Saludos a todos los que han decidido pasar por aquí, amigos lectores y escritores.

Seré honesto con todos ustedes. No esperaba la respuesta que tuvo el primer capítulo. La verdad, con sus comentarios y seguimientos me han dejado más que sorprendido. Ciertamente no pensé que algo tan…extraño pudiera tener esa acogida, así que por eso les doy las gracias.

Por otro lado, debo reconocer que en todos los años que llevo escribiendo todo lo que puedo, este capítulo ha sido, por lejos, lo más difícil de mi vida. Debo haberlo revisado más de un par de veces y es que escribir de este personaje, a pesar de darle nombre a la serie…en serio, no pensé que un análisis concienzudo podía resultar tan espantosamente complejo, así que todo cuanto puedo decir es que todas sus críticas, observaciones, todo cuanto deseen hacerme saber estará justificado y lo agradeceré de corazón.

Antes de seguir, quiero agradecer a Scissors-Luv93, JORI4EVER, AcheleB, un gentil anónimo, Ali, LeeGilliesD, Vnat07 y Silverke, han sabido instarme a continuar.

Victorious pertenece a Nickelodeon y la canción de inicio a Eminem y Lil Wayne. Sean Bienvenidos.

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It's a little too late to say that you're sorry now

You kicked me when I was down, fuck what you say, just

Don't hurt me, it don't hurt me, no more

Bitch, you get no love

No era de mi gusto…es decir, no era de escuchar mucho rap, pero no sé qué tenía esa canción que me quedé escuchándola cuando la pasaron por la radio. Ciertamente servía un poco para practicar el idioma. Aunque me lo enseñaron en casa, seguía siendo la segunda parte de mí, porque en la misma casa sólo hablábamos en español y ocasionalmente el idioma local. Supongo que la canción en el inglés más rápido que jamás hubiera escuchado sonando a todo volumen en la oficina que me habían asignado podía ayudarme a hacerme la idea de que en realidad sí estaba obligado a sacar esa parte de mí que no me agradaba demasiado o en realidad, esa que no me hacía sentir tan cómodo…o puede que simplemente seguía sintiendo esa parte como un disfraz y no como mi verdadero yo…qué más da, al final la canción era buena dentro de toda su agresividad, no entendía cómo es que no la había oído antes…

Claro, difícilmente iba a concretar algo si cuando menos me lo esperaba, los golpes en la puerta me devolvían a la realidad, como en el preciso segundo en el que el estribillo seguía, obligándome a apagar la radio y saltar del asiento, lamentando incluso el no saber de qué canción se trataba…aunque si sabían mantenerme entretenido, lo más probable sería que terminara por olvidar todo lo escuchado e incluso el interés que había mostrado. No se extraña mayormente lo que no se conoce y lo que no se conoce en detalle o directamente lo que has reemplazado con algo mejor o simplemente algo de mayor peso. Pero no tenía más forma de saber si me encontraría algo así que abriendo la maldita puerta que no dejaba de sonar como si no hubiera oído antes…

−Buenas tardes –un saludo que me cayó antes que la figura del otro lado–, usted es…

−El psicólogo, sí –y con eso bastaba, aunque mi nombre estuviera ya grabado en la maldita puerta–. Y a ti… ¿Te envía la directora o Lane?

−Bueno…el segundo dijo que usted quizás…podría ayudarme –y a pesar de sonreír, era fácil percibir en la chica (sí, era una chica, no lo mencioné) cierta cuota de duda, normal, muchas veces no estamos convencidos de estar haciendo lo correcto, incluso cuando se trata de nosotros mismos.

−Entonces… ¿Vas a pasar o esperas una invitación formal? –Y sin esperar siquiera la respuesta, la afirmación, nada, volví al escritorio a ver si encontraba la ficha basándome en su aspecto, sabiendo por los pasos que la invitación, efectivamente, no era necesaria, así como tampoco darle demasiadas vueltas a todas las fichas, porque las fotos eran muy claras y en ella no existía mayor cambio–. Entonces… Victoria Vega, ¿no es así?

−Sí, pero mis amigos me dicen Tori –soltó ella sin perder la sonrisa, no venía al caso.

−Tú lo has dicho, tus amigos –desde ya me parecía desventaja sentir simpatía por ella por el solo hecho de tener ascendencia latina, lo mejor seguía siendo dejar bien claras las cosas antes de lamentarlo y compensar dicha simpatía de alguna manera…sin contar que, por alguna razón, el nombre me sonaba de algo que parecía demasiado esquivo como para intentar captarlo–. Así que… ¿Dices que Lane te envió aquí?

−Oí hace unos días…que lo habían contratado –claro, en un lugar tan grande y tan pequeño a la vez…no notar los cambios sólo podía hablar de absoluto desinterés, eso que nos gustaría tener y que nadie alcanza a poseer–. Luego él me dijo que era su amigo, que sabía lo que hacía aunque no lo pareciera y…

−Ya veo, no es cosa de expediente –eso lo agradecía, no hablábamos de una chica conflictiva…es decir, sí había puntos menores que destacar, pero nadie es perfecto, ahí estaba la prueba…y sin embargo, seguía sintiendo que su nombre lo había dicho en otra ocasión…como si hubiera estado presente en la misma oficina, lo cual era absurdo, sabía que era la primera vez que trataba con ella… ¿O no? No podía ser la edad, no alcanzaba para afectarme la memoria…no, no tenía por qué ser la edad, había otras cosas que no me ayudaban a recordar…no, esas cosas no tenían que ver, porque no recordaba haberla mirado y haber unido todos los puntos a la vez…

