Capítulo 2

La inocencia de su mirada

Agosto 1987

Llovía furiosamente a las afueras de la mansión Malfoy, más bien, el cuartel del señor Lord Voldemort desde que había regresado. Un niño rubio, de apenas siete años, se encontraba de pie en medio de una enorme sala, a su lado se encontraba el señor tenebroso sujetándole firmemente por el codo derecho para impedir el movimiento de su cuerpo. Los ojos grises del infante, llenos de miedo y lágrimas estaban detenidos sobre el cuerpo que yacía en el suelo retorciéndose. Era su primer entrenamiento oficial y se basaba en simplemente ver a alguien sufrir delante de sus ojos y no poder hacer nada para ocultarse o dejar de ver la escena.

Lucius Malfoy llevaba varias horas bajo los tormentosos hechizos del señor Lestrange. El mago de rubio cabello largo apretó sus dientes obligándose a reprimir su lamento cuando una corriente lo atravesó, sintió como su cuerpo reaccionaba rápidamente al castigo. Borbotones de sangre siendo expulsados por su boca a medida que poco a poco lo consumía la tortura. La mayoría de los hechizos eran desconocidos por Lucius, seguramente inventos del señor Lestrange para divertirse mientras torturaba al otro.

Draco Malfoy apretó sus pequeños puños a los lados de su cuerpo, inmóvil en su posición: observando la escena a través de sus pupilas dilatas por el miedo. El niño sintió un escalofrío recorrer su cuerpo cuando vió la sangre, el agarre de Riddle alrededor de su codo se hizo más firme. El pequeño Malfoy giró la cabeza para cruzar una mirada con su maestro, pero Riddle le empujó el rostro con su mano libre para que no sacase los ojos de la escena.

-Te hará fuerte, 3-14.- habló Riddle fijando sus inexpresivos ojos en Lucius Malfoy.

-Pero es mi papá, señor.- susurró el chico sin molestarse en ocultar la tristeza y el dolor que recorría su propio cuerpo.

-Si puedes soportar verlo sufrir a él, podrás soportar cualquier cosa. Tu papá se portó muy mal, Malfoy. La desobediencia debe ser castigada.- comentó Tom y el pequeño simplemente asintió volviendo a apretar sus pequeños puños hasta conseguir que sus nudillos se volviesen blancos.

Septiembre 2001

-Enviamos algunos magos al callejón Diagon, se rastreó un grupo de mortífagos allí.- la voz de Snape irrumpió en la oficina de Dumbledore. El hombre de cabellos blancos se encontraba sentando en su silla, McGonagall a su izquierda como de costumbre. Delante de ellos, Hermione y Ginny estaban de pie.

-¿Quién los está dirigiendo?- cuestionó Albus.

-Black está adelante. Pensé que la señorita Granger ya estaría de camino a Bulgaria, si no se da prisa no alcanzará su objetivo.- comentó Severus cruzándose de brazos.

-Hacia allá iba.- respondió Granger elevando una de sus cejas ante el rostro poco amigable del mago de cabello oscuro.

-Allá deberías estar...- fue la respuesta del otro sin descruzar sus brazos, Macgonagall reprimió el deseo de rodar los ojos desde su posición y las dos jóvenes abandonaron la oficina sin dar respuesta.

-¿Amaneciste del lado equivocado?- cuestionó Minerva, su mirada se detuvo en el hombre moreno y Severus rápidamente se ubicó delante de Albus; sus manos apoyadas en en escritorio del hombre de cabello blanco.

-¿Alguien si quiera pensó en preguntar que opino sobre enviar a Granger a atrapar al mortífago 3-14?- preguntó Snape mirando a las dos personas delante de él de manera acusadora. Mcgonagall y Albus intercambiaron miradas antes de que el mago de cabello blanco tomase la palabra.

-Lo decidimos Minerva y yo, hasta ahora nadie se ha quejado de nuestra decisión.- le respondió Dumbledore sin apenas moverse de su posición.

