estaba buscando a Sasuke, por si no es obvio – Se explicó con autosuficiencia y se dirigió al hastiado muchacho sobre la cama, ignorando el "demasiado obvio" de Sakura –. Sasuke, la sirvienta ya está sirviendo la cena. Vine para que me acompañaras al comedor.

–Déjame ver si entendí – Replicó Sakura con desdén –, ¿estabas en el comedor y viniste hasta aquí para que Sasuke te acompañara al comedor de nuevo?

Hikari la ignoró, agitando su larga y lisa melena del color del caramelo.

–Vamos, Sasuke – Dijo acercándose a él para tomarle la mano.

–No te preocupes por mí, Hikari – Le respondió el retirando su mano bruscamente –, y estoy seguro de que puedes encontrar el camino al comedor sola. Sakura – Continuó dirigiéndose a su otra hermanastra –, ¿vienes conmigo a ayudar a Kotonoha a poner la mesa?

–Claro – Respondió Sakura cerrando la puerta de su armario –, siempre puedo terminar después con esto.

– ¡Sasuke! ¡No debes ayudar a las sirvientas! – Exclamó Hikari escandalizada.

–No te estoy pidiendo que me ayudes – Replicó Sasuke ácidamente –. ¿Vamos?

Y así salieron los dos de la habitación dejando a Hikari paralizada en su lugar.

Tomaron el camino de las escaleras y cuando llegaron al primer piso, Sakura todavía se reía entre dientes. Entraron a la cocina y encontraron a Kotonoha con una pila de platos sobre las manos.

–Déjame, te ayudo – Le dijo Sasuke tomando la mitad de los platos –. A la bruja del este no le gustaría para nada si se rompieran los platos.

–Tienes razón – Concordó Kotonoha, riendo. Y entonces vio a Sakura – ¡Por Dios! ¿Sakura? ¿Eres tú?

–Me alegra mucho verte, Kotonoha – La saludó Sakura sonriendo –. Disculpen, ¿A quién no le gustaría que se rompieran los platos? – Inquirió divertida, mientras tomaba la otra mitad de los platos – ¿Debería asumir que hablan de Kazuha?

–Así es. Disculpa que hablemos en clave, querida, es que no estamos acostumbrados a tener audiencia – Se excusó el ama de llaves, acariciándole la mejilla –. Sakura, has crecido tanto… Estás tan bella…

–Basta, Kotonoha, me sonrojas – Le dijo Sakura riendo –. Mejor vamos a poner los platos, antes de que la bruja se enoje.

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Fugaku salió de su consultorio con una sonrisa en el rostro. Realmente deseaba ver cuánto había crecido Sakura, que tan diferente era de la que él recordaba.

Estaba tan sumido en sus pensamientos que antes de darse cuenta que estaba llegando a su casa. Salió del carro y se dirigió hacia la casa.

Una vez dentro, se dirigió hacia el comedor para buscar a Kotonoha, ya que a juzgar por la hora debía estar poniendo la mesa; ella siempre sabía todo lo que pasaba en la casa, por lo que lo más probable era que ella supiera donde estaba Sakura.

Al entrar, descubrió que allí no solo estaba Kotonoha, sino que también estaban Sasuke y… ¡vaya! ¿Esa era Sakura?

–Buenas noches, señor – Lo saludó Kotonoha con una reverencia.

– ¡Fugaku! – Exclamó Sakura exultante, lanzándose a los brazos de su padrastro.

–Hola, Sakura – Le devolvió el abrazo sorprendido por su efusividad. En secreto se había estado dando golpes de pecho todos esos años pensando que su hijastra lo odiaba por haber permitido que Kazuha la enviara a Inglaterra – Pero, mira cómo has crecido – Comentó poniéndola a un brazo de distancia para poder mirarla –. Me alegro mucho de verte.

–Y yo a ti – Le respondió la chica con una enorme sonrisa.

Sasuke solo miraba atónito. Ella se había mostrado tan controlada en impasible desde que había llegado, que no la había creído capaz de semejantes demostraciones de afecto y su padre había pasado en una especie de estado quimérico desde que la mamá de Sakura había muerto. Ahora ellos hablaban sobre Mikoto e Inglaterra, mientras Kotonoha se dirigía nuevamente a la cocina sonriendo.

