Capítulo 2: Reencuentros y explicaciones

Kagome había llegado a su casa, por alguna extraña razón su madre no estaba aunque había tenido que acostumbrarse a eso. Ella o Souta salían con su hija, colocándole únicamente una gorra o un sombrero, y duraban horas fuera, nunca había querido preguntarles a dónde la llevaban pero los cuestionamientos morían en su boca, es mas, últimamente, cuando la pequeña exhalaba medias palabras que parecían nombres de personas que conocía, a sus dos años y medio no sabía ocultar lo que veía en la calle y cuando jugaba con sus muñecos les daba los nombres de aquellos youkais que veía a escondidas de su madre.

Dejando el bolso en la silla, se dejó caer en la cama, tenía que analizar bien todo lo que estaba pasando, bien sabía que la habían estado buscando e incluso vigilando desde hacía casi tres años pero ahora enfrentar a Sesshoumaru, Shippou y Rin era otra cosa.

-Anciano Myoga, deje de ocultarse en mi bolso y salga de una buena vez- dijo en voz alta dirigiendo la mirada al objeto que mencionaba.

La pulga demonio salió avergonzada de su escondite y saltó hasta colocarse en la mano de la muchacha.

-Perdóname Kagome, yo sólo seguía instrucciones de Sesshoumaru- dijo compungido

-¡Vaya! ¡Así que ahora obedeces a Sesshoumaru, De cuando a acá tienes esas costumbres. ¡O es que tuviste que recurrir a él cuando el BAKA de tu amo se fue al infierno con la BRUJA! –gritó demostrando toda la furia que tenía guardada.

-El amo InuYasha no se fue al infierno con aquella sacerdotisa… y él está vivo- hablaba quedo, no quería que la joven se enfureciera más- Yo siempre he estado contigo para saber como estabas, pero él no lo sabe.

-Y tampoco sabe nada de Nadesko… Dime que él no sabe de la existencia de ella- su voz sonaba suplicante.

-No, Kagome, él desconoce la existencia de su hija, incluso no vive en esta isla. Sesshoumaru lo envió hace varios años a una isla del sur- explico la pulga- Y ninguno de nosotros ha roto nunca la promesa que se te hizo… porque aunque yo no estaba presente… ellos me obligaron a jurarlo… cuando me dieron tus cabellos como protección, a mí y a Shyoga, así como a los hanyous que habían en la aldea.

-Entonces ¿todos ustedes saben de la existencia de mi hija?- preguntó la muchacha, cuando ella se fue únicamente lo sabían tres youkais y tres humanos, ahora resultaba que lo sabían más personas.

-Bueno, de saber la existencia fuimos bastantes en aquella época, a todos los que protegimos con tus cabellos del hechizo de la miko, pues había que explicar el motivo de ello- indicó el anciano.

-¿Quiénes?- preguntó Kagome

-¿Cómo te lo digo?... jejeje- la pulga trataba de escaparse de esa respuesta- Pues, algunos ookami youkais, Kaede, Kirara, los niños hanyous, Jinenji y su madre, aquellos que debíamos tratar se sobrevivir a todas las persecuciones y matanzas que sufrieron los youkais, monstruos y cualquiera que tuviera que ver con ellos…el que tú les hubieras enseñado el conjuro a los niños hanyous también ayudó a los youkais.

-Entonces estas hablando de Kouga…- no terminó la frase

-Sí, el lobo se puso furioso, pues él, como Sesshoumaru, podía diferenciar el olor a tierra y huesos que expedía esa mujer- explicó Myoga- Cuando se le explicó lo que sucedía hubo que hacerlo bien…o sea decirle que tú eras la compañera del amo InuYasha y que esperabas un hijo de él… y que habías vuelto a tu época para protegerlo… pero nunca volviste.

