Nota: Esta continuación se la dedico a la que conocí muchos años como sasusaku79 (aquí Sakuya Cerezo) mientras leía los antiguos comentarios, me emocione de que me apoyaras durante tanto tiempo, muchas gracias, espero te guste este detalle, con el que decidí volver, por si aún estas por estos lares, obviamente.
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Extra #1 - Cuando nosotros aprendimos a llorar
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Ella nunca más había pedido un te quiero, un te amo, desolada, rota, haciéndose trizas, rasguñando vertiginosamente sus esperanzas. Ella ya no lloraba deseando cosas imposibles, anhelando mentiras aunque la matasen más tarde.
Él ya no miraba enmudecido al vacío con culpa, amargura, dolor, ni angustia. Él no había vuelto a llorar nunca más, roto, desesperado, ni a punto de caer. No se había sentido desgarrado, ni quebrado, ni patéticamente ahogado de sí mismo.
Mientras miraba su cabello negro, sonrío colmada de felicidad, pacientemente, como si fuese su destino.
No había sido necesario llorar más de amargura, no tenía que temblar de miedo ante la idea perder lo que más amaba, de verse sólo y resquebrajado. Ella lo entendía y cerraba sus dedos ante los preciosos regalos que él le había dado para siempre, ante su cuerpo, su alma y su corazón.
Con palabras suaves, como una brisa de primavera.
Con caricias delicadas, como una rosa cayendo por su piel.
Con besos temblorosos y apasionados, como si fuesen el primero y el último.
Él había aprendido a susurrar sin que ella se lo pidiese, a abrazar cuando lo necesitaba, cuando se necesitaban, a besar cuando lo deseaba, a ser él mismo delante de ella, y de los demás, para ser libre. Para ser feliz.
Le sonreía cálidamente a ella, le decía que era feliz, le daba las gracias y pedía perdón sinceramente, bajando los ojos, en un susurro vergonzoso, cuando olvidaba por un momento, ser libre de sus pesares, de la culpa o del odio. Ella le devolvía la sonrisa, tan sincera y abrazadora como solo ella podía entregarle, envolviéndolo, llenándolo de vida, de deseos y de amor.
Él egoístamente cernía sus dedos contra su cuerpo, deseando que no develara esa mirada, esa calidez a nadie más. Posesivamente besaba todo su ser, queriendo que se fundieran indestructiblemente con él y que nadie los separara, jamás.
Como si fuesen uno solo, con una sola humanidad.
Pero ellos peleaban, él era necio y egoísta, ella terca y humanitaria. Él deseaba que fuera sólo suya, y ella sabía que él era suyo, no obstante ella pertenecía tercamente a muchos más. Ella curaba las heridas que él provocaba. Ella ayudaba sin dudar, mientras él hacia un interrogatorio por todo.
Él siempre quería un motivo y ella jamás pensaba en tener uno.
Ella le pertenecía a él, y a todo aquel que la necesitará y él...
Él solo le pertenecía a ella.
Más aun así, silenciosamente, había aprendido a amar su terquedad, a la forma inagotable en que cada paciente era su prioridad, a la forma encantadora en que sonreía cuando seguía aprendiendo algo nuevo. A la forma en que su rostro se había quemado de vergüenza, de sorpresa, y, momentos después, sus ojos de lágrimas, cuando él había decidido acortar lo que los separaba y la reclamaba como esposa.
Él no pedía su mano, ya la tenía aferrada a la suya hace mucho tiempo.
Quizá del momento en que ella se había esforzado por retenerle, cuando quería que aquel niño que aún tenía esperanza en los ojos y una sonrisa torcida, se quedará con ella, que siguiera siendo el príncipe que salvaba su vida, que la protegía sin darle un porqué, que era competitivo, que siempre deseaba ser más, él que a regaña dientes se había aferrado a los lazos de su equipo para mantenerse cuerdo.
Y ese niño si había tomado su mano, sus promesas. Él si se quedó con ella.
