El silencio que avecina el desastre
Hoy es el día más esperado de mi vida, hoy por fin se cumplirá mi mayor sueño, este será el día en que me case con Inuyasha, y estoy segura que esto solo me traerá felicidades, él ha cambiado mucho desde que he vuelto, aún recuerdo su comportamiento altanero e insensible, pero me parece increíble su comportamiento hace una semana, cuando hablaba con Sango.
—Kagome…¿Qué tienes?—pregunta mi querida amiga exterminadora, mientras una de las gemelas juega con su cabello y otra retoza con alegría en su regazo, la voz de ella me saca de mis divagaciones, y desvío la mirada sintiéndome apenada, no sé si sentirme triste o no tomarle importancia.
—Pues…nada de importancia Sango—contesto no muy segura, Sango me mira como diciendo "no te creo nada", por lo que decido confesar, no sin soltar un suspiro mayor—pues es que, toda mi vida soñé con un vestido blanco y mi ramo de flores de cerezo y crisantemos, con un bonito peinado y mi familia apoyándome, pero supongo que no se podrá—finalizo suspirando de nuevo, tomando como objeto de distracción mi cabello, Sango sonríe y baja a Minako de su regazo para acercarse a mí.
—Bueno Kagome, eso tiene solución, el vestido, no sé en realidad como lo quieres, aunque tengo una idea por los libros raros esos que traías con vestidos de todo tipo, me puedes decir cómo, mi madre me enseñó muy bien a coser y yo te lo puedo hacer para regalo de bodas, seguro las aldeanas estarán encantadas de ayudar—asegura Sango con una sonrisa, en mi rostro se forma una enorme sonrisa y me lanzo a abrazarla entusiasmada, ella corresponde a mi abrazo y las niñas comienzan a jugar con mi cabello.
—¡Muchas gracias Sango!, eso sería lo más bonito que podrías hacer por mí—respondo soltando mi abrazo, para volver a mi lugar sonriéndole a las niñas, ella se vuelve a sentar sobre sus piernas, sin perder la sonrisa, se lleva un dedo a su mentón en gesto de estar pensando.
—En cuanto a las flores, pues no será un problema encontrarlas, son muy comunes pero quedarán hermosas con tu vestido, el peinado…pues creo que Mari sabe hacer peinados muy bonitos, solo muéstrale la idea del tuyo, lo único malo será lo de tu familia, en cuanto a eso, lo siento mucho Kagome—añade con un tono triste, bajando la mirada, pero yo muestro una sonrisa y tomo sus manos, ella me mira esperando explicación.
—No te preocupes Sango, no me arrepiento de haber venido, y es una lástima que mi madre no vaya a estar presente, pero ustedes son mi nueva familia—afirmo logrando una sonrisa en ella y un grito de júbilo de las pequeñas, ella asiente entusiasmada, y yo correspondo su sonrisa, pero un pensamiento asalta mi mente—Sango, ¿crees que a Inuyasha le agrade la idea de cambiar tanto las costumbres?, digo…no es muy bien visto por aquí usar vestidos así—pregunto sintiéndome algo preocupada y culpable de hacer planes sin hablar con él, antes de que la castaña lograra contestar, la esterilla se abrió dando paso a un hombre con orejas de perro.
—¿Por qué no habría de agradarme Kagome?, puedes escoger el vestido que quieras, no te preocupes si no se usa aquí, yo te conocí con ropas de otra época y no tendría problema en unir nuestras vidas, con ropa que represente tus orígenes—asevera el medio demonio, mis ojos se llenan de lágrimas, y me levanto en un segundo a colgarme de su cuello, las niñas aplauden animadas y su madre sonríe con satisfacción, Inuyasha corresponde a mi abrazo un poco tímido y luego me separo de él, avergonzada de mi efusividad.
