Renuncia: Las obras utilizadas en este proyecto no son de mí autoría, los derechos les pertenecen a las empresas y autores correspondientes, solo soy creador del personaje original.
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Capítulo 2
Tren Ecliptic Express
Después de haberse recuperado de la conmoción, el trío por fin tiene un momento para descansar, las cosas que estaban sucediendo esa noche, eran demasiado agobiantes. -¿Qué era exactamente esa cosa? – Comentó Billy, observando al hombre a su lado, qué, al parecer, sabía algo.
-Es un experimento. Al menos, eso creo… - El teniente prestó atención al movimiento que su nariz hizo, de nuevo esa extraña habilidad para detectar presencias, pero, antes de que pudiese preguntar, escucharon algo afuera.
-¿Qué? – Rebecca dirigió su mirada y quedó conmocionada por lo que vio. Una persona, cantaba desde lo alto de la ladera, bajo la intensa lluvia.
-¿Quién es ese tipo? – Preguntó Billy, pero nadie respondió, observó de reojo al pelinegro, sintiendo un escalofrío al ver su mirada. '¿Qué pasa con este tipo? Tiene una mirada de miedo, como si supiera quién es el…'
-Edgar. ¿Acaso, sabes quién es él? – Le preguntó en voz baja al chico, quien negó lentamente, sin despegar la vista de aquel sujeto extraño.
-No… Pero, miren allá – Señaló con su mano, hacía la tierra, justo debajo de él hombre, aquellas cosas se arrastraban rápidamente hacia el, hipnotizadas por su canto.
[Criii] El vagón se sacudió. -¿Qué? ¿Quién puso el tren en marcha? – Rebecca los observó a ambos, notablemente nerviosa.
-Vayan a revisar el cuarto de la locomotora – Les dijo Billy, ambos asienten, estaban por ir, pero fueron detenidos por la voz del ex-soldado. - ¡Escuchen! Tenemos que cooperar a partir de ahora. ¿De acuerdo? Sé que tu te puedes cuidar solo, pero ella no. – Señaló hacia el pelinegro, que solo atinó a asentir, ambos observan a la chica, que estaba insegura sobre que decisión tomar.
-Bueno. Y-Yo, no sé qué decir… - El castaño se enoja por la tardanza e inseguridad en ella. Así que camina hasta estar frente suyo y la mirada enfadado.
-Decide de una vez, cariño. ¿O prefieres acabar como esas cosas? – Rebecca ve por el rabillo del ojo al súper soldado, buscando su apoyo.
-Oh, de acuerdo. – Ambos sonríen, pero, la sonrisa de Billy se borra al ver la mirada que ella le brindaba. -Lo haré, pero, ten por seguro, de que si intentas algo raro, te dispararé.
-Como quieras. Pero, ten esto – El castaño busca en su bolsillo derecho y extrae una pequeña caja, lanzándosela a la chica, que la atrapa con torpeza.
-Será mejor separarnos, así cubriremos más terreno. Asumo qué ya tienen cada uno un walkie talkie - Les indicó el súper soldado, poniendo a punto su Beretta, recibiendo un asentimiento.
-¿A dónde piensas ir? – Le preguntó Rebecca, Edgar miró al fondo del vagón, viendo un hueco en la pared, la lluvia entraba por ella.
-Iré a la cabina de control por el techo. Y no Rebecca. Es muy peligroso para qué tú lo manejes, allá arriba la velocidad combinada con el agua, puede hacer que resbales y caigas del tren. ¿Entendido? – La chica hizo un puchero, pero entendió el riesgo de subir allá sola.
-¿Y no estarás tú en peligro? – Le preguntó Billy, al observar la escena con un toque de diversión, el pelinegro niega.
-Ya he manejado situaciones como está antes, se como cuidarme. – El teniente asiente. – Ten cuidado – Le dijo la chica con preocupación, el asiente y desaparece por el hueco, subiendo por las escaleras.
Edgar POV
El que hubiese dicho que tenía experiencia en este tipo de situaciones, no fue más que mentir y parecer genial frente a la chica, no quería que ella se asustase más de lo que ya estaba. No quería lidiar con el trabajo de cuidar a dos niños, hasta ahora, los dos habían podido enfrentar está pesadilla, pero podía oler su miedo, esto no era como enfrentar a los infectados por el virus k, aquellas personas aún podían ser tratadas, mientras que los zombies…
-Genial… - La helada lluvia me volvió a empapar, gracias a mi vista mejorada y mi hipersensibilidad a la luz, podía ver con claridad en la oscura noche.
[Sniff Sniff] 'Esas cosas están cerca…' El olor característico de las sanguijuelas infectadas con el patógeno mortal inundó mis fosas nasales. Podía distinguir ese olor, incluso con la lluvia, estaban más adelante.
La velocidad a la que iba el tren, me permitió el moverme libremente a través de los vagones. Cuando estaba por llegar a la cabina de control, encontré un enorme agujero en uno de los vagones, me detuve a observarlo durante unos instantes, no muy seguro de que es lo que pudo haber hecho eso. -¿Qué es eso? – Me pregunté al observar algo que brillaba entre aquel agujero.
-Así que aquí están… - Pude oler a esas cosas justo en una de los tableros, por donde circulaba la electricidad en los vagones, un gran cable negro estaba cortado, lo que provocaba un cortocircuito cada vez que el agua golpeaba el alambre.
-Mmm. Creo que debería conectarlo, tal vez sea algo importante, por eso las sanguijuelas la destruyeron… - Me acerqué, alerta, por si intentaban sorprenderme.
[¡Woosh!] Las chispas volaron en el momento que uní ambos extremos del cable, con ello, se hizo la luz allá abajo. -Hmph. Sencillo… - Cuando estaba por retirarme, vi como una familiar película viscosa se acumulaba en el lugar donde estaba el tablero, de el, salieron una docena de sanguijuelas. -¡Hijo de…! Whoaaa – [¡Pam!] Esas cosas lograron sorprenderme, haciendo que saltase hacia atrás, lastimosamente, no calculé bien la trayectoria y velocidad del tren, así que choque contra el borde afilado del agujero.
-Maldita plaga… - Lentamente me levanté, con un dolor agudo en mi espalda, llevé mi mano hasta la zona donde sentía esa insoportable sensación, llevándome una desagradable sorpresa. -¡No me jodas! Era mi playera favorita… - Maldecí al aire todo tipo de groserías, con un movimiento preciso, retiré la astilla metálica que estaba incrustada en mi espalda baja. -¡Guh! ¡Mierda! – La sangre comenzó a brotar de la herida, con la cantidad que estaba perdiendo, una persona normal habría sucumbido en cuestión de minutos. En su lugar, el agujero se cerró rápidamente, hasta no quedar nada de aquello.
