- Acompáñame querida.
Me pidió amablemente el anciano, sin darme cuenta, me había quedado paralizada.
- Señor, ¿y si no le agrado?
Le pregunté , me sentía sola y no estaba preparada para el rechazo , los rostros de mi familia se abalanzaban sobre mí.
- No te preocupes querida, puede que Snape sea algo difícil al principio, pero si os sabéis entender estoy seguro de que os complementaréis mutuamente.
Le acompañé hasta la casa, por dentro se encontraba en mejores condiciones, tenía un ambiente antiguo pero aun así estaba en perfectas condiciones ¿ qué extraño?
- Es un hechizo , querido.
Me dijo Dumbledore.
-¿Disculpe?
Le pregunté confusa.
- La respuesta a tu pregunta sobre el estado de la casa.
¿ Podría él leer la mente, como mi... papá?
- Sí señorita, puedo leer la mente, es una técnica que usted también aprenderá y sin duda, Edward Cullen es un experto en ella.
Estaba confusa, extremadamente confusa , parecía conocerlo perfectamente , me preguntaba ¿ de qué le conocería?
- Todo a su tiempo, querida, ahora venga aquí.
Entré con él hasta una habitación poco iluminada y sobre una cama se encontraba la figura de un hombre que se retorcía de dolor, las lágrimas caían de sus ojos como el agua surcaba un río y sus quejidos resultaban lastímeros.
- ¡Ohh, Severus! Ya ha pasado el efecto de la poción.
Exclamó Dumbledore sobresaltado.
- Renesme tráeme lo que está sobre ese mueble, rápido.
Me dijo y corrí hacia ahí, me ponía nerviosa los gritos y allí cogí todo lo que me había pedido.
- Dámelo.
Le obedecí y al entregárselo, pude ver el rostro del hombre. Extremadamente pálido con los ojos negros y el pelo igual al color de sus ojos ,negro como el carbón y lacio sobre su rostro. Me acerqué a él y le toqué la mejilla sin darme cuenta que con el contacto le mande toda mi compresión y fuerza, ya que esos eran los lemas que surcaban por mi mente para él.
En poco tiempo Dumbledore le estaba haciendo tragar a aquel hombre una cosa que olía horrible y que para mí en particular no tenía muy buen aspecto. Pero para Snape pareció ayudarle y en poco tiempo se calmó un poco. Entonces Dumbledore aprovechó el momento.
- Severus, te presentó a la señorita Renesme Cullen, la niña de la que te hablé esta mañana ¿recuerdas?
Le dijo lentamente tratando de que su mente lo procesara.
- Director, mi cuerpo me falla, pero mi mente está en perfectas condiciones bajo los efectos de la posión Sanentus.
Le dijo con mirada sombría.
- Me alegra ver que estás bien. Ella es Renesme , le he hablado sobre tí al igual que he hecho contigo a la inversa pero he considerado más apropiado que os conozcáis vosotros mismos, recordad que os debéis llevar bien, prácticamente seréis padre e hija.
Dijo el anciano, y con eso algo en mí comenzó a arder, yo tenía a mi padre y nadie le sustituiría.
- ¡Yo tengo a mi padre!
Le reclamé.
- Por supuesto Renesme, no me malinterpretes, es solo que...
Se disculpó pero para mí no valía nada.
- ¡Nunca nadie será lo bastante bueno como para llegar siquiera a la mitad de lo que él vale, es mi padre en todos los sentidos!
Hablaba sin control, no podía callar.
- ¡Renesme , por favor!
Me dijo el pelinegro que se encontraba debilitado e incómodo ante la situación.
- ¡Usted cállese!
Le corté y salí corriendo de ahí, no me importaba que me echasen tan pronto de esta nueva etapa que creía en mi vida, a fin de cuentas no sería la primera vez, le había dicho adiós a toda mi familia ¡a mi verdadera familia! que más daba decírselo al anciano amable y al sufrido hombre, a este último jamás le podría considerar como algo parecido a un padre, padre solo hay uno aunque el mío dejara de existir ¿verdad?
