Disclaimer:: Todo lo reconocible es de JKR.

Hermione estaba disfrutando de un delicioso desayuno en el Gran Comedor cuando un centenar de lechuzas entró en torrel anunciando que era la hora del correo. Ella no les presto atención, sabía que no recibiría ningún paquete, ni siquiera una mísera carta. A fin de cuentas la única persona que, al parecer, notaba su existencia estaba dentro de las paredes del castillo y seguían encontrándose en la Torre de Astronomía todos los viernes en la noche.

Por eso se sorprendió grandemente cuando, no una, sino tres lechuzas se posaban frente a ella. A la más pequeña la reconoció como Pig, la lechuza de Ron. Luego, al observar a una lechuza con un ligero parecido a Hedwig y reconocer la letra en el sobre supo que esa era de Harry. Alzó las cejas impresionada, a estas alturas creía que solo había sido un borrón dentro de la vida de sus amigos. Pero lo que más le impresionó e impresionó a todos, fue la majestuosa lechuza parda de ojos grises. Tanto, que hasta Ginny parecía haber salido de su eterno letargo.

-¿De quién es?

-No lo sé.

Tomó las cartas de sus amigos y las guardó en su mochila. La tercera carta la tomó y la desdobló para leerla:

Hoy no podré asistir a clases por unos pequeños inconvenientes, te enterarás luego. Madre ha enviado pastel de melaza de la cocina de la mansión. Donde siempre a la misma hora, no faltes Granger. Trae para cenar que yo llevaré el postre.

-Granger, ¿se puede saber con quién estás engañando a mi hermano?- Pregunto Ginny de manera dura

-¿¡Disculpa!?- Respondió la castaña indignada.

-Eso. ¿Con quién engañas a Ron?

Hermione bufó ofendida. -A ver Ginevra, tu hermano y yo terminamos nuestra relación dos semanas después de la guerra. Si no anduvieras vagando por la vida como un fantasma, estarías más enterada de lo que pasa a tu alrededor. No te creas con el derecho de sermonearme ni reclamarme nada, porque esta persona fue quien estuvo conmigo el día de mi cumpleaños cuando nadie más estuvo ahí.

La castaña tomó sus cosas y, dejando su desayuno a medio comer y a una Ginny sorprendida, salió de allí.

A la hora de la cena, Hermione se dirigió a las cocinas y pidió que prepararan una vianda con comida para dos. Subió a la Torre de Astronomía y transfiguro los viejos objetos que la rodeaban en mesas, utensilios y cómodos sofás donde reclinarse, y se sentó a esperar. No habían pasado ni cinco minutos cuando Malfoy hizo su aparición. Contuvo el aliento, la mitad de su cara estaba amoratada y tenía un labio partido. No quería ni imaginar que tan mal estaba si no había salido en todo el día y venía agarrándose un costado, ademas de traer una leve cojera.

Sin pensarlo corrió hacia él y lo abrazó. Draco se encogió de dolor por la fuerza del impacto.

-Lo siento. ¿Qué te ha pasado?

-Unos idiotas de sexto me interceptaron y quisieron volverme papilla al estilo muggle. Hasta rompieron mi varita los muy gorilas.- Habló con rencor, arrastrando las palabras como hacía cuando estaba enojado.

-¡Merlín! Pero que brutos. ¿Qué no entienden que la guerra ya terminó? ¿Has ido a la enfermería?-Preguntó Hermione con preocupación. La verdad es que ya habían pasado tres meses desde su cumpleaños y ellos estaban manteniendo una relación de amistad. Al principio fue duro, por las heridas del pasado y todo el rencor que habían sentido el uno por el otro pero, a medida que el tiempo iba pasando, la confianza en el otro se alzaba como un vínculo insondable.

-No, ¿cómo crees? Si iba a la enfermería, las cosas se pondrían peores.

Hermione suspiró. -Bien, entonces ven. Yo te revisare.

