Inuyasha pertenece a Rumiko Takahashi

Notas antes:

1- todo lo que está en cursiva dentro del texto es un recuerdo

2- recomiendo buscar las siguientes canciones del OST y ponerlas mientras lo leen (le da más sentimiento [justo en el kokoro dirían por ahí]):
- unmei no kaikokoro (destiny and love)
- bojou (longing)
- miko (kikyo)
- kanashimi no hate ni
- kagome and inuyasha

3- los - indican cambio de escenario (y al final las notas)

Cambiando el destino

Capítulo 1: Análisis de emociones

Inuyasha se sentó bajo el árbol sagrado, recordando cuando conoció a Kykyo:

Era una noche de luna nueva, el joven se había subido a un árbol y vio una muchacha de largos cabellos negros sujetados en una cola sutil. Justo cuando se volvió humano, la sacerdotisa le habló exigiéndole saber si buscaba la perla. Él no entendió pero mantuvo su guardia alta a pesar de que ahora ni si quiera podía protegerse con sus garras. Una lluvia torrencial comenzó a caer.

- Es mejor si no lo sabes, si no quieres morir, no vuelvas a aparecer por aquí - le dijo con mirada seria y fría, se volteó y comenzó a caminar. Pero cayó desmayada por el cansancio de la batalla anterior. Había luchado contra cientos de youkais toda la tarde, culminó con una gran explosión purificadora que la dejó sin fuerzas, llena de sangre y suciedad, partes de youkais la rodeaban.

El ahora joven de cabellos negros se bajó del árbol y se acercó a ella, mirándola, preguntándose a sí mismo qué clase de sacerdotisa tenía tanto poder. Sin embargo, no pudo obviar el hecho de que esta mujer tenía un dulce olor a hierbas y flores, un olor sencillo pero puro, que se unificaba con el olor de la sangre y muerte que la rodeaba y cubría, sin duda alguna el olor más particular que él había conocido. Ese aroma tan específico se grabó en su memoria sin saberlo. Decidió irse cuando escuchó las voces de los aldeanos buscándola, la llamaban por su nombre "Kykyo-sama".

Inuyasha se fue, la dejó para que la encontraran, recordando intensamente su olor tan puro, una voz en su interior le recordaba su nombre en suaves susurros "Kikyo... Kikyo...". Acostado sobre un árbol escuchó una youkai haciendo mención del poder de la perla de Shikon y comprendió porqué la buscaban con ansiedad y porqué esa sacerdotisa había sido atacada. Su mente lo traicionó ligeramente recordándole toda la escena de ella desmayada y su corazón dio un pequeño vuelco.

Pasaron los días e Inuyasha trataba constantemente de obtener la perla, Kikyo constantemente lo dejaba pegado a un árbol con sus flechas y le recordaba que se mantuviera lejos. Él no comprendía por qué ella no lo había matado como a todos los demás. Días después el joven salvó a la niña Kaede y la sacerdotisa aprovechó para hablar con él. Ella le explicó que a pesar de ser humana no podía demostrarlo ni flaquear ante cualquier sentimiento humano; ella le explicó que por eso no podía matar a Inuyasha, porque para ella, él estaba en una situación similar.

Su corazón dio latidos rápidamente y comprendió que tenía sentimientos por esa humana poderosa. No sabía exactamente si simplemente le gustaba o si había algo más, no estaba preparado para averiguarlo. Pensó seriamente las palabras de la chica sobre su propia humanidad, ella no se sentía humana ¿sería acaso que tampoco se sentía chica? Recordó entonces algo que su madre le dejó y al día siguiente se lo dio como regalo.

Estaba increíblemente absorto en sus pensamientos cuando sintió una punzada fuerte en su corazón y un gran enojo comenzó a acumularse. Recordó cuando Kikyo le prometió la perla, cuando Kikyo le dijo que era un mitad bestia y que iba a matarlo (y lanzó su flecha directo a él) y cuando después de huir de la aldea con la perla, Kikyo lo arremetió con una flecha y lo selló contra el árbol sagrado. Se sorprendió a sí mismo de su ira. Respiró hondo y recordó cada beso con Kikyo, comprendió que cada vez que la besaba su corazón latía sin parar a un ritmo cada vez más grande. Aún ahora, cada vez que la miraba, la percibía o la olfateaba en el aire, sentía unas cosquillas en su estómago, su corazón latía fuertemente y si el destino decidiera hacer que ella lo mirara, se sonrojaba.