-Ni pensé en hacerlo. Cierto o no, todo lo que me dijo InuYasha y lo que concluyó Kikyo me lastimó mucho- indicó la joven- Y por cierto, yo no soy la compañera de InuYasha… ahora tengo un novio y posiblemente me case con él. "Claro esto es solo por molestar a Inuyasha si es que hablas con él… nunca he soportado a quienes Yuca y Eri han tratado de ponerme de novios"

El demonio pulga no supo que decir ante la expresión de la muchacha, era algo que no lograba comprender, porque eso implicaba que ella ya no quería a su amo. Tal vez Sesshoumaru supiera qué hacer al respecto.

-Ahora, es mejor que descanse- indicó Kagome- No pienses irte antes que yo, recuerda que siempre he sabido que estás conmigo, así que ahora no se te ocurra escaparte. Iremos juntos a ver a Sesshoumaru… y espero que Shippou me perdone por haberlo dejado sólo.

Horas después, la joven salía de su casa rumbo a aquella cita con el youkai, cuando estuvo frente a la casa, dudo un momento.

-Vamos, Kagome- dijo la pulga desde su hombro- Debes tener valor, Sesshoumaru ha cambiado mucho…incluso tuvo hijos hanyous… y ha cuidado de todos los que estuvimos cerca de ti.

Un largo suspiro y un movimiento de cabeza para despejar sus ideas fue toda la respuesta de la joven, y antes que pudiera reaccionar la puerta se abrió.

-¡Kagome!- una joven de ojos y cabellos negros se le lanza al cuello, lágrimas brillan en sus ojos- Gracias por venir, no sabes cuanto deseaba verte -y tomándola de la mano la llevaba al interior de la casa.

Kagome se había quedado estupefacta, primero porque no lograba reconocer a aquella joven que sin miramientos la llevaba de la mano mientras daba voces llamando a otros a su paso.

-Asagi, Shion, Ai, Dai, Moegi, Roku, corran, ya llegó- entraba presurosa al salón, mientras se escuchaban ruidos provenientes de otros lugares de la casa dirigiéndose al mismo lugar.

Kagome aún no reaccionaba cuando sintió con una pequeña presencia saltaba a sus brazos.

-¡Shippou!- dijo mientras abrazaba al kitsune, cuyos ojos esmeralda estaban bañados en lágrimas.

Kagome lentamente fue cayendo de rodillas, el sentir a aquel pequeño nuevamente en sus brazos se trajo todas sus defensas al suelo…no se explicaba a sí misma como fue capaz de abandonarlo sin una explicación coherente…sus sentimientos se desbordaron cuando otros brazos se colocaron a su alrededor, los hanyous de la isla Houraijima trataban de abrazarla todos a la vez. Cerca de la puerta un inuyoukai observaba la escena.

-¡Como te he extrañado, Kagome!- le dijo Shippou cuando se separó un poco de la joven- ¿Por qué no volviste? ¿Por qué?

Los pequeños hanyous también la miraban expectativamente, la misma interrogación que el kitsune había externado se leía en los ojos de los seis chicos, mientras las lágrimas corrían por las mejillas de la miko. Que podía decirles, que el dolor y la decepción fueron los causantes de que ella no volviera a la época antigua…que nunca había perdonado al inu-hanyou por todo lo que le había hecho…aunque eso no implicaba que hubiera dejado de amar al bakamon.

-Shippou- dijo suavemente- no sé si entenderían, fueron muchas cosas, pero es muy difícil de explicar.

La joven de cabellos negros que hasta el momento se había dedicado a observar la escena se les acercó.

-Tal vez deberían dejar que Sesshoumaru y yo hablemos con ella- les dijo a los hanyous y al youkai- Después ustedes pueden darle su versión de los hechos a Kagome, y así afirmar todo lo que nosotros le diremos, ¿les parece?

El pequeño grupo asintió y lentamente salieron de la habitación…cierto que tenían muchos años…pero su apariencia no había cambiado mucho, seguían pareciendo niños.