-Mmm. ¿La cocina? No. Al parecer es una pequeña sala para empleados. – Busqué en el lugar, observando algo que fuese de interés. No había mucho en realidad, tan solo encontré una llave pequeña, munición de pistola y una hierba verde. -La famosa hierva medicinal que crece en las montañas Arklay… - Consideré desecharla, pues yo me curaba rápido, entonces pensé en los chicos.
-Bien podría servirles a ellos – Cuando no vi nada más que pudiese utilizar, me dirigí hacia la puerta que asumí, era la salida. [Crack] Toqué el puente de mi nariz con frustración, estaba cerrada.
-Bueno, nadie sabrá quien hizo esto… - [Pam] [Crack] Con un golpe certero, la puerta se abrió con fuerza, la cerradura voló hacía adelante, destrozada por la fuerza tan grande que usé, estaba de vuelta en el salón comedor.
[Gemido] Levanté la mirada, frente a mí, habían tres cuerpos ardiendo, que, al escuchar mi estrepitosa salida, caminaban lentamente hacia mí. – No quiero desperdiciar munición, así que… - En un borrón de velocidad, saqué mi cuchillo bowie de su funda y tracé un corte limpio por la garganta del primero de ellos. [Chop] Su cabeza rodó por el suelo, con un golpe seco, el cuerpo cayó.
Con el mismo proceso, me deshice de los otros dos, cuando no percibí a ningún otro cerca, limpié la hoja con la camisa rota de uno de ellos, retirando los restos de sangre coagulada.
Bajé las escaleras y me dirigí hacía el cuarto del conductor. Escuché varios disparos entre los vagones contiguos, asumí que los chicos deberían de estar ocupados.
PoV End
-Ah, Edgar – Encontró a Rebecca, que bajaba de las escaleras del vagón anterior al salón comedor, justo de donde podía oler a esas odiosas sanguijuelas.
-¿Ocurrió algo interesante? – Le preguntó con diversión, ella solo observa hacia las escaleras. Pudo escuchar el sonido de decenas de esas cosas moviéndose allá arriba.
-Si, allá arriba hay una cantidad enorme de huevos. Ghhh, creo que son de esas cosas… - La chica se estremeció al mencionar a aquellas sanguijuelas anormalmente grandes.
-Si, me lo imaginaba. -Suspiró, demasiado estresado. -¿Alguna señal de Billy? – Olfateó el aire, pero, debido a que los vagones estaban sellados, no podía olerlo en ese lugar, debía de estar aún más lejos.
-Oh, dijo que iba a revisar allá adelante. Justo donde nos atacaron aquellos perros. – Asintió, nervioso. No sabía cómo se desenvolvería allá. Aunque confiaba en el, el miedo podría paralizarlo y estropear todo en una fracción de segundo, después de todo, no era más que un hombre joven, sin experiencia en ese tipo de situaciones. El en cambio, había luchado dura te dos años contra hordas de asechadores, el solo.
-Será mejor que vayamos a ver – Le dijo el chico a la médico, quien asintió. Pasaron a través de los vagones que faltaban, hasta que vieron el pasillo donde estaba el can no muerto. -Vaya, parece que se sabe manejar bien. – Dijo al observar de reojo los cadáveres de los pasajeros, con una bala en la cien.
-Si. Desde que nos dijiste que estas cosas estaban, bueno… Muertas, buscamos la manera más eficiente de derribarlos. – El chico asiente, permitiéndole continuar. -Así que recordé cuando acabaste con aquellos tres en el vagón por donde entré la primera vez. Asumí, que ya que el cerebro es el encargado de ejecutar todas las funciones motrices y esas cosas estaban muertas, debería de estar aún activa una pequeña parte de el, que es lo que le manda los impulsos a su cuerpo, permitiéndoles el caminar y alimentarse – Edgar asiente.
-Si, la única manera de acabar con un no muerto, es causarles un severo trauma craneoencefálico. – Ella asiente, ambos llegaron a la misma conclusión. -Dispara a la cabeza o golpea su columna vertebral, eso los destruirá o al menos los detendrá.
-Pues lo aplicó bien – Dijo el chico sarcásticamente.
Cuando llegaron al lugar, encontraron que la puerta del cuarto del maquinista estaba destrozada, varios disparos en la cerradura fueron los causantes. – Hablando de sutileza… - Dijo el chico con media sonrisa, aunque, no podía quejarse, después de todo, hizo lo mismo allá atrás. – Vamos, Becs. – Indicó el hombre, entrando en el cuarto.
-Aquí no hay nada – Mencionó Rebecca, el chico buscó por el lugar, esto era nuevo para el, ya que jamás había terminado siquiera la primera parte de Resident Evil 0. Guiado tan solo por el olfato, vio que había una escalera plegable a su derecha, el aroma de Coen, le dijo que había pasado recientemente por ahí.
[Sniff Sniff] El hombre percibió algo inusual, no era el olor típico de los muertos, tampoco de las sanguijuelas, era más como a humedad y tierra. -¿Qué sucede? – Le preguntó Rebecca al ver que se detuvo.
-No lo sé, pero creo que… [¡Crash!] [Boom] Un fuerte golpe hizo temblar todo el vagón, ambos se aferraron a algo para evitar caer. -¿Qué diablos fue eso? – Gritó la médico al recuperar el equilibrio, pero nadie le respondió. Pues, al buscar al soldado, ya no estaba junto a ella.
-¿Eh? – No comprendía que había sucedido, sin embargo, los disparos en la parte superior, seguido de un chillido inhumano, la sacaron de sus pensamientos.
Cuando subió por las escaleras, el terror la invadió. -¡Qué demonios es esa cosa! – Un gigantesco escorpión, más grande que un hombre adulto, intentaba destrozar a los hombres, que disparaban en contra de él. [Boom] [¡Smash!] Las balas no podían atravesar su duro exoesqueleto, haciendo que la desesperación los tomase.
-Está cosa es imposible de asesinar. ¿Alguna idea? – Le preguntó Billy al súper soldado, que buscaba un punto débil.
-¡Si! ¡Dispara a las articulaciones de las patas o a los ojos! – [Boom] [Boom] Edgar atacó desde detrás, apuntando a la unión entre el tórax y las patas, cercenando cada una con precisión. Billy en cambio, uso su nueva adquisición, para así destrozarle la cara al monstruo.
[¡Gryyyyaaaah!]
Aquella cosa volvió a chillar, pero, esta vez de dolor. Sin poder acercarse a ellos, lo único que podía hacer era intentar alcanzarlos con su aguijón, poco a poco, sus movimientos fueron volviéndose más lentos, hasta que dejó de moverse.
-Eso estuvo cerca… Ey, tienes buenos movimientos – Billy le dijo al pelinegro, quien le devolvió la sonrisa y le dio un apretón de manos. – Lo mismo digo, Teniente.