Al final, mi amiga y las aldeanas lograron la odisea del siglo, un vestido de novia tan hermoso como el de la revista, y en muy poco tiempo, tan solo una semana, las telas, las compramos en un viaje que hicimos a un festival, quedé maravillada con ellas, pero el precio casi hizo que fuera para atrás, más sin embargo gracias a los regateos de Miroku, alcanzó un precio más moderado, y para mi sorpresa Inuyasha no refunfuñó acerca del precio y pagó sin rechistar.
El peinado y las flores no fueron problema, Miroku se encargó de las flores y como dijo Sango, Mari se encargó de hacerme un peinado precioso, en estos momentos Mari está terminando de colocarme algunas flores en el cabello, me sorprendí bastante de haber encontrado en mi mochila amarilla que se quedó olvidada antes de separarme de Inuyasha por tres años, una cámara de fotos instantáneas, y lo mejor es que traía un rollo extra, parece que la suerte está de mi lado, voy a poder documentar mi unión para la posteridad.
Por fin Mari ha terminado de peinarme y Sango termina con los últimos detalles de mi maquillaje, ella luce un bonito kimono negro, y su cabello está arreglado en un tradicional peinado, según me explicó por ser una mujer casada. Rin, traía un precioso kimono rosa con pétalos de flores de cerezo, y en su cabello traía una horquilla rosa, ambos regalos por supuesto de Sesshomaru.
E incluso él, estaba presente, creo haber escuchado a Rin mencionar que el Daiyoukai hablaba con su hermano, me siento tranquila, se que ahora ya no pelearán.
Llega Kohaku, dándonos la señal de que toda la aldea está preparada y es el momento, Sango sale primero que yo, la sigo separada de ella por unos cuantos pasos, fuera de la cabaña, en el templo se encontraba el altar ricamente decorado, las flores enmarcaban de una manera preciosa el arco de color rojo, al lado de Miroku, se encontraba la anciana Kaede, que esperaba con paciencia, Miroku parecía que elevaba plegarias al cielo, o quizás agradeciendo.
Pero por fin lo enfoco al que será pronto mi esposo, me sorprende de sobremanera encontrarlo con un traje parecido al suyo, pero negro azabache, así como mucho más elegante, su cabello estaba recogido en una cola alta, y éste cae en cascada sobre sus hombros y espalda, su pie se mueve incesante de arriba hacia abajo, y ahora que lo noto, sus pies están calzados por unas sandalias y unos calcetines tradicionales, una suave brisa sopla, moviendo ligeramente mis cabellos.
Él, levanta inmediatamente la mirada del suelo, y en sus ojos pude jurar ver una chispa de felicidad, más sin embargo no hizo ademán de acercarse, cuando llego al altar todo el barullo de los campesinos para, dejando la aldea entera en silencio, para dar inicio a la ceremonia.
La ceremonia transcurre sin mayores sobresaltos, nuestro querido Miroku comienza el ritual y Kaede bendice el sake, el inicio de la ceremonia y por fin llega, la entrega de los rosarios juzu y por supuesto los anillos, ambos bebemos el sake según marca la tradición y por último los votos, y al fin nuestra unión es oficializada, estoy casada con Inuyasha.
Tan solo terminada, los gritos de júbilo no se dejaron esperar, y un flash nos ciega momentáneamente, ese fue Kohaku, ya que le enseñé como utilizar la cámara, unas cuantas fotos más con mis amigos y los aldeanos y en una de esas Sesshomaru se acerca la suficiente y nos tomamos una foto, claro, no es la tan conocida foto del hermano del novio que sale abrazándolo y haciendo caras a la cámara, pero al menos tendremos un álbum con cuñado incluido.
Me siento algo avergonzada, pero a la vez me siento feliz, se que las costumbres indican que no debe haber contacto alguno con mi ahora marido, pero decido romper por una vez el meticuloso protocolo, y me aferro con cariño a su brazo, sintiendo un leve estremecimiento de parte de él, y como su brazo se tensaba, por un momento me arrepiento, pero al sentir como se relaja me siento contenta y recargo levemente mi cabeza en su hombro.