Primero estaban la vestimenta, nada extraordinario, como mucho los jeans, las botas bajas y la blusa blanca, muy propio de cualquier chica, así que si quería partir sacando algo de alguna parte, de ahí no obtendría mucho, porque los rasgos…bueno, sí, sí había algunas cosas, primero, siempre me miraba a los ojos…bueno, al ojo y eso no parecía sorprenderle mucho, lo agradecía, aunque se notaba bastante nerviosa a simple vista, con las manos enlazadas a la altura del abdomen, mismo nerviosismo que parecía manifestarse en la sonrisa que esbozaba, podía ser un gesto natural, podía ser el reflejo que buscaba aligerar la tensión imperante…si es que a ella le incomodaba mi silencio, el mismo que empleaba para fingir que miraba la ficha cuando en realidad sacaba por conclusión que a ella la enervaba cualquier cosa, el silencio, mi presencia silente, el lugar un tanto sombrío, la sola presencia de un desconocido al que se decidía a recurrir…el mismo hecho de pedir esa clase de ayuda. Y si añadía pequeños detalles como un largo cabello suelto que podía parecer caótico cuando en realidad se notaba ligera preparación y el hecho mismo de no dejar de sonreír cuando su cuerpo parecía pedir a gritos algo que le brindara un poco de calma…todo me decía que, a grandes rasgos, tenía frente a mí a una chica increíblemente nerviosa, insegura, que parecía haber luchado contra mil y un demonios con tal de llegar a golpear la miserable puerta y obligarme a apagar la radio.

−Así que Lane te dijo eso de mí –asintió rápidamente, como si con eso quisiera ganar aprobación, como si mis palabras fueran un reproche–. Cree saberlo todo, pinche cabrón −gruñí furioso, cosa que pareció alterarla un poco–, pero no importa, viniste y no te dejaré colgada, así que recuéstate en el diván por favor.

Suele pasar con los primerizos en general, les cuesta aceptar que tienen que estar en una posición vulnerable, de desventaja, mientras el tipo al que han recurrido los mira desde arriba o directamente no los mira y se concentra en la libreta. Finalmente lo hizo, como deduciendo que era lo lógico, dejando caer la cabellera del otro lado del extremo del mueble, quizá ni se percató de ese detalle dado su estado de permanente tensión, de manera que me limité a acomodarme y volví a guardar silencio, porque ya que ella necesitaba la ayuda, prefería mil veces que ella buscara la forma de comenzar, aunque fuera diciendo algo absurdo como…

−Lo cierto es que…es la primera vez que hago esto y…no sé cómo comenzar –algo así más o menos tenía en mente, lo veía venir.

−Normalmente, todos vienen aquí motivados por sus propias dudas –a grandes rasgos, no tenía por qué ser toda la verdad–. Si no vienen obligados, es porque sienten que tienen algo que decir, un secreto que, por lo general, ni ellos mismos conocen…y lo ven a uno como el intérprete de todo aquello que puedan albergar en la cabeza –no parecía muy orientada, habría que ayudarla más–. Imagina que debo interpretarte, porque todos tenemos el instinto más o menos desarrollado…pero no nos basta con sentir que tenemos un problemas, también tenemos que saber su nombre, aprender a reconocerlo y ya con eso, enfrentarlo siempre es lo más sencillo y créeme, no hace falta ser un genio para comprenderlo, tú viniste aquí porque tienes un problema que probablemente no reconozcas, pero también cabe la posibilidad de que sí lo hagas, pero no tienes el valor de definir su forma ni mucho menos de darle el nombre –seguía sin hablar y eso sí que comenzaba a exasperarme, no iba a adivinarle si no me iban a pagar más por atenderla–. Lo cierto es que, si no sabes de qué hablar, puedes comenzar por donde quieras, todos los caminos nos llevan a Roma.

−En realidad…no sé por qué no he venido antes…y quisiera saber por dónde comenzar…

−Entonces lo haremos a mi modo –solté ya más que harto, actitud que ella pareció notar, pues no tardó en adoptar su cuerpo cierta rigidez–. Bueno Victoria, buscaremos con pinzas si no ayudas, así que…háblame de tu familia.

−Sobre mi familia no tengo quejas –qué gran avance, eso me decía mucho–. Bueno…mis padres son muy buenos conmigo y mi hermana mayor…no negaré que a veces siento que de mayor no tiene nada y eso…eso a veces me molesta.

−Los hermanos son enemigos naturales, intenta no olvidarlo…

−Es mucho más que eso, es…es que cuando se tiene una hermana mayor, siempre se espera que ella actúe acorde a las circunstancias y que…que la misma edad se manifieste…no sé, en cierta madurez…en cierto trato que te haga sentir protegida…

−Debo suponer que tratar con esa muchacha ha de ser una labor difícil…

−¿Difícil? Puede ser un calvario –qué bueno, un problema, entrábamos finalmente por tierra derecha mientras yo luchaba por recordar–. A veces se comporta como una niña caprichosa y…y me obliga a mí a tomar su lugar y a tener los pies en la tierra –no esperé que una chica como ella me hablara con tanta amargura−. A veces me pregunto si realmente tengo una hermana mayor y no…no una hermana pequeña caprichosa y mimada.

−Debes saber que la edad no significa nada –comenté con cierta indiferencia–. Por esa misma razón estás obligada a suplir la carencia que ella misma deja en tu vida actuando tú como la chica madura…y quién sabe, obligándote a ti a madurar un poco antes para así, mantenerla bajo cierto control –no parecía muy convencida con mi argumento…y a quién quería engañar, yo había sido hermano mayor y sabía que había actuado como tal–. No es algo que se dé solamente entre hermanos, ¿has visto las diferencias de edad que se dan en algunas parejas? A veces las mujeres buscan hombres mayores porque sienten que los de su edad no compensan su propia madurez…aunque permíteme decirte que es una falta de madurez creer que ya has alcanzado la suficiente y dar por hecho que nadie está a tu altura.

