Aqui esta la conti, espero que la disfruten n_n.

En brazos de un demonio

Capitulo 2...


—¡Mi hija! ¡Ese maldito demonio se ha llevado a mi hija!—La voz fuerte y profunda de aquel hombre resonaba por todo el pueblo mientras corría sin dirección alguna en busca de ayuda. De su mano, los pétalos de una rosa negra caían al suelo, convirtiéndose en polvo.

La rosa negra. Ese era el símbolo de que alguien había sido secuestrado por el demonio. Cada vez que él tomaba a su víctima, dejaba una rosa negra sobre la cama de la desafortunada persona, en su casa, para que cuando alguien la encontrara, supiera el fatídico destino que le aguardaba a su amigo o familiar.

Y aquel hombre que corría por el pueblo desesperado no era otro que el alcalde de la villa, el gran Higurashi. La rosa negra había aparecido sobre la colcha rosa que cubría la cama de su hija, Kagome Higurashi, y eso lo había vuelto loco de dolor.

¡Su hija era una idiota e insensata! ¡Como se le ocurría irse de casa en una noche de luna llena! Ahora aquel demonio la había secuestrado, y su vida terminaría muy pronto, a menos que él la encontrara.

—¡Ensillad los caballos! ¡Nadie descansará hasta que la encontremos, y sino es a ella, al demonio!—Gritó dirigiéndose a los hombres del pueblo.

Estos en seguida obedecieron sus órdenes y prepararon los caballos para el viaje. Luego se pusieron las ropas de abrigo, pues la nieve hacía que el ambiente fuese frío, y montaron sus cabalgaduras.

Espolearon enérgicamente a sus monturas, y los caballos salieron raudos y veloces en distintas direcciones, en grupos de dos o tres.

Ente ellos, el alcalde Higurashi cabalgaba cegado por la furia. Encontraría a su hija y a aquel bastardo. Nadie secuestraba a Kagome sin pagar por ello.

Muy lejos de la villa las rejas oxidadas de la mansión oscura se habían abierto, dejando paso a un jardín de árboles tristes y deshojados. Estaban cubiertos por la nieve, al igual que el suelo, y morían de frío.

Inuyasha arrastró a Kagome hasta las grandes puertas de madera húmeda, y con un empujón las abrió de par en par. Todo estaba oscuro.

Obligó a la chica a entrar, y en cuanto las puertas se cerraron a sus espaldas, se encendieron las luces de aquel lujoso lugar. Era como un cuento de hadas.

La joven observó embelesada cada rincón, dejándose llevar por la curiosidad. En el interior todo era muy diferente al exterior. Justo frente a ella había unas grandes escaleras de mármol, que se convertían en dos, dirigidas hacia las dos alas del castillo. En el amplio vestíbulo, donde ella se encontraba, había varias puertas que daban a otras estancias a ambos lados.

—Os aconsejaría que sigáis bien mis pasos, no me gustaría que os perdierais, señorita—Dijo entonces él con voz fría y distante.

Kagome se quedó muda. Durante unos segundos creyó que la frialdad de aquel monstruo había desaparecido, que podía ser tierno, y de repente volvía a tratarla con aquella firme educación llena de frialdad.

Suspiró resignada mientras caminaba tras él, que comenzó a subir las escaleras. Luego cogió el camino de la derecha, y recorrieron un amplio pasillo de alfombras rojas, en el cual había varias puertas a los lados. Al fondo había una amplia ventana que dejaba ver la luna llena. Se detuvieron junto a la ventana, y el demonio abrió la puerta que había a la derecha.

Al entrar, los ojos de la muchacha se abrieron de asombro. Todo era precioso, perfectamente decorado y con las cosas más caras que nunca había visto. De acuerdo, ella vivía entre lujos en su hogar puesto que era la hija del alcalde, más no era ni la cuarta parte de aquello.

La enorme cama de dosel estaba cubierta por sábanas blancas de seda y un edredón de plumas rosa. A ambos lados de la cama había dos grandes alfombras de tacto suave de color blanco, y la ventana estaba cubierta por cortinas blancas. Frente a la cama había una puerta que conducía a un lavabo de azulejos rosas, y al lado de la puerta un gran armario de madera blanca. Justo al lado de la ventana había una silla de madera.

—Espero que os guste vuestra habitación, aunque estaréis aquí poco tiempo. Todo lo que necesitáis está en el armario—Dijo él. Luego se giró, su capa bailó en el aire, y él desapareció cerrando la puerta a su espalda.