La tornaboda, fue en el corazón de la aldea, ya que al parecer nos quieren mucho y es un gran acontecimiento nuestra unión, por supuesto también fue muy animada, ya que el monje Mushin en su estado etílico confundió a Kaede con una joven doncella y le propuso algo nada decoroso, dejando boquiabierta a toda la gente y muchas más murmuraron que de tal maestro, tal discípulo.
Obviamente el saco le quedó a Miroku, que se sintió según él ofendido, las gemelas imitaron la actuación del monje de mayor edad con unos niños que se encontraban por ahí, haciendo que a Miroku se le atorara un trozo de pollo en la garganta y estuviera a punto de morir ahogado, pero ahí entró en escena el hiraikotsu de Sango, logrando salvarle la vida a su libidinoso marido, el cual apenas repuesto corrió como desesperado por sus gemelas trayéndoselas a rastras.
Unas chicas comienzan a cantar una bella melodía, y en ese momento todo mundo calla, se abre un pequeño espacio en el centro de la masa de gente, mi corazón late a alta velocidad y un leve sonrojo se apodera de mi cara, tal vez fue mera casualidad, pero no la desaprovechare, volteo a mi izquierda, justo donde se encontraba Inuyasha en una distancia no mayor de un brazo, él al notar mi mirada también es invadido por el sonrojo, y desvía la mirada.
Sonrío con felicidad, mientras agito delicadamente mi cabeza, con suavidad capturo uno de sus brazos con los míos, el se sobresalta y me mira intentando adivinar mi propósito, le contesto con la sonrisa un poco más ensanchada y tiro con suavidad de su brazo, el parece comprender pero se siente algo avergonzado.
—Ka…Kagome, ¿no estarás pensando que yo voy a bailar o sí?—interroga molesto y un poco avergonzado, resistiéndose a mi fuerza, yo frunzo ligeramente el seño, haciendo un ligero puchero.
—Eso quiere decir que estamos muy conectados Inuyasha, porque es exactamente lo que estoy queriendo que hagas—señalo sonriendo con suficiencia, el intenta objetar, pero antes de que termine de siquiera decir la primera sílaba, nos encontramos en medio de todas las personas.
Los aldeanos nos miran extrañados, tomo la mano derecha de él, y la coloco con lentitud en mi cintura, las mejillas de él se encuentran bastante coloreadas, pero ignoro aquello y coloco mi brazo izquierdo en su hombro, el sabe lo que viene y con algo de renuencia me da su mano derecha, que es inmediatamente interceptada por la mía, entrelazando nuestros dedos en el acto.
En momentos como estos, agradezco infinitamente el que mi madre haya obligado a mi esposo a ver las películas tan románticas como 27 bodas, creo que eso me ayudó de una manera extraordinaria.
—Pero…yo no sé bailar—murmura nervioso el albino, apretando un poco mi mano entre la suya, busco su mirada y le intento transmitir el amor que siento por él.
—Eso no tiene importancia, es fácil ya verás—aseguro suavemente comenzando con el baile, logro enfocar a Sango entre la multitud y le hago una silenciosa petición, me doy cuenta que ella ha captado inmediatamente porque toma a Miroku de entre las gemelas, dejándolas a cargo de Shippo, para unirse ambos al baile que recién estamos trayendo a estas tierras en guerra.
La gente a pesar del azoramiento del principio, encuentra en aquel acto algo sumamente grácil, y ¿Por qué no?, también divertido, algunos valientes tomaron a sus esposas y se unieron a ambas parejas, logrando animar instantáneamente el ambiente, nadie se quedó sin unirse al baile.
Bailamos tanto, que no nos dimos cuenta que poco a poco anochecía, seguramente la fiesta durará hasta mañana, para que los aldeanos se levanten con una encantadora resaca y nadie pueda ni levantarse, pero claro, nadie piensa en eso ahorita.
