Latis llevó a Lucy hasta el jardín, la fuente.
-¿Recuerdas éste lugar? –preguntó Latis.
-Claro que lo recuerdo. –dijo Lucy sacando el medallón. –Aquí fue donde me regalaste éste medallón, dijiste que era mágico, dijiste que tenía el poder de protegerme y de comunicarme contigo; pero se te olvido una cosa.
-¿Ah si? –preguntó Latis. -¿Cuál?
-Que también me dio esperanza de que volvería a verte. –dijo Lucy sonriendo.
Latis la abrazó cariñosamente.
-Lucy, -dijo Latis mirando a la chica a los ojos. -¿Me amas?
-Con toda mi alma. –fue la respuesta de Lucy. -¿Y tú me amas a mi?
-¿Lo dudas? –preguntó Latis, pero no esperó respuesta. –Te amo tanto que...daría mi vida, y hasta mi alma por ti.
-¡No digas eso! –exclamó Lucy sumamente nerviosa. –Yo nunca podría vivir si algo malo te pasara.
-Eso no sucederá, te lo prometo. –dijo Latis abrazándola.
Y con eso Latis abrazó cariñosamente a Lucy. Luego tomó a Lucy suavemente de la barbilla, y se inclinó hacia ella para besarla. Lucy entonces rodeó con sus brazos a Latis por el cuello; y Latis la abrazó por la cintura.
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Así mismo Paris había sacado a Anaís a pasear por uno de los jardines exteriores.
-Todo esto es muy hermoso. –dijo Anaís mirando en todas direcciones.
-Todo fue gracias a ustedes. –dijo Paris pasando un brazo por el hombro de Anaís.
-Eso no es cierto. –dijo Anaís algo apenada.
-Claro que sí. –insistió Paris. –Fueron ustedes quienes destruyeron a Debonair.
-No lo hubiéramos logrado si ustedes no hubieran tenido fe, esperanza y confianza en nosotros en el momento que necesitamos. –replicó Anaís.
-Ustedes hicieron el trabajo pesado. –dijo Paris.
-Fue trabajo de todos. –dijo Anaís.
Paris se resignó, suspiró y acercó a Anaís más a si mismo.
-Nunca voy a poder ganarte una discusión¿verdad? –preguntó Paris cariñosamente.
-No, creo que no. –dijo Anaís también sonriéndole.
Paris se acercó a ella, rozando sus labios, entonces retrocedió.
-Anaís, -dijo Paris con falsa seriedad. –Hay algo que he querido preguntarte.
-¿Qué es Paris? –preguntó ella con sonrisa inocente.
-Anaís tú...¿quieres ser mi novia? –preguntó Paris.
-¡Claro que sí! –exclamó Anaís con una amplia sonrisa.
Paris la atrajo hacia él y la besó suavemente. Anaís se dejó ir, siempre le había gustado la suavidad y delicadeza con que Paris la trataba, como si fuera un tesoro muy preciado.
-Eres mi tesoro más preciado Anaís. –dijo Paris, fue como si le hubiera leído la mente. –No quiero perderte, nunca.
-Nunca me perderás, porque te amo. –le aseguró Anaís. –Te lo prometo.
-Yo también te amo. –dijo Paris sonriéndole.
Y ambos volvieron a besarse.
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En otra parte del castillo de Céfiro, Presea y Marina acababan de entrar a la que sería la habitación de ésta última. Marina entró y se dejó caer en una silla frente al espejo, se soltó el cabello, luego tomó un cepillo y empezó a peinar su cabello poco a poco, suspirando.
-¿Lo quieres mucho no es así? –preguntó Presea que aún seguía detrás de ella.
-¿De quién hablas? –preguntó Marina.
-No finjas conmigo Marina. –dijo Presea sentándose en la cama.
-No finjo, él no... –Marina se detuvo.
-¿Ves que si hay un 'él'? –dijo Presea sonriendo.
-Si...bueno...eso no importa. –dijo Marina, siguió cepillando su cabello. –Ese es un sueño imposible.
-¿Por qué lo dices? –preguntó Presea.
-Porque para él yo sólo soy una niña, una niña de otro mundo que vino a salvar Céfiro un par de veces, y ahora se empeña en volver para que le rompan su corazón en vez de intentar ser feliz en su propio mundo. –dijo Marina desahogándose, había soltado el cepillo y varias lágrimas comenzaron a caer por su rostro, las cuales no se notaban por los mechones que lo cubrían.