Se había dado la vuelta tembloroso, le había dado las gracias, asustado, y había tomado su mano, con la esperanza de componer las partes faltantes en su agrietada humanidad. Se convenció que fue otro el que se puso tras ella y la había dejado inconsciente, otra parte de él, que se había perdido, que había tomado el camino que no tenía ninguna tibieza a la que aferrarse, que él y Sasuke se habían divido en dos sentencias, en dos caminos diferentes, infantilmente, sin reconocer sus propias decisiones.
Él niño se había quedado ahí, con ella, en esa banca, aferrándose a su mano.
Él estaba esperando a su lado, pacientemente, sin crecer, sin seguir sus retorcidas metas, era el que se daba cuenta de sus errores pero, no pedía disculpas por ellos, que veía crecer a sus compañeros, que los veía llorar y sufrir, caer y volver a levantarse, inagotablemente.
Ese niño de había quedado ahí, resguardando mansamente, cuidando las promesas de ella, aferrándose a sus vestigios de cordura, esperando volver a encontrar lo que necesitaba para seguir…
Esperando volver a encontrase a sí mismo.
Años después, ese niño soltó la mano de la oji-jade.
A esa mano a la que ella había tratado de soltar antes también, pero que se había rendido al primer intento, ante la mirada paciente de sus ojos ónix, que le suplicaba que esperase, que ella, al igual que él, esperase que llegara.
Y ella había llorado, gritado, odiado, amado y vuelto amar apretando su mano contra la suya, contra los recuerdos que se habían quedado ahí, inamovibles, susurrándole con súplica que esperara, que necesitaba que esperara, que egoístamente necesitaba que lo hiciera, ese niño lleno de ego y miedos, que sabía que ya no necesitaba protegerla, que ella ya podía soltar su mano, que podía avanzar sin él…
Pero tercamente ambos se habían negado a la idea, ella a que él desapareciese y él, caprichosamente, a que ella lo olvidase. Él era esa parte que quería seguir siendo el héroe, que sonreía altanero contra su amigo, que bufaba molesto ante su impuntual sensei.
El que quería que alguien lo esperase, como sabiendo que sin remedio volvería.
Y cuando ella soltó su mano, ante la mirada que le decía que todo estaba bien, ella había dicho que podía esperar más y él, con su rostro infantil, con su tono soberbio, se miró a sí mismo caminar hacia él, se había volteado nuevamente y con sinceridad, otra vez, le daba las gracias.
Ella lo vio avanzar lentamente para encontrarse con Sasuke, agobiado y lleno de nuevas heridas, lo vio sonreírse con tristeza a sí mismo al detenerse delante suyo, y darle la mano a un desconcertado adolescente perdido en sus propios dolores y en los de los demás.
Sasuke tomó la mano de ese recuerdo que lo había estado esperando, estoicamente, sin juzgarlo, y después de mucho tiempo levantó la cabeza, después de los cuestionarios, los interrogatorios, las disculpas falsas, las amenazas y la cacofonía de estar en el lugar que, quien más lo había querido en su infancia, había hecho todo por él, incluso, masacrar su clan, a sí mismo, por él.
Para Sasuke era vivir en territorio disidente, pero que sabía, su hermano había protegido, por él, por todos los demás… por un futuro, y se había resignado a aceptarlo sin aceptarlo, ahuecándose más.
Entonces cuando Sasuke levantó la cabeza totalmente, encontró a Sakura, quien aún seguía con la mano extendida hacia él, como si el tiempo se hubiese detenido dentro de su cabeza, como si no quisiera abandonar la misión de resguardar a ese mocoso insolente que se había negado a irse y crecer.
El mismo mocoso que lo había hecho actuar, impulsivamente, cuando se fundió consigo, que quería posesivamente ponerle nombre a aquello que aún consideraba suyo, que había estado cuidando para él. Aquel que paso por alto todo lo que había hecho cuando Sasuke se fue, él que no quería abrir los ojos del todo y se acercaba a ella como si el tiempo se rebobinara.