Sango y Miroku se acercan con discreción a nosotros, estábamos tan embelesados el uno al otro, y en aquella danza, que no salimos de nuestra ensoñación hasta que Miroku tose, nos separamos algo avergonzados y Sango nos mira con una ceja alzada y el monje con una mirada picara.
—Bueno, nos queda claro que esta es su boda, pero…la noche es suya—suelta sin ningún tipo de vergüenza, nuestras caras ardieron, pero a pesar de ese comentario Sango no parece inmutarse en golpear a su pervertido esposo.
—¿Qué que insinuas libidinoso?—alcanza a formular Inuyasha, mi cara en estos momentos es un tomate maduro y la cara de mi esposo no está en mejores condiciones que la mía, al parecer Inuyasha pensaba en comenzar una discusión con su amigo, cuando una suave risa proveniente de mi querida amiga, casi hace que nuestros ojos se salgan de las cuencas.
—Bueno Kagome, sinceramente no creo que se hayan casado para pasársela bailando, ¿piensan que los hijos vendrán caídos del cielo?, porque yo no, deben de conocer las verdaderas mieles del matrimonio—menciona desvergonzadamente la exterminadora y con gran soltura, en esos momentos no estábamos sonrojados, si no lo que le sigue, definitivamente las mañas se pegan, tanto tiempo con el monje han logrado trastornarle un poco el cerebro a mi amiga.
Comenzamos a balbucear sin control y hacer ademanes con las manos, un poco exagerados, intentando justificar nuestra situación, cuando la pareja nos voltea y nos va empujando levemente hasta la orilla de la aldea, donde ambos colocan su dedo índice en sus labios para murmurar un "shhh" y después sonríen un poco y se dan la vuelta.
No recuerdo alguna vez en la que me haya encontrado tan avergonzada y nerviosa, como en aquel momento, después de perder de vista a nuestros pervertidos amigos, mire con timidez a mi ahora marido, y para mi sorpresa él también se encontraba mirándome.
—Y bien Inuyasha, ¿no piensas mostrarme nuestra nueva casa?—formulo sin dejar atrás la timidez, extendiendo un poco mis brazos a los lados, el asiente y en un momento me tenía cargada en brazos. Esa acción me sorprende un poco, ya que no me lo esperaba, busco su mirada, pero me encuentro con unos orbes del color del oro quemado, que hacen que me sienta cohibida, pero a la vez atraída, dicho contacto visual se ve cortado cuando a grandes saltos, tomamos camino a un lugar, hasta ahora para mí desconocido.
Después de un pequeño viaje, nos encontramos al frente de una preciosa construcción de madera, tenía una arquitectura ligeramente diferente a las de la aldea, siendo mucho más espaciosa y con tintes lujosos, nos miramos por unos cuantos segundos y luego nos internamos en la cabaña, la cual se encontraba en completa oscuridad.
A pesar de que no veo nada, se con seguridad, que Inuyasha si es perfectamente capaz de ver, y lo confirmo cuando se agacha en cierto lugar y me deposita con delicadeza en el piso, por un momento el se pierde de mi contacto, pero luego se hace la luz, mostrándome el interior de mi nuevo hogar.
Si por fuera la cabaña se veía grande, por dentro la palabra "grande" se quedaba corta, a la entrada se encontraba algo parecido a un recibidor, luego la cocina en un cuarto a la izquierda del recibidor, al fondo del recibidor se encuentra un salón, y un pasillo pasaba a la derecha de éste, camine despacio hacia dicho pasillo y en él me doy cuenta que a los lados de éste se encontraban puertas. En total cuento cinco puertas más la del fondo, la cual creo se trata de la habitación principal, en otras palabras…la nuestra, escucho un sonido sordo, es Inuyasha que acaba de clavar a Colmillo de Acero en el marco de la puerta, creando un campo de protección.