-Es una de las mejores brujas jóvenes en la Orden, no se debería arriesgar una pieza de tal valor. Podríamos haber enviado al otro joven Weasley o a Longbotton.- se atrevió a comentar Snape.

-Las vidas de todos ellos son importantes, Severus. Hermione se ofreció como hizo el joven Percy hace unos días, no podíamos impedirle ir si es su voluntad.- le respondió Albus y Minerva detrás del asentía completamente de acuerdo con las palabras del mago de cabello blanco.

-En eso discrepamos, Albus. Me parece que no reconoces la importancia de preservar las mejores piezas para el final.- comentó el mago de negro cabello antes de dirigirse a la salida ante la mirada de los otros dos.

Eran las cuatro de la tarde en Bulgaria cuando Hermione se aparecieron en medio de un callejón desierto. Rápidamente revisó el micrófono muggle que entre ella y Ginny habían instalado en su oído.

Habían decidido no colocarle ninguna cámara a la castaña para evitar llamar la atención; anteriormente el mortifago en cuestión había divisado la cámara que Percy llevaba en su abrigo.

-¿Me escuchas, Ginny?- preguntó Hermione asegurándose de mover muy poco los labios para que fuese poco perceptible que hablaba con alguien.

-Te escucho, la conexión es perfecta.- respondió la pelirroja, la misma se encontraba en Hogwarts, en un cuarto preparado con artefactos muggles. El mismo padre de la pelirroja con ayuda de Hermione habían creado el estudio. Los magos tenebrosos no solían tener contacto con artefactos muggles por lo cual utilizarlos le permitía a la Orden tener ciertas ventajas sobre el enemigo.

-Estoy yendo hacia el objetivo. Última ubicación que tuvimos de él fue un mestizo asesinado a las afueras de un café.- habló Hermione caminando rápidamente hacia el café que le habían mencionado.

-Estaré escuchando...cualquier movimiento extraño avisa...- respondió la pelirroja acomodándose los audiculares.

-Captado, voy a inspecionar las calles..- respondió la castaña y se detuvo en el café.

El cuerpo del mestizo ya no estaba tendido en la calle delante de la cafetería, seguramente se lo habían llevado hace algunos minutos. Hermione se detuvo en la puerta, el olor del café le llegó al olfato y ella no pudo evitar respirar profundamente. Le gustaba el olor, desde que tenía uso de memoria le agradaba el aroma de café recién colado. La castaña podía recordar a su mamá preparando una taza de café con crema para su padre. Ella se sentaba junto a él y antes de que su padre diese el primer sorbo ella se inclinaba hacia él y olía el líquido caliente.

Tras algunos segundos, la castaña siguió caminando, sus ojos yendo de un lado a otro. La posibilidad de que el mortifago siguiese en Bulgaria era mínima. Él podría haber desaparecido luego de asesinar al mestizo. Apesar de sus pensamientos, Granger caminó un poco más, hasta que entre unos arbustos que se hallaban al final de la cera la castaña distinguió un objeto escrustrado entre los rosales. Se acercó mirando disimuladamente a todos lados y luego de comprobar que nadie le observaba acercó su mano.

-Ginny, hay una varita aquí...a poca distancia del café donde asesinaron al mestizo. Creo que es la varita del mortifago 3-14.- habló Hermione observando la gruesa varita de madera de acacia. El diseño le recordaba la foto que habían logrado captar por la cámara de Percy el día que el mortifago le asesinó.

-Si su varita está ahí él no puede estar muy lejos.- murmuró la pelirroja.

Hermione levantó la vista en ese momento, sus ojos color miel recorriendo las calles con rapidez. Comenzó a caminar mirando de un lado a otro, minutos luego acabó adentrándose en un callejón. El mismo estaba completamente limpio a excepción de unos vidrios cerca de un contenedor de basura. Granger arrugó el ceño y desapareció la varita que habia encontrado con un movimiento de su mano a la vez que levantaba la mirada. En la pared de ladrillos, más arriba del contenedor de basura, habia una ventana de cristal con un agujero lo suficientemente grande como para que un cuerpo se colase por el espacio.