Inuyasha comprendió que esas acciones eran demostraciones de su cuerpo de que aún amaba a Kikyo, y no sólo eso, aún estaba enamorado, aún se sentía como cuando la vio aquella tarde, como cuando le confirmó que sería humano, como cuando la besó en el muelle prometiéndole que sería humano para que ella pudiera "ser" humana también. A pesar de que su cuerpo ahora era de barro y requería serpientes recoge almas para sobrevivir, la seguía amando como hace 50 años.

Una vez comprendido que el amor por Kikyo no se esfumó en ningún momento, decidió hacer algo que probablemente era lo más maduro que había hecho en su vida: determinar qué sentía por Kagome.

Mientras tanto en la época actual una joven de cabellos negro azulados caminaba junto con sus tres amigas de regreso al templo y su casa. Las chicas iban hablando en murmullos sobre el estado de ánimo de Kagome, desde que llegó a clases hace un par de días se veía deprimida y las tres suponían por qué, se había peleado con su novio rebelde por la otra chica que hacía tiempo les había contado su amiga.

Por este motivo decidieron seguir a Kagome hasta su casa. Cuando terminaron de subir las gradas hasta el templo decidieron dar una ofrenda y hacer una plegaria por su amiga mientras ella entraba en su casa y avisaba a su madre de sus visitas.

- Kami-sama, que Kagome-chan consiga la felicidad por favor - dijeron las tres al unísolo luego de dar la ofrenda, hacer sonar el cascabel y dar dos palmadas.

- ¡Chicas! - llamó la madre de Kagome desde la puerta de la casa. Las tres se giraron y caminaron hacia ella.

Minutos después estaban las cuatro jóvenes sentadas en la habitación de Kagome tomando té y unas galletas. El silencio era profundo y con aires de tristeza y preocupación.

- Kagome - dijo por fin Yuka - ¿pasó algo con tu novio rebelde? Llevas dos días pensativa y triste - la joven de pelo negro-azulado la miró sorprendida, pensó que había actuado normal

- Kagome - dijo Eri con una sonrisa en su rostro - puedes contarnos lo que sea, tal vez podamos ayudarte - la joven sacerdotisa la miró y asintió

- Chicas - dijo con Kagome con voz triste - la verdad es que creo que mi novio ama a la otra chica - las tres se sorprendieron de que sus sospechas fueran correctas tal cual las habían pensado

- ¿Qué te hace pensar eso? - preguntó Ayumi con cara de consternación

- A veces, cuando estamos en medio de... - sintió una gotita de sudor al recordar que no podía decirles sobre la época antigua y sus aventuras

- ¿EN MEDIO DE QUÉ? - preguntaron sus amigas al unísolo con cara de sorpresa

- ¡NO ES NADA DE ESO! - se sonrojó Kagome al escucharlas y saber qué pensaron - ni siquiera nos hemos besado - miró hacia el piso sonrojada

- ¿No se han besado? - susurró Ayumi acomodando su mano derecha sobre sus propios labios mostrando asombro

- No... ni una sola vez - Kagome mantuvo su mirada en el piso - a veces, cuando estamos paseando nos encontramos a la otra chica y él con sólo verla se olvida que estoy ahí, un par de veces la ha seguido y me ha dejado tirada - su voz denotaba enojo y tristeza, cerró los puños tan fuerte para evitar llorar que sus uñas se enterraron en sus palmas

- Kagome-chan, él no te merece - dijo con voz fuerte Yuka

- Así es, es mejor que abandones a ese bobo, si no puede ni siquiera quedarse contigo cuando salen, no podrá quedarse contigo en momentos más importantes - la voz de Eri resonó en la cabeza de la sacerdotisa

- Kagome-chan... - comenzó Ayumi - yo siempre te apoyaré si quieres seguir con tu novio rebelde pero este trato no es aceptable, no importa cuánto lo ames, si él no te ama a ti, no merece la pena ni un minuto más -

