-La historia lo justificará en su momento, la gloria es para los que..
-No me cuentes tu vida, Mask. Cual es tu maldita excusa para ESTO? - Afrodita siseaba. Una costumbre suya, discutir en bajo, más bajo cuanto más molesto. Cáncer no la compartía, sus vozarrones reverberaban por las columnas de mármol, que se sacudían bajo ella como las cuerdas de un arpa.
-Ya te dije que estaban en medio!
-Y no podias haber dado un rodeo?
-Meh, No me fije...Oh, venga, no es tan grave. Al patriarca ni siquiera le importa!
-El patriarca no tiene el...mejor criterio últimamente, y tú lo sabes mejor que yo. Si no tenemos más cuidado con cómo manejamos esto, se va a ir al demonio, y en vez de un grupo fuerte para mantener la paz seremos un montón de individuos esparcidos que no servirán de nada.
-Controlar al patriarca es trabajo de la Diosa, no nuestro.
-"La Diosa actúa en maneras misteriosas" recuerdas? Y ni siquiera sabemos que órdenes son suyas y que órdenes son de…-hizo pequeños movimientos sin rumbo, incapaz de encontrar un gesto que ilustrara aquello sin ser irrespetuoso-...de una interpretación creativa de su santidad. No es la primera vez que cambia de idea, y sabes que si no hubiéramos actuado por nuestra cuenta esto no se habría sostenido tanto tiempo
-Ni siquiera dirás su nombre?-Cáncer estaba muerto de risa- "su santidad".
Piscis apretó los dientes de nuevo. Se obligó a relajar su ánimo. Cáncer empezaba a notar su furia, y se estaba divirtiendo una barbaridad con ella. Afrodita no podía permitir eso. Y tampoco solucionaría nada. Solo Saga podía hacerlo sin ponerlos a todos al pie de guerra civil, si es que podía hacerlo alguien. Expiró, echando la tensión como una voluta de humo, se obligó a sonreír, sacó un cigarro del paquete del bolsillo, sintiéndose mejor solo con sentirlo entre los dedos .
-Crees que nos esté probando?...-Athena, se entendía.
-...,...No lo se...
-Tendría sentido...Hm...-Máscara miró sus máscaras con gesto reflexivo. luego miró a su obediente armadura, acurrucada en un rincón, y sacudió la mano en el aire- Como sea. No parece muy molesta! Y si tanto te preocupara la cabeza de Saga, tendrías más cuidado con el bicho que te sigue a todos lados. Se esta volviendo mas curioso de lo que debería.
-Soy el primer interesado en que me deje en paz. Créeme.
-Oh claro! Tú no le animas, en absoluto. - Piscis arqueo una ceja, incrédulo. El otro torció la sonrisa y se llevó los puños a la cadera.
-Eh...Quizás te cueste entenderlo, pero...que un gorgojo voceante me siga porque ha decidido, en base a alguna estupidez, que tiene posibilidades de follarme, no me halaga en absoluto.
-Quizás deberías llevar esa carita cubierta, Lo has pensado?...-exclamó el otro con una carcajada. Fue a seguir la broma pellizcándole la mejilla al rubio, pero prefirió conservar los dedos
-Púdrete.
-...porque no pasas más tiempo con él que con tus malditas flores, claro que no!
-En el coliseo. Me gusta entrenar con el. Es todo.
-Vete a la mierda!Es como una alimaña furiosa.
-Por eso me gusta.
-Claaro, no puede ser otro.
-Sois todos demasiado lentos.
-Oh, claro, te gusta eso. No te gusta que te atraviese el caballero. Claro que no. Porque el caballero se tira a más griegas que nadie. Porque eso le salva de ser marica, claro. Seguro que andas pensando en tipos también mientras te las…-Afrodita suspiro, y desconectó la cabeza de las sandeces de Mask mientras disfrutaba su cigarro tranquilamente. No tenía la menor intención de seguir complicándose con aquella charla. Si el italiano no quería entrar en razón, no había nada que pudiera hacer. Al menos, no en público.
-Mira, Cáncer. Si quieres lloriquear porque no entreno contigo, o desviar la conversación de tus acciones de mierda, busca una excusa mejor. Esa se hizo vieja hace mucho. .
Se alejó del lugar, escaleras arriba, con muy mal sabor de boca. La discusión no había tenido nada que ver con Milo. Nunca lo tenía. Era una simple pelea de poder. De cordura, más específicamente. Quién manda entre los que saben que Saga no manda realmente? Quien da órdenes, quien obedece. Quien todavía puede mirarse al espejo? Quien todavía duerme de noche. Sus demonios contra los de sus hermanos, en una noria. Era la misma pelea. Siempre. Siempre. Siempre. Siempre...