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Hasta Sakura estaba sorprendida de lo feliz que estaba de ver a su padrastro. Ella lo quería pero durante todo ese tiempo había creído estar enojada con él y ahora se daba cuenta de que hacía mucho que lo había perdonado, en ese momento incluso lo comprendía.

– ¿Todavía eres amiga de la hija del señor Yamanaka? – Le preguntó Fugaku, que estaba sentado en la cabecera de la mesa.

–Por supuesto – Le respondió la chica sonriendo con cariño al pensar en Ino –. Fue ella la que me ayudó a escapar – Añadió con expresión inocente.

– ¡Vaya! Tendré que darle las gracias por eso.

–Y… ¿Cómo va todo? – Preguntó ella examinando uno de los cubiertos de plata – Ya noté que Kazuha instaló un gimnasio en la casa.

–Es cierto, pero nunca lo usa – Fugaku blanqueó los ojos –. Y Hikari ya tiene un armario enorme y tres habitaciones de invitados llenas de ropa que jamás usa.

–No me sorprende, la verdad – Dijo Sakura destilando desdén.

–Sé que no te caen muy en gracia – Le dijo él, comprensivo.

– ¿Cómo podrían?

– ¡Fugaku! Ahí estás – Se escuchó la chillona voz de Kazuha en el arco que daba entrada al comedor. Luego se percató de la presencia de Sakura y su expresión se torció en una mueca que volvía tirante la piel de su cara llena de botox – ¿Qué hace ella aquí? – Reclamó señalándola con sus uñas color rojo prostituta.

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– ¿Qué crees que haya sido eso? – Le preguntó Sasuke al ama de llaves, siguiéndola.

–Llevaban años sin verse. Aunque el señor Fugaku sea tan inexpresivo, el llegó a amar demasiado a la señora Megumi y Sakura es su viva imagen – Le explicó indicándoles a las dos ayudantes de la cocina que comenzaran a llevar la comida a la mesa –. Aparte, es su hijastra y es una niña maravillosa, es normal que esté feliz de verla.

–Si tú lo dices – Le concedió Sasuke.

Kotonoha le dedicó su acostumbrada mirada maternal, pero de pronto empezaron a escucharse gritos desde el comedor y ambos salieron corriendo. Cuando llegaron a la entrada, vieron que las ayudantes de cocina estaban paralizadas en sus lugares aún con los platillos en sus manos, sin atreverse a entrar.

– ¿Qué pasa? – Preguntó Kotonoha con voz autoritaria.

–La señora Kazuha está gritando – Respondió Ten-Ten que era la mayor de las tres.

El ama de llaves inmediatamente comprendió por qué no se atrevían a entrar. Kazuha tenía la costumbre de despedir personal cuando estaba enojada.

Sasuke, ignorando las miradas horrorizadas de las mucamas, pasó de largo y entró al comedor seguido de Kotonoha. El chico no supo que pensar sobre la imagen con la que se topó. Kazuha le gritaba encolerizada a Fugaku quien la miraba serio y con el ceño fruncido, mientras que Sakura solo estaba ahí sentada, con los pies apoyados en la mesa y los audífonos puestos en un gesto de total indiferencia.

– ¡¿Cómo te atreves a traerla sin decirme nada?! – Chillaba su madrastra fuera de sí – ¡¿Es que no me respetas?! ¡Tenías que haberlo consultado conmigo!

– ¡Yo no tengo que consultar contigo para ver a mi hijastra! – Exclamó Fugaku perdiendo la paciencia por fin – Estoy en mi derecho de traerla a casa cuando quiera, porque ella también es parte de mi familia. Así que te callas y dejas de echarla, porque ésta es también su casa.

Kazuha se quedó mirando a Fugaku con la boca abierta, pero no era para menos. Sasuke y Kotonoha también lo miraban como si nunca lo hubieran visto antes; y Sakura había perdido por completo su máscara de impasibilidad y lo observaba con sus enormes ojos abiertos de par en par.

Después de unos cuantos segundos de completo y mortal silencio, Kazuha recobró aparentemente la compostura y salió indignada del comedor. Sasuke y Sakura solo miraron a Fugaku hasta que Kotonoha rompió el silencio.

–Señor… estoy tan… orgullosa de usted – le dijo, secándose las lágrimas con el delantal y entonces Sakura estalló en carcajadas.

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Ojalá que les haya gustado.

Espero poder subir la continuación pronto.

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