'¡¿Eh?! ¿Solo es necesaria una situación peligrosa para que estos dos se vuelvan amigos…?' Rebecca se aclara la garganta, ganándose la atención de ambos. -¿Ahora qué? – Preguntó cruzada de brazos y con un enorme seño fruncido.
-¿Encontraste algo Billy? – Preguntó el pelinegro, volviendo la vista hacia el escorpión. -Exceptuando esa cosa… - El castaño asiente.
-Si, encontré esto – Le lanza un maletín pequeño, lo toma y lo inspecciona. -Mmm. Así que se necesitan alguna especie de emblemas para abrir la cerradura… - Pensó en destrozarla con la mano, pero quería evitar generar preguntas, que no tenía ganas de responder.
-Si, fue lo primero en lo que pensé. ¿Alguna idea por donde empezar a buscar? – Preguntó fastidiado.
-No lo sé, habría que revisar habitación por habitación… - Suspiraron con pesadez, iba a ser un trabajo aburrido. Caminaron hacia la entrada del vagón, para salir, pero cuando el último de ellos estaba por hacerlo, notó un objeto en particular, tirado justo debajo de una pila de metal destrozado.
-Hey chicos, tal vez les interese esto – Les llamó Rebecca, entregándoles una palanca, confundido, Edgar la toma y observa a Rebecca.
-¿Para que podría servirnos? – Le preguntó, ella se encogió de hombros. -Mmm… ¡Ah, ya se! Puede servirnos para abrir la trampilla que está en la cocina del salón comedor. Tal vez podría estar por ahí la insignia – No comprendiendo cómo podría estar el emblema en la cocina, se resigna al recordar la regla básica en los survival horror.
'El objeto más importante, siempre estará en los lugares menos probables de encontrar' Suspiró y se llevó la mano al rostro. -Esto es ridículo… - Se alejaron de ahí.
Salón Comedor – Cocina
Entraron en la cocina, dirigiéndose hacia la última puerta, que se encontraba al fondo de la misma. -Ya intenté abrirla, está cerrada por el otro lado. – Rebecca caminó hasta una trampilla que está justo al lado, debía ser un pasaje para emergencias. – Bien, vamos a ello – Murmuró el pelinegro, caminando a su lado y jalando la tapa con el gancho.
[Clic] [Pam] La tapa del ducto cayó al suelo y entonces, los olores del otro lado lo golpearon. -Yo iré, lo que está del otro lado es peligroso – Sintieron un escalofrío al observar su mirada, era fría como el hielo.
-¿Qué hay allá? – Preguntó Billy.
-Perros zombie… - El teniente sintió un escalofrío al recordar a aquellas bestias que volcaron el auto donde era transportado para su ejecución.
-¿Cómo lo sabes? – Preguntó Rebecca, analizando a su compañero de pesadilla, estaba al tanto de su inusual sentido del olfato, si no fuese por qué no sintió que le mentía allá atrás, diría que no era humano. Ninguna de las hazañas que le vio realizar, era algo que un civil pudiese hacer. '¿Qué le pasó en su espalda?' Una gran mancha de sangre seca estaba alrededor de un agujero en su camisa, la piel estaba intacta. ¿Era de el? Se preguntó confundida.
Decidió no preguntar, pues no eran lo suficientemente cercanos como para intentarlo nuevamente. Era obvio que tenía sus secretos y estaba decidido a mantenerlos como tal. -Ten cuidado – Atinó a decir, el pelinegro le sonríe y asiente.
Se metió dentro del ducto, caminó lentamente por, sin hacer tanto ruido, ya que los perros tenían la audición muy desarrollada. -Veamos cuántos son… - Asomó lentamente la cabeza por el hueco, preparando su cuchillo bowie.
-Grrrr… - Cuando terminó de hacerlo, de inmediato las bestias salieron de sus jaulas y corrieron a toda velocidad hacia el, de un salto, salió del ducto y se puso en posición.
[Slash] Cuando uno de ellos saltó para llegar a su yugular, el dio un giro de 360° para tomar impulso y trazó un corte en diagonal. [Chop] [Pum] La cabeza del canido salió volando, hasta estrellarse con el cristal de la puerta, sobresaltado a los que estaban del otro lado. -Bien, faltan dos… - Volteó, hacia donde los perros no muertos estaban, al ver a su compañero eliminado, reconocieron la amenaza. [Gruñido] Cada uno de ellos corrió de lado a lado, intentando flanquearlo y superarlo con su velocidad, ese fue su mayor error. – Idiotas. No debieron venir así, hmph. – Invirtió la posición de su arma y con dos movimientos, abrumó a los perros con su velocidad, destrozándoles el cráneo.
-El virus K es mucho más letal que el T, he luchado con perros mucho más fuertes y rápidos que ustedes. Así que no resultan una amenaza a largo plazo. – Escurrió la sangre del cuchillo y lo limpio. -¿Estaré haciendo esto toda la noche? – Cuando terminó, lo guardó y abrió la puerta, permitiéndole a sus compañeros el ingresar.
-Vaya, nada mal. Esos perros pulgosos se lo tienen bien merecido – Asiente, consciente del odio que ambos tenían por esas criaturas bípedas.
-¿Encontraste algo? – Preguntó Rebecca,inspeccionando la habitación, el súper soldado asiente, lanzándole una anilla de color dorado. Ella lo atrapa y observa a detalle, llegando a la conclusión de que era lo que buscaban, luego le sonríe sarcásticamente. -Te dije que encontraríamos algo. ¿Cierto, señor negativo? – Alter pone los ojos en blanco y se voltea.
-Si, si. Tú tenías razón y yo estaba equivocado. ¿Feliz, "Becs"? – Sonríe al ver como la sonrisa de su compañera se desvanecía, reemplazada por un seño fruncido y después por un enrojecimiento de sus mejillas.
-¡Te dije que no me llames, Becs! – Ambos no pudieron evitar echar a reír, aunque no debería, era divertido molestarla. -Eso fue por la actitud sarcástica – Ignorando los pucheros de la policía, camina hacia la puerta que daba al final del vagón.
[Clic] [SLam] Alter retiró el seguro de la puerta y la abrió. [Woosh] [Plop] La lluvia los saludó con toda su fuerza, tuvieron que cubrir su rostros con sus manos, ya que no podían ver con claridad.
-Genial… - Bufó Billy al empaparse. Caminaron hacia el barandal de protección, viendo un interruptor a la derecha del mismo.
-Hey chicos. – Los hombres voltearon al escuchar la voz de Rebecca. -¿Esto servirá de algo? – Les preguntó con interés, señalando hacia un gancho que estaba sobre el muro metálico.
-Tal vez… - Edgar caminó hacia la palanca y la accionó. [Clic] Justo como pensaban, el seguro de contención se desactivó y Rebecca pudo tomarlo.