La muchacha se quedó allí de pie, sin moverse, pensando en que podría hacer para huir. No sería fácil escapar. Inuyasha era astuto, y sobre todo no toleraría que desobedecieran sus órdenes. Por el momento tendría que enseñarle a confiar en ella, y luego le resultaría mucho más fácil irse de allí.

Abrió las puertas del armario y observó su contenido. Había al menos veinte vestidos de distintos colores, algunos elegantes para lucir en bailes de la alta sociedad, y otros no tanto, pero que si se notaba que eran excelentes diseños hechos de delicadas telas.

Una sonrisa surcó su rostro al detener sus ojos en un vestido de color azul con encajes blancos. Era precioso, jamás había visto una prenda de tal belleza.

Acarició la tela con cuidado, como si fuese a romperse en sus manos, y luego su sonrisa se ensanchó un poco. Abrió un cajón que había al fondo del armario y se encontró con varias enaguas, algún que otro corsé y varios camisones. Sacó un camisón blanco con volantes y lo dejó sobre la cama para cerrar las puertas del guardarropa.

Se sacó la capa y la dejó sobre una silla del lado de la ventana. Luego, con cierta dificultad, se deshizo del vestido azul empapado y lo dejó encima de la capa, para disponerse a quitarse la enagua y el corsé con algún problema.

Una vez hubo terminado de deshacerse de sus prendas, se puso el camisón y abrió un cajón del fondo del armario donde había visto toallas. Se secó el cabello con una, y luego se metió entre la calidez de las sábanas. Estaba agotada y necesitaba descansar, daba igual si era en aquella lujosa y temible mansión, sólo quería dormir.

Y en efecto, unos minutos después de acostarse el sueño ya la había vencido.

En otra parte del castillo, donde llevaban las escaleras que no había tomado Kagome, estaba Inuyasha.

Aquel demonio de frío y despiadado corazón se encontraba sentado en una cama de dosel de sábanas negras, sin ninguna luz que iluminara su soledad. Mantenía la cabeza gacha entre las manos, suspirando.

—Es tan parecida a ella…—Murmuraba—. Y es tan distinta a la vez… Pero seguro que es como ella, un ser solitario, que por proteger a los demás es capaz de matar a su amor… Y fue capaz de echar un maleficio a un hombre enamorado de ella…

Una lágrima se deslizó por su mejilla y cayó en la alfombra, negra como cualquier tela que hubiese en la habitación. El demonio lloraba. ¿Quién lo hubiera pensado? Un ser que todo el mundo creía desalmado y sin corazón, lloraba. Después de todo, hasta el monstruo más detestable del mundo alberga algún sentimiento en su interior.

Inuyasha sonrió tristemente y cogió un marco de madera que contenía un retrato. En él había una hermosa mujer de largo cabello oscuro, con unos penetrantes ojos castaños y un elegante vestido amarillo. Junto a ella, sujetando su sombrero, se encontraba él, Inuyasha.

Sollozó una vez más en silencio, y con toda la rabia que guardaba, lanzó el retrato contra la pared. El cristal del marco se hizo añicos con un gran estruendo, y al chocar contra el suelo, el marco de madera también se rompió.

—¿Por qué… Kikyo…? ¿Por qué nos pasó todo aquello…?—Murmuró entre sollozos.

Unos golpes en la puerta distrajeron su atención, más no hicieron que levantara la cabeza.

—¿Quién es…?—Murmuró en un susurro apenas audible.

—Inuyasha, soy yo ¿Estás bien?—Dijo una voz de varón al otro lado de la puerta.

—Sí, perfectamente… Para mañana quiero que estéis preparados, he encontrado una nueva víctima.

—De acuerdo, estaremos listos.

La voz cesó y unos pasos alejándose indicaron a Inuyasha que la persona se había retirado.

Y se mantuvo allí, sin moverse, sumido en el silencio, la oscuridad, y sus propios recuerdos de un pasado lejano ya. Se levantó tambaleándose y caminó hacia la ventana, donde apartó un poco las cortinas negras y observó la torre que había frente a él, bastante lejos.

Era la torre del otro lado del enorme palacio, donde se encontraba la habitación que ocupaba Kagome. La luz de dicha habitación se había apagado, indicándole que la muchacha dormía.

—Kagome…—Susurró.