−Lo tengo claro y creería que es mi problema si…si no fuera porque a veces, ni mis propios padres la soportan –qué hermosa familia, muy unida.

−¿No estarás exagerando un poco?

−Para que se haga una idea, para ella un día de cumpleaños es poco, tiene que tener una semana completa –aquello me superó, imaginar la semana en el calendario por poco me hace soltar la carcajada–. No sé si…si he sido capaz de acostumbrarme o ya…ya estoy llegando a mi límite.

−Cuando es la familia, nuestra paciencia puede llegar a ser casi de santos, así que dudo que tu problema vaya por esos derroteros…aunque sí contribuye a añadir más peso a la mochila que sabes que cargas, pero desconoces qué más contiene…es decir, tu vida no se limita a la familia y esa hermana insoportable en particular, por algo estás aquí, ¿no?

−Me invitaron a unirme a Hollywood Arts porque les gustó cómo canté una canción que mi hermana debía cantar y no pudo –hermoso, si después de todo, si no hubiese sido por la hermana…bueno, no había hecho nada, salvo no poder, lo cual siempre ayuda en determinadas circunstancias–. No lo esperaba, es cierto, pero…lo cierto es…que no estoy segura si ha sido o no lo mejor que me ha pasado.

−Te invitaron a este lugar por tu talento, ¿te parece poco?

−No es que no me agrade el haber logrado estar aquí, me encanta, pero…

Siempre, o casi siempre, después del pero, sigue una pausa que te hace lamentar la pregunta que ha dado pie a la insinuación de una respuesta que parece no llegar nunca y que, para peor de males, no sabes cómo impulsar, cómo imprimirle mayor fuerza, cómo hacerle saber a quien debe formularla que necesitas sus palabras en el momento, que es para hoy como quien dice, que no es tu trabajo esperar, más concretar, más recibir, más escuchar y después interpretar si es que te da el tiempo después, porque muchas veces se da que esperas, escuchas y tienes que dar lugar a otra sesión para brindar tus conclusiones. Pero la chica no contaba con eso, no, Victoria Vega, el mismo nombre que recordaba de algo, seguía siendo una primeriza a insegura por naturaleza, a pesar de demostrar que estaba propensa a perder los estribos con rapidez si hablábamos de su querida hermana mayor que de mayor parecía tener el título nada más. Ahí se quedaba la chica, la latina hasta cierto punto, ve tú a saber si los padres eran latinos ambos o sólo el padre a juzgar por el apellido…ve tú a saber si le gustaba sentir la presión que la impulsaba a darle forma de una vez a la respuesta que ya quería y no esperaba.

−Supongo que nada es perfecto, ¿no? –Pareció agradarle que hablara en su lugar, orientándola así–. Pero si estás conforme con el lugar, debo suponer que el problema reside más en la gente…por lo general es así, ¿no?

−Pero…cómo voy a creer que la gente sea un problema si…

−¿Tienes miedo de criticarlos al decir que tu problema se debe a ellos? –Me incliné sobre mi asiento, ya me empezaba a cansar el jueguito–. Escúchame bien, muchacha, no estoy dispuesto a repetirlo, el problema tiene valor en sí mismo, no eres peor persona por sentir repulsión o rabia porque sabes esconderla, pero ya viene siendo hora que dejes esa inseguridad que te invade y empieces a pensar qué chingados haces en esta oficina si nadie te mandó, porque lo que es yo, a mí no me pagan por adivinar nada, ¿he sido claro?

Con eso debía bastar, porque la muchacha me miró con sorpresa, como si finalmente notara la presencia de un parche negro que cubría mi ojo…o como si acabara de gritar la peor de las aberraciones. Pero ya me estaba cansando y parecía captar que con mi tiempo nadie jugaba, por él cobraba y no tendría problemas en despacharla diciendo que no tenía nada, que dejara de joder. Si la chica Vega quería demostrarme que sí valía la pena escucharla, que las palabras vinieran de su iniciativa y no de la presión que sobre ella me viera obligado a ejercer. Si vas a decir algo, hazlo, si vas a hacer algo, hazlo de frente y no por otros, hazlo por ti. Parecía ser que a ella le costaba un poco eso último. Ya venía siendo hora de ser un poco egoísta, pequeña Madre Teresa, que nadie te va a dar el premio a la amiga del año por pasarle las estupideces a otros.

−No sé si hablar de personas en plural –aleluya, ya te quería escuchar–, pero…supongo que cometí algunos errores cuando me encontré aquí por primera vez…

−Bueno, errores que cualquiera cometería si…

−Si no supieras que el chico al que besas tiene novia –aquello hizo clic en alguna parte de mí, pero preferí dejarlo pasar–. Fue todo una tontería, es verdad, pero en muy poco tiempo conocí a mis amigos y…a quienes no lo serían tanto…debido a mi torpeza.

−Si hablas de luchar contra la culpa por algo que hiciste sin saber…

−No es culpa, no es eso –qué bueno que me interrumpiera, hablaba de cierto control, aunque a duras penas parecía conservar la calma, como si fuera incapaz de creer las palabras que escapaban de sus labios–, es sólo que…desde ese día se me metió en la cabeza un objetivo que ahora, mirando atrás, no sé si definirlo como algo justo, necesario, absurdo…o una obsesión que me hizo perder el tiempo, es decir… ¿Con qué propósito podría intentar agradar a alguien que me desprecia porque cree que intenté quitarle al novio?

