Hola Ustedes!
Ya sé que prometí que me esforzaría por publicar un capítulo nuevo cada viernes, pero hagamos de cuenta que eso nunca sucedió, vale? xD! . La verdad la escuela me absorbe mucho tiempo y energía, es un plan cuatrimestral malvado y luego no tengo tiempo ni para cortarme las uñas T.T es muy triste, PERO, acabo de salir de vacaciones y estoy feliz como una lombriz! xD
Espero que les guste ^^ , nos vemos abajo.
El 17 de octubre
El día había amanecido demasiado triste para su gusto. Niebla fría y húmeda, cielo gris y amenazas de lluvia en el cielo. Rosie Weasley se sentó al borde de su cama y miró por la ventana, claro que prefería mil veces el frío al insoportable calor del verano, pero aquella mañana se le antojaba muy desesperanzadora. Miró el deslumbrante diamante en su dedo anular y recordó la plática que había tenido con su novio días atrás. "Es sólo un día, después podremos enfocarnos en todo lo demás", esas palabras sonaban demasiado bobas para ser de ella. No sería sólo un día, de hecho, a la noche que anunciaron su compromiso le seguían muchos días de tortuosas reacciones todavía. Rosie suspiró. "Cuando menos lo esperes tu mayor preocupación será encontrar tu vestido", le había dicho Scorpius para hacerla sonreír. ¡Y cómo le hubiera gustado!, llenar su agenda con preparativos de boda, pasear por las tiendas seguida de sus primas y amigas buscando blancas y suaves texturas para aquel evento tan especial; justo como era costumbre. Durante los últimos 10 años había asistido a varias bodas, todas en la Madriguera porque era de la buena suerte, todas en la ahora limpia e inmensa mazmorra porque era muy acogedora y todas supervisadas bajo el estricto escrutinio de Molly Weasley porque ella convertía cada detalle en un toque de amor.
Un suspiro más y Rosie miró su reloj, tenía tiempo de sobra para llegar a su trabajo en el Ministerio de Magia y el silencio general de la casa le indicaba que nadie se había levantado aún, extrañamente aliviada de esa soledad, la pelirroja se dirigió al cuarto de baño para alistarse. Al menos seguía habiendo situaciones que podía controlar, porque todo en su oficina estaba bajo control.
Absolutamente nadie se había sorprendido por el asenso de Rose Weasley, quien había demostrado ser más que capaz de ocupar el segundo puesto después del jefe de su departamento. El señor Powell, era un talentoso pero miserable hombrecillo que se regodeaba en su posición superior, claro que como era de esperarse, no podía darse el mismo gusto con la pelirroja, para quien no había encontrado queja alguna, ¡y vaya que las había buscado!, pero desde que la mayor de los Weasley-Granger había puesto un pie en esa oficina, acompañada de su apabullante currículum de logros especiales en Hogwarts, no existieron limites para su acenso.
Rosie bajó las escaleras con desgano, se paseó por la pulcra cocina sin ánimos de probar bocado y triste ante la idea que le producía no querer ver a su familia, entró a la chimenea con red flu que la llevaba todos los días a una chimenea en el Ministerio. Rápidamente el ambiente se llenó de barullo y remolinos de gente en túnicas negras moviéndose de aquí para allá se apretaron contra ella. Rosie no pudo más que sonreír, algo en el usual alboroto del Ministerio de Magia la hacía sentirse feliz, respiró hondo y con nuevos bríos de ánimo se dirigió al elevador mágico que la conduciría hasta su departamento. Apenas se abrió la puerta Rosie sonrió aún más al ver una cara conocida.
-"Hola jefa, ¿Es que jamás podré llegar a la oficina antes que tú?" –saludó un apuesto chico trigueño.
-"Sigue intentando Alen" –Rosie se acomodó junto a su asistente en el elevador convenientemente vacío y apretó el botón correspondiente a su piso.
Cuando Rosie ascendió de puesto y solicitó una asistente pensó que sólo chicas aplicarían para el puesto, pero Alen Mitchell se convirtió rápidamente en una agradable sorpresa. Bastó sólo una entrevista para que el joven de 23 años mostrara estar altamente calificado para el puesto y aunque la relación se había tornado un poco incómoda al principio gracias a los celos innecesarios de Scorpius, el asunto quedó olvidado una vez que Alen se confesó profundamente enamorado de su novia de la universidad, chica que la propia Rosie consideró absolutamente adorable desde que la conoció.
Alen la observó con sus impacientes ojos grises y se aclaró la garganta innecesariamente.
-"Nada que quieras contarme" –preguntó el chico.
-"En realidad no" –dijo Rosie evitando mirarlo.
Alen abrió desmesuradamente los ojos.
El elevador volvió a abrirse y un hombre con semblante apresurado se acomodó a un lado de los jóvenes.
-¡Tu padre lo mato!, ¿lo mató verdad?, ¡por Merlín! –gritó el trigueño con divertida indiscreción y el hombre en el elevador miró a Rosie con ojos despavoridos.
La pelirroja sonrió abochornada y apretó con fuerza el antebrazo de su asistente.
"Nivel 5 – Oficinas del Departamento de Cooperación Mágica Internacional"– anunció una apacible voz y Rosie arrastró al muchacho fuera del elevador.
-¡Claro que no!, y te agradecería que no vayas por ahí injuriando a mi padre –masculló la pelirroja caminando hacia su cuartel.
Oficina Internacional de Ley Mágica
Ambos entraron por las inmensas puertas de roble y un acogedor y elegante confort los envolvió. La Oficina Internacional de Ley Mágica era una de las más finas estancias en el Ministerio, dado que ahí usualmente se trataban asuntos políticos.