-Ginny...creo que sé dónde está...- susurró Hermione impulsándose con sus brazos para subir sobre el contenedor y poder alcanzar el agujero de la ventana. Se detuvo unos segundos observando que había sangre en la ventana, el sujeto al entrar debió haber tenido prisa, porque no le importó lastimarse.

-Tengo tu ubicación en la pantalla...cualquier cosa habla y estaré ahí de inmediato...- respondió Ginebra.

Hermione la escuchó mientras se colaba por la ventana. Llegó a lo que parecía un almacen, con varita en mano miró alrededor. Todo estaba muy oscuro, lo suficiente como para impedirle reconocer si alguien se estaba escondiendo de su mirada. Rápidamente conjuró un lumus, la punta de su varita brilló con fuerza ante el hechizo silencioso que había hecho la castaña. Entonces se permitió comenzar a caminar, un paso tras otro, el sonido de sus pizadas apenas perceptible para sus propios oídos.

El lugar estaba repleto de cajas de diferentes tamaños colocadas al azar de un lado a otro. Hermione se detuvo delante de una pila de cajas, abriéndolas para revisar cual era el contenido. La etiqueta de la bebida leía como Vodka y Hermione arrugó el gesto recordando el sabor de aquella bebida. Los gemelos Weasley se la habían dado a beber cuando ella les pidió agua en un entrenamiento. Granger levantó el rostro de la caja y vio un espejo medio roto delante de ella, dio un paso hacia el mismo, pero un movimiento a la parte de atrás le distrajo y ella vió en el espejo como alguien se movía en la oscuridad.

Granger se giró de inmediato, detrás de ella habían varias cajas más, amontonadas una sobre la otra. Su varita apuntaba hacia allá amenazantemente, dio varios pasos; preparada para lanzar la primera maldición que le pasase por la mente. Estaba a poca distancia de las cajas cuando del lado derecho percibió movimiento, pero no fue lo suficientemente rápida esta vez. Un cuerpo chocó contra el de ella logrando arrojarle al suelo y enviar su varita algunos pies a la izquierda: lejos del alcance de su mano.

Hermione no sabía cuando había cerrado los ojos, pero cuando los abrió se encontró con unos ojos grises que la estudiaban. La luz que emitía la varita de Hermione se extinguió completamente y ella golpeó al mago que estaba sobre ella. Él recibió el golpe en su ingle y se apartó cuando el dolor se expandió por su cuerpo. Granger aprovechó para ponerse de pie, pero él la sujetó del brazo antes de que ella pudiese ir a por su varita.

Nerviosa ante el solo pensamiento de estar con un mago peligroso en un espacio tan limitado, Hermione soltó el primer golpe, pegó un puño perfecto en la mandíbula del otro. El mago respondió lanzando un golpe hacia las costillas de ella, Granger supo de inmediato que la persona delante de ella tenia un buen entrenamiento en la oscuridad, porque el golpe habia sido fuerte y sin vacilación. Aprovechando el descuido de su atacante, el mortifago lanzó otro golpe, no estaba seguro de poder pegarle exactamente dónde quería, pero se arriesgó. La castaña vió venir el puño y retrocedió logrando evitarlo: iba directamente hacia su nariz, ella casi pudo percibir el calor de la mano.

La oscuridad impedía que ambos sujetos pudiesen anticipar el golpe del otro. Al final, terminaron llegando a la misma conclusión y se giraron a mirar hacia la varita que yacía en el suelo escondida por la oscuridad. Granger supo el plan de él inmediatamente y reaccionó más rápido. El mago se había distraído apenas un instante y recibió un puño en el rostro que le hizo terminar casi en el suelo. Para el instante en el cual el mortifago iba a moverse hacia su atacante tenía la luz de una varita delante de su rostro.

Hermione estaba impresionada, su respiración lograba que su pecho subiese y bajase mientras sostenía firmemente su varita en mano. Delante de ella no estaba el viejo mago que había esperado. El chico que le devolvía la mirada podría tener su edad o la de Ginny. Era rubio y de ojos grises, no podía percibir perfectamente sus facciones por culpa de la oscuridad, pero reconocía que no tenía la edad de Sirius ni la de Dumbledore. Él se movió y Hermione afirmó el agarre sobre su varita, extendiendo mas su mano para crear distancia entre ambos.