El niño que siguió con la última imagen de ella llorando, como lo hacía ahora al verlo, pidiéndole que se quedará, que lo haría feliz.
Que estaría a su lado.
Ese niño que aún no sabía amar, se había encontrado con Sasuke, obligándolo a continuar bajo ese recuerdo, porque él había esperado pacientemente, aguardando a poder responder, a abrazarse a la idea de tener algo que nadie iba a quitarle.
Entonces Sasuke actuó, sintiendo enardecidamente que debía seguir, aunque no sabía cómo, aunque Sasuke tenía claro sus errores con ella, y no quería darse ese premio inmerecido, ese crío que lo espero hasta el hastío no lo dejo aprender a actuar, ignorando a el rubio, que lo seguía indignado por abandonarlo en plena conversación.
Sasuke la vio a ella, a la niña de cabello corto, menuda y llorando, a la que él groseramente seguía llamando molestia y la encontró, quizá tan rota como él, pero que se recomponía sólo sabiendo que su patética existencia estaba bien, que no le habían puesto una condena, que él estaba de regreso en casa.
Ella aún seguía dándole cosas que no había ganado, que no había luchado por tener como era correcto, que incluso había tratado de destruir, y que ella volvía a armar esperando a que las aceptase, sin pedir nada a cambio.
Y cuando Sasuke tuvo a Sakura, todo fue un vertiginoso sube y baja.
Ese niño que se negaba a abrir la boca para decir algo bonito y que se negaba también a quejarse de las peticiones de ella, de sus enfados por la misma razón, solo bajaba la cabeza esperando. Ese niño se asustaba enormemente cuando ella lo miraba con ganas de acabar todo, porque ante él ya no estaba la niña de antes, sino una mujer y él no sabía qué hacer delante de ella.
Le dejaba el control un Sasuke que estaba aún peor que él, que solo miraba hacia el lado, esperando que la tormenta pásese, que ella lo necesitará más de lo que él la necesitaba, que esperaba dejase de gritar en su interior que se estaba rompiendo, que se apoderaba de su sexualidad como único recurso para que el control que ejercían sus propias y estúpidas reglas auto impuestas, se doblegaran.
Entonces ella dejo de esperarlo...
Y él y Sasuke se rompieron.
El niño que empezó a llorar desconsoladamente antes que el propio Sasuke lo hiciese, vio venir la tormenta, una que no pensaba dejarlo impávido otra vez, porqué ese niño la conocía mejor de lo que Sasuke conocía a Sakura, él conocía esas lágrimas de verdad y aquellas que solo eran un capricho inconcluso, él había escuchado verdades y mentiras de su boca mucho más tiempo.
Ese niño se empezó a quebrar de miedo antes que nadie.
Por eso soltó su agarré de Sasuke, sin saber qué hacer, y lo dejo ir donde el estúpido rubio, porque él también había visto como este sufría, porque sabía que no había nadie más que lo entendiera mejor que ese amigo insensato, que también se había quedado esperándolo.
Entonces mientras el oji-azul lo encaraba, él comenzó darse cuenta de que Sasuke hablaba tanto desde el orgullo como desde la inconciencia, que él seguía igual y que su actitud infantil le había impedido avanzar, que cuando se le preguntó al portador del Sharingan que sentía por ella, él se había quedado mirando detenidamente a sí mismo, decir lo que tanto le había costado, ya que por primera vez, él no estaba presionando su conciencia.
Entonces mientras él lloraba, escuchando a una desesperanzada Sakura.
Mientras Sasuke comenzaba a romperse.
Se dio cuenta que todo había sido su culpa.
Lo que debería haber hecho era no soltar la mano de la Sakura que llevaba años esperando que Sasuke volviese, él debería haberla guiado, así como el chico que caminaba sin alma hacia ellos, hasta él, haber tomado la mano de la pelirosa y a versela dado al pelinegro que regresaba derrotado.
Él debería haber dejado que Sasuke conociera a Sakura y Sakura a Sasuke.