-¿En que creen que podríamos usar esa cosa? – Les preguntó el teniente, observando el masivo aparato en las pequeñas manos de la adolescente.
-Podríamos usarlo por la trampilla y acceder al techo, donde las escaleras están destrozadas – Ella tenía razón, no podrían acceder ahí a menos que usasen el gancho.
-Buena idea, Rebecca – Le indicó el pelinegro. -Volvamos adentro, no me gusta estar bajo la lluvia – Ambos asintieron y regresaron al vagón comedor.
Vagón intermedio
Cuando llegaron al vagón donde Rebecca había observado el acceso a la escalera, el pelinegro se asomó y pudo ver una escalera rota. -¿Estás segura de esto, Rebecca? Es peligroso. – La chica levantó la nariz con seguridad, ignorando su comentario.
-¡No soy una niña!. – Preparó el gancho y lo apunto hacia la escalera. – Entrené arduamente para llegar hasta donde estoy. Tú eres un civil, por muy entrenado que estés. ¡Debes obedecerme a mi!. – Antes de qué se le pudiese ocurrir una respuesta sarcástica, ella había desaparecido por el agujero.
-Tsch. Esa niña va a hacer que la maten… - Se cruza de brazos y observa por una de las ventanas. 'Espero que Sam y el doctor estén bien'
Con Rebecca
El viento golpeó su rostro con fuerza, llevó su mano izquierda hacia el para así intentar ver lo que tenía por delante. – Esto no es tan difícil… - No entendía por qué Edgar le había prohibido el subir al techo de los vagones. Si, era verdad que estaban viajando a gran velocidad, según sus estimaciones, iban casi a 90 kilómetros por hora.
-¿Eh? ¿Qué es eso? – Buscó entré los vagones, alguna anomalía, deteniéndose al ver un enorme agujero en la placa de acero que conformaba el techo del tren. – Tal vez encuentre algo útil ahí. – Da un salto y cae dentro del vagón.
[Gemido] A pesar del ruido del exterior, pudo escuchar el sonido característico de un zombie. -¡¿Qué?! – Rebecca volteó a ver dónde había escuchado el ruido, encontrado una mandíbula a escasos centímetros de su rostro.
[Bam] Por acto reflejo le da una patada en el cofre, desequilibrándolo y haciendo que cayese al suelo. - ¡Déjame en paz! – La policía desenfundó su pistola y le apuntó al cadáver. [Gemido]La criatura se levantó y reanudó su marcha, buscando arrancarle un pedazo.
[Boom] Un agujero apareció en la frente del cadáver reanimado, con un ruido sordo, el cuerpo cayó muerto al suelo. La materia cerebral salpicó por la habitación, llenando las botas de Rebecca con un hedor fétido. – Guh. Esa cosa si que olía asquerosa. – Se sorprendió al notar que la sangre en la zona del cerebro estaba fresca.
'Vamos, este no es el momento para estar pensando en una posible explicación para todo esto…' Ignorando el cuerpo, hurgó entre las cosas de los pasajeros, algo que le pudiese servir para abrir ese maletín, o en su caso, encontrar la tarjeta magnética.
Buscó en cada rincón de la habitación, todo era un desorden. Había trozos de acero y cristal por todas partes, después de algunos minutos de búsqueda, encontró lo que estaba buscando. -¡Bingo! – En el armario encontró un pequeño joyero.
Rebecca tomó la caja y la abrió, para su suerte, encontró lo que había venido a buscar. – Bien. Momento de volver – Estaba contenta, sabía que podía hacerlo.
[Deslizar] Cuando abrió la puerta sintió un escalofrío, podía escuchar el sonido de cosas arrastrándose por el pasillo. -¿Qué es eso? – Salió sigilosamente, observando en todas las direcciones posibles, esas cosas eran buenas emboscado a la gente.
-¡Kyaaah! – Uno pequeño grupo de ellos apareció de la nada, justo detrás de ella, tomándola por sorpresa al haberle saltado. -¡Déjenme en paz, pequeños bastardos! – Como pudo, logró quitárselos. Cuando creyó haberse deshecho de todos, el sonido de decenas de esas cosas acercándose desde su lado derecho la alertó.
-Ugh. ¡No tengo tiempo para esto! – Salió corriendo de ahí, tomando cualquier objeto que pudiese ser de utilidad. Recorrió los pasillos en busca de ambos hombres, pero no encontró rastro de ellos.
-Deben estar esperando en la puerta hacia la locomotora… - Dio medía vuelta y salió a buscarlos.
Con los demás
Edgar observó el paisaje a través de la ventana rota del vagón que daba hacia el cuarto del maquinista, hace un rato que había dejado de percibir la presencia de más muertos vivientes dentro del tren, pero había algo que no encajaba en todo esto. '¿Quién puso a andar el tren? No recuerdo haber percibido el olor de otros humanos en las cercanías…'.
Todo ese asunto les era difícil de digerir, no debería haber nadie más en el tren. -Oye, Edgar. – El pelinegro volteó a ver al teniente, que intentaba buscar algo por la mirilla de la puerta que daba a la sala del maquinista.
-¿Qué? ¿Qué si alguien pudo haber subido en la sala de control y echó a andar el tren – Billy asiente, era una posible explicación para lo que estaban experimentando. Pero si fuese así, el los habría interceptado, después de todo, sus armas estaban ahí.
-Esperemos a Becs. Ella debe haber encontrado la última de las anillas para abrir este estúpido maletín. – Coen asiente, no muy convencido de que la pequeña policía fuese a lograrlo. -Tenle de, Billy. Puede que sea pequeña y con un temperamento algo difícil de manejar, pero ten por seguro que lo va a lograr, esa mirada me lo dijo – Sonríe al recordar la mirada decidida de la médico.
Montañas Arklay ~ Robert
[Pasos] Robert Neville corrió por el bosque, que parecía no tener fin. Sam y el llevaban más de una hora corriendo, aquellas cosas que les perseguían eran muy insistentes, cuatro de los cerberus restantes, les pisaban los talones, la pastor alemán hace tiempo que ya no podía continuar corriendo a esa velocidad, así que el doctor tuvo que cargarla.
-Si que son fastidiosos… - Pasó entre varios árboles sobrepuestos entre sí, intentando perderlos o tan si quiera desorientarlos. Pero los perros no muertos no se lo creían, así que rodeaban o saltaban sobre ellos. -Tsch. ¿Debería usar eso? – Tocó su costado izquierdo, su Beretta estaba cargada y lista. Pero, esa era la última defensa que tenía contra aquellas cosas.
