CAPÍTULO 1
ESPÍRITU DE LO SALVAJE
Nadie me dijo que iba a encontrarte
Inesperado, lo que le hiciste a mi corazón
…
Muchos años antes
El Duque Takarada sonrió desde su estudio cuando escuchó las risas, los gritos y las carreras de los sirvientes detrás de su protegida. Las cosas se habían vuelto animadas desde que la niña había llegado a vivir con ellos. Su esposa murió muy pronto a causa de la fiebre y su único hijo era ahora un hombre hecho y derecho que aún no le daba nietos. Aún recuerda el día que la pequeña llegó a ser parte de sus vidas.
Lady Kyoko, la vivaz niña de 9 años quien perdió a su madre el mismo día de su nacimiento y quien hasta ese día había sido criada por su padre, un reconocido farmacéutico y herbólogo que a pesar de su cuna noble prefería los caminos de la investigación y la ciencia.
Un amigo querido y cercano del Duque Takarada, que penosamente había muerto a manos de la fiebre al igual que su esposa, dejando a la niña, si bien con una pequeña fortuna que la haría vivir cómodamente por el resto de sus días, privada de una mano guía, amorosa y afectuosa. Ese día decidió convertir a la chiquilla en su protegida.
Lady Kyoko era sin duda un espíritu libre, algo por demás refrescante en aquellas épocas, Lory le adjudicaba esto a la crianza que le había dado su padre. La niña, si bien estaba perfectamente enseñada en la etiqueta y maneras sociales de la nobleza y el título que ostentaba, no dejaba que su vida se rigiera por ellos. Mientras otras nobles señoritas de su edad eran atendidas por decenas de sirvientes, ella los rehusaba ("puedo bañarme perfectamente sola" —recordó que le había dicho para su sorpresa la primera vez que envió una doncella a asistirla); mientras otras señoritas de su misma clase jugaban con preciosas muñecas de tela, las de ella descasaban perfectamente ordenadas en sus cómodas, prefiriendo hurgar en los jardines como su padre le había enseñado o leer un libro de la inmensa biblioteca. Lady Kyoko era cualquier cosa, menos ordinaria; pero no supo cuánto hasta que un día la vio detener una taza de té en medio del aire.
La tranquilidad de la tarde fue interrumpida por la carrera desbocada del caballo y los intentos de su jinete para controlarlo. El sirviente dejó escapar un grito ahogado al ver cómo aquel animal corría en la misma trayectoria que su pequeña ama. Mucho más atrás un séquito de guardias reales trataba de dar alcance al animal fuera de control. La integridad del jinete por encima de todo lo demás.
La pequeña niña, entretenida en su jardín de hierbas, solo fue consciente de su alrededor ante las exclamaciones ahogadas de los presentes. Cuando levantó su cabeza solo vio cómo el corcoveo del caballo había sacado a su jinete de la montura. Fue solo cuestión de segundos, antes de saber lo que estaba haciendo.
—No —fue el grito que escapó de su pecho, al mismo tiempo que el cuerpo del jinete quedaba suspendido en el aire y lenta, muy lentamente tocaba el suelo, como si se tratara de una hoja mecida por el viento. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, estaba a salvo. Podía escuchar los lejanos llamados de Asumi, sus ojos cada vez más pesados. Antes de caer en los brazos de la nada, vio al chico de cabellos dorados correr hacia ella. Él estaba a salvo.
El Duque Takarada miraba a sus inesperados visitantes en el salón mientras tomaba el té. Yashiro, Conde de Lovery se paseaba intranquilo de aquí para allá, mientras el joven príncipe y heredero al trono miraba los jardines a través de la ventana mientras esperaban noticias.
—Pensé que la magia estaba extinta —mencionó el príncipe rompiendo el silencio.
—Y la mayoría lo está. Son muy raras y contadas las personas que nacen con el don. Ella es una de las pocas —respondió el Duque Takarada.
…
—Su Excelencia, Lady Kyoko ha despertado.
—¿Cómo se encuentra?
Asumi, la doncella personal de Kyoko, sonrió.
—Está bien, Su Excelencia, un poco molesta porque no la dejamos salir de la cama.
—Me alegra escucharlo, si tiene ganas de discutir quiere decir que está bien.
Asumi trató de disimular su sonrisa. El Duque tenía un lado suave para con Lady Kyoko.