-No creo que Clef piense eso de ti. –dijo Presea comprensiva, hincándose junto a Marina.
-Claro que sí, él sólo... –Marina se detuvo. –Espera Presea. ¿Tú cómo sabes?
Presea sólo le sonrió mientras le secaba las lágrimas con un pañuelo.
-Pensé que a ti te gustaba Clef. –dijo Marina.
-Eso fue al principio. –dijo Presea. –Después me di cuenta que en realidad le tenía un gran aprecio por lo mucho que me había ayudado.
Marina no pudo evitar suspirar.
-No debes darte por vencida. –dijo Presea.
-¿Es que qué puedo hacer? –preguntó Marina.
-Hazle ver que existes, -dijo Presea. –Y que estás interesada en él.
-¿Cómo? –preguntó Marina, parecía un poco esperanzada.
-Oh, tú déjalo todo en mis manos. –dijo Presea con una sonrisa.
Y con eso, ambas mujeres planearon lo que Marina haría para conquistar a Guru Clef.
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En el salón principal del palacio Caldina estaba dando órdenes a los sirvientes.
-Ese listón amárrenlo ahí, -dijo Caldina señalando una columna. –Esas guirnaldas se verían mejor más cerca de la puerta... La mesa se vería divina con el mantel blanco con bordados dorados.
-¿Todo bien mi amor? –preguntó Ráfaga.
-Si mi vida. –dijo Caldina. –Ya casi está listo todo. Ésta noche les haremos una fiesta bellísima a las Guerreras Mágicas, en su honor por haber vuelto a Céfiro. –vio sobre su hombro. –Esas decoraciones van mejor junto a la ventana. Y dense prisa por favor que tenemos que tener todo listo ya.
-Caldina, cariño, a este paso vas a volver locos a los sirvientes antes de que siquiera puedan terminar de decorar el salón. –dijo Ráfaga cariñosamente, pasando un brazo por la cintura de su joven esposa.
-Es que todo tiene que ser perfecto. –dijo Caldina.
-Contigo al mando, todo será perfecto, siempre. –dijo Ráfaga abrazándola.
Caldina le sonrió.
Ráfaga se acercó para besarla.
Ya cuando iba a besar a su esposo Caldina notó que eran observados.
-¿Ustedes qué miran? –preguntó Caldina. –Mejor terminen con la decoración.
Y con eso alzó el brazo, jalando el manto rosa para cubrir su rostro y el de Ráfaga cuando se besaran.
Los demás sirvientes obedecieron y siguieron trabajando.
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Guru Clef y Elena estaban en una pequeña terraza del castillo.
-¿Qué ocurre? –preguntó Elena al notar que Guru Clef la miraba mucho.
-Hay mucho de ti que no nos has dicho¿verdad? –dijo Guru Clef.
-¿Nunca te han dicho que no es bueno revelar todos los secretos? –preguntó Elena con una sonrisa de niña inocente.
Guru Clef la miró insistentemente.
-Te puedo decir lo que ya sabes, me llamo Elena, y tengo dieciocho años, al menos físicamente. –dijo Elena. –No soy de Tokio como las otras chicas, yo soy de Inglaterra; eso queda muy lejos de donde ellas viven.
-¿Y qué hacías en Japón? –preguntó Guru Clef.
-Esa historia, no te la voy a contar. –dijo Elena sonriendo.
-No cualquiera puede entrar a Céfiro. –dijo Guru Clef con el ceño fruncido. –De hecho se supone que sólo las Guerreras Mágicas pueden ingresar aquí.
-¿No sabes que existen seres con el poder de cruzar murallas de una dimensión a otra, ya sea tiempo o espacio? –preguntó Elena.
-Lo sé. –dijo Guru Clef. –Pero no cualquiera tiene ese poder. Debe ser alguien muy importante, muy poderoso.
Elena permaneció callada.
-De lo que si estoy seguro es que ésta no es la primera vez que viajas entre dimensiones. –dijo Guru Clef con seriedad. –Ya antes has hecho algo parecido, aunque no fue aquí a Céfiro.
-En efecto, -dijo Elena. –No es la primera vez que viajo entre dimensiones, y la primera vez no fue aquí, sino a otro lugar totalmente diferente.
Guru Clef esperaba que ella continuara, pero no lo hizo.
Elena hizo un movimiento con las mano, y Guru Cleff pudo ver que en la parte alta del brazo derecho ella tenía pequeñas cicatrices, marcas, como de dientes.
-¿Cómo te hiciste esa cicatriz? –preguntó Guru Clef.