Se quitó la capa y la dejó sobre una mesa que había junto a la ventana. Luego caminó hacia la puerta y salió de la habitación. El sombrero ya no estaba en su cabeza, sino sobre la cama, por lo que su larga melena plateada se veía por completo. Más la máscara aun le cubría el rostro.

Recorrió silenciosamente el castillo hasta llegar al dormitorio de la joven, y abrió con sigilo antes de entrar. Cerró la puerta tras sus pasos, y se acercó a la cama, donde un bulto pequeño subía y bajaba al son de la respiración.

Dio la vuelta a la cama y se quedó observando el rostro de la muchacha que dormía. Se veía tan hermosa, pensó. Le apartó un mechón de cabello de la frente, y luego la siguió observando.

El tiempo pareció detenerse en aquellos largos segundos que estuvo escrutando el rostro de la chica. Entonces, ella dejó entrever una mueca de dolor, y soltó un quejido en sueños.

Él continuaba observándola. No había apenas luz, solo unos rayos de la luna que iluminaban el rostro pálido de la joven.

—Eres tan hermosa… Tan parecida a ella, pero en el fondo tan distinta…—Susurró Inuyasha.

Se sacó la máscara y la mantuvo entre sus manos. Su rostro seguía oculto por la oscuridad, era imposible verlo con claridad. Se acercó a ella despacio, y durante unos segundos, notó su aliento en los labios.

No lo resistió más. Se acercó y la besó, despacio, con ternura.

Ella comenzó a despertar al sentir el contacto de unos labios con los suyos. No sabía quien la besaba, lo único que sentía era que adoraba aquel dulce contacto. Era como jugar con un fuego ardiente, pero que no quemaba. Un fuego que ardía, pero que no te consumía.

Inuyasha notó que ella le respondía, pero aun así no pudo alejarse.

La joven, a pesar de estar disfrutando el beso, no pudo evitar que su mente volviera a la realidad. Algo adormilada todavía, era fácil que alguien pudiera aprovecharse de ella en situaciones como aquellas, y ella no sería una mujer tan fácil de doblegar.

Apartó bruscamente al hombre que la besaba y se incorporó con agilidad, a tiempo de ver los ropajes negros que se ocultaban en un rincón junto al armario, entre las sombras. No pudo distinguir la cara del hombre, pero si supo quien era. No era necesario verlo para darse cuenta.

—¿Inuyasha?—Susurró, esperando una respuesta.

—¿Qué?—Dijo él bruscamente.

Entonces, Kagome se dio cuenta de que en sus manos había caído la máscara que Inuyasha llevaba puesta. Era su oportunidad para verle el rostro.

Por su parte, a Inuyasha le había dolido el repentino rechazo de Kagome. Primero le correspondía y luego, sin más, lo empujaba y lo apartaba de ella. Claro, pensó, seguro que era por su condición de demonio. Si ella supiera toda la verdad…

—Inuyasha…—Dijo ella de repente, rompiendo el silencio que se había formado.

—¿Qué?

—Quiero verte.

La respuesta dejó a Inuyasha como la piedra. No podía mostrarse ante ella sin la máscara, lo rechazaría, lo repudiaría, como todos habían hecho.

—No—Respondió.

Salió corriendo de la habitación, sin dar tiempo a Kagome de verle el rostro. Ella se incorporó rápido, corrió a la puerta y la abrió para seguirlo, pero él ya no estaba.

Suspiró resignada y volvió al lecho. Se cubrió con las sábanas y se llevó la mano a los labios.

Inuyasha la había besado. ¿Por qué? Se suponía que era un demonio, alguien sin sentimientos, y que la mataría pasados unos días.

Estaba muy clara la situación. Pretendía engatusarla para que ella no huyera, y así podría tener la certeza de que la mataría.

No, pensó ella, no le daría esa libertad. No se enamoraría de él. Antes moriría que enamorarse de un ser como aquel. Antes la muerte.

En el otro rincón del palacio, sentado en el lecho de sábanas negras, yacía Inuyasha, sonriendo tristemente. Como podía ser tan tonto… Aquella mujer comenzaba a atraerlo… Debía alejarse de ella, o sino se repetiría la historia que había vivido con Kikyo… Y otra vez esa historia no podría soportarla.

Continuara...


Espero que les haya eh leido esta historia 4 veces y me fascina n_n

Sayonaraaaa! Hasta pronto...