Otro clic, ya más claro, pero…demonios, dicho así sonaba absurdo. Más allá de la disculpa, ¿para qué intentar agradar a alguien que te desprecia si sabes que es más cómodo dejarlo todo pasar? Y lo más gracioso de todo era que ella misma le veía lo absurdo, ella misma se lo preguntaba. Al final, lo facilitaba todo.

−Depende del tiempo que has invertido en esa labor si ha sido o no…todas esas cosas que acabas de decir…

−¿Dónde encaja si ha sido más de un año?

−No tenías mejores pasatiempos, ¿verdad?

−¿Qué está insinuando? –Por primera vez en toda la conversación, detecté un tono amenazante que me produjo un escalofrío que logré disimular a tiempo.

−Más de un año luchando contra una causa perdida…es decir, piénsalo, ¿con qué propósito si al final ha dejado claro que te desprecia por lo que me acabas de decir?

−Es que…creía lograr avances con ella, ¿sabe? Algunos gestos…algunas palabras…incluso me pidió ayuda a mí antes que a nadie cuando rompió con su novio, me buscó a mí para que lograra volver con él –bueno, está bien, esas cosas daban para pensar–, pero…no digo que él sea un mal chico, lo aprecio, pero…si no está él presente, podemos llevarnos bien dentro de lo mal que solemos estar…

−¿Será el instinto de proteger lo propio lo que le impide acercarse?

−Ya no lo sé, sólo lo vengo a notar ahora, pero el caso es…que he intentado por todos los medios agradarle y a veces siento que avanzo…y otras que retrocedo y lo peor…lo peor de todo es que parece no importarle…

−¿Por qué habría de importarle si me has dejado claro que te desprecia? –Golpe bajo que notó al cabo de unos segundos–. Sé que lo notabas… ¿Y seguías a pesar de todo con todo eso? ¿Tan poca tolerancia tienes al fracaso o al hecho mismo de no agradarle a todo el mundo? Porque siempre habrá alguien a quien le parezcas insoportable, por mucho que intentes aparentar lo contrario.

−Eso lo sé, siempre lo he sabido, es decir…quiero ser artista, sé que no le agradaré a todo el mundo pero por alguna razón…siempre me ha dolido no agradarle a ella en particular…y lo peor de todo es que, a pesar de mis intentos, siempre me ha hecho daño, incluso ahora que ya…decidí ponerle un alto a todo esto.

−Intento entenderte, pero me cuesta trabajo –reconocí, si bien me preocupaba más que toda esa historia me resultaba demasiado familiar–. Es decir, en otras circunstancias te diría que está bien ponerle un alto a todo, pero…pero no le veo sentido a que te haga daño algo que dejaste de hacer…que al hacerlo te hacía daño igualmente.

−Pensé que me estaba arrastrando –confesó ella…demasiado había tardado en comprenderlo a cabalidad–, así que…dejé de ser la misma con ella…es decir, ya no tenía caso, pero…pero no sólo me desquiciaba no saber qué extrañaba tanto de esa situación, yo tras ella, ella rechazando mis intentos de establecer la paz…directamente quise cortar todo y me di cuenta de que…había postergado muchas cosas…me había postergado a mí por hacer de ella mi prioridad…

−Antes de seguir, dime algo, ¿qué tenía ella de especial que querías lograr su simpatía? ¿Te importaría decirme cómo es esa chica?

−¿Tiene importancia a estas alturas? –No se me escapó la variación del tono. Porque hasta hacía unos segundos sonaba furiosa, mesurada sí, pero la ira siempre se percibe. No fue sino hasta que le pregunté por la chica de la que hablaba, la que debía ser su némesis, que la pregunta la pronunció con nerviosismo y una pizca de melancolía.

−Quiero entender el porqué de todo y todo tiene su origen en esa chica…y tiene que haber una razón lógica para que te impulsara todo ese tiempo a esforzarte de esa manera…a sabiendas de que podías estar tratando con una causa perdida.

−Es lo más gracioso de todo, ¿sabe? Porque en realidad…no existe casi nadie que no le tenga miedo o en última instancia, una pizca de respeto.

−¿Y corrías todos los riesgos a pesar de todo?

-Es que en realidad…más allá del miedo…siempre sentí que había algo superior que me ayudaba a apartarlo –si hubiese sabido o siquiera imaginado lo cursi que sonaba todo eso…pero no lo notas hasta que alguien te lo dice, no sería ése el caso–. A pesar de ser una chica tan agresiva, tan hiriente, tan sarcástica, tan fría por momentos…me convencí que había algo en ella más allá del hielo cuando la vi llorar –podría explicarlo sin poesía, entiéndase que la muchacha no era tan hija de puta como parecía y de eso se había convencido al verla llorar, listo y más práctico–. Fue sólo una vez que la vi así…y fue tan extraño verla en ese estado…sabiendo cómo era…vistiendo siempre de negro…luciendo siempre tan pálida y tan macabra con las tijeras en la mano…

−¿Estas segura que tu problema no es la presencia de impulsos suicidas o una cuota importante de masoquismo? –El ceño fruncido me decía que había metido la pata, lo había hecho a propósito, a fin de ver hasta dónde llegaba su estado absurdo de ensoñación o de ceguera con la esperanza de comprobar si tenía algo de pasajero.

−No sé…quizás un poco de ambas, ahora que lo dice –mierda, eso sí que no lo esperaba ni mucho menos me agradaba–, y tal vez…tal vez no me di cuenta antes, pero…pero algo me decía que ya era suficiente, porque si lo pensaba bien…había dado demasiado por ella y no parecía importarle…lo cual me llevaba a ignorarme a mí misma en todo sentido.