Cuando estaba a punto de usarla, ve a lo lejos algo que parecía irreal. -¿Eh? ¡¿Qué hace una mansión así, en medio de un bosque como éste?! – Sin decirle a nadie más que a si mismo, el doctor aumentó su velocidad, así alejándose de los perros. -Creo que fue buena idea haber usado el virus… - Nunca le había dicho nada Edgar, pero él había experimentado con la cepa del virus alpha, buscando el motivo por el cual el fue capaz de asimilar el virus y evolucionar de la forma en que lo hizo.
Por más que buscó y buscó, no logró encontrar una respuesta satisfactoria. - ¡Eso es! – Llegó a la puerta y la intentó abrir. [Clic] Maldijo su suerte, estaba cerrada por el otro lado.
-¡No moriremos aquí! – De un movimiento casi imperceptible al ojo humano, Robert preparó el arma y apuntó a la cerradura. [Boom] La cerradura explotó con el impacto. [Pam] Entró como un rayo y aseguró la puerta detrás de él, el sonido de los perros impactando contra ella no se hizo esperar.
-No nos pillaran vivos, desgraciados… - Bajó a Sam al suelo, la perra se tumbó al suelo para descansar un momento, pero después de oler el aire, el pelaje de la perra se erizó. [Gruñido] Alerta, Neville alzó su Beretta, buscando la amenaza que Sam detectó.
-¿Qué, que pasa, chica? – Le preguntó el doctor, sin despegar la vista de un par de puertas a su izquierda. Un sonido gutural se escuchó por toda la mansión, la piel del doctor se erizó, no había sentido tanto miedo desde hace mucho tiempo, no desde su primer encuentro con los asechadores. No olvidaría el terror de ver una horda de esas cosas acabar con un decenas de personas, que lamentablemente, no habían podido escapar de las zonas de cuarentena establecidas.
-Vamos, bonita. Creo que no estamos solos, está no es una mansión normal… - Levantando su arma, el doctor Neville comienza a investigar el lugar donde escuchó aquel alarido.
Ecliptic Express
Los minutos pasaban y la policía no regresaba, ambos, aburridos y preocupados, consideraron seriamente el ir a buscarla. -Te lo digo, hombre. Esa chica va a hacer que nos maten, no debiste dejarla ir sola. – Billy se masajeó el cabello con avidez, el super soldado no despegaba la mirada del pasillo que daba hacia la sala del maquinista, había algo o alguien ahí.
-No lo creo, ella no es tan débil como parece – Coen lo ve, sorprendido por sus propias palabras. -¡¿Qué no fuiste tú el que sugirió que no se separase o qué no hiciera nada temerario? – Pudo ver un brillo de reconocimiento en sus ojos.
-Si, lo dije. Pero no era para que me hiciese caso. – Billy enarcó una ceja, sin comprender a lo que quería llegar, el pelinegro notó esto y continuó. -Ella es muy obstinada y rebelde, a pesar de tener miedo, ella debe madurar y enfrentarse a los peligros que la vida le pone por delante, de lo contrario, jamás mejorará y se quedará estancada. Sabía qué desobedecería, por qué ella se quiere probar a si misma, ella no está preparada para todo esto Coen, nadie lo está… - El super soldado se cruza de brazos.
Minutos después…
Rebecca entró por la puerta y se deslizó con rapidez por el pasillo, cuando estaba por doblar a la izquierda, se detiene, observando un punto en concreto. -¿…Por qué tengo esté presentimiento? – Había algo que no la dejaba continuar con tranquilidad, como si sintiese que algo faltaba.
Sacude su cabeza para despejar esos pensamientos. – ¡Esté no es el momento para pensar en teorías o cosas por el estilo! – Cuando dijo esto, una cabeza se asomó por el final del pasillo. – Pues si no lo hicieras, ya habrías llegado. – La voz sarcástica de Billy se escuchó, ella rueda los ojos.
-¿Por qué tardaste tanto? Llevamos esperándote aquí casi 15 minutos – Rebecca ignoró las quejas del marine y le lanzó una anilla dorada al que estaba a su lado. -Ah si que lo tienes. ¿Eh? Impresionante – Le dedicó una sonrisa a la chica, que siente como sus mejillas se calientan por el elogio.
-No fue nada – Infló el pecho con orgullo, ambos hombres sonríen por su actitud infantil. -Bueno, es momento de ver que tenemos aquí… - Toma el estuche que Billy cargaba y puso la anilla sobre la hendidura correspondiente. [Clic] El seguro del maletín se abrió con un clic audible, el dúo observó impaciente como la mano del pelinegro se adentraba en ella, de la cual extrajo una tarjeta. -¡Eso es! – Dijeron los tres con una sonrisa.
[Se ha obtenido una tarjeta llave]
El pelinegro tomó la tarjeta y caminó hasta la puerta, giró un momento para ver a sus compañeros de pesadilla, todos estaban nerviosos y tensos. – Aquí vamos… - Deslizó la tarjeta en la ranura. [Pitido] La luz que indicaba el estado de la cerradura se puso en verde, indicándoles que estaba abierta.
Abrió la puerta y salieron al pasillo. -¿Qué pasa? – Preguntó Rebecca al ver que se detenían, la mirada del super soldado se afiló. -Tenemos compañía… - Con un movimiento rápido, desenfundó su pistola y apuntó a una cabeza que se asomó al doblar la esquina del pasillo.
-Vaya, vaya. No me esperaba encontrarme a los perros de Umbrella aquí – El soldado les apuntó al grupo, sin vacilar al ser superado en número. -¡Quiénes son y cómo entraron aquí! – Rebecca apunto de igual forma.
-Soy la oficial de policía Rebecca Chambers, medico del equipo Bravo, división s.t.a.r.s. ¡Qué está haciendo aquí! – El hombre enmascarado le apuntó a ella, el tono de sus palabras la estremeció. -No debieron haber venido aquí… - Cuando estaba por disparar, el pelinegro apareció en un borrón justo frente a él y le dio un golpe en la garganta. -¡Guuuuh! ¡Grbbssbssss…! – Debido a la fuerza inhumana que venía en dicho golpe, el soldado perdió el conocimiento.
-¡Lo mataste! – Gritó Rebecca en shock, Billy cómo reaccionar. Literalmente, el estaba al lado de el, justo detrás de la policia, para entonces, desaparecer y neutralizar al soldado en un parpadeo. '¿Qué rayos fue lo que hizo?' Billy trató de encontrar una explicación lógica para lo que acaban de suceder, ya que ningún humano, entrenado o no, podría reaccionar y moverse como lo hizo. -¡Tenía todo bajo control! – Chilló la adolescente, pero calló al ver la mirada fría y dura que Edgar le brindó.
-¡Nos habría matado! - La chica retrocedió, intimidada por sus palabras. -Pero, tú no pod… - El chico la interrumpió bruscamente. -¡Por supuesto que los conozco! Son las fuerzas especiales de la corporación Umbrella, he visto lo que le pueden hacer a una persona inocente, con tal de que no se divulgue información sobre los movimientos ilícitos de la empresa.
