0.1 – Rojo.

6:57 AM…

6:58 AM...

6:59 AM…

7:00 AM.

Y el despertador sonó repentinamente, anunciando que era la hora de levantarse. Un chico de apenas quince años se removió entre las sábanas de su cama, emitiendo pequeños gruñidos de disgusto y desagrado al saber que era la hora de dejar la cama y comenzar un nuevo día.

-¿No puedo dormir un poco más? – preguntó para si mismo con tono lastimero, apartando las sábanas de su cabeza y quedándose mirando por la ventana de su habitación, bastante cercana a la cama; el día apenas había amanecido pero los rayos de luz mañaneros se colaban por todas partes, iluminando tanto el exterior como el interior de la habitación.

Con pereza maldijo que aun fuese Miércoles en la semana, y no pudiese disfrutar de un rato más en la cama, pero aquellas eran las consecuencias de estar despierto hasta tan tarde, pero claro, eso fue algo que no pensó mientras hacía más larga la ida a la cama la noche anterior.

Oyó como su madre golpeaba la puerta y le avisaba que debía de levantarse y prepararse pronto si es que quería llegar con tiempo al Instituto.

El instituto, aquel lugar que para muchos era una tortura y para otros una bendición, aunque costase creer eso último de algunos, era posible que se diese.

Hizo de tripas corazón, y se incorporó, dejando su amada cama sola, yendo a prepararse para bajar a desayunar, sabía que a su madre no le agradaba que bajase en pijama, le prefería ver bien vestido, peinado y con el rostro lavado con agua fresca. Ella decía que había que empezar la mañana con buen pie y que ese era el mejor método, y por el momento, casi parecía que funcionaba en mayor o menor medida.

Miró de reojo su reflejo en el pequeño espejo que colgaba en su armario. Filmore se quedó bien fijo mirando el susodicho reflejo donde solo salía él, movió la cabeza mirando sus perfiles y luego sonrió levemente, lanzando un suspiró corto para sumirse en sus pensamientos de la mañana. ¿Terminó los deberes que debía entregar ese día? Estaba seguro de que sí, pero igualmente quedó con cierta desconfianza, solía ser un cabeza hueca para esos temas, y lo sabía, es por ello que desconfiaba de su capacidad memorial.

Un segundo aviso por parte de su madre le hizo salir de esos pensamientos mañaneros, preocupados por saber si hizo o no los deberes, se apresuró, colocándose la primera camiseta que agarró del armario, repitiendo esa elección al más puro azar para el pantalón. Tuvo suerte al no tener demasiada variedad en sus vestimentas, y dentro de lo posible, que todo combinase entre sí le libraba de muchos dolores de cabeza.

No es que fuese un muchacho vanidoso, pero si, que como buen adolescente que era, le gustaba de cuidar su imagen un poco. Sin querer hacer esperar más a su madre, que parecía estar a punto de bronquearle por su tardanza, salió de la habitación, ya vestido y listo para salir a la calle. Corrió hacia la cocina, donde el desayuno ya le esperaba sobre la mesa.

Un bol de cereales y un zumo de frutas, ¿Un desayuno infantil? Lo que fuese, pero era el que le gustaba, y no pensaba cambiarlo por nada del mundo. Ante todo era alguien que parecía tener unas costumbres demasiado arraigadas en su personalidad, y difícilmente iban a hacerle cambiar.

- Si no te das prisa, vas a llegar tarde – le repitió por cuarta vez la mujer, mirándole con cierto reproche, mientras su hijo comía tan rápido como podía, lo suficiente para no morir ahogado por culpa de algún cereal que se iba por el camino equivocado.

- Ya lo sé, mamá, ya lo sé – le respondió el muchacho de cabellos castaños apenas tragando lo último que tenía en la boca, para dar un largo tragó al zumo de frutas y salir corriendo hacía su habitación, donde recogió la maleta, y aun con esas prisas, salió de la casa.

Estaba más que seguro que no debía de ser sano para ningún ser humano llevar ese estrés de vida por las mañanas, cuando uno recién a desayunado, pero no le quedaba otra, era eso, o llegar tarde, y como que la segunda opción no era muy viable mientras que su madre estuviese vigilándole en casa por las mañanas.

Se prometió a si mismo, de forma mental que aquella noche se iría a dormir pronto para no tener que ir con prisas a la mañana siguiente y de igual modo para no parecer un zombi sacado de alguna película de serie B de muy bajo presupuesto. ¡Ah! Pero su promesa no iba a cumplirse, a pesar de que cada mañana se la hacía a si mismo, era incapaz de llevarla a cabo, por una cosa o por otra, siempre acababa yendo a dormir bien tarde.

- ¡Hey! ¡Filmore! – Una voz más que conocida le llamó, sacándole de sus pensamientos donde se sentía engañando consigo mismo por no cumplirse una tonta promesa. Detuvo sus pasos y se giró para ver de quien se trataba, aunque con solo oírle la voz estaba seguro de quien se trataba.

- ¿No crees que vas un poco tarde, Broflovski? – Era Ike, un compañero de clase y desde que volvieron a coincidir en la misma clase, se convirtió en un amigo habitual con el que solía convivir fuera y dentro del instituto.

- Eso mismo iba a preguntarte a ti, Anderson – Tan rápido en sus respuestas como siempre. De pequeño, debía de admitir, sentía envidia por el canadiense judío, se supone que el chico era un genio, ¡Les llevaba años luz de ventaja! Pero ahí continuaba, en la misma clase que los demás niños de su edad. Cuando tan pequeño no lo comprendía, pensaba que Ike simplemente permanecía en la misma clase porque quería burlarse de los demás, dejarles claro quien era más listo que los demás, pero no era así.

A medida que el tiempo fue pasando, comprendió que no era eso, sino que simplemente Ike quería ser uno más, un estudiante normal y corriente. 'Suficiente tiene con ser el único canadiense judío de todo South Park' pensó mientras volvía a acelerar el paso. Ahora acompañado por Ike, quien parecía de bastante buen humor. ¿Pero que día no sonreía aquel chico?

Pensó la respuesta y no la obtuvo, y eso le dejó preocupado.

- ¿Acabaste los ejercicios de Física que puso para hoy? – lanzó la pregunta el canadiense, volviendo a romper la burbuja de pensamientos que se formó en la cabeza de Filmore. Este le miró arqueando ambas cejas, con cierta sorpresa

- ¿Había ejercicios de Física…? – preguntó como si no le hubiese quedado claro que se le hubo olvidado, como siempre. Por su parte, el acompañante del más alto de ambos, ósea ser, Ike, arqueó una ceja mientras hacía una mueca que evolucionó finalmente a una carcajada sana, sin malicia alguna, el judío era incapaz de reírse con mala fe de alguien – No te preocupes, te los dejare para que los copies, pero quita esa expresión o se te va a quedar tatuada en la cara a este paso. – Le dijo, agarrándole del brazo, entre comentarios se atrasaron e iban contra reloj, no era plan llenar demasiado tarde o acabarían castigados, y para Ike, era lo último.

El estudiante modelo, la bendición de todos los profesores y la envidia de mucho de los estudiantes que no le conocían a fondo. 'Seguro que su familia esta orgulloso de él' se dijo mientras con el agarre del brazo, aceleraba sus pasos.

Acabando ambos por echar a correr sin quedarles otra salida que aquella, si es que querían llegar algún día.