Un hombre se bajó del coche, provocando el sobresalto del de ojos azules. Salió un ligero vaho del interior de la máquina y el misterioso hombre vestido con un traje antinuclear de color amarillo se quitó la máscara que llevaba, dejando ver un rostro familiar para él.

-¡Alfred! –dijo el profesor Von Bock mientras se ponía sus gafas para ir a darle un abrazo.

-¡Doc! –Alfred corrió para darle un abraza -¿Dónde has estado? Estaba preocupado, llevo una semana sin verte más o menos…

-¿Tienes el móvil? –dijo mientras le revisaba los bolsillos al joven. Alfred trató de zafarse y se apartó, mientras lo sacaba –sí, sí… he traído mi móvil ¿Para qué lo quieres?

-Necesito que grabes algo y como he recordado que tenías un iPhone con una cámara muy buena he pensado que será lo mejor –dijo mientras le daba un par de palmadas en la espalda y sacaba un cuaderno para apuntar -Vamos, Estonia, vamos… -dijo mientras llamaba a su perrito el cual bajaba desde el camión.

Subió al coche, siendo alentado por su dueño y se sentó tranquilamente y sacando incluso la lengua mientras respiraba agitado. Doc le puso el cinturón con cuidado, así como un cronómetro.

-¿Qué vas a hacer, Doc? –dijo Alfred mientras ponía la cámara en su móvil.

-Calla y ponte a grabar, Alfred…

-Voy… -Alfred puso la cámara a grabar mientras las manos le temblaban del frio.

-Yo, el doctor Eduard von Bock, estoy en Hill Valley a las 1:00 horas de la madrugada. El experimento del tiempo va a dar comienzo -Se acercó al perro y mostró sus cronómetros –el reloj de Estonia y el mío van perfectamente cronometrados como puede observarse. El experimento va a llevarse a cabo.

Doc se apartó y echó a Alfred a un lado. Le cerró la puerta al coche y con un mando de coche teledirigido llevó al coche al final del aparcamiento.

-¿Eso está conectado al coche, Doc?

-Si… -dijo asintiendo mientras trataba de poner al coche a 140 km. Por hora.

-¿Y qué se supone que tiene que hacer? –Alfred bajó el móvil distraído.

-¡Sigue grabando! ¡Sigue grabando! –decía Doc emocionado –cuando ese cochazo llegue a 140 km. Por hora vas a ver algo acojonante… -agarró a Alfred del brazo y le puso justo delante de la trayectoria del coche.

-¡Nos va a atropellar aquí!

-Calla, Alfred… -soltó una palanca del mando y el coche se dirigió hacia ellos.

Alfred trató de quitarse pero Eduard se lo impidió. El coche se dirigió cada vez a más velocidad y en ese momento Alfred recordó que tenía que seguir grabando y lo hizo. Se aproximaba cada vez más y el rubio empezó realmente a temer por su vida, pero en ese instante empezaron a salir unas chispas azules del coche el cual desapareció delante de sus narices dejando un par de surcos de fuego a sus pies.

Eduard miró el mando, los surcos y puso una cara de alegría. Empezó a saltar como un loco mientras gritaba de euforia:

-¿Qué te había dicho? ¡140 Km. Por hora!

-¡Dios mío, Doc! ¡Has desintegrado a Estonia! –dijo Alfred cogiendo la matrícula que se le había caído al coche cuando desapareció. La soltó debido a la alta temperatura que había cogido.

-¡Tranquilo, no he desintegrado a nadie!

-¿Entonces dónde está? –dijo alarmado mientras seguía grabando sin darse cuenta.

-¡La pregunta exacta es cuando! He mandado a Estonia… ¡Al futuro! Un minuto precisamente…

-Un momento Doc, me has dicho que has construido una máquina del tiempo… ¿Con un Delorean?

-Bueno, he pensado… si vas a construir una máquina del tiempo en un coche, pues mejor que se haga con estilo… -de repente sonó uno ruido de explosión en medio de la nada y aparecieron a la vez unas chispas. -¡Cuidado! –dijo apartando a Alfred corriendo. El coche apareció derrapando, cubierto de hielo.

Eduard se acercó al coche mientras Alfred seguía grabando. Se acercó al coche para abrirlo pero apartó la mano, estaba muy frio pero logró levantar la puerta, encontrando al perrito dentro y entero.

-¡Ah! ¡Pequeño granuja! –Eduard acercó a Alfred al interior del coche y le enseñó una estructura con forma de Y hecha de leds amarillos –mira, esto es lo que hace posibles los viajes en el tiempo…el condensador de fluzo lo invente un día que estaba montando una tubería para un ruso y me caí. Cuando desperté tuve una revelación, una visión… de esto… y fue un 21 de octubre de 1985… si… ¡Ahora me acuerdo! Y si quiero viajar a ese momento solo tengo que programar esto… son los tiempo-circuitos… -dijo mientras le enseñaba una pantalla táctil transparente de color azulado-este te dice dónde estás, éste dónde vas, éste dónde has estado…

-¿Y esto cómo funciona? ¿Es eléctrico? –dijo Alfred mientras seguía grabando a Doc en el momento en el que este se levantaba para repostar.

-Funciona con plutonio…

-¿Quieres decir que este cacharro es nuclear? Doc, no se puede entrar a Mercadona y comprar plutonio, ¿lo has mangado?