-¿Cómo sabes eso? – Preguntó Coen con interés, desde que lo conoció, supo que no sea alguien normal. Pues, su conocimiento y habilidades se lo decían a gritos. Pudo ver la duda en sus ojos, intuyó que pensaba si decirles o no, ya que sería una gran revelación. – Porque ellos son así, solo siguen órdenes. Son soldados altamente entrenados, que se dedican a buscar y recuperar objetivos que otros no podrían lograr. En cuanto a cómo lo se, digamos que tenía un conocido dentro de la farmacéutica… - Sin poder sacarle más información, dejan al hombre inconsciente dentro del vagón y continúan avanzando.
[*Estática* Aquí el equipo Delta. Aquí el equipo Delta. Nos hemos hecho con el control del tren, cambio. *Estática*]
El trío se detiene al escuchar una voz dentro del vagón del maquinista, con un movimiento de su mano, alter les indica que esperen. -¿Cuántos de ellos hay? – Preguntó Coen, Edgar se acercó lentamente a la puerta entreabierta y se asomó. Un soldado de la U.S.S hablaba por radio. 'No debió de haber escuchado el alboroto de hace unos momentos, la caída de la lluvia está amortiguando el ruido que hacemos, aunque solo un poco…' Prestó más atención a la voz del otro lado de la radio.
[*Estática* Entendido.]
Pudo escuchar la voz de Wesker respondiendo, un escalofrío recorrió su espalda al recordar que el incidente de la mansión ocurría un día o dos, después de que no hubiesen recibido noticias del equipo Bravo. El fue uno de los causantes del sufrimiento de los protagonistas de la primera y cuarta entrega. -Wesker… - Murmuró con irá en sus palabras, Rebecca se estremeció al escuchar el nombre de su capitán, le preguntaría como es que lo conocía y porque lo había mencionado, más adelante.
[*Estática* Destruyan el tren por completo, no podemos permitir que nada de esto salga a la luz. ¿Cuánto falta para el próximo cambio de vías?]
Teniendo suficiente de todo eso, el pelinegro entra sigilosamente a la sala de control. -Vamos, intenta darte la vuelta... – Giró su pistola, tomándola por el cañón.
[Faltan unos diez minutos para… ¡Guuuuh!] [¡¿Qué pasa?!] [*Estática*]
El soldado cae al suelo, noqueado de un culatazo en la nuca. -Bueno, eso fue más fácil de lo que pensaba – Murmuró el pelinegro, observa la radio que sostenía el hombre aún en su mano izquierda. Alter toma el walkie talkie y lo observa con odio. -No, el soldado no podrá responderte por ahora… - Hubo un breve silencio, sonríe internamente al ver que ese movimiento no lo esperaban.
Sala de Vigilancia ~Raccoon City Lab.
[*Estática* No, el soldado no podrá responderte por ahora]
El líder del equipo especial de tácticas y rescate se estremeció internamente, Birkin no pudo ver su expresión debido a sus gafas oscuras. -¿Quién es ese tipo, Albert? ¡No, esto no puede estar sucediendo! – El policía ignoró a su colaborador, prestando atención a las palabras de esa persona. Albert tapó el micrófono para evitar que escuchase algo su misterioso amigo.
'Esto es muy extraño. ¿Cómo se coló en el tren sin que los soldados pudiesen detectarlo? Hmm…' - Wesker apretó el micrófono con fuerza. - ¿Quién eres? – Fue lo único que dijo, podia escuchar la respiración de aquel hombre cerca de la bocina.
[Solo alguien que sabe lo que realmente eres, Albert Wesker… *Crack*]
Esta vez una emoción se filtró en el rostro siempre inexpresivo de Albert, irá. ¿Cómo lo conocía? Jamás había mencionado su nombre durante esa operación. -Albert. ¿Qué haremos? – Preguntó William al ver que su amigo estaba furioso. -Seguir con el plan. Ese tren debe ser destruido. – Sin volver a hablar, ambos aguardan impacientes.
Sala del Maquinista
Edgar observó la radio que había destrozado de una patada, pudo escuchar perfectamente a Birkin. -No se a que estén jugando, pero tengan por seguro que voy a salvar a tantos como pueda. – Voltea a ver al soldado inconsciente, luego a su alijo de armas, cuidadosamente escondido bajo una lona.
-¡Bien chicos, pueden venir! – Tras la señal, ambos acompañantes entran en la sala, observando al soldado caído, que había recostado en una esquina.
-¿Lo mataste? – Preguntó Billy, observando el tablero de control. -No, tan solo lo noquee como a su amigo. – Rebecca sonríe al ver que no había cometido asesinato.
-¡No! Esto no es cierto… - Ambos observan a Billy, que respiraba pesadamente. -¿Ocurre algo? – Edgar se acercó y vio el tablero. -¡Mierda! – Los hombres se ponen nerviosos.
-¿Qué pasa? – Preguntó Rebecca.
-Los controles están bloqueados. ¡A este paso el tren se va a descarrilar y nos estrellaremos! – Billy buscó por todos lados una manera de detener el tren. - ¡¿Qué haremos?! – Preguntó Rebecca, imitando a ambos, buscando algo que les sirviese. -Hay que detener está cosa. Ayúdenme. – Ambos asienten y buscan por toda la habitación.
-Lo tengo. ¡Miren! – Alter les muestra un cuadernillo que estaba dentro de un cajón. Rápidamente se puso a leer las instrucciones.
FRENO DE EMERGENCIA
Paso uno. Localizar ambos puntos del sistema de frenado, están dentro del primer y quinto vagón.
Paso dos. Introducir la tarjeta magnética en el dispositivo del quinto vagón y posteriormente introducir el código de seguridad. El código de seguridad es necesario para desbloquear los frenos de este compartimiento.
Posteriormente, se debe introducir el código correspondiente en el dispositivo en el cuarto del maquinista. Tras esto, los frenos se activarán sin problemas.
-¡Hijo de puta! ¿Quién diseñó este sistema de frenado? Si lo encuentro, le enseñaré unas cuantas cosas. – Edgar maldijo a los cuatro vientos, para la mirada atónita de los oficiales.
-Edgar... Miira, aquí – El mencionado volteó a ver a la adolescente, que estaba señalando un dispositivo al lado izquierdo de la consola. -Hmm… Está debe ser la consola que el manual específica. – A su lado, encontraron una tarjeta magnética. Llamada "Tarjeta de Seguridad: Sistema de Frenado".