−Muy bonito, ¿qué medidas tomaste al respecto?

−¿No se lo dije? Cortar con todo ese asunto, no insistir, no buscar, no luchar…dejar de cansarme porque ya estaba cansada y…pensar un poco más en mí.

−¿Y funcionó? –Y no sé por qué formulé la pregunta si ya tenía un sol iluminando mi cerebro que me permitía vislumbrar el contorno de la respuesta.

−Estaba funcionando, incluso…incluso me sentía libre en cierto modo, libre de hacer y decir lo que me viniera en gana…de salir con quien quisiera, lo cual concreté cuando conocí a alguien y en el fondo…con la certeza de que eso era lo que esperaba de mí o…o al menos eso creía…

−¿Sentías que ella esperaba algo de ti?

−¿Cómo no pensarlo si cada día hacía lo imposible por mantenerme apartada de su camino saboteando mis presentaciones, mis proyectos y jugándome bromas pesadas cada día siempre que podía y cuando su novio no la veía? Definitivamente me quería lejos de ella de su vida…pero no sé por qué fui tan ciega…cómo es que no lo noté antes…

−Quizás lo notabas…pero aceptarlo es otra cosa, ¿no crees?

−Sea cual sea el caso…me tomó trabajo desligarme de todo eso porque…porque seguía siendo una parte de mí y no entendía la razón…no sé si fue que me acostumbré a intentarlo cada día…o a verla a ella, pero…pero tenía que hacerlo, llegó un punto en que nada me parecía sano y me parecía más sensato cortar con todo eso de raíz y creí haberlo logrado cuando acepté la propuesta de un chico de salir con él.

−¿Aceptaste salir con él sólo para confirmar que lo que pudiera decirte o hacerte ella ya no te importaba? –Me negaba a aceptarlo y en el fondo agradecí que ella intentara negar mi hipótesis, aunque no cualquiera podía convencerse como si tal cosa.

−Acepté salir con él porque sentí que abría los ojos al mundo y porque…por primera vez en todo ese tiempo, me sentí diferente…con la oportunidad de ser yo misma, en completa libertad y lejos de lo que alguien pudiera pensar de mí…y pensé que lo había logrado, que había dejado esa obsesión como usted dijo, pero no contaba con que ella…ella fuera tan complicada.

Ustedes, las mujeres, en general, tienden a ser muy complicadas, estuve a punto de decírselo, pero una vez más vino a mi rescate la sutileza que le debía por ser la paciente que no me pagaría por el servicio, la ética también que tanto quería olvidar. Pero qué lindo ha de ser para una mujer comprender su propia naturaleza a través de su par…no, no lo digo con afán machista, es cierto, a nosotros los hombres nos juega en contra ser tan sencillos, podemos quedar como trogloditas adictos a las emociones fuertes e incapaces de ver la emoción más allá del dolor que representa un golpe físico, que con eso para nosotros basta y quizás sea la única clase de dolor que podemos comprender porque es el que más experimentamos. Pero la chica misma no comprendía que podía ser tan compleja en sí misma que todas sus palabras, todas sus inquietudes encajaban mejor en un escenario alejado de la obsesión, pero tenía rabia, rabia consigo misma y rabia con ella, porque parecía haber trastocado toda su perspectiva, siendo así incapaz de creer en algo que pudiera brindarle algo de claridad, atrapada acaso en algo más profundo que una mera relación tensa entre dos chicas con claras diferencias…pero yo no lo sabía, se suponía que no sabía nada. Tenía que ser ella quien lo dijera.

−¿Qué fue lo que hizo? –Ya para qué profundizar en la pregunta, me bastaba con oír una respuesta concisa.

−No tenía que meterse con mi novio si él nunca le hizo nada, pero así con todo…se las arregló para casi matarlo cuando averiguó que él es alérgico al maní –lo peor de todo es que el cómo lo explicaba le confería a la escena cierto aire grotesco, casi podía imaginar al tipo, el mismo del que no sabía nada, hinchado de pies a cabeza y ahogándose a causa de la siniestra reacción–. No tenía por qué hacerlo si hacía ya tanto que la había dejado en paz…y en última instancia, ¿qué tenía que ver él en todo? No es que quiera que me ataque a mí, pero eso…eso ya me parecía demasiado despiadado, incluso para ser ella y pues…tuve que hacérselo ver.

−Y apuesto a que ni tú misma te creíste capaz de lograr algo tan grande como pararle el carro a la aspirante a psicópata, ¿verdad? –Verla cada vez más molesta al oír esas palabras para referirme a la chica no hacían más que aclarar la senda que ya seguía.

−Yo misma no me creía capaz de decirle que dejara de hacer esas tonterías o realmente lo lamentaría –dejó escapar un suspiro lleno de cansancio, dejando claro su estado de ánimo en el momento–, y hasta ese segundo creía que la conocía y…creía que me bastaba con alejarme de ella para sentirme libre, pero después de eso…vuelvo a sentirla tan cerca, tan acechante…tan presente en todo que no dejo de pensar en por qué lo hizo, por qué el seguir atormentándome si ya…si ya dejé de buscar su afecto –el verla mirar el techo con esa mezcla de angustia, nerviosismo y duda le dieron forma a un más que razonable punto final a su historia–. Ya no sé…qué quiere de mí…si no quería que hiciera algo por agradarle…ahora hace eso como si no le bastara todo lo que he hecho…es decir, la busco y no lo quiere, la dejo atrás y no lo quiere… ¿Qué diablos quiere de mí?