Pero había elegido seguir como si nada, ignorando quienes eran ahora e infantilmente, darle a oji-jade lo que él encontraba correcto, metiéndose en ese cuerpo medio fracturado que aún no había comenzado a sanar todas sus heridas.
Pero ese niño tenía trece y esa chica diecisiete, él siguió teniendo trece, hasta que no sabía qué hacer y le dejaba a Sasuke, al de diecisiete, arreglarlo, quien estaba aún más perdido sobre cómo actuar en su propia vida.
Entonces cuando Sasuke salió corriendo, ahogado de su propio dolor, del desordenado departamento del rubio.
Él se quedó atrás, ya no intento mandar sobre Sasuke.
Y le deseo buena suerte, retorcidamente sintió por primera vez que quería crecer, quiso... aceptar sus errores y quien era en ese momento, vio a Naruto sonreírle melancólicamente a la puerta cuando su amigo había salido tras la pelirosa, lanzó un suspiro, lo vio con lágrimas en los ojos, sin dejar su sonrisa, diciendo que esperaba fueran felices finalmente, y se volteo tranquilamente hacia él.
De cara se encontró con niño que estaba recién aceptando su realidad, dejándose a sí mismo crecer, mirando el suelo sin saber qué hacer ahora con su vida.
-Eres un teme odioso, ¿Por qué tardaste tanto? ¡Me crecieron raíces tanto esperarte! Me alegro que Sakura te haya dado una patada en el culo, ¡Sino seguiríamos igual!
Se repuso alzando la cabeza, para seguir con la mirada al rubio, que avanzo hasta él y como si no existiese, entonces lo atravesó pasando sin siquiera inmutarse, frunció el ceño incrédulo, lo vio caminar perdiéndose en la habitación continua, sin volverse a él otra vez.
Entonces volvió su vista a frente, ante el sonido chillón de la voz infantil de un chico de su misma edad, que torció un teme ante su actitud, sonriendo de oreja a oreja, con las manos como jarra a ambos lados de la cadera, con su traje naranjo y su badana azul, se lo acercó chispeante, mientras le seguía sonriendo, cuando llegó hasta él le paso un brazo por los hombros y lo empujó para empezar a caminar. Todo se volvió blanco.
-¡Bastardo! ¡Sakura-chan se enojada por todo lo que le hicimos esperar! ¡El Ichiraku no abre todo el día! Tú pagas hoy, por tardón, Kakashi-sensei te pego sus manías dattebayo –Lo reprendió como si nada hubiese pasado, con normalidad.
Ese oji-azul siguió hablando un montón de cosas, de peleas, comida, de Sakura, de misiones, y entrenar, de comida nuevamente, entonces lo entendió completamente.
Él solo había tomado una de las manos de Sakura, se había negado a mirar más allá de lo que había logrado conservar, pero al otro lado, se había quedado el rubio, ese niño al que le hizo prometer que la cuidaría, porque él no perdería a nadie más, el que sonriendo había tratado de cumplir sus promesas, el que se había quedado ahí. ... haciendo lo que él no hacía, el que había tomado la otra mano de la pelirosa y pacientemente lo había esperado también, le sonrió, con los ojos turbios de emoción, ellos estaban ahí junto a ella.
-Moo, ¡Miren cuanto han tardado! -Una Sakura pequeña y enfadada los esperaba con los brazos en las caderas e inclinada hacia adelante, al verlos más cerca les sonrió sinceramente al verlos aproximase más- Bienvenidos.
El rubio se lanzó sobre ella haciéndola caer al suelo, diciéndole lo mucho que había tenido que pegarle en el trasero al Uchiha para traerlo de una buena vez. Él entendió completamente todo lo que pasaba, sonrió torcidamente, ante su propia inducida ceguera.
Entonces volteo mirando atrás por última vez.
Y se vio a sí mismo bajo la nieve abrazando a una pelirosa, sonriendo entre lágrimas.