-Es tarde, -dijo Elena evadiendo la pregunta. –Y si no te molesta, me gustaría ir a darme un baño antes de cenar.
-Desde luego, -dijo Guru Clef. –Tú habitación es ésta, la primera en el pasillo.
-Bien, -dijo Elena sonriendo. –Nos veremos.
Y con eso ella se metió a su habitación.
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Desde cierta distancia Ascot pudo observar cuando Elena se metió a su recámara, dejando a Guru Clef solo en el pasillo.
-Yo también debo ir y cambiarme para la cena. –rió. –Seguro Caldina preparará toda una fiesta para celebrar el regreso de las chicas.
Ascot se escondió detrás de una columna para que Guru Clef no lo viera cuando pasó.
-¿Eres tan ciego que no puedes ver frente a ti a la mujer que te ama? –preguntó Ascot en voz baja.
-¡Pu¡Puu! –dijo Nikona, parecía apoyar a Ascot.
Ascot sólo negó con la cabeza y se marchó por otro lado.
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Mientras tanto Elena se desvistió y se metió a la tina de agua caliente.
-Ah... que delicioso. –murmuró ella. –Aunque me faltan esas hierbas de Gilian. Esa muchacha estaba algo loca, pero sabía usar muy bien las hierbas para un buen baño caliente.
Flashback
Elena se acaba de quitar la ropa que llevaba puesta, y se había sumergido en una tina llena de agua humeante.
-Ay, que cansancio... –se lamentó ella
Elena trataba de mantener su cabello lo más seco posible mientras revisaba un par de heridas y varios rasguños que tenía en brazos y piernas.
De pronto la puerta se abrió y entró una joven de cabello negro recogido en una trenza, ojos también oscuros.
-Hola Elena¿todo bien? –preguntó la muchacha que acababa de entrar.
-Tan bien como se puede estar después de una batalla Gilian. –replicó Elena.
-Dicen que le salvaste la vida a Trancos. –dijo Gilian mientras iba sacando de una bolsa varias hierbas curativas.
-Si salvarle la vida significa recibir una mordida que iba dirigida a él, si lo hice. –dijo Elena,
Entonces ella sacó su brazo derecho del agua, en su brazo se distinguieron marcas, de dientes, una mordida de algún animal salvaje. Tomó algunas de las hojas que les ofrecía Gilian y las mojó en el agua caliente, para luego estrujarlas fuertemente entre los dedos y finalmente frotarlas sobre su herida.
-Y recuérdame que no lo vuelva a hacer. –agregó Elena haciendo una mueca de dolor mientras seguía frotando las hojas sobre esa herida. –Nunca.
-Estoy segura que Trancos le estará agradecido. –dijo Gilian preparando una infusión con otras hojas.
-Sí, seguro. –dijo Elena sin darle importancia.
Gilian le ayudó a aplicar la infusión en las otras heridas. Y una vez terminado el trabajo vació el resto del agua con las hierbas en la tina donde se encontraba Elena.
-Ahora debo irme. –dijo Gilian poniéndose de pie. –Mi madre me necesitará para ayudar a los hombres que hayan sido heridos por las bestias.
-Sí, muchas gracias por las hierbas. –dijo Elena. –Yo me quedaré aquí otro rato.
-De acuerdo. –dijo Gilian –Adiós.
Gilian salió de la habitación, y Elena se relajó otro rato en el agua tibia, ahora perfumada con las hierbas.
Fin del Flashback
-Ay, definitivamente esa muchacha me podría ayudar un poco en este momento. –dijo Elena hundiéndose más en el agua.
Después de una media hora Elena salió de la tina para vestirse, mientras reflexionaba.
-Bien, estoy aquí, y por algo será. –murmuraba ella. -¿Por qué?
Entonces parece tener una idea.
-Bien, suponiendo...sólo suponiendo que estoy aquí por la misión, eso no explica cuál es la misión. –se decía ella. –Quizá averiguando más de este mundo...Céfiro...pueda obtener alguna pista de la dichosa misión. –suspira. –Todo sea por volver... a ese mundo... a esa tierra... con mis amigos... con Él. –niega con la cabeza. –Ahora no es momento de esto, ahora sólo debo pensar en lo que debo hacer aquí.
Y con esa decisión terminó de vestirse para la cena.
No tengo mucho que decir, excepto que muchísimas gracias por todo el apoyo, nunca imaginé tener siete reviews tan sólo en el primer capi. Espero que lo que viene tambié les guste. No se lo pierdan.