Sesshoumaru entró a la habitación, cerrando la puerta tras de si, mientras Rin se acercó a Kagome y ofreciéndole una mano le ayudó a levantarse. En ese momento la joven vió brillar una cadena en el cuello de la muchacha…pero sería posible...

-¡¿Rin!- preguntó asombrada…Ella había dejado de ver a una pequeña de nueve años… ¿Cómo era posible que esa joven frente a ella, que aparentaba tener unos veinticinco años, fuera Rin?

-Sí, soy yo –dijo Rin sonriendo al ver el desconcierto de la muchacha.

-Pe-pe-pero ¿Cómo?- eso era imposible, la niña que ella conoció no podía ser la misma joven frente a ella- Tú eras una humana, no es posible que vivas después de 500 años.

-Es posible porque es mi compañera- dijo Sesshoumaru- Si miras su cuello encontrarás una marca parecida a la que tú tienes en el tuyo. Eso es lo que le permite seguir a mi lado después de tantos años…y lo que hace que tú no hayas cambiado mucho en estos años.

Kagome se llevó instintivamente la mano a su cuello…esa marca, como le había costado encontrar explicaciones a ella para cuando preguntaban al respecto…y era eso lo que la hacía permanecer como si aún tuviera 17 años.

-Rin…ahora incluso te ves mayor que yo- dijo mirando a la joven. "Entonces sí él está vivo no se verá mucho mayor que yo… InuYasha… ¿Cómo estarás?"- InuYasha…- un susurro apenas audible para el youkai, provocando una sonrisa en su cara.

-¿Estarías dispuesta a escuchar la historia de lo sucedido hace años en el Sengoku?- preguntó Sesshoumaru después de escuchar aquello- Creo que es la única forma de que entiendas y tal vez comprendas a mi hermano.

Kagome se le quedó mirando, el temor se le notaba en sus ojos…pero también la resolución.

-Creo que de momento no…no quiero saber nada de InuYasha- dijo con un poco de temblor en su voz- Ya he decidido hacer mi vida sin su presencia…además ahora estoy saliendo con un muchacho.

-¡¿Qué?- ladró el youkai- ESO NO ES POSIBLE, tú ya estás unida a mi hermano…no es posible que hagas eso…que ahora andes con un simple humano.

Rin miró intranquila a Sesshoumaru, había tratado de mantener la calma desde que Myoga les había dicho que la joven salía con un compañero de la universidad, pero oírlo de su boca era demasiado para el orgulloso inu-youkai, pero ella pensaba que era simplemente algo que utilizaba como defensa para obligarse a no ver al hanyou.

Kagome analizó lo dicho por este, ciertamente no es que estuviera enamorada de Junsui, ni mucho menos… es más en ocasiones pero la compañía del joven la tranquilizaba.

-Eso es algo que no pienso discutir- contestó la joven- El fue quien incumplió su juramento… ahora estamos en mi época y aquí las cosas deben ser más legales… de forma que él no es nada mío...

-Sólo el padre de Nadesko- intervino Rin mirándola con dulzura. Ella comprendía lo que debió haber pasado Kagome, pero habiendo visto como InuYasha había jugado con sus hijos, y como añoraba la presencia de aquella joven que lo había cambiado y el deseo de tener un hijo con ella – No debes olvidar que él es su padre, y perdona si ciertamente sin tener tu autorización conocemos a tu hija pero no puedes negar que Sesshoumaru y yo teníamos derecho por ser sus tíos.

-Y te puedo asegurar que ninguno ha roto la promesa que se te hizo- agregó Sesshoumaru- InuYasha ignora totalmente la existencia de su hija, él cree que tú volviste a esta época por todas las groserías que te dijo pensando que era Kikyo… y aunque no lo creas está realmente arrepentido de eso… ha tenido quinientos años para pensar en lo sucedido… y hemos tenido que luchar para mantenerlo vivo, puesto que cuando se dieron las luchas para destruirnos estuvo varias veces en manos de esas personas y todo por el deseo de morir al no lograr pasar nunca el pozo hacia ti… aún ahora en donde se encuentra debe de estar vigilado para que no se acerque a ti.