Pero al fin pudo ver que ese sujeto, no era completamente él y ella tampoco era la pelirosa que los esperaba ahí, eran sólo una parte de lo que son ahora y no había querido verlo.
Y se acercó al rubio y lo quitó de encima de la chica, se sentó al lado de la oji-jade que lo veía divertida, con ternura, dándole la mano con cuidado, la acepto sin dudar esta vez, sonriendo; luego el Uzumaki volvió al ataque, se abalanzó sobre los dos en un abrazo grupal, sonriendo enormemente, entrando en lágrimas, tomó una mano de Sakura y la otra, de un resignado, pero divertido Sasuke.
Ni él, ni ese jinchūriki tenían que resguardar más por Sakura, lo supieron en ese momento. El pelinegro, por lo bajo le dio las gracias, arrastrando las palabras, por ser héroe que ella necesito mientras él no estaba. Este le sonrió sinceramente, cerrando los ojos, ahora, Sasuke, podía volver a tomar el lugar que él había estado cuidando estoicamente.
Y ninguno volvió a mirar atrás.
Los próximos años fueron intensos, cuando se hubo terminado la guerra contra Madara y luego Kaguya, hubo una gran conmoción en todos lados, el alma de todos parecía haberse alterado y relajado al mismo tiempo. Algunos perdieron mucho y otros ganaron mucho también, pero las cosas no se contrapesaban solo con eso, había que buscar respuestas, y termino siendo el ojinegro quien quiso tomar esa responsabilidad, después de muchas otras verdades se abrieran ante ellos, sobre su descendencia, su origen, su vida, él ahora comenzaba a caminar buscando seguridad.
Y Sasuke se despedía, mientras ella recibía dos dedos en la frente, que tenían un significado tan grande como la responsabilidad que cargaba desde ahora, un esposo que le decía que volvería, con un rostro compungido, dándole a entender que era necesario y correcto, ella asentía, comprensiva como siempre, llorando silenciosamente, diciéndole que siempre estaría ahí para él, que no olvidara volver, sea cuando sea, a sus brazos.
Fue cuando a beso con levedad para luego abrazarla, poniendo su rostro contra su cuello, sin que lo viera poner una dolorosa mueca y dejar que se deslizan, escondidas, contra el hombro de ella, dos lágrimas, sabiendo que hacía lo mejor, que volvería, porque ella estaba ahí. Le murmuro un adiós y desapareció.
Fue un ir y venir que duraba muy poco y que se extendía eternamente, ella no lloraba cuando volvía, lo disfruta al máximo, sonriéndole, besándolo, cuidándolo, y sabía que él lo hacía para protegerla, para proteger la aldea que ella tanto amaba, para apoyar a Naruto, para proteger un futuro. El ojinegro correspondía de igual manera, mostrándose manso, delicado, llenándose a tope de ella, sabiendo que volvería a partir.
Pero no podía explicar cuanto le dolía, después de verlo irse, sin saber más de él y sin verlo por meses, o quizá años. Pero sabía que él la amaba, aun cuando el tiempo los cambiará, ellos maduraban bajo ciertas batallas. Aquel recuerdo de querer estar siempre juntos, para ambos, seguía latente, como si no hubiera pasado ni un solo día.
Porque fue algo que tuvieron la libertad de elegir los dos.
Recuperando fuerzas alzó la cabeza cuando escucho unos pasos acelerados por el pasillo, a una Tsunade gritar enfadada, a un Naruto intentado seguir los pasos pero, siendo detenido, o golpeado quizá, y finalmente la puerta de su habitación abrirse aunque rápido, con cuidado. Frente a ella un pelinegro agitado, sudando y tembloroso apenas la vio sentada sobre la cama fue a su par casi corriendo.
-Tú cabello creció otra vez -Sonrió exhausta pero feliz al verlo, este se sentó a su lado con el corazón en la boca, le dieron ganas de reír pero se contuvo.