Lo tomó de la mano y lo situó frente a uno de los sofás. Realizó un hechizo de reconocimiento corporal que había aprendido durante el tiempo de ocio después de la guerra. Había estado revisando los estantes de Flourish & Bott, donde consiguió un ejemplar de magia curativa titulado Medimagia básica para aprendices y rápidamente se hizo con él. Gracias a ese libro y su experiencia en la guerra supo que quería dedicarse a la medimagia.

Con el hechizo descubrió que Malfoy tenía varias contusiones en el abdomen y unas costillas rotas. -Te tengo que sanar las costillas, el hechizo es un poco complicado pero puedo hacerlo. También va a doler pero para eso está la pomada y el vendaje. Uhm… Debes quitarte la camisa.- Musitó sonrojándose.

El chico sonrió de lado y se quitó la camisa poniéndola sobre el espaldar del mueble. Mientras, Hermione había evocado con un accio la pomada y el vendaje de emergencia que tenía en su botiquín. Untó sobre los moratones un poco de ella y posicionando la varita, roja de la vergüenza, recitó el hechizo de curación. Malfoy inhalo profundo al sentir el pinchazo de dolor, Hermione se apresuró a colocarle casi toda la pomada sobre la zona afectada y tomar el vendaje y ponerselo.

-Ya está.

Draco decidió hacer sufrir un poco a la chica y se sentó sin colocarse la camisa. Hermione intentaba no prestarle atención sirviendo la comida pero no podía dejar de mirarlo de reojo. El rubio estaba bien dotado.

Sirvió la carne y el puré en dos platos, el jugo de calabaza en dos vasos y se lo llevó al chico, sentándose ella a su lado al terminar. Cuando sus platos estuvieron vacíos, los limpio con un rápido fregotego y sirvió la tarta de melaza que Narcissa Malfoy había enviado para él.

-Hoy pelee con Ginny. Dijo que había estado engañando a Ron.- Dijo, el rubio solo se limitó a levantar sus cejas en un gesto interrogante. -Tu carta llegó junto a las de ellos y solo esa abrí. Ella salió de su eterno letargo solo para reclamarme que engañaba a su hermano con el que no salgo desde hace siete meses.

-Que cagada con la Mini Wesley. Madre envió un vociferador después de decirle que necesitaba otra varita. Dijo que ya iban dos en menos de un año, que si es que me las guardaba en el trasero. Y a mitad de tarde llegó un nuevo ejemplar de espino y núcleo de pelo de unicornio. ¿Qué dicen las cartas de Wesley y Potter?

-No las he leído. ¿Qué podrían tener para decirme? Solo dirán cómo les va, que tan bien están y ya. No mencionaran el hecho de que no me han escrito en meses y que olvidaron mi cumpleaños.- Respondió la chica con rencor en la voz.

-Léelas Granger.- Ordenó el rubio, ocasionando que la castaña se volteara a verlo con sorpresa. -¿Qué? ¡No me mires así! Me caen mal, lo admito. Pero son tus amigos, los unen siete años de amistad y una guerra. No dejes que el rencor te hunda, tú tampoco has hablado con ellos por lo que no puedes saber por lo que ellos han estado pasando.

Después de eso, la chica tomó su mochila y sacó las cartas.

Herms:

¿Cómo estás? Yo estoy bien, estoy usando la fortuna que tengo a mi disposición para remodelar y limpiar Grimmauld Place , además de hacer donaciones para los huérfanos y los dañados por la guerra. He estado escribiéndole a Ginny, pero no responde. ¿Cómo está ella? Lamento no haberte escrito antes, estaba atareado con mi formación para ser auror. Kinsgley me ofreció una plaza en la Academia. Responde Herms, no olvides que te quiero y que eres importante para mi.

Con amor, Harry.

Hermione:

Te extraño.

Ron.

¿Era una broma? ¿Eso era todo lo que había escrito? Hermione suspiró con desgana y busco pergamino y tinta para responderles. Escribió unas cuantas líneas y les dijo que se verían en navidad. Guardó sus cartas en la mochila y se sumió en una conversación hasta altas horas de la noche con Malfoy. ¿Quién habría pensado que ella y Malfoy tendrían tanto en común?