-Bien. Iré a quinto vagón a poner a punto el sistema de frenos del lado trasero, ustedes quédense aquí y preparen el del frente. Billy, quiero que vigiles a estos tipos, no quiero que mueran aunque sean unos hijos de puta de primera. – El teniente asiente. -Bien. Si intentan cualquier cosa, les haré pasar un mal rato – Dijo con una sonrisa divertida.
-Rebecca, necesito que estés al pendiente de tu radio, en cuanto tenga listo el freno de atrás, quiero que tengas lista está consola. – La adolescente asiente y corre hasta la consola del maquinista. -¿Todo listo? – Recibe un asentimiento de ambos.
-¡Edgar! – El chico se da vuelta para ver a Rebecca, que le miraba con preocupación. -¿Si? – Le preguntó apurado. -Por favor, ten cuidado. – El mencionado sonríe al ver que le importaba, aunque fuese solo un poco.
-Bien. Espero que logremos sobrevivir a esto… - Edgar sale corriendo del lugar y se adentra en los vagones, hasta el vagón restaurante.
Cuenta regresiva iniciada
1'12"26
No tenían mucho tiempo. Alter atravesó pasillo tras pasillo con una velocidad inhumana, esquivando a los muertos vivientes que lo escuchaban pasar. -¡No, necesito apresurarme! – El suelo metálico bajo sus pies se hundió, producto de la aceleración repentina.
-¡No, no! ¡No tengo tiempo para ustedes malnacidos! – La hoja que sostenía en su mano zumbo en el aire. Las cabezas de cuatro infectados salieron volando, separadas de sus cuerpos.
Cuando finalmente llegó a la cocina del salón comedor, se detuvo. -¿Eh? ¿Qué es eso…? – Olfateo el aire en busca de la anomalía. Su instinto le gritó que se moviera en ese instante, así que le hizo caso, evitando por poco quedarse sin cabeza.
Cuando se incorporó y observó a su atacante, el terror lo invadió. -¡Qué diablos es eso! – Una masa humanoide de tres metros de altura lo saludó. Un B.O.W masivo formado por cientos de sanguijuelas se movía entre la cocina, impidiéndole el paso.
-¡Ghrrryaaaah! – Uno de los tentáculos del arma biológica bajó como un rayo, buscando aplastarle. Logró esquivarla a duras penas. 'Esta cosa es distinta a las demás… ¡¿Acaso, puede seguirme el ritmo?!'.
0' 38"18
El super soldado esquivo cada una de los ataques de la bestia, por cada segundo que pasaba, su desesperación iba en aumento. -¡Deja de estorbarme! – Con la precisión de un cirujano, cortó sus extremidades. -¡Gruyaaaah! – La montaña de sanguijuelas cayó.
-Se pueden volver a juntar. ¡Típico…! – Aprovechando la oportunidad, pasó a través de los parásitos en un borrón. Evitando tocar siquiera la baba que secretaban constantemente.
-Tienen suerte de que no tenga un lanzallamas en mi poder… - Ignorando la creciente masa de sanguijuelas, sale disparado al final del vagón.
O'22" 07
Alter cerró ligeramente los ojos para evitar tropezar con algo, aunque su visión y sentidos estuviesen aumentados, aún era susceptible a las inclemencias del tiempo. -¡Ahí estás! – Corrió hacia una consola situada en el muro del vagón.
Observó el dispositivo a detalle, ubicó la ranura para la tarjeta magnética. – Espero que esto funcione. De lo contrario, seremos aplastados por toneladas de acero ardiente… - Insertó la tarjeta en el aparato. [Biip] Un led parpadeante rojizo se volvió azul, la pantalla cobró vida.
-¿Eh? ¿Por qué aparece esto…? – En el tablero apareció la leyenda [00/36]. – ¡No hay tiempo que perder! – Presionó un botón al azar, el número cambió [04/36].
-¿Un código como este…? – Mitigando su creciente enfado, teclea una combinación de números, cuando terminó, el freno estaba operativo, la pantalla marcaba [36/36].
*BIP* [Chicos, aquí Edgar, cambio]
Cabina de control
Billy había puesto a los hombres en una de las esquinas de la sala de control, les retiró sus armas y las aseguró, una para Rebecca y otra para el. -¿Seguro que es una buena idea tenerlos con nosotros? – Le preguntó Rebecca, un tanto insegura de la decisión de su compañero.
-Si, Edgar los dejó fuera de combate por un buen rato. No nos será un problema el someterlos en caso de que llegasen a despertarse, además, ese tipo no debe de tardar. – Entonces, algo fuera de lugar llamó su atención.
-¿Qué haces Billy? - El ex marine ignoró su pregunta. Con paso lento y firme, se acercó a un gran bulto escondido tras una lona, en una de las esquinas del lugar.
-¡Esto es! – El Ex-Marine quedó sorprendido por la cantidad de armamento que encontraron tras la lona. Era suficiente para una escuadra militar. – ¡Lo sabía! Ese tipo de ninguna manera puede ser un civil. – Rebecca estuvo de acuerdo.
-¡¿Qué pasa con este arco tan masivo…?! – Rebecca salió de sus pensamientos y observó la caja de armas que su compañero había abierto. -Es, imposible. Ningún humano común tendría la fuerza para tensar la cuerda - Las sospechas de Rebeca hacia su nuevo amigo crecieron al igual que su curiosidad. 'Es obvio que no fue ningún entrenamiento o el arma en si, que sus flechas pudiesen atravesar cristal reforzado y además destruir a esas cosas con esa facilidad… ¿De dónde viene su fuerza? Ningún humano tendría la fuerza siquiera para estirar esta clase de cuerda'
'Lo sabía. ¡Lo sabía! Sabía que ese tipo no era normal. Nadie puede escuchar y oler como el, la prueba perfecta está en está arma…' Billy observó el arco que sostenía en sus manos. Intentó estirar la cuerda tras ponerse en una posición cómoda que le permitiese disparar. Un escalofrío recorrió su columna al darse cuenta que no había logrado tensar nada el arco. '¿Cuánta fuerza tiene este tipo? '.
-Teniente Coen. Creo que sería mejor dejar de buscar entre las cosas de Edgar. Puede que se moleste, además, es irrespetuoso tomar algo que no es nuestro. – De mala gana, el teniente obedece y guarda las armas en sus estuches.
-¿No crees que está tardando demasiado? – Preguntó la chica tras un tiempo, Billy asiente. -Si por lo mostrado, el no es una persona a la que le guste fallarle a los demás. Algo debió haber pasado – Rebecca observa la puerta angustiada.
De pronto, escuchan la radio de Rebecca cobrar vida, aliviada, toma el aparato y escuchan atentamente las instrucciones.
*Crii* [¿Chicos, me escuchan?]
[¡Si, si! Te escuchamos. ¿Sucedió algo?]