Desvío los pasos hacia el lateral de las escaleras de mármol que conectaban los templos. Saltó sobre la hierba, y se dejó llevar por las caprichosas pendientes de la colina, paseando la mirada entre las flores grandes y pequeñas, los musgos que crecían en lugares imposibles, los restos de una lucha desigual entre un pájaro y un gato escondidos en los matorrales. El cigarro acabó convertido en una pelota apagada, abandonado en algún recoveco del paisaje. Esas cosas siempre conseguían sacarle una sonrisa, y el también ponía de su parte para que así fuera. Era fácil dejar la mente en blanco. Olvidarse de todo, de que el tiempo existía. De que uno cambiaba. De que uno perdía. Debía ser un poco como estar muerto. Por eso asumía que morir no sería una experiencia tan desagradable...No podía mandar a Mask al demonio? A el, a su sadismo absurdo, a las caras, a las charlas circulares. A todo...Que se ocupara cualquiera de los otros otros once dorados que conocían el templo de Cáncer tna bien como él. Estaba tan aburrido de todo aquello…
La algarabía le alcanzó cuando andaba por el borde de un saliente de la colina, acercándose al mar sin ninguna dirección específica. Bajo el empinado desfiladero, en que hierbajos heroicos desafiaban a la aridez y al destino, había una pequeña cala de arena que varios de sus compañeros habían convertido en coliseo improvisado. Los sonidos alegres y las maldiciones afectuosas llegaban hasta él. Mientras, en el agua, el descomunal pecho de Aldebaran se estrellaba con las olas y las rompía como la proa de un buque de guerra, tratando de alcanzar a Milo que tras haber sido lanzado al agua por un golpe de tauro, escapaba a toda velocidad mar adentro.
Afrodita se acuclilló en el borde, media sonrisa adornando sus labios. Le alegraba que se lo pasaran bien, y el sonido simplemente era bueno para olvidar, unos minutos al menos. Incluso Shura, por una vez, estaba allí, lanzando tajos amistosos a Shaka que, con las piernas cruzadas, levitaba ligeramente al esquivar, y fingía muy mal no estarse divirtiendo. Piscis acarició la idea de bajar con ellos. Le apetecía. Bajar a pelear en las olas. Reírse con ellos. Pero tenía cosas que atender. Y asuntos de que preocuparse. Y, en el fondo, muy pocas ganas de tratar con nadie.
Shura le vio, y movió la mano en su dirección, indicando que bajara, pero Piscis se lo pensó. Tenía menos ganas de tratar con Shura que con ninguno de los otros, aunque el español no tuviera culpa.
Antes de que pudiera decidir que hacer, tomaron la decisión por el. Un sonido ensordecedor indicó que algo había roto la barrera del sonido. Un instante después ese "algo" era arenilla ardiente ahora que chocaba inofensiva contra la palma de Afrodita. Piscis había captado la piedra arder contra el aire por el rabillo del ojo, y la había detenido con una sonrisa, sintiendo el cosquilleo de arena vitrificada al chocar a la velocidad del sonido contra la palma de su mano. Milo pateó en el agua y movió la mano a modo de saludo, para luego mostrar una piedra en la otra mano. Algo parecido a una amenaza. A Afrodita se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja, o tan de oreja a oreja como le permitía su poca expresividad. Su mal humor se esfumó. Su cuerpo reaccionaba alegre a la expectativa de adrenalina, y de un muy buen rato.
-Baja aqui y pelea, cobarde!- gritó el griego, elevando su voz sobre el rugido del mar.- Con esta panda de nenas no tengo ni para empezar!
-Ni para empezar a ahogarte, según parece!
La voz del sueco recuperó una energía que nada en él parecía tener unos segundos antes, cortando distancia y olas con facilidad. Aldebarán, que hacía pie de sobra y veía al bicho luchar por mantenerse en el sitio, rió la gracia con ganas.
-Oh! Blablabla! Pero son todo buenas formas!Necesito a alguien que ponga cara de querer matarme de verdad!
Piscis se rió en bajo, tras labios cerrados, con un gesto cómplice que ni siquiera llego a notar, y saltó a la pendiente, deslizándose sobre las rocas sueltas y la hierba con habilidad, dejando tras de sí una estela de polvo, como la cola de un cometa. Cuando su rival le recibió en la arena, Afro ya no se acordaba de Shura, ni de Saga, ni mucho menos de DeathMask.
-Cuidado con lo que deseas...- Recomendó a Milo, poniéndose en guardia, con una sonrisa extraña. Los tres santos formaron un triángulo en la orilla, pero Milo solo tenía ojos para su rival preferido.
-Ni hablar! Cual seria la gracia de desearlo entonces?