-Ganaste...- habló él y levantó las manos en señal de rendición. Hermione estaba lista para lanzar un maleficio y terminar con la vida del hombre que habia asesinado a muchos inocentes, pero de un momento a otro, él bajó la mirada y luego la levantó algunos microsegundos luego. Por milesimas de segundos, en aquellos ojos grises, inexpresivos, Hermione vió una mirada perdida, llena de miedo y dolor. Era una mirada parecida a la que veía en Harry.

-¿Vas a asesinarme?- volvió a hablar él, Granger estaba completamente inmóvil. Su objetivo era acabar con el sujeto que se encontraba delante de ella. Pero...en sus ojos había comprobado que el tambien era inocente...él era uno de esos muchos jóvenes que Lord Voldemort había convertido en armas de destrución.

-¿Hermione? ¿Lo atrapaste? ¿Hermione?- solo hasta ese momento la castaña se percató de que Ginebra llevaba un rato hablándole sin recibir respuesta.

-¿Tu quieres que te mate?- se atrevió a preguntar Hermione llevando su otra mano al dispositivo en su oído.

-No lo sé. A eso viniste.- respondió el sujeto, Hermione le vió sujetar su propio brazo. Estaba herido, por eso ella le había vencido tan rápido.

-¿Hermione? ¿Qué está ocurriendo?- volvió a hablar la pelirroja, Hermione no le estaba prestando atención en realidad.

-No eres lo que esperaba encontrar.- aceptó la castaña.

-Todos dicen lo mismo cuando me ven por primera y última vez.- habló el rubio dando un paso.

-No te muevas.- le advirtió ella y él se detuvo de inmediato al reconocer la amenaza en su tono de voz.

-¿Hermione? ¿Lo tienes? Debes matarlo ahora.- volvió a hablar Ginny. Hermione simplemente presionó el pequeño botón a la parte de atrás del micrófono y lo silenció.

-¿Por qué tardas tanto en matarme?- preguntó el mortífago, ligeramente enojado ante el tiempo que desperdiciaba la chica delante suyo.

-Si te doy la oportunidad de vivir. ¿Ayudarías a la Orden?- cuestionó la chica luego de pensarlo un poco. Él parecía sorprendido ante la oferta.

-¿Te parece que soy alguien en quien puedes confiar?- cuestionó él estudiando las reacciones de su atacante.

-No lo sé, pero creo en las segundas oportunidades. Te mataría al instante si intentas engañarme.- le advirtió ella encogiéndose de hombros. Hubo un ruido en el lugar, él se abalanzó hacia ella. Para sorpresa de la castaña, el mortifago no parecía estar intentando atacarla. Él solo se pegó al cuerpo de ella, el lumus quedó entre medio de sus pechos y se apagó con rapidez a medida que la castaña se distraía.

-Están aquí.- susurró el mortifago. Hermione estaba inmóvil en su posición, el cuerpo del otro presionándose contra suyo propio. Su cuerpo desprendía calor, Granger había imaginado que seria un témpano de hielo.

-¿Quiénes?- cuestionó Granger.

-Los otros mortifagos.- susurró él. No había miedo en su voz, o nerviosismo, solo establecía un hecho.

-Todavía tengo tiempo para matarte y desaparecer.- le recordó ella.

-Voy contigo.- murmuró él.

La respuesta fue suficiente para la castaña, con un movimiento sorpresivo de su varita ambos chicos desaparecieron con un ruido que podría haber pasado desapercibido. Reaparecieron en un pasillo, en el segundo piso de Hogwarts, el mortifago estaba por alejarse de la castaña cuando un puño le envió de bruces al suelo y le dejó inconsciente. Hermione se acarició la mano luego de haberle pegado con tanta agresividad, no había medido su fuerza en ningún momento. Luego de comprobar que no se había roto alguno de sus huesos se arrodilló junto al mortifago y le movió para ver su rostro por primera vez.

