Capítulo 2: Una sacerdotisa muy especial
Cuando llegaron a la casa de Kagome, lo primero que hizo Izel fue dirigirse al Goshimboku y situándose frente a él, colocó sus manos en el anciano tronco. InuYasha (quien por cierto cargaba todo el equipaje de la joven) y Kagome miraban atentamente lo que ella hacía.
-Arigatou, Kami-sama- dijo Izel inclinándose ante el árbol. Después se volvió y con una sonrisa de dirigió al par de chicos.
-Sólo estaba pidiendo permiso al dios del árbol del tiempo para traspasar sus barreras, así que no tendremos problemas- les explicó mientras libraba al hanyou de un par de bolsas- Mientras viaje con la sacerdotisa que maneja el tiempo no habrá problema.
Kagome abrió la puerta de su casa, y, por primera vez, no tuvo que llamar a su familia, ya que su madre, abuelo y hermano estaban esperando ahí la llegada de su invitada. Cuando Izel ingresó al recinto y trataba de quitarse sus zapatos, recordando la tradición japonesa, se sorprendió al escuchar las voces de los mismos.
- ¡Youkoso Irasshaimashita!- dijeron los tres a la vez, haciendo que la chica, de la impresión, perdiera el equilibrio, logrando no caer al suelo gracias a la intervención del inu-hanyou.
Logrando recuperar su equilibrio, se inclinó brevemente ante los familiares de Kagome, la cual deseaba que se la tragara la tierra por el exagerado saludo que le habían otorgado a la pobre joven.
- Doumo arigatou- contestó con una sonrisa.
-Mamá, ¿cómo se les ha ocurrido hacer tanto escándalo, ¿qué va a pensar de nosotros?- reclamó Kagome, mirando sonrojada a la joven que se encontraba a su lado.
-Tranquila Kagome, creo que ellos estudiaron mejor del lugar de donde provengo…y saben que nuestra forma de ser es más espontánea- la tranquilizó Izel, mientras se acercaba a Souta- Sigues entendiéndome, ¿verdad, Souta-kun?
El chico le asintió con la cabeza mientras veía a InuYasha cargar todos los paquetes que traía la joven.
-Vamos, InuYasha no niichan- dijo dirigiéndose al hanyou- Creo que es mejor dejar todo eso en la habitación de Izel… ¡Ahora sí recordé tu nombre! -le dijo a la joven mientras tomaba la bolsas que esta cargaba, para luego encaminarse a la planta alta seguido por el medio demonio.
El abuelo y la señora Higurashi se quedaron mirando como sus hijos comprendían lo que decía aquella joven, mientras que ellos sólo habían comprendido el agradecimiento a su bienvenida.
-Kagome, ¿nos puedes explicar cómo ustedes entienden a esta joven? –Kagome los miró, ciertamente ellos no habían entendido nada de lo que Izel había dicho.
-Pues ella hizo una especie de conjuro y es por eso que InuYasha, Souta y yo la entendemos –explicó, mientras se volvía hacia la muchacha- Oye, Izel, ¿podrías hacer que mi hahaue y mi ojiisan te entiendan?
Izel dio una cabezadita en señal de asentimiento, y acercándose a aquellos dos que la miraban sin comprenderla, colocó sus manos sobre sus cabezas y repitió, casi imperceptiblemente, el conjuro que usaba para hacerse entender por aquellos que quería.
-Ja, ves que es muy fácil –dijo mientras se daba la vuelta para mirar a Kagome- Tú lo puedes aprender, pues tus poderes son casi iguales a los míos.
Kagome la miró sorprendida… ella jamás podría hacer eso… pero aquella chica decía que sus poderes eran casi iguales.
-Eso es imposible… difícilmente aprendí a hacer una flecha purificadora… ¿cómo dices que tus poderes y los míos son casi iguales?
-Falta de práctica… y de algunas enseñanzas… nada más -le contestó con una sonrisa- Mientras esté contigo te enseñaré lo que pueda, ¿Te parece?
-Hai, ¡sugoi desu ne!- contestó Kagome feliz. Tal vez así podría hacer lo que cualquier sacerdotisa de tiempo antiguo.
-Kagome, tal vez ella quiera comer algo, ¿no crees? –Preguntó la madre de Kagome.
-Sí, eso me gustaría… no he comido nada desde el desayuno y ya pasan de las dos de la tarde –contestó Izel.
