Hola chicas! aqui os dejo el segundo capitulo. No lo he dicho y lo voy a poner, pero esta historia (pese al scifi) es slash, y catalogada M por todo lo que os pueda pasar por la mente. Sexo, droga, sadomaso, muerte, sangre, chungueces...ok? bien xD

como dije en el otro fic, a mi me molan las armas y la estrategia de guerra, pero sé que mucha gente no tiene ni papa de eso ni tieme porqué, de modo que cuando nombre algo pondré un numerito y lo explicaré a pie de página. Oka?

Espero que os esté gustando el tema pese a ser complicadillo. Un beso a todas ^_^ya sabeis.

Opinad y no mataré a ningún personaje xD

La guerra nunca terminaba.

No allí. No en aquel paraje desolado, arrasado y oscuro de Asia central.

Desde hacía casi cien años.

Ya no quedaba nada por destruír; algunos incluso se atrevían a decir que la corteza de la Tierra se había hundido en aquella zona, erosionada por las explosiones. Pero no tenían modo de saberlo. No en aquellos tiempos.

Hombres y mujeres venidos de todas las zonas aún habitables del planeta corrían, se agrupaban, sangraban y morían allí. Los que tenían suerte llegaban a tener un arma, por poco o nada que sirviese.

No había enemigo, no al menos visible, solo de vez en cuando oían un "zum zum" como una abeja gigantesca y rezaban para no tenerlo sobre la cabeza, porque eso significaba que estaban muertos.

La guerra nunca acababa. No allí, entre el polvo, las dunas y el aire amarillo. No frente a aquella gigantesca torre que subía arriba, muy arriba, hasta perderse en la inmensidad del cielo.

La torre que durante casi cien años la humanidad había tratado de reconquistar, un ascensor que llevaba a la estratosfera donde dormían los transbordadores y una vez en ellos, el siguiente destino era la estación Reichenbach*1.

Era una toma de la bandera a la que llevaban jugando un siglo, porque ellos necesitaban salir de aquel planeta que se moría.

Y porque la gente de la estación espacial no quería dejarles subir.

Y no había otro modo que aquel. No podían bombardear por miedo a destruir aquella inmensa reliquia que se estiraba hasta parecer infinita. Solo intentar acercarse bastante como para hackear el sistema con una pequeña caja negra que todos llevaban por orden del alto mando, sin saber siquiera si funcionaría al cien por cien.

Y aquella era la gran guerra. Casi parecía un juego.

Solo que a veces oías "zumzum".

Solo que nadie se había acercado a menos de 700 metros en un siglo.

El Reichenbach desde la estratosfera protegía a las dos estaciones espaciales más grandes que se alejaban de la Tierra, y la gente que vivía en ellas ya no había conocido la Tierra desde hacía generaciones.

Porque la tríada espacial (así las llamaban) se había construído antes de la gran guerra. Mucho antes de que todo se fuese al carajo y el aire quedase amarillo, mucho antes de las bombas Arcoiris*2.

Y todo aquello se había perdido. La humanidad había sido capaz de construir tecnología de nuevo, pero no a aquellos niveles, no una estación espacial. Todo ese conocimiento se había perdido y tardarían demasiado en volver a aprender. Todos estarían demasiado enfermos, o muertos para entonces. O habrían cambiado lo sufientes como para no ser llamados humanos nunca más.

Por eso debían conquistar aquella torre. Porque el mundo llegaba a su fin y la esperanza quedaba en las estrellas.

Porque los mas soñadores pensaban en sus hermanos, o hijos o a alguien a quien soñaban con llevar a aquella gigantesca cúpula que se dibujaba lejana, como un Valhalla de cristal.

Y porque para los realistas solo era estar allí y aguantar unos días, meses, años si eras listo, sabiendo que tu familia recibía dinero por ello, y eso era mejor que estar igualmente pudriéndose en cualquier callejón.

John no era ni lo uno ni lo otro.

Amarillo.

El doctor Watson odiaba el amarillo. Como todos en aquel maldito lugar.

Trajes amarillos, aire amarillo, tierra amarilla. Se preguntó si volvería a ver algún otro color.

Recordaba que tras sus gafas de crisital dorado sus ojos eran marrones, y que un día había visto un mechón de cabello pelirojo rizado de entre los pañuelos con los que se cubrían para evitar que la tierra les llenase de una paciente. Hacía meses.

John, el doctor, llevaba allí demasiado y todos le conocían. Paseaba entre los heridos e incluso a veces iba a sacarlos tras un ataque, saliendo siempre con vida.

Algunos con bromeaban con que llevaba allí desde el principio de la guerra.