-El tuyo también -Fue lo más coherente que logró unir cuando pudo hablar, mirándola a los ojos, un mechón cubría uno de los suyos estratégicamente, Sakura subió una de sus manos y movió su cabello dejándolo contra su oreja para dejar visible sus dos ojos, se sonrojo levemente, y ella seguía algo pálida pero recuperaba el color teniéndolo a su lado.
-Mírala bien, no va a juzgar lo que intentas esconder, eres perfecto tanto para mí, como para ella -Los ojos ónix de él temblaron antes sus palabras, como siempre lo hacían ante sus sinceras palabras, la pelirosa lo miro con la ternura que siempre lo hacía, y con su otra mano acercó a su hija hacia él.
La oji-jade quito su mano del rostro de él y lo ayudó a acunar al bulto que apenas y se movía contra el cuerpo del ninja, tranquila, dormía relajada, aun con un tono rojizo en la piel, no llevaba demasiado de haber nacido, estaba recién adaptándose a ese mundo, lleno de cosas por descubrir, y al notar todo el ajetreo abrió levemente los ojos, con una mueca que anunciaba el llanto pero, suavemente se calmó ante el calor que la recibía.
Negro contra negro chocaron, un negro que aún era cubierto por la capa blanca casi traslúcida que seguramente le indicaba que ni siquiera podía enfocarlo suficientemente bien, pero supo que estaba allí, el antes, último Uchiha, se quedó estático mirándola, como si hubiera perdido las funciones que le permitían moverse.
-Sarada saluda a papá, le has hecho correr mucho adelantándote dos semanas -Su voz sonaba como un arrullo acogedor, mientras ponía una mano sobre la espalda del pelinegro y otra sobre la manta que cubría la cabeza de la recién nacida.
Sasuke estaba tan embobado que ni siquiera podía hablar, el pequeño ser humano que estaba entre sus brazos se removía levemente ante la tranquilidad, luego acercó una de sus manos a ella, rozo con cuidado una de sus mejillas, bajando por uno de sus hombros hasta su mano, tan diminuta que parecía desaparecer entre su regazo, el aire le llego de golpe a los pulmones cuando los pequeños y frágiles dedos de la ojinegra se cerraron contra su índice, presionándolo con una mueca indescifrable, curiosa, tanto que parecía sonreír mientras apretaba y movía sus dedos contra los de su padre.
Entonces Sasuke bajo la cabeza, reaccionando ante su nueva realidad, beso levemente a una Sarada que seguía jugando con su mano, concentrada, como si quisiera hacer un pacto con él. La ninja médico sonrió con ternura y dejo que se quedará en esa posición, pudo ver como pequeñas lágrimas caían de los ojos del pelinegro, su corazón se apretó contra su pecho con afección.
Pensando además que de seguro lo habían asustado de más llamándolo de golpe a que volviera con urgencia a la aldea, antes de lo planeado. No quería ni saber qué tontería le había añadido Naruto cuando se dio el gusto de ser quien alertará que su parto se había adelantado.
La pelirosa lo dejo llorar de felicidad, casi escuchando el desenfrenado latido de su corazón.
Y él levantó la cabeza y se inclinó sobre ella, para besarla con los labios trémulos y abrumados de tanta emoción.
-Gracias -Murmuró finamente contra sus labios, desbordado de felicidad, apoyando su frente contra la de ella- Gracias, gracias, gracias...
Su voz sonaba estrangulada en su garganta y ella se permitió, al fin después de varios meses, llorar también, aliviada de que estuviese a su lado, al lado de ambas, durase lo que durase, sabiendo que las amaba, que volvía a ella. Cuando cerró los ojos aún podía ver el hilo delgado que resbala por sus mejillas hasta su barbilla perdiéndose en su ropa.
-Gracias a ti Sasuke-kun, por darme tanta felicidad.
Él se sintió estúpido ante la ironía, era él que no merecía tanto en su vida, que ella incondicionalmente ofreciera quedarse a su lado dándole todo, sin pedirle jamás nada a cambio, él no la merecía, pero no había felicidad más grande que tenerla a su lado.