−¿No has pensado que quizás deberías preguntarte qué quieres tú? –Y pareció no entender de buenas a primeras, comprensible si ella misma no le había tomado al peso–. Piénsalo así, hablas que no la entiendes y es cierto, no se entiende si lo miras superficialmente, pero también esto nace de ti, en principio luchabas y después te cansaste y se suponía que debías mantenerte firme y ahora mismo, aunque no lo digas abiertamente, no sabes qué posición tomar, ¿no habla de confusión en ti?

−Sabría lo que quiero si ella dejara claras algunas cosas…

−No, no puedes depender de lo que ella quiera para definir tus prioridades, debes saber exactamente lo que quieres tú y creo que tú misma lo sabes y ni siquiera te atreves a reconocerlo, quizás por temor a ver que has perdido el tiempo, a ver que eres rechazada porque sencillamente eres incapaz de aceptar el rechazo así como así ni mucho menos uno de esta naturaleza.

−Pero si yo dejé de buscarla y…

−Y ahora mismo te sientes confundida porque trastoca todas tus convicciones porque ella misma parece ir en contra de lo que te pidió y hace que se tambalee tu determinación, de otra forma, no estarías aquí –me había llegado el turno de hacer el diagnóstico y si estaba completamente seguro de cómo era ella, de seguro que mis palabras no le caerían especialmente bien–. Cuando hablamos de sublimación en nosotros, nos referimos a una energía intensa que guarda relación con nuestra vida sexual y todo lo que ello conlleva, desde simples actos que pasan por diversión, pequeños placeres o pensamientos culpables e incluso todo un sentimiento, con todo lo grande y complejo que puede acarrear, ese mismo conjunto que a veces rechazamos porque sentimos que no debe formar parte de nosotros…toda esa energía que trae consigo la empleamos en otras acciones o simplemente intentando convencernos que buscamos algo diferente a lo que en realidad deseamos con desesperación –no pude evitar sonreír al ver que su expresión caía en la desesperación que a duras penas lograba contener, haciendo honor a la impresión que me había dejado al principio, el siempre presente nerviosismo–. Y si en realidad…si en realidad intentabas escudarte en esa intolerancia que le tienes al fracaso o al rechazo justificando así la explicación más sencilla que le podrías dar a todo esto, que sólo la buscabas cada día porque querías estar cerca de ella y no precisamente por amistad… ¿Sería tan terrible considerar esa posibilidad? ¿Pensar que no querías enmendar un posible error o mal comienzo sino que querías estar con ella por ser ella misma?

La diferencia entre ambas se me hizo del todo patente cuando la chica que tenía en la oficina comenzó a considerar seriamente mis palabras, sin mayor alteración física que la expresión nerviosa que contraía su rostro. Ahí fue cuando comprendí lo diferentes que podían ser dos personas y lo mucho que podía acercarlas así como la misma cantidad de cosas que podía separarlas…y ellas no eran capaces de notarlo por sí mismas o por miedo o porque no se creían capaces de sentir de esa manera, como si el sentir fuera algo íntimamente ligado con nuestra capacidad y no algo de nosotros mismos, algo que siempre estará y que da igual cómo y cuándo, aparecerá sin importar si tiene que ver con un estado de imbecilidad transitoria porque da igual qué tan transitoria pueda ser, puede pasar al cabo de un mes o de años, convirtiéndose en carga si no lo sabes aceptar. Y la chica no parecía dispuesta aceptar todo eso a la primera (para mi incomodidad) sino que estaba dispuesta a luchar contra todo, incluso contra sí misma…una de las cosas que las acercaba sin ellas saberlo.

−Está… ¿Está insinuando que ella me gusta?

−Yo nunca insinúo, lo digo abiertamente, tal vez con otras palabras, pero siempre llego a un objetivo en concreto.

−Pero…pero eso es imposible…es decir…eso no significa nada…

−Por supuesto que no, sólo has perdido el tiempo tras una chica convenciéndote de que quieres ser su amiga entre batalla y batalla, luchando a pesar de los golpes sabiendo que es masoquista de tu parte y siguiendo a pesar de todo…extrañando cómo eran las cosas antes de dejarla atrás y muriéndote de rabia por no entender por qué vuelve cuando estás a punto de olvidarla, es lo más normal del mundo, tan cercano a la amistad que no da lugar para la confusión, sobre todo porque se acerca a un estado de imbecilidad transitoria propio de la flecha que te puede lanzar cierto mutante alado…

−¡Yo no amo a Jade, entiéndalo! –Gritó la chica con molestia, poniéndose de pie para encararme, sin verme yo en la necesidad de imitar su actuar, me bastaba con sonreír.

−En ningún momento he dicho que la ames, sólo que podría gustarte, nos hemos abocado más en lo físico y en lo mental…pero nunca nos enfocamos de lleno en lo sentimental –no pude evitar deleitarme con su expresión desencajada, la misma que iba llenándose de un intenso rubor que le cubría mucho más que las mejillas, al tiempo que la boca se le abría ligeramente, al igual que sus ojos al comprobar que había caído en mi juego, estando tan desconcertada que me vi en la obligación de continuar–. Así que… ¿Tu princesa se llama Jade?

−Le aseguro que puede ser cualquier cosa menos una princesa.

−Vaya, ¿así que lo aceptas?

−¡Ya le dije que no la amo! ¡Me ha hecho demasiado daño como para que llegue a sentir eso! Además…además… ¡Le dije que tengo novio!

−¿Y eso qué? Muchas veces son meras fachadas, he conocido muchos casos en los que la mujer grita el nombre de otro en la cama durante el acto, ¿qué tendría de malo que gritaras el nombre de una mujer?