—Mañana tendremos importantes visitantes. Asegúrense de que no se escape y esté propiamente ataviada para la ocasión.
—Como ordene, Excelencia —dijo haciendo una reverencia y retirándose de la habitación.
Lory dio una calada más a su puro, allí iba su hija de 9 años, salvando nada más y nada menos que la vida de su ahijado y príncipe heredero al trono.
Vio a sus sirvientes correr de aquí para allá con bandejas llenas de comida, después de todo más que un título, a su viejo amigo le precedía su legendario apetito. Terminaba de firmar los últimos documentos que tenía pendientes cuando Sebastián le informó que se acercaban sus invitados y su comitiva.
Acomodó su capa y salió al patio a recibir a sus invitados. No fue sorpresa encontrar a Kuu en compañía de Julienna, y su hijo Kuon. Además de la guardia real.
Kuu bajó de su caballo y lo envolvió en un abrazo.
—Viejo amigo, ¿cómo has estado?
—Su Majestad, me alegra ver que se encuentra bien.
—Vamos, Lory, desde cuándo con tantas formalidades —dijo pasándole un brazo sobre los hombros.
Lory sonrió y palmeó la espalda de su amigo.
—Kuu, no olvides que eres el rey.
—Pero antes de ser Rey, éramos amigos.
—Ya, ya. Ustedes dos, basta —intervino Julienna bajando del caballo con la ayuda de su hijo.
Lory caminó hacia ella y dejando un beso en dorso de su mano habló:
—Su Majestad Julie, tan hermosa como siempre.
—Lory es un gusto verte, pero donde está la pequeña joya que ha salvado la vida de mi precioso hijo.
—Eso mismo me gustaría saber a mí —dijo mirando a uno de sus sirvientes.
—Lo siento tanto, Su Excelencia, se volvió a escapar.
—Encuéntrenla.
—Por supuesto, Su Excelencia —dijo haciendo una reverencia.
Kuu levantó una ceja con curiosidad y preguntó.
—¿Volvió a escapar?
—Esperen a conocerla —dijo con una sonrisa—. ¿Por qué no vamos todos adentro y nos ponemos al día?
…
Kuon miraba por la ventana de cristal hacia los jardines cuando un borrón negro entró a toda prisa al salón llamando la atención de todos. Su vestido azul perfectamente acomodado y su cabello negro recogido en una trenza, sus ojos dorados cautivadores.
Casi deja escapar la risa cuando vio los pequeños hierbajos adheridos a su cabello y la mancha de tierra en su mejilla.
Lory solo meneó la cabeza, mientras Sebastián hacía la introducción.
—Permítanme presentarles a Lady Kyoko, de la Casa Mogami, Marquesa de Azureia, protegida de Lord Takarada, Duque de Carmín.
Kyoko hizo una cortesía.
—Buenos días, Sus Majestades, Su Alteza, Mis Señores. Es un placer estar en vuestra presencia.
—El placer es todo mío, Lady Kyoko. He escuchado que ha salvado usted la vida de mi hijo.
Kyoko lo miró confundida.
—El chico del caballo —le recordó Lory.
—No fue nada, vuestra majestad, cualquiera lo hubiese hecho.
Todos en el salón la miraron extrañados.
—Eres un encanto —intervino Julie, y por primera vez los ojos de Kyoko se fijaron en ella.
—Un hada —dijo con ojos brillantes de emoción antes de taparse la boca con las manos y bajar su mirada a su regazo, hasta que escuchó risas.
—Oh, gracias, cariño. Kuon, ven aquí y preséntate.
—Por supuesto, madre.
Vio al chico caminar hacia ella.
—Es un placer finalmente tener el gusto de conocerla, Lady Kyoko. Soy Kuon, de la casa Hizuri, príncipe heredero de Aeniriam. Y estoy deuda con usted, por salvar mi vida, si hay algo que desee solo pídalo.
—El placer es mío, Su Alteza Real, y como os dije no hice nada que merezca tales palabras.
...
NA. Que comience el show, digo la historia. Gracias mil por los reviews, perdón no responder personalmente, pero sepan que los leo y me emociona mucho lo que tienen para decir. ¿Dudas o comentarios? Ya saben donde.
La diferencia de edades entre Kuon y Kyoko es solo de 2 años. Ya saben, libertades de autor XD