[Nada, solo un pequeño contratiempo en forma de monstruo gigante. Imaginen una masa de sanguijuelas masiva, de tres metros de alto y que te quiere arrancar la cara de un mordisco…]
Rebecca estuvo a punto de tambalearse por el humor tan bizarro y sarcástico del pelinegro, Billy suspiró fastidiado, esa fue la peor cosa que le hayan dicho desde que toda esa mierda comenzó. -¿Ya terminaste de ser tan sarcástico? – Le preguntó al súper soldado por la radio.
[Si. Ya liberé suficiente estrés.]
-… - Rebecca apretó los puños, estaba furiosa. Billy al notarlo, retrocedió un poco, la bomba estaba a punto de explotar. -¡Deja de decir tonterías y dinos qué pasó! – A pesar de la lluvia, pudieron escuchar como el adolescente se tambaleó y tropezó
[¡Ouch! ¡No es necesario que grites, Becs!]
Esa fue la gota que derramó el vaso. Los cachetes de Rebecca se inflaron de forma comica al intentar reprimir su ira. -¡Deja de perder el tiempo y dinos que sucedió! – Billy solo atinó a reírse a todo pulmón, pero se calló al ver la mirada furiosa que la policía le estaba dirigiendo.
[Bien. Si tanto deseas saber... Hay un monstruo gigantesco dentro de la cocina del salón comedor, me ha estado jodiendo por más de dos minutos. No he podido matarle, ya que se regenera demasiado rápido. He puesto en marcha el sistema de frenado de la parte trasera. ¡Así que si pudieras calmarte por un maldito minuto, lo agradecería...! ¡Escuchen con atención!. Por nada del mundo, vengan acá e intenten ayudarme, esa cosa es demasiado incluso para Billy]
O'18" 02
Esto les cayó como un balde agua fría, les estaba pidiendo que lo abandonasen allá atrás. -¡No, no te dejaremos solo! Nos has ayudado mucho aquí, no te vamos a dejar morir – Rebecca intentó correr hacia la puerta, pero fue detenida por Billy, que solo negó.
-No, no debes ir. Esa cosa te matará incluso antes de llegar a el. Además, sabes de lo que es capaz ese tipo - El agarre sobre el hombro de la chica se aflojo.
[No lo hagas, Rebecca. Estaré bien, los veré muy pronto… ¡Billy, detén este puto tren!]
El mencionado reacciona y corre hasta el tablero de control. -¿Cuál es la clave? – Se preguntó, pareciera que fue escuchado por el adolescente, pues le respondió al instante.
[Billy, escucha. Debes realizar una combinación de números, que juntos, sumen el número que te está pidiendo el tablero. ¡Rápido!]
O'12" 02
El Ex-Marine realizó la combinación según su criterio, la luz del tablero cambió cuando el seguro del freno de emergencia fue desbloqueado. - ¡De acuerdo! Prepárense, puede que esto sea algo agitado. – El trío se aferra a algún sitio seguro.
Al haber accionado la palanca del freno de energía, sintieron un tirón. -¡Mierda, agárrate bien, Rebecca! – La mencionada asiente, agarrándose con fuerza a la manija de la puerta.
-¡Funciona! Estamos desacelerando. – Pero la sonrisa de Coen se borró de su rostro al ver que cambiaban de dirección, dando un giro peligroso que lo mandó a volar cerca de los soldados de Umbrella. El tren rugió, las chispas volaban por los aires, resultado de la fricción y velocidad a la que iban.
-¡Guuuuh! ¡¿Cuánto más falta?! – Billy se reincorporó, teniendo cuidado de no estrellarse de nuevo contra alguien, no quería que los soldados tomaran esa oportunidad para escapar e intentar acabar con ellos.
Edgar (Punto de Vista)
Puedo escuchar perfectamente como esa cosa golpeaba la puerta del último vagón en el que me encontraba, de hecho, la puerta no tardaría en ceder ante su monstruosa fuerza. - ¡Vamos! ¡¿Qué le estará tomando tanto tiempo a Billy?! – Estuve considerando seriamente ir personalmente hacia el cuarto del maquinista y digitar el código personalmente.
Pero, entonces el tren se sacudió bruscamente. -¡Uwaaah! – Fui mandado a volar contra el muro metálico, golpeando mi rostro con fuerza. -¡Hijo de…! ¡¿Eh?! – [Pum] [Pum] Sentí un escalofrío, esa cosa estaba a punto de atravesar la puerta de hierro.
[Pum] [Crash] Una de sus garras atravesó el metal con facilidad, como temia, las malditas sanguijuelas se separaron y lentamente avanzaron, hasta que estaban fuera de la bodega. -¡Ghryaaaah! – El B.O.W chilló con furia al verme, parece que no le gustó que Hubiese matado a gran parte de sus congéneres.
-Parece que no saldré de esta como esperaba… - Preparando mi cuchillo bowie, espero a la bestia, que caminaba con lentitud, segura de su victoria. Estaba acorralado, mi espalda tocaba el pasamanos, lo único que impedía que cayese a las vías.
Cuando la bestia estaba a tan solo un metro de mí, decidí actuar. - ¡Veamos qué tal te gusta esto! – Aceleré mi percepción más allá de la capacidad humana, los movimientos y sonidos que hacía el hombre sanguijuela fueron cada vez más débiles y lentos. Pero a pesar de haber aumentado mis sentidos más allá de las de cualquier humano entrenado, la bestia pudo prever mis movimientos.
-Tsch. Es más rápido de lo que parece, para ser solo un grupo de miserables sanguijuelas… - Esquivé una garra que intentó aplastarme el cráneo. -¡¿Qué?! - El tren dio un giro brusco, signo de que cambio de vías, algo que no me gustó en lo absoluto. Cómo pude, me aferré con fuerza al pasamanos, la bestia se tambaleó junto al tren, algo que aproveché.
-¡Toma está! – Haciendo acopio de toda mi fuerza, le doy una parada giratoria a la cabeza. -Gruaaah! – La sanguijuela humanoide sale volando un par de metros hacia las vías.
Jadee pesadamente debido al esfuerzo, era la primera vez en mucho tiempo que mi cuerpo era forzado hasta el límite. La primera vez, fue cuando tuve que detener a los oscuros para evitar que atacasen el asentamiento humano que habíamos logrado construir durante los primeros meses en Nueva York.
-¿Qué? ¿Qué pasa? – Entramos en un largo túnel, el tren desaceleraba rápidamente. Pero aún así, no sería suficiente para detenernos en el futuro inmediato. [¡Crash!] [Crii] El tren no pudo soportar más la inclinación y se descarriló. Aún íbamos con una velocidad aterradora, lo suficientemente fuerte como para matarnos a todos, cuando estaba por intentar levantarme y saltar, el tren se detuvo y me estrellé con fuerza contra el muro, después todo se volvió negro.
Fin del capítulo.