Aún me parece algo irreal esto, hace tres años sufría un desamor que me oprimía diariamente el corazón, ser la sombra de lo que alguna vez fue la buena sacerdotisa Kikyou, el tener que luchar contra Naraku y el juntar los fragmentos de una perla rota por mi culpa.
Observo como él se acerca con algo de timidez hacia mí, levanto la mirada para encontrarme con la suya y encuentro que sus mejillas están encendidas en un potente rojo, mis ojos se abrieron un poco más y mis mejillas se colorearon de la misma manera, el se arrima un poco más, hasta agacharse delante de mí y levantarme con cuidado en brazos, me aferro con cariño a él, disfrutando de su nerviosismo.
El camino a la habitación se me hace eterno, solamente escucho sus suaves pasos y el desbocado latido de mi corazón, siendo seguido de cerca por el sonido del suyo, al llegar a la puerta, él enciende una vela que se encuentra cerca, entrecierro un poco mis ojos en lo que se acostumbran al cambio de luz, pero al lograrlo, se abren por completo al ver nuestra habitación.
Es bastante espaciosa, y tiene un gran ventanal en el lado derecho, el cual de seguro da al jardín, por el lado izquierdo es una puerta que supongo es el baño, un pequeño tocador, y algo parecido a un armario. Pero lo que llama inmediatamente la atención, es un mullido futón de considerables proporciones, que se encontraba en el centro de la habitación, pegado a la pared de atrás, cuenta con dos almohadas que a simple vista dan la impresión de ser bastante cómodas, unas cobijas enrolladas sobre éste, posiblemente para utilizarse si bajaba la temperatura.
Siento como el agarre de Inuyasha sobre mis hombros se intensifica unos momentos, pero sin llegar a lastimarme, y así como comenzó se fue, desvío mi mirada de la suya, sintiéndome apenada, pero mi corazón se oprime dolorosamente dentro de mi pecho, recordándome los tres años apartada de él, retorno mi cabeza con decisión, mirándole a los ojos, encontrándome con la suya, sus ojos me miran con una mezcla de ternura y pasión que me hacen derretirme, sus pupilas tan hermosas se encuentran ligeramente oscurecidas, dándole un aire mucho más salvaje, y por supuesto pasional, ignorando el calor en mi rostro, dirijo mi mano derecha a su rostro, acariciándolo lentamente y con suavidad.
Escucho un gruñido suave, parecido a un ronroneo, el posa su mano sobre la mía, disfrutando de la caricia, bajo mi mano suavemente y con una agonizante lentitud, tocando todo su rostro en el proceso, memorizando cada rasgo de su perfecta cara, él abre las brillantes pozas ambarinas, dándome una mirada felina, mi corazón dobla su ritmo y me siento repentinamente acalorada.
Mis manos descienden con lentitud, intentando capturar y potenciar la atmosfera sensual y apasionada, mis dedos tocan el borde del haori, me siento de repente algo frustrada, pero lo dejo pasar, sus manos descienden sobre las mías, repitiendo el camino antes recorrido por mis temblorosas manos, no pude evitar morder levemente mis labios, en un acto desesperado por no decir algo comprometedor.
Sus pupilas destellan con un fuego en el que me encantaría consumirme, suelto mis manos de su agarre y las llevo a su rostro, acercándome a él, uniendo nuestros labios en un pronunciado beso, que comienza con algo de intensidad, hasta volverse apasionado, desbordante, anhelante.
Rompo el contacto, mi mente maquina a mil por hora, es el momento, de verdad debo dar el siguiente paso, Inuyasha es demasiado tímido para hacerlo por iniciativa propia, mis mejillas están el punto máximo de coloración, pero las ignoro, llevo mi mano derecha hacia el cierre de mi vestido, bajándolo con una lentitud que hasta a mi misma me desesperaba, sus gestos se mostraban hambrientos y esperaban con ansias que aquella estorbosa prenda dejara de cumplir su función, la de cubrir.