La señora Higurashi la miró sorprendida… así que ahora le entendían. El abuelo se sonrío y simplemente se dirigió al comedor… comerían en una mesa tradicional japonesa… aunque no todo lo que ahí se encontraba era tan tradicional, pues habían cambiado la bebida de ella del té a un oloroso café.
Cuando se sentaron sobre los mullidos almohadones, se sonrieron al mirar como ella trataba de acomodarse, al parecer hubiera sido más sencillo hacer aquella comida en la mesa de la cocina.
InuYasha y Souta ya se encontraban con ellos, y todos se quedaron expectantes cuando la vieron tomar los palillos y hacer una pequeña mueca.
-Demonios, no he podido comer bien con estas cosas- protestó mientras trataba de acomodar los palillos en sus dedos- por eso es que he pasado hambre.
Souta le pasó un pequeño estuche, ella lo abrió y una sonrisa iluminó su rostro… dentro se encontraba un juego de cubiertos…
-Doumo Arigatou -agradeció sonriente, no solo su sonrisa expresaba aquello sino que sus verdes ojos se iluminaron- Ha sido muy amable de su parte comprender que no todos podemos utilizar los palillos para comer.
Luego de la agradable comida, donde, como de costumbre, el hanyou comió por más de dos, la joven miró el tenedor que sostenía en su mano.
-¿Pasa algo?- preguntó Kagome al mirar aquella pose de Izel.
-Iie -contestó- Sólo pensaba que de haber tenido que comer con los palillos y con InuYasha a la par mía, me hubiese quedado con hambre.
Todos volvieron a mirar al hanyou, que en ese momento tomaba la taza frente a la joven, antes de soltar la risa y dejar a este perplejo y con un gracioso tono rojizo en su cara.
-Feh- contestó antes de tratar de llevarse la taza a la boca.
-Iie, InuYasha -dijo rápidamente Izel, quitándole la taza de la mano- Tú nunca has tomado café… y creo que es mejor que no lo hagas.
-¿Nani? –contestó aquel un poco molesto por la reacción de la joven… no se había molestado las veces que él tomaba algo de su plato… pero aquella bebida que tenía un olor diferente al té y, por lo tanto, llamaba su atención no lo dejaba tomársela.
-Es que… no es buena para ti… - trató de explicarle Izel, sabiendo que de tomársela se pondría hiperactivo- Sería como sí tomaras sake...
-Yo nunca he tomado eso -contestó, y se quedó aguardando una explicación más convincente.
-¡Mierda! –protestó Izel, haciendo uso de su sangre latina, para protestar ante aquello. Alzó la vista al ver que todos se habían quedado en silencio ante aquella expresión suya- Gomen…gomen… es que me desesperó que este baka no me entienda… Simplemente no es bueno que él tome café al no estar acostumbrado, creo que lo pondría… inquieto.
El hanyou miró con cara de triunfo a Kagome… ya que ésta siempre le decía que no anduviera maldiciendo y hablando tan mal, y aquella chica había una de sus palabras favoritas para maldecir… Después de todo, tal vez no se llevaría tan mal con ella…
Kagome lo miró mientras llevaba su mano al cuello, dándole a entender que si seguía así podría llevarse un Osuwari como premio, a lo que InuYasha muy seriamente preguntó.
-Hey, Izel… ¿Tú normalmente hablas así?- deseado que la chica le contestará afirmativamente.
Esta lo volvió a ver… como decirle que hablar así resultaría normal… en su casa… no como de hecho decir que no hablar así en su país sería anormal… puesto que no necesariamente podía estar insultando a alguien usando palabrotas… sino tal vez… incluso estarlo saludando, felicitándolo, diciéndole a un chico que estaba muy guapo…según la entonación que le diera a las palabras.
-Eeeeh, mira la verdad, es que ahora lo dije molesta, pero…- se sonrió antes de continuar- a veces no necesariamente las uso como insulto…¿me entienden? –finalizó mirando a los demás, para verlos negando con la cabeza, al contrario de InuYasha- Lo siento, pero es que se salen solas, es natural en mi país.
InuYasha los miró, mientras sonreía tranquilo. Kagome no podría regañarlo por su forma de hablar… al menos mientras Izel estuviera con ellos.
-Feh, Ves Kagome que no es para tanto… -dijo mientras se levantaba- Ella habla tan bien como yo, así que no hay por que molestarse- dando por terminada la cuestión sobre el vocabulario, mientras Izel tranquilamente se tomaba su café.