-InuYasha intentó morir- dijo Kagome, eso era algo que no podía creer. El hanyou había sobrevivido a tanto después de la muerte de su madre… y había tratado de terminar con su vida… por ella…

-Sí, él ha sido muy infeliz- indicó Rin- para él su vida terminó el día que descubrió el engaño que sufrió a manos de Kikyo… tal vez en ese momento yo no lo entendí claramente, pero había estado ilusionado con el nacimiento de un hijo, pero al parecer al no estar tú en la misma época la imagen creada por Kikyo no pudo asimilar los cambios de tu cuerpo así que fácilmente se enteró que lo del embarazo era una farsa.

Kagome miraba fijamente a Rin, sin decirle nada, solamente sus ojos iban mostrando las emociones que se sucedían en ella. Esta, al ver que la joven no la detenía, determinó tratar de contarle la historia hasta donde pudiera.

-Todos tus amigos, o sea, Shippou, Sango, Miroku, Kaede y los niños, al estar protegidos con tus cabellos, no cayeron en su encantamiento, y continuamente le insistían a InuYasha que quién estaba a su lado era la mujer de barro, que no esperara un hijo de ella porque era imposible y que él estaba bajo el influjo de un conjuro. Mientras, Sesshoumaru investigaba la forma de eliminar el conjuro, ya que la anciana Kaede no había logrado hacerlo y la actitud de su hermana era peligrosa para ella.

Sesshoumaru caminó hasta acercarse al sillón en que se encontraba Rin, y tomó asiento a su lado, sin dejar de mirar a la miko que lo miraba sorprendida.

-Fue difícil encontrar a otra sacerdotisa, que para empezar no tratara de matarme y que confiara en mí para darme una solución al problema que teníamos…gracias a que Rin me acompañaba, una vieja sacerdotisa de muy al sur nos dio la solución… y precisamente teníamos el ingrediente principal: cabellos tuyos, y algo de tu pertenencia como lo era la cadena que lleva Rin en su cuello. Déjame explicarte que es gracias a esa misma sacerdotisa que recuperé el brazo que InuYasha me había cortado… lo hizo para que pudiera luchar contra Kikyo… y al parecer podía predecir el futuro porque me indicó que debería de luchar contra muchas cosas sí quería sobrevivir.

La joven sacerdotisa apretaba nerviosamente sus manos, a pesar de que todo iba tomando forma en su mente, algo la impulsaba a negarse a creer todo aquello.

-Nos tomo casi tres meses conseguir todos los ingredientes que ocupaba la vieja sacerdotisa, cuando todo estuvo listo ella preparo una poción y nos dio un conjuro para que se lo aplicáramos a InuYasha, así como otro para que se lo dirigiéramos a Kikyo… eran difíciles y ocupaban mucha energía, pero el monje y la anciana Kaede unieron sus fuerzas para aplicarlos… logramos vencer e InuYasha volvió a la normalidad dándose cuenta de la verdad - continuo Sesshoumaru- Ella trató de convencerlo de que todo lo había hecho por amor, que el debió de estar siempre con ella…y que tu amor no era tan fuerte porque lo habías abandonado. Claro, él recordó todo lo que te había dicho, así que comprendió perfectamente que tú te fueras de su lado…

Tanto Rin como Sesshoumaru observaron detenidamente a Kagome, esperaban que externara algo con respecto a todo aquello que le decían, pero esta continuaba callada. Mientras, Kagome trataba de comprender todo aquello, como alguien que decía querer tanto a InuYasha había sido capaz de caer tan bajo como para utilizar conjuros para mantenerlo a su lado…ni ella, que tenía una razón más poderosa para hacerlo, prefirió renunciar a él…si lo que él había decidido era para ser feliz…

-Ella intentó atacarnos para huir, y dijo que tan pronto tú volvieras se iba a encargar de acabar contigo- explicó nuevamente el youkai- pero la furia de InuYasha le ganó, y ese fue el fin de esa mujer, sin que nadie se condoliera de ella… aunque si ella aún tenía algunas de tus almas, talvez sentiste cuando volvieron a ti.