La peli negro-azulado asintió, apretó más los puños pero no pudo retener las lágrimas y comenzó a llorar - chicas... - dijo entre sollozos - gracias... sé que quieren lo mejor para mi... les prometo... que tomaré una decisión... con respecto a Inuyasha... -

Las tres se mostraron satisfechas de saber que su amiga había tomado conciencia de que esa no era la mejor manera de tener una relación. Ayumi suspiró profundamente - Kagome-chan, tómate tu tiempo en tomar la decisión que creas correcta para ti - le sonrió amablemente

Después de despedir a sus amigas, Kagome se fue a bañar, se sentía intranquila mientras frotaba su cuerpo con jabón y lavaba su cabello con shampoo. Se relajó después de enjuagarse y entrar en el agua caliente de la tina, sentía como un abrazo muy cálido que tranquilizaba su ansiedad. Se preguntó qué haría respecto a Inuyasha.

Pensó en cada una de las veces en las que estuvo a su lado en batalla, pero las veces que más pensó fueron los momentos en los que Inuyasha se mostró vulnerable ante ella, particularmente recordó la primera vez que pasó junto a él una luna nueva:

Después de salir ilesos de un ataque de arañas monstruo, Kagome y Shippo le quitaron al hanyou las telarañas que cubría su cabello pare descubrir que este había cambiado a un color negro y sus orejas de perro habían desaparecido. Al pedir explicaciones fue la pulga Myoga la que les comentó que en las noches sin luna, el joven deja de ser hanyou y se vuelve un humano completo, quedando completamente vulnerable puesto que todos sus poderes desaparecen.

- Amo ¿desconfía de mí? - dijo la pulga con cara molesta

- En estos momentos no puedo confiar en ti - le señaló el joven

- ¿Y qué dices de mi? - agregó Kagome, el joven la miró algo sorprendido por su ocurrencia, a lo que ella continuó con seriedad - si me hubieras contado tu situación no me habría atrevido a decirte que viniéramos a esta telaraña... ¿no me tienes la suficiente confianza? -

- ¡Por si no lo sabías no confío en nadie! - objetó él, molesto por lo que esa humana pretendía - así es como he vivido todo este tiempo Kagome, no tiene caso que te quejes - finalizó.

Kagome lloró y le reclamó por su tontera y locura ante el silencio sobre algo tan importante en una situación tan peligrosa. El chico le reclamó en contestación y así comenzó y continuó una discusión entre ambos. Nada fuera de lo común.

Momentos después lucharon contra el monje, quien resultó ser la araña enemiga. Inuyasha quedó atrapado en la telaraña y Kagome apareció justo a tiempo con Colmillo de Acero para salvarlo, utilizando el campo de energía de la espada y con lágrimas en los ojos, ella logró liberar al ahora peli negro, cayendo sobre él en el proceso. Por una fracción de segundo el corazón de Kagome latió fuertemente al sentir el cuerpo humano del chico bajo el suyo.

Consiguió llevarlo a un lugar seguro junto con Shippo, Myoga y Nazuna, cuando estos tres habían quedado dormidos la chica notó que él estaba sudando y decidió usar su pañuelo para limpiar su frente, a lo que él despertó.

- Perdón ¿te desperté Inuyasha? - susurró ella

- No... Kagome... - le contestó él, mirando al lado contrario

- Dime - ella se acercó ligeramente

- ¿Por qué tú... estabas llorando? - susurró él

- ¿Eh? - dijo sorprendida - ¿te refieres a...? - se recordó a sí misma salvando al chico de la telaraña y agregó - pensé que ibas a morir -

- ¿Llorabas por mi? - susurró él, mirando aún al lado contrario, ella lo miraba con una expresión de preocupación per se sentía tranquila de saber que al menos se veía bien

El joven pidió acostarse en su regazo, ella jamás se había sentido así ¿que un hombre se acueste en tus piernas es algo serio no es así? ¿es porque siente algo verdad? Su corazón latió fuertemente. Ella asintió y le ayudó a acostarse. Después él dijo algo que recordaría por siempre: "Kagome, hueles bien". Ella le recordó que él decía que su olor era horrible y lo detestaba pero él, en su momento más vulnerable aceptó que eso era mentira. La chica de pelo negro-azulado perdió la respiración por unos segundos. Su corazón bombeó sangre como nunca en su vida, el latido era fuerte y su sonrojo también. Después él se quedó dormido.