-¡Calla! –Eduard le bajó a Alfred el móvil –claro, a un grupo de nacionalistas árabes. Ellos me lo daban a cambio de unas piezas que en cuanto pongan en funcionamiento explotaran pero porque son muy malas ¡y así todos salimos ganando! Y funciona con gasolina, pero necesita una reacción de 1,22 gigavatios para viajar por el tiempo… Ahora ponte un traje, tenemos que repostar…

Alfred y Eduard se pusieron un traje anti-radiaciones y mientras recargaban el motor del coche, Eduard preparaba sus maletas.

-¿Te vas?

-Sí, veinte años hacia el futuro. Deseo ver si la humanidad ha avanzado en medicina y tecnología, si las dos Coreas se han unido o si EEUU pasa a ser de la Unión Europea…

-Claro, EEUU parte de la Unión Europea… -dijo Alfred por lo bajini.

En ese momento escucharon un derrape de una furgoneta a toda velocidad que se acercaba al lugar. Había varias personas en su interior y lo peor, llevaban un pañuelo cubriéndoles la cara y unas armas. Se detuvieron justo delante del joven y del doctor tras haber disparado numerosas veces al aire, Alfred afortunadamente se escondió detrás del camión, pero Eduard, que llevaba una pistola trató de disparar… sin salir una bala de esta.

Uno de los terroristas cargó su arma y apuntó al doctor más viejo. Disparó en su pecho, tumbándole en el suelo. Alfred salió de detrás del camión.

-¡No! ¡Cerdos! –se quedó plantado justo delante de la furgoneta de esos hombres pero enseguida comprendió que había sido una mala idea. Uno de ellos sacó otra pistola más grande y apuntó al joven de ojos azules. Alfred cerró los ojos temiéndose lo peor. Pero afortunadamente no salió nada.

Corrió y se metió en el coche, se abrochó el cinturón y pisó a fondo el acelerador. Dio numerosas vueltas por el aparcamiento siendo perseguido por esos hombres.

-¡Dios mío, Doc! –dijo mientras pasaba al lado del cadáver de su amigo sin poder parar al ser perseguido. Solo podía pensar en huir de esa gente o hacer suficiente ruido como para atraer a la gente del pueblo o llegar a una comisaria.

Comenzó a pisar a los pedales, miró la pantalla y empezó a notar un tembleque en el coche conforme se dirigía hacia un kiosko con la esperanza de distraerles, pero tras un haz de luz que le dejó deslumbrado. Cuando recuperó la vista estuvo a punto de estrellarse contra un cartel, aunque por suerte giró a tiempo y solo se chocó por un lateral.

Varias personas se acercaron al coche, tremendamente sorprendidas por el aterrizaje tan forzoso del joven. Estaban estupefactas al ver un coche semejante a lo que sería un Delorean de la época, pero era tan moderno y con tantas modernizaciones que no podían ni reconocerlo. Alfred salió del coche, dejando a los dos guardas de seguridad del lugar que todavía estaba en construcción estupefactos.

-¡Ey, tú! ¿Qué haces? –dijeron mientras le apuntaban con una pistola.

-¿Qué ha pasado? –Alfred estaba atontado sin poder decir nada. Su traje realmente les causaba pavor. En ese momento, saco su móvil y encendió la opción de linterna y cegando a los guardas.

Estos se dieron la vuelta y dispararon al aire contra el coche, algo que ya empezaba a cabrear a Alfred, porque eso de los disparos contra su integridad física no terminaba de convencerle.

Se escondió en el coche y decidió arrancar, asustando a los hombres que trataban de dispararle, los cuales echaban a correr en menos que cantaba un gallo.

Alfred estuvo a punto de llegar a Hill Valley pero se quedó casi a 4 km. cerca de un cartel que anunciaba la construcción de una urbanización… su urbanización. Estaba que no se lo podía creer. Trató de detener algún que otro coche que pasaba por ahí, pero ninguno lo hacía. Por suerte se encontró con una parada de autobús y durante media hora estuvo esperando hasta que por fin llegó uno que llevaba a Hill Valley. Subió aliviado, aunque le resultó bastante raro y antiguo. Los autobuses ahora solían llevar anuncios publicitarios dentro y fuera, pero ese estaba sucio y sin aparentemente ninguna publicidad.

Buscó alguna cajita para poder pasar por el sensor magnético su tarjeta, que le acreditaba como abonado al transporte público de la zona, peor no lo encontró. Era muy sencillo, tenía que pasar una tarjeta magnética por una cajita y recargarla solo cada mes. El conductor se giró y le miró.

-¿Buscas algo, chico?

-¿Dónde puedo pasar la tarjeta?

-¿Qué tarjeta?

-La del transporte… ya sabe, para no pagar y…

-Niño, aquí todo se paga al instante de subir… ¿Eres tonto o que te pasa? Son 80 centavos…

Alfred rebuscó en su bolsillo pero no los encontró, no llevaba apenas dinero, así que no tardó en ser echado del autobús casi a patadas.

El joven se quedó sentado en el arcén mirando al autobús que se iba. Escondió como pudo el coche y el traje antinuclear y decidió ponerse en camino andando a Hill Valley.


El segundo capitulo jeje! Hoy estaba inspirada que llevo subiendo muchas cosas y escribiendo aunque llevo tal retraso con todo que es insuficiente TAT En fin, espero que os guste este! No es muy emocionante pero hay que hacerlo y seguir con las cosas y la historia. El siguiente capitulo será mucho mas divertido porque Alfred se encontrara con sus queridos padres…