-Señorita Weasley, Señor Mitchell –saludó el jefe del departamento con falsa cortesía.
-Buenos días Señor Powell –dijeron al unísono los chicos con tono respetuoso.
-¿Es sólo mi parecer o usted resplandece hoy Señorita Weasley? –preguntó el regordete hombrecillo de apenas 1.60m de estatura.
Rosie abrió la boca para contestar cuando el hombre la interrumpió:
-¿Es usted o el diamante que luce en su mano? – Adolf Powell tomó la mano izquierda de Rosie y miró la piedra con envidia –Ni siquiera me atrevo a adivinar los quilates, espero que no le cause problemas para escribir, esta preciosidad debe pesar una tonelada.
Rosie y Alen rieron fingidamente.
-Permítame ser el primero en felicitarla por su compromiso Señorita Weasley, es usted muy afortunada, el Señor Malfoy es un hombre intachable, si alguien me hubiera dicho años atrás que las familias Malfoy y Weasley se unirían bueno… -el hombre dejó escapar una risilla y esta vez sólo Alen fingió simpatía- las cosas que pasan… en fin, no necesito recordarle que a pesar de su compromiso y de lo feliz que me hará asistir al evento, no puede darse el lujo de descuidar sus obligaciones aquí.
-No se preocupe Señor Powell eso no sucederá –dijo Rosie entre dientes pero con suficiente diplomacia para engañar al Ministro de Magia.
-Muy bien, felicidades otra vez, ahora si me disculpan tengo que atender unos negocios en el otro departamento, y ¡ah! no olvide que necesito con urgencia el reporte COMPLETO de la reforma en los permisos de aparición… – el Señor Powell limpió innecesariamente sus diminutos lentecillos con un pañuelo de seda- para esta tarde.- terminó con una sonrisa petulante y guardó su pañuelo dentro de los pliegues de su túnica dos tallas más chica que la que debería usar pero indudablemente costosa.
-Por supuesto Señor Powell, lo tendrá antes del almuerzo –contestó Rosie con una sonrisa.
El mago arrugó la nariz con altanería y salió por la puerta principal seguido de tres de sus asistentes personales.
Rosie rodó los ojos con cansancio y se dirigió a su oficina.
-¡El Señor Powell debe estar bromeando! –masculló Alen siguiéndole el paso a la pelirroja – ¡Imposible que terminemos ese reporte para esta tarde!.
-No lo necesita para esta tarde, la junta con el Consejo es hasta dentro de dos semanas… -Rosie abrió la puerta de su oficina y permitió que el chico pasara primero- además no importa… tengo el reporte listo desde hace días.
Alen cerró la puerta tras de sí entre aliviado y asombrado por la competencia de su jefa.
-Soy tu asistente, se supone que debes dejar algo de trabajo para mí – comentó el trigueño intentando hacerla sonreír. Rosie se quitó el abrigo, dejó el resto de sus cosas sobre el amplio escritorio y se dejó caer en el asiento fatigada. -¿Estás bien? –esta vez Alen retomó el tema con mucho más tacto.
-Sí… estoy bien, sólo algo… -comenzó la pelirroja- no tuve una buena noche.
Alen se sentó en una de las sillas frente al escritorio y sonrió con ternura.
-Prometo dejar de injuriar al honorable Señor Weasley y quemar los 900 volantes de "Desaparecido" con la cara de Scorpius que hice ayer si me dices qué pasó.
Rosie soltó una suave pero sincera risa.
-Digamos que… las cosas no salieron como las planeé –dijo finalmente con la sonrisa triste.
Alen se acomodó en su silla dispuesto a escuchar el resto de la historia y Rosie continuó:
-Para empezar ni siquiera fue una cena formal, o al menos nadie en mi familia lo comprendió así, tú sabes todos en casa, toneladas de comida, niños y todos en su ropa más… cómoda –susurró la pelirroja haciendo un puchero –gracias a Merlín que le dije a Scorpius que sería "muy familiar" o se habría aparecido en túnica de gala- Alen rió- no pude hacer que siquiera lo esperaran para empezar a comer, puesto que todos llegaron a la hora que mejor les pareció, después los acostumbrados "comentarios de bienvenida" de mis primos y ahora que Hugo está en casa ya te imaginarás…
Alen chasqueó la lengua comprendiendo la situación.
– Y… ¿después?, digo, ¿la noticia?… -preguntó el chico con cuidado.
Rosie suspiró.
-La noticia… bueno… nadie dijo nada y…
-No, no… –interrumpió Alen- me refiero a tu papá… ¿Cómo tomó la noticia tu papá?
-¡Mi papá! –se quejó Rosie con exasperación- ¡juré que explotaría de la ira!, después de lo que me pareció una eternidad y de destruir su tenedor se levantó furibundo de su asiento… pensé que lo golpearía, nunca vi a Scorpius tan asustado, pero en lugar de eso se encerró en el cobertizo; mi mamá lo siguió y le pidió con todo el amor que le tiene que saliera para hablar, pero mi papá no respondió… así que ella empezó a gritar, más bien a vociferar diría yo –recordó Rosie con una sonrisa que no pudo evitar.
Alen dejó escapar una sonora carcajada y Rosie no pudo más que reírse con él.
-¡Fue un circo!, en serio, estaba tan, tan avergonzada, pobre Scorpius –siguió Rosie resignándose a tomarlo con humor- mi abuelita fue a unírsele a mi mamá, mi abuelito fue a unírsele a ella, mi hermano gritó, mis primos gritaron, mis primas gritaron, mis sobrinos gritaron, mis tíos les gritaron, mis tías les gritaron, hicieron llorar a la pobre Roxanne y si tuviéramos perro el pobre animal habría aullado de