Su madre sabía que estaba pasando un momento difícil pero no adivinaba exactamente por qué, asumía que tenía que ver con Inuyasha y lo que ella sentía por él, sólo porque entendió que su hija debía pensar en un lugar tranquilo no la llamó a cenar ni le pidió que saliera e instruyó a los dos hombres de la casa para que hicieran lo mismo y la dejaran en paz.

Llevaba más de media hora en la tina recordando sensaciones, momentos, aromas, días y noches con él. Recordó cómo era antes, cuando todo inició, ella era muy inmadura al igual que él, pero ambo habían tenido que comenzar a madurar aunque era bastante obvio que ella había madurado mucho más y más rápido, él aún se comportaba muy similar a como era antes.

Cuando Kikyo aparecía él iba detrás como si fuera su perrito faldero, con un amor intenso, un cariño irrefutable. Él la seguía queriendo a pesar de todo, dejando a Kagome sola o con sus amigos, pero dándole la impresión de que cuando Kikyo entraba en escena, ella desaparecía. La chica de ojos miel suspiró profundo y se adentró más en el agua que ahora estaba casi fría.

- Creo que no hay forma de que... Inuyasha... me quiera - su voz se quebró en las últimas palabras y sintió como su corazón se quebró en mil pedazos y un vacío se asentó en su pecho. Decidió que olvidaría a Inuyasha mientras estuviera en su época, debía regresar y verlo como un amigo, así se evitaría a sí misma más daño y dolor en el futuro. Debía madurar una vez más.

Cuatro días habían pasado desde que Kagome se fue a su época, Sango había ido a esperar al pozo por si su amiga regresaba. Estaba anocheciendo cuando vio al hayou bajo el árbol, igual que los días anteriores, en todo ese tiempo él no había regresado a la aldea y la exterminadora se preguntaba seriamente si el chico había comido o dormido. Decidió aproximarse a él.

- Inuyasha - lo llamó

- ¿Sango? - la miró desconcertado

- ¿Has estado pensando todo este tiempo aquí? - lo miró con preocupación, pues también era su amigo

- He comido cerca del río pero el resto del tiempo lo paso aquí - le dijo mientras miraba hacia la copa del árbol sagrado

- ¿Has tomado una decisión? - contuvo su respiración a la espera de una respuesta

- Sí... pero no creo que te guste - suspiró él mirando hacia sus pies

- Kikyo - dijo ella, él sólo asintió.

- Pienso en cómo decirle a Kagome - dijo seriamente él mirando fijamente a los ojos a Sango, ella asintió y le indicó que buscara una forma puesto que en cualquier momento la chica volvería.

Al día siguiente Inuyasha atravesó el pozo, fue tan cortés como pudo y pidió entrar a hablar con Kagome. Su madre comprendió que no sería una situación fácil para su hija al verle el rostro serio al chico pero sabía que era lo mejor puesto que había notado que la chica la estaba pasando realmente mal. Dejó a Inuyasha en el comedor y trajo a Kagome, tomó al abuelo y a Sota y se los llevó fuera de la casa con la excusa de limpiar el templo.

Ambos se miraron con seriedad, estaba más que claro que ella había llorado por sus ojos rojos e hinchados, él no entendía por qué había estado llorando pero sí supo que era por su culpa y lo más seguro era que la haría llorar más.

- Kagome - empezó él, ella sólo lo miró - comprendo que debo tomar una decisión en cuanto a lo que siento por ti y por Kikyo - el corazón de la chica dio un vuelco

- ¿Tomaste una decisión? - ella contuvo ligeramente la respiración mientras sentía la ansiedad acumulándose en su estómago.