Pero solo había tenído suerte. Siempre fué suerte.

Pero aquel día no hubo más. No cuando el Zumzum le sorprendió arreglando una torcedura y no se movió. Porque ya lo tenía encima.

Y después estaba en el suelo. Y todo se volvía frío mientras miraba lacónicamente el lugar en el que debería estar su brazo izquierdo mientras las voces de sus compañeros le chillaban, entre el Zumzum que seguía resonando en su cabeza.

"Doc, doc"

Aquel era sin duda el final. Al menos iba a importarle a alguien, y eso en aquella época era un gran logro.

Sonrió porque se le había acabado la fortuna que creía eterna y por haber podido ver otro color aparte de aquel maldito amarillo, aunque fuese el de su própia sangre, mientras la arena se le metía en la boca. Pero ya daba igual. Cerró los ojos dispuesto a dormir.

oo00oo

Mycroft estaba cansado. Lo peor que podía ocurrir había ocurrido y no había vuelta vuelta atrás.

Jim había desaparecido y por Dios que todos sabían que solo le encontrarían si él quería que lo hiciesen. Daba igual cuantos hombres preparados le buscaran.

Y eso solo significaba una cosa. Que ahora todo dependía de su hermano, del que estaba seguro no habría cambiado la actitud en todos aquellos años.

Pese a no haber estado nunca realmente enfadados, Mycroft sabía que Sherlock sería capaz de sentarse a ver arder el mundo solo para fastidiarle y por eso necesitaba un plan.

Necesitaba a alguien capaz de controlar su maldito carácter y convencerle de que lo que estaban haciendo era lo correcto, y aquello no era sencillo.

No era una tarea menor lidiar con el pequeño de la familia Holmes y él lo sabía. Demasiadas veces en aquellos años había mandado a sus hombres para convencerle de vivir, al menos, en alguna zona decente, por el bien de todos, o simplemente calmar su ritmo de vida, y demasiadas veces sus hombres habían vuelto lo sufientemente jodidos como para no volver a probar suerte.

Por eso, desde hacía una semana sus asesores habían analizado todos los perfiles psicológicos de los que disponían que se hacían sistemáticamente a todo aquel que entrase a trabajar a sus órdenes, en la administración pública, los juzgados o el ejercito, tratando de buscar a esa persona.

Alguien que simplemente pudiese doblegar aquella maldita personalidad.

En total 28 perfiles.

Mycroft se sentaba en su butaca esperando aquellas fichas porque él era el último eslabón, quién decidiría cual de aquellos 28 peones jugaría aquella partida. Quien mejor conocía a Sherlock.

Era un plan desesperado pero era lo único que tenían. Solo podían invertir el poco tiempo del que disponían.

Anthea le sobresaltó un instante al entrar y leyó en sus ojos que no esperaba encontrarle allí. A esas horas siempre estaba ya en el club Diógenes.

-Venía a traer la documentación, señor.- Se acercó a dejarla en la mesilla junto a él y el mayor les dedicó una mirada lenta.

-Solo hay 27.

-Al parecer esta mañana uno de los candidatos ha caido bajo la torre. Un médico de la quinta división.

Mycroft no solía tener corazonadas pero al oír la palabra médico dudó.

-Da igual, traedme también esa ficha.

Oyó a la joven dar la orden por el teléfono mientras ojeaba otros candidatos, sin lograr que la imágen de un médico militar herido desaparecise de su cerebro.

-Aqui la tiene, señora- otra secretaria en la puerta le acercó una carpeta a la mujer morena.

John Watson, se sonrió Mycroft ante aquella carpeta parduzca.

Era un nombre apacible.

*1: el proyecto de una torre hasta la estratosfera y desde allí una conexión via nave o transbordador se a demostrado a dia de hoy que sería la mas barata a la hora de mantener una estación espacial (de echo hay proyectos con estos "ascensores" solo que no hay dinero ahora misma para otra carrera espacial).

*2 las bombas arcoiris constisten en detonar una gran bomba atómica a muchisima altitud con lo cual logras por un lado cargarte servicios escenciales de una zona muy grande (agua, tierra, etc) y por el otro lanzas un ataque de pulso electromagnético masivo que ¿que es eso? ¿vosotras sabeis que con un imán se jode un ordenador, verdad? pues eso. Pues eso. Hace que el aire sea un electroimán gigante y toda la tecnología se estropea al segundo y estamos hablando de paralizar un continente entero, no 10 metros xD (esos pulsos siempre ocurren tras una explosión nuclear, La tecnología deja de funcionar). Te manda a la edad de piedra y te deja muy jodido, vamos.