Porque conocía de antemano y mejor que nadie la naturaleza ofensiva de mis palabras fue que vi la cachetada de antemano y logré atajarla en pleno trayecto, asir el punto preciso para impedir que esa palma abierta me impactara, dándome apenas el segundo necesario para detectar lo que quería aplicando presión con el pulgar. Después un segundo, dos, tres, el dolor, la fiebre, la mirada impotente llena de lágrimas, pero no por mis palabras, habría sólo rabia, lo sabía, pero ahí había algo más, una lanza y el baile en el que ya participábamos y su propio sueño negado, el veneno de su propia negación y la sombra del mismo temor absurdo…y otro segundo, y luego otro y ya podíamos decir adiós, cerrar su temor ridículo.

−¿Por qué si yo digo que la amas, te pones colorada? ¿Por qué ahora mismo la posibilidad de que un desconocido como yo siquiera lo piense te aterra tanto? –Sonreí al sentir el compás bajo mi dedo -¿Por qué ante la sola mención de su nombre tu pulso se acelera y tu respiración se dificulta? ¿Por qué la extrañas a pesar del daño y con el mismo daño, antes seguías luchando? –Y sabía que seguía respondiendo esas preguntas en su mente a medida que las lágrimas ya recorrían su rostro, acaso porque ya tenía todas las respuestas y era incapaz de creer lo que albergaba su mente–. Sólo dime, ¿qué es lo que quieres realmente, Victoria Vega? Aquí estoy sólo yo, soy todo oídos, nadie más, porque nadie más lo sabrá por mí, por eso has venido también, ¿no? Porque tienes la certeza de que no seré yo quien te juzgue por lo que pueda venir de ti, ¿es eso? ¿Tenías tanto miedo de que tus cercanos te miraran con asco y reprobación que decidiste arriesgar todo en una única visita a un recién llegado que no está en posición de reclamarte nada?

La chica ya lloraba en silencio, confirmando nuevamente la impresión que me había dejado al principio. Y a pesar de ser un buen recurso, tuve que aflojar el acarre de mis dedos sobre su muñeca, sobre ese punto en particular, y conformarme con mi mirada sobre su presencia, porque había bajado la cabeza y su rostro lo cubría gran parte de la cabellera castaña. No pedía que me mirara directamente al ojo solitario, sólo que hablara con franqueza y con un volumen razonable, porque sabía que sería mi última pregunta y quería creer que en ella se encerraría la culminación del arduo trabajo que ella había representado. Quizás por eso mismo sentí nerviosismo cuando me oí preguntar:

−Dime Tori, ¿qué es lo que quieres realmente?

Y un inmenso alivio cuando ella respondió:

−La quiero a ella.

Demás está decir que eso era lo que quería oír, acaso porque ésa era la respuesta que se captaba entre líneas a través de todo su hablar, lo que decían sus palabras, su mirada, sus gestos, por imperceptibles que estos pudieran parecer, incluso el llanto que bien podía deberse a…a tantísimas cosas, acaso porque nunca nos detenemos a pensar que un sentimiento, da igual su naturaleza, siempre es el resultado de un conjunto, penas y alegrías, todo puede llevar a un solo camino. Y al final, después de la respuesta, ¿a quién tenía? A una muchacha con los ojos enrojecidos, incapaz de contener las lágrimas y de decidirse si debía sentir alegría o tristeza o asumir que en ese segundo lloraba a causa de ambos polos.

−¿Era tan difícil como parecía? –Sin esperar respuesta, le tendí una caja con pañuelos, de los cuales, la muy exagerada, sacó entre cinco y seis–. Ya sécate y cálmate, ¿quieres agua? ¿Algo más? –A lo mucho pudo negar con la cabeza, ya era suficiente–. Nuestra necesidad de aprobación nos lleva a callar en más de una ocasión y a veces es cierto, no deberías contar nunca nada…pero si así fuera, yo no tendría trabajo y tú te habrías muerto guardando un secreto incluso a ti misma…pero que ahora mismo reconozcas esto no quiere decir que debe volver a ser todo como antes, espero que lo tengas presente.

−Y… ¿Qué se supone que debo hacer? –Qué agradable, meterme de lleno en lo que no era mi materia…o bien podía serlo a su manera.

−De haber sido otras las circunstancias…te habría dicho que a mí ni me mires, para algo tienes padres –dejó escapar un bufido, sabiendo que moría de ganas de decirlo, pero que no sería la ocasión–, pero de aquí en adelante… ¿Tan difícil sería quererte un poquito a ti misma y saber tener tu lugar en su vida y en la tuya?

−Da…da por hecho que ella corresponderá mis sentimientos, pero… ¿Y si no es así?

Demonios, sí, lo estaba dando por hecho y lo último que quería era que me recordaran por ser Doctora Corazón. Porque en teoría, yo no sabía nada y dudaba mucho que esa chica imaginara siquiera que, antes de ella, la otra parte de la historia ya se había hecho presente y me había dejado claras las cosas. Pero es bien sabido que es más fácil fingirte ignorante o torpe cuando conoces exactamente el campo en el que te desenvuelves. Puedes fingir demencia, puedes fingirte ignorante, pero tienes que saber actuar, tienes que mentir mirando a los ojos y si creas una ficción con la boca, que ésta sea escueta, breve, concisa, sin mayores detalles si éstos no son solicitados. Aunque ella debía saberlo, claro, quería ser actriz, por algo estaba en Hollywood Arts, pero quizás no se imaginaba que la misma actuación pueda estar presente en cualquier otra carrera. Que incluso cuando escuchas sabiendo que no debería uno contar nunca nada ni mucho menos pedirle favores a nadie y dejar deudas tras de ti, puedes fingir que mucho te importa o que nada sabes cuando en realidad o te ata la ética o el hecho de que no te quieres meter más allá de tus propios límites.