Era un joven delgado, con facciones delicadas, cabello rubio seguramente natural, labios rosados y piel pálida. Granger rápidamente vió que tenía una herida en el brazo derecho, la camisa negra estaba rasgada en ese espacio entre el codo y hombro. En poco tiempo la castaña estaba sobre sus pies y levitaba al chico en dirección a la oficina de Dumbledore. Albus estaría enojado cuando le viera llegar allí con un mortífago, pero seguramente el hombre de cabellos blancos apoyaría la idea de la castaña.

-Adelante...- habló Dumbledore y Hermione atravesó la puerta. Albus se levantó de su silla tan pronto vió el cuerpo que la castaña levitaba.

-Albus yo quiero...- comenzó a decir Hermione.

-¿Lo ha herido un mortifago?- preguntó Dumbledore acercándose de inmediato y arrodillándose delante del chico que Granger había colocado en el suelo.

-No...él es un mortífago.- susurró la chica de pie junto al cuerpo, mirándolo desde su posición. Dumbledore se detuvo de inmediato, miró al chico que inconsciente parecía una persona indefensa.

-¿Es el mortifago 3-14?- preguntó Albus levantándose del suelo inmediatamente.

-Sé que debía matarlo, pero...yo...- comenzó a argumentar la chica sin saber que decir. ¿Cómo explicar que al verlo comprendió que él tambien era inocente?

-Este hombre es peligroso, Hermione.- habló Albus moviendo su varita para colocar un hechizo sobre el sujeto: dejándolo asi inconsciente hasta que el hechizo fuese removido.

-Lo sé, pero...pensé que podría cambiar...- habló Hermione bajando su mirada. Si no lograba convencer al hombre de cabello blanco entonces el mortifago que ahora estaba en el suelo estaría muerto en menos de una hora.

-¿Él quiere cambiar? ¿Por qué lo traiste inconsciente entonces?- cuestionó Albus.

-Me puse nerviosa cuando llegamos aquí y lo golpeé, no quería arriesgar a nadie hasta que usted tomase la decisión final.- explicó la chica.

-Lo interrogaremos para comprobar si podemos darle una oportunidad. Busca a la señora Pince para que venga a curarlo. Estará en la sala de interrogación hasta que no le consideremos una amenaza.- habló Dumbledore y Hermione asintió antes de dirigirse rápidamente a buscar a Pince, no sin antes enviar un patronus a Ginny, quien seguramente estaba preocupada.

La señora Pince curó al joven en muy poco tienpo, la herida no era nada grave, aunque descubrieron que tenia las costillas lastimadas, como si alguien le hubiese lanzado algun maleficio hace algunos días. Tras curarlo llevaron al rubio a una sala preparada especialmente para llevar a cabo interrogaciones y le dejaron allí con las manos y los pies inmovilizados. Dos magos estaban a la parte de afuera vigilándole sin saber realmente quién era el joven que acababa de llegar.

-¡Lo que hiciste fue irresponsable!- gritó Ginny cuando encontró a Hermione sentada afuera de la sala de interrogación. La pelirroja se veía realmente afectada por las acciones de su mejor amiga.

-Lo lamento...- respondió Granger.

-¿Lograste matarlo? Si estas aquí viva entiendo que si- comentó la pelirroja, Hermione miró hacia la sala de interrogación. El cristal permitía ver al joven rubio sentado en la silla todavía inconsciente.

-¿Lo trajiste contigo?- cuestionó la pelirroja, su rostro completamente descompuesto. Seguramente el coraje expendiéndose rápidamente por su cuerpo.

-Ginny...él solo seguía órdenes de Voldemort...- intentó persuadirle la castaña; la pelirroja estaba por encaminarse hacia la puerta cuando Hermione la sujetó del brazo inmovilizándola.

-Él debería estar muerto Hermione; mató a Percy.- le recordó Ginebra, el resentimiento palpable en su voz.

-Gin, nadie puede hacerle daño, son órdenes de Albus.- le avisó la castaña. Ginny se escapó de su agarre, envió una mirada cargada de odio hacia el rubio y se fue de las mazmorras.