- Sí... - él miró a la mesa y luego puso su mirada triste directo en los ojos miel, ella comprendió pero necesitaba escucharlo, sólo sería real hasta que lo escuchara

- ... dilo... - apenas un susurro salió de sus labios

- Amo a Kikyo - su voz se escuchaba decisiva pero con un dejo de tristeza, sabía que lo que diría a continuación la haría llorar, tragó saliva y siguió - no creo poder amarte de esa manera nunca -

- ... entiendo... - su voz quería cortarse, la ansiedad en su estómago se convirtió en un nudo en la garganta, a pesar de eso decidió omitir las lágrimas tanto como pudiera y le dio una leve sonrisa

- Kagome... por favor perdóname, sé que te hace daño que te diga estas cosas - ahora él se sentía culpable ¿porqué ella le sonreía con tanta tristeza? ¿estaba evitando llorar frente a él?

- Descuida Inuyasha - su sonrisa triste aumentó y apretó sus puños fuertemente bajo la mesa, las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos pero ella respiró profundo y las evitó por el momento, continuó - comprendo perfectamente... ¿qué harás con ella? - realmente no quería saber ¿entones porqué preguntaba?

- Hablaré con ella... tal vez haya una forma de... - tragó saliva de nuevo - tal vez podamos estar juntos...- miró atentamente a Kagome

- ... comprendo... - apretó más los puños y sonrió aún más, una lágrima comenzó a salir pero con un movimiento rápido la limpió - entonces... entonces Inuyasha... seamos buenos amigos ¿sí? - sonrió nuevamente, sabiendo que no podría aguantar más el llanto

Inuyasha sabía perfectamente que ella necesitaba un tiempo a solas, se levantó y le dio la espalda, el aroma de la chica ahora no era únicamente el suave y dulce aroma de siempre sino que incluía el olor de lágrimas y por algún motivo que él no entendía, de sangre.

Ella aprovechó que él le dio la espalda y comenzó a llorar en silencio, una tras otra las lágrimas rodaban por sus mejillas y al llegar al mentón ella las limpiaba con un pañuelo, aflojó sus puños y notó gotas de sangre donde antes estaban sus uñas. Ella sabía que él había sido realmente maduro al tomar esa decisión, también sabía que había madurado al llegar a hablar con ella con ese nivel de seriedad.

- Inuyasha... gracias por decírmelo - agregó ella con lágrimas cayendo sin cesar.

- Es lo menos que puedo hacer - le respondió sin voltearse

- Creo que volveré en dos semanas... por favor intenta buscar los fragmentos sin mí, no quiero que Naraku nos gane ventaja - aún lloraba en silencio, al menos su voz no la traicionaba rompiéndose

- Haremos lo que podamos, será difícil sin tí Kagome - contestó él aún sin voltear, reconociendo que el olor ahora era más salado que otra cosa - le diré a Sango que en dos semanas te espere en el pozo - agregó él, no se atrevió a despedirse, no podía, salió de la habitación y fue directo al pozo

Kagome esperó a escuchar que la puerta para salir de la casa se cerraba y se echó a llorar a más no poder, su madre entró poco después y la abrazó, la chica se aferró a su madre con fuerza y lloró hasta que no pudo más y cayó dormida.

Inuyasha regresó a su época, fue directo a la aldea y le dijo a Sango que ya había hablado con Kagome, le contó la situación, la exterminadora quería ir y consolar a su amiga pero sabía que le era imposible ir. El hanyou le dijo que en dos semanas la sacerdotisa estaría de regreso, que lo mejor era que fuera ella a buscarla. Él dijo que iría en busca de Kikyo.

Luego de hablarlo con Miroku y Shippo, la exterminadora le informó al joven de orejas de perro que lo acompañarían por si de paso se encontraban algún fragmento, pero que en dos semanas pensaban regresar a la aldea para esperar a Kagome. Le dijeron que una vez que Inuyasha hablara con Kikyo, y Kagome regresara, podrían tomar una decisión de qué hacer respecto a terminar de reunir la perla.

NA:

¡Hola queridos lectores/as! Espero que les guste este capítulo, pensaba actualizar cada martes pero me entusiasmé escuchando las canciones que les dije al principio y las palabras fluyeron.

Usé los capítulos 13, 147, 148 y 160 del anime para completar recuerdos y terminar de ubicar el fanfic en contexto.

El próximo capítulo tendrá los inicios de SesshoKago y InuKyo por aquello de que se pregunten para cuándo. ¡Vendrán más sorpresas también!

Espero realmente que lo disfruten :D pueden dejar comentarios, sugerencias, críticas constructivas