−Tienes dos opciones, o hacer nada o pegarte un tiro –eso no la ayudaba, claro, no tenía la mente clara para detectar mensajes entre líneas–. Todo es más fácil de enfrentar cuando tiene nombre y apellido, así que te diré que…si se lo dices y dice que no, pasará un tiempo, dolerá, pero debes saber que de amor ya no se muere, así que sabrás dejarla ir mejor que con tus absurdos intentos de ahora y con la espina clavada en el pecho, la eterna pregunta de qué pasaría si hubieses hecho tal o cual cosa; y si por otro lado, ella te dice que sí… ¿Realmente te preguntas qué harás si eso llega a pasar? Ya tuvimos suficiente con una sesión, no me hagas pensar horas extras, ¿quieres?

−Es sólo que…tengo miedo –al decirlo, me miraba a los…bueno, al ojo, conteniendo el aliento, haciéndome sentir de pronto, quizás por la diferencia de altura o de edad o por los tonos empleados, como el padre de la hija que nunca tuve, aunque por edad, a lo mucho, me alcanzaba para ser un padre prematuro o un hermano mayor con una considerable distancia–. Es todo tan…tan diferente y a la vez tan grande…porque nunca antes me había sentido esto por una chica…

−Pero sientes ahora esto por esa chica en particular.

−Y mi familia…qué dirá mi familia o mis amigos de todo esto…

−Lo que ellos quieran que decir, pero dará igual, los hijos vienen al mundo para ser felices y si de paso logran hacer felices a sus padres, qué bueno, pero no es ése el objetivo principal y debes tenerlo siempre presente, que si vas a hacer algo, hazlo no por otros sino por ti, porque al final esas personas pueden pasar o quedarse a lo lejos, pero tú vivirás contigo y tus sentimientos y nadie te conoce mejor que tú misma, así que sólo tú sabes lo que realmente te llenará de plenitud, los otros apenas podrán imaginar lo y por una puta vez en tu vida…ten presente que da igual lo que hagas o qué tan perfecta o buena puedas ser, siempre habrá alguien que te encuentre un defecto, te odiará por ello y al final, dará igual, tu mundo no se detendrá porque una persona decidió perder el tiempo enfocando en ti todo su rencor, muchas veces injustificado, seguirás adelante con reprobación, negación o rechazo a cuestas, pero da igual cuánto digan conocerte, sólo tú estás contigo y sólo tú sabes hasta dónde eres capaz de llegar o los límites de tu propia ética, lo único que importa es que empieces respetándote a ti misma.

Me habría encantado saber de dónde había venido exactamente todo eso, porque no recordaba haberlo leído en alguno de los libros de la biblioteca de la universidad. Quizás sentía que le hacía falta, estaba claro que buscaba la aprobación de los demás, puede que ése fuera, sin duda, su mayor problema, su mayor caída. Y en el fondo es cierto, puede ser el problema de muchos, acaso porque la aprobación siempre beneficiará a nuestro ego, nos gusta sentir la atención sobre nosotros y que sea por algo que valga la pena, o aprobación o lástima si ya rozas el patetismo, pero nunca desprecio, nunca desagrado, nunca odio ni mucho menos si en el fondo no sentimos haber hecho algo que merezca tal respuesta. Pero lo suyo… ¿En qué momento la necesidad de quedar bien con todo el mundo pasó a enfocarse en un punto en particular para terminar en eso?

No tenemos noción del tiempo en sí mismo y nos vamos a preocupar de algo que aparece cuando menos cuenta nos damos y que no tenemos ni la más mínima idea de cómo explicar.

−No sé…cómo agradecerle todo esto –articuló la chica con dificultad al tiempo que intentaba esbozar una de las sonrisas de antes, mucho trabajo no le costó considerando que ese gesto suyo siempre estaba cargado de nerviosismo.

−Con que no vuelvas a aparecer por aquí me doy por pagado –y no esperé ver su expresión sorprendida ante mis palabras, simplemente me limité a acercarme a la puerta y aguardar a que ella hiciera lo mismo–. Bueno, Victoria, ¿tienes algo más que añadir?

−Es…es Tori…

−Para los amigos –y en caso de emergencia, aunque eso último no lo añadí, pero como parecía algo desanimada ante la respuesta cortante, algo me impulsó a añadir para después arrepentirme–, y según tu visión, eso incluye a todo el mundo, ¿verdad, Madre Teresa?

−Algo así –reconoció la chica, sonriendo ya con algo más de naturalidad, un gesto que se agradece en el fondo, te dice que no lo estás haciendo tan mal como parece, que sin importar cuánto tiempo haya pasado desde que dejaste de estudiar, la experiencia se encarga de compensar la falta de teoría–. Gracias por todo, doctor.

−Si tan agradecida estás, ya sabes qué hacer.

Y así lo hizo, sin dejar de sonreír, quizás dotando a mis palabras de cierta ironía de la que carecían, mientras ya con la puerta cerrada me podía permitir la pastilla que debía tomar, estaba dentro de la hora y lo último que quería era que me creyeran incapaz porque había dejado pasar el medicamento, la estabilidad. Así lo hizo…o al menos eso creía en el segundo en que ella desapareció, pasando por alto que ella asistía todos los días a ese lugar…o dando por sentado que, una vez cubiertos los dos puntos, ¿qué más podía quedar? No parecía ser el rompecabezas más complicado de la vida…es decir, era recíproco…

Ah, pero ellas no lo sabían, y de ahí a saberlo…

Le había dicho que si me lo quería agradecer, lo mejor que podía hacer era desaparecer y no volver. Pero claro, siempre olvido un pequeño detalle:

Mi pinche vida ha estado plagada de malagradecidos.