De poder volver a casa, de que incluso sin estar ahí, ella le sonriese y lo amara como siempre, le daba motivos para seguir, para esperar que en el futuro todo estaría en calma y podría recibir en sus brazos todos los días a la persona que amaba.
Volvió a bajar los ojos, y miró a la pequeña, que se acomodaba entre sus brazos para volver a cerrar los ojos delicadamente, conmovido.
A las personas que amaba.
Sakura beso sus párpados y seco sus lágrimas, él seguía siendo la persona que en lo más profundo de su ser, lloraba asustado, emocionado o feliz, ante aquello que era lo más importante para él.
Se abrazó a su familia, ya no estaba solo, ni en pedazos, estaba completo con ellas, porque las tenía, las amaba más que nada, estaba sanado.
Escucharon a Naruto reclamando su derecho a entrar a aquella reunión por el pasillo, sonrío quedamente mientras Sakura reía lo más bajo que podía, viéndolo entrar como un delincuente poco después, con la ropa de Hokage descolocada por el ajetreo y entre sus brazos, su hijo, casi una copia de él, de apenas unos meses, sonriéndoles feliz de su felicidad, más que nadie.
Entonces fue cuando ellos voltearon nuevamente.
Ese Sasuke engreído y prepotente, esa Sakura infantil y eufórica, ese Naruto inagotable y chillón. Se sonrieron a sí mismos, al ver cuánto habían cambiado, y al mirar cuánto no lo había hecho, en qué medida seguían siendo los mismos de antes
Porque en esencia siempre serían ellos, el Sasuke prodigio héroe, el Naruto leal competitivo, la Sakura fiel enamorada.
Ellos ya no estaban ahí para tomarse de la mano y esperar, ahora estaban ahí, para seguir adelante y avanzar, ellos y todo lo que estaba por venir.
Porque los tres sabían lo que era llorar por amor.
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Comentarios de la autora:
¿Adivinen quién volvió? La renegada, la que desapareció, los saludo esperando que puedan recibirme de vuelta, lo siento a millones, no puedo disculparme por todo lo que desaparecí.
Quiero aclarar un par de cosas, sé que este era un one-shot pero, admito, casi ególatra, que es el que más me gusta, es en el que más pude sentir emoción, al hacer esta parte quiero que sepáis que volví a las andanzas de escribir, ya no lo hago como antes, ciertamente, no me resulta de la misma forma. Espero que aun así, logre poder emocionarlos como antes.
Hice esto, retomando, a pesar de que no seguía la línea del manga, grandes pedazos de este, siento sinceramente que ese él, ese niño que dejo la aldea también tenía una parte que deseaba fervientemente quedarse, en tanto que ya no era el resguardador de Sakura, como siempre, admito que el mejor trio que pudo a haber fue el que formaban con Naruto, siento que fue él quien se quedó a proteger ese lugar que Sasuke quería tener pero no tomo, ese chico que es feliz, más que ninguno, por sus amigos. Creo que estos tres realmente se aman, de distintas formas cada uno, el uno al otro, es por ello que tuve que envolverlo, lo creí necesario, me ayudo a comprender que adoraba escribir cosas que traspasaran la sola línea de lo que pudimos obtener de Kishimoto.
¡Espero puedan perdonar mi auto secuestro! Pero volví, espero puedan seguir apoyándome, siguiendo mis historias y comentando sus emociones.
Miles de besos a todos, este es mi brazo extendido a que estoy de vuelta.
Sasori para tod:s, Sakumi~~
PD: Sí, continuaré y terminaré "Abriendo los ojos del amor", calma, si quieren pueden leerlo lentamente pues está siendo editado, tanto ortografía como redacción y al igual como este One-Shot, he decidido añadir algunas cosas entre líneas.
PD2: Estoy en buscar de un betareader para que me ayude, (así tengo la presión de actualizar) si alguien tiene la disposición ¡Se lo agradecería infinitamente!