-Sí, en cierto momento sentí como si todos mis sentimientos se hubieran completado- contestó la joven- talvez eso es lo que causa que ahora le guarde rencor a InuYasha…aunque…siempre lo tengo presente…con sólo mirar a mi hija…

-¿Y no crees que por tu hija…por el derecho que ella tiene de conocer a su padre…deberías al menos tratar de escuchar a InuYasha?- cuestionó Rin a la miko.

-Si bien nunca he tratado de impedir que ustedes la vean, aunque no sabía que tantas personas estaban pendientes de mi hija, al menos de momento no quiero que él la vea- contestó Kagome- Pienso que si bien él entendió porque me fui…no creo que entienda que al huir me llevé a su hijo y nunca lo conoció…

-Entiendo tu temor…pero está el hecho de que ella hubiese querido adueñarse de tu hijo y además Shippou está presente para ayudarnos con esa explicación… y existen unas cartas dirigidas a ambos por parte de sus amigos humanos contando la historia…tanto lo que tú hiciste y nos pediste, como lo que ella hizo y todo lo que se relaciono con eso- continúo Sesshoumaru.

La joven se sorprendió al escuchar la existencia de una historia de Sango, Miroku y Kaede…y el dolor la embargó…el no haber vuelto a verlos…alejarse de ellos sin saber que les sucedió…

-Ellos vivieron bien…la anciana Kaede cuido siempre de los hanyous y vigilaba a InuYasha y siempre le rogó a los Kami que pudieras perdonarlo… y perdonar a su hermana –explicó Rin- Sango y Miroku se casaron, finalmente, y algunos de sus descendientes nos ayudaron a ocultarnos y aún continúan en contacto con nosotros y los otros youkais. Comprendieron tus temores y perdonaron que no hubieses vuelto… aunque siempre les dolió tener que ocultarle a InuYasha que tú estabas esperando un hijo de él cuando te fuiste.

Lágrimas silenciosas recorrían las mejillas de Kagome… por toda aquella mentira creada por Kikyo ella había perdido a sus amigos… había perdido a InuYasha y éste a su hija. No era justo que ella también perdiera a sus tíos y amigos.

-Por ellos, por todo lo que significaron en mi vida, ustedes y todos los que han venido viendo a Nadesko en estos años pueden seguirlo haciendo sin esconderse de mí, así que al menos me enteraré dónde y con quién está ella- habló resueltamente- Pero InuYasha debe seguir igual…sin saber de ella…

-Igualmente tú puedes venir aquí cuando quieras, Shippou y los niños estarán felices con ello- indicó Sesshoumaru- Además, así podrás conocer a nuestros hijos Yuuki, Eikou y Kyouryoku, ahora no están con nosotros porque se encuentran con su tío.

Kagome sonrió, se imaginó a InuYasha cuidando niños, cuando antes se le hacían insoportables, todos aquellas peleas con Shippou, con los pequeños demonios monos y cualquier niño que lo molestara no salía bien librado

-Hablando de niños, me encantaría poder conversar un rato con Shippou- dijo sin dejar de sonreír.

Rin se levantó y acercándose a la puerta, llamó al kitsune.

-¡Shippou, ven!- llamó, sabiendo bien que el pequeño no estaría muy lejos de ahí.

Momentos después apareció en el salón.

-Creo que ustedes tienen mucho de que conversar- dijo Sesshoumaru mientras se levantaba y salía de la habitación seguido por Rin.