El cierre se ve por fin abierto, y me revuelvo con algo de incomodidad, ya que el vestido no saldrá con facilidad, lo bajo un poco más, hasta llegar a mis caderas, donde me veo en un dilema, debo levantarme para quitármelo, busco su mirada y lo veo cual lobo a punto de devorar a una indefensa presa, le hago una silenciosa petición y me suelta al momento, me levanto con dificultad, y encuentro que mis pechos a penas y son tapados por el frente strapless del vestido, haciéndoles ver más voluptuosos de lo que en realidad son, justo cuando había comenzado la tarea de sacármelo, siento su poderosas manos sobre mis antebrazos, alejo mi mirada de mi fastidiosa tarea, pero más sin embargo no me encuentro con la suya, ya que se encuentra cubierta bajo su espeso flequillo.
Me siento nerviosa, quizás hice algo considerado inmoral o me adelanté demasiado, intento lograr contacto visual, pero no lo logro, hasta que por fin el deja ver su mirada, más sin embargo no es la misma de antes, ahora es sombría, fría, carente de sentimientos, siento como si en mi espalda cayera un balde de agua fría, esa mirada no me gusta en lo más mínimo y me pone demasiado nerviosa, intento mover mis brazos, pero están férreamente agarrados por sus puños, mi alma cuelga de un hilo y justo cuando pienso hablar, sus palabras terminaron de cortar por completo mis ilusiones de muchacha recién casada.
—Ka…Kagome, no creo que sea el mejor momento para hacer eso, vístete, no miraré—articula con dificultad, mi corazón se rompe en mil pedazos desde la primera palabra, mis ojos se inundan de lagrimas que claman por salir, pero yo me abstengo de dejar salir, estoy segura que cometí un error, tal vez fue que me desvistiera, que le tocara sin permiso, que tomara la iniciativa yo, ¿en que pude haberle ofendido?
—I…Inuyasha, ¿Qué error cometí?—pregunto dificultosamente, intentando no demostrar mi voz tan quebrada, el me mira de soslayo, como si fuera por mero compromiso y dice.
—Lo siento Kagome…pero creo que no estoy listo para este gran paso, no quiero llegar a cometer una estupidez—finaliza dando la vuelta y se dirige a la puerta, lo sigo con mi cabeza angustiada, desilusionada y sobretodo dolida, ¿esta es la noche de bodas de ensueño en la que pensaba?, más parece una pesadilla.
Sus pasos se pierden en el pasillo, alegando que iba por algo de comer, a pesar de no intimar debemos dormir en la misma habitación, y mañana deberé fingir que soy una feliz recién casada, satisfecha con su matrimonio, ya que el decir que nuestro matrimonio no a sido consumado, sería una deshonra para Inuyasha, y esa es la función de las esposas, ser perfectas en guardar discreción, no se en realidad que hice mal, pero supongo que mi falta podrá ser olvidada en poco tiempo, o al menos…eso es lo que deseo.
Lo se amigas!varias de ustedes desearan matarme!han de decir y la felicidad donde queda?pues bueno, debo decir que en este fic a comenzado oficialmente el drama, un capitulo bastante dramático o me equivoco?no se si en verdad esperaban que metiera el lemon aquí, (creo que en una noche de bodas queda sobreentendido que debe haber cofcof eso) pues como verán o notaran aquí no!MUAHAHAHA soy mala, pero es que como su nombre lo indica, el silencio que avecina el desastre, traducido a que…se viene lo BUENO!no pierdan pisada del fic!o se medio sacaran de onda!los próximos capis me querrán venir matando, claro excepto en el lemon, pero como todas sabemos, aquí no en fanficslandia no se puede publicar lemons, asi que en el blog se a dicho!o en otro foro xDDD
Yo me despido, quejas, sugerencias, al final del mensaje, por escrito en un lindo comentario, serán todos bienvenidos!Muero por sus comentarios y opiniones!
Lo mismo de siempre…
Besitos!
XOXO