Hermione se volvió a ubicar delante del cristal que daba una mirada panorámica hacia el cuarto. El chico no podría verla si abría los ojos, pero ella quería verlo tan pronto estuviese consciente.Quería comprobar con sus propios ojos que la oscuridad no le había engañado. Asegurarse que habia tomado la decisión correcta al no asesinarlo, sus otros amigos se enojarían con ella cuando supiesen lo que había hecho.

-¿Quién es el chico?- le preguntó Cormac ubicándose a su lado a mirar al rubio. Hermione no le miró, seguía observando al mortifago inconsciente.

-Es solo alguien a quien estaremos interrogando.- respondió la castaña, la respuesta no satisfació la curiosidad del otro mago, pero supo de inmediato que no obtendría mas respuesta de Granger.

Unos pasos resonaron en las mazmorras, Hermione los reconoció de inmediato. Eran pasos firmes, cortos y rapidos: los pasos del temido Severus Snape. Al levantar girarse, la castaña vió al mago moreno de pie algunos pasos detrás de ella. El mago no le miraba, sus ojos estaban clavados en el mortifago aparentemente indefenso. Severus pocas veces parecía estar de acuerdo con las decisiones de Hermione Granger, pero por primera vez en mucho tiempo, le dedicó una mirada que parecía un intento de felicitarla.

-¡Hermione!- la voz de Harry consiguió que la castaña dejase de observar a Snape. Potter había llegado a las mazmorras corriendo, abrazó a su amiga al verla completamente sana.

-Albus me contó todo. -le dijo el Potter, pero no había reproche en su voz o en su rostro. Hermione agradeció eso, sabía que el reproche de todos los Weasley sería suficiente para hacerla sentir horrible.

-Harry...lo siento.- susurró ella, sentía que no había completado la misión.

-Hiciste lo que creiste correcto, yo no estaba ahí... si tu crees que él merece una oportunidad yo confío en ti.- le aseguró el moreno acariciándole el rostro. La castaña sonrió, tenía el apoyo de Harry, eso le llenaba de confianza y seguridad.

-¿Cuánto lleva inconsciente?- preguntó Severus.

-Como una hora...- respondió la castaña girándose a mirarlo. Como si Snape lo hubiese invocado, el mortifago comenzó a moverse.

Todos los presentes estaban observándole tras el espejo, pero él no veía a ninguno. Draco sentía una presión en la cabeza, levantó el rostro a medida que abría los ojos. Inmediatamente supo que le habían inmovilizado con hechizos porque no tenia movimiento en sus manos o pies. Sus ojos recorrieron el lugar lentamente, estaba en un salón vacío. Delante de él solo habia una mesa de metal, las paredes eran color crema y la silla donde se encontraba sentado debía ser de madera.

-El muchacho me recuerda a alguien.- comentó Snape, pero por más que intentó no conseguía reconocerlo.

-Dumbledore dijo que le interrogarías cuando despertase...- se atrevió a comentar Hermione, Snape la miró y ella no tuvo la valentía de seguir hablando.

-Creo que debería entrar usted, Granger. El mortífago la reconocerá; así podría confirmarnos si realmente será necesario un interrogatorio...de lo contrario podría terminar su misión.- comentó Severus y Hermione miró a Harry. El moreno asintió, completamente de acuerdo con Snape.

-Estaré aquí observando.- le aseguró el moreno con el único fin de brindarle consuelo. La castaña asintió, Harry le abrazó y ella le dedicó una pequeña sonrisa antes de dirigirse a la puerta que daba entrada a la sala de interrogación.

"A veces tomas la decisión correcta, a veces haces que la decisión sea correcta."

Phil Mcgraw

Continuará...

¿Hipotesis? ¿Comentarios?

Alejandra011: Espero que te siga pareciendo interesnare la historia. Grax por comentar.

Gracias a los que estan siguiendo la historia. Besos.

Adelanto Próximo capítulo:

-¿Por qué no comes?- preguntó Granger.

-Porque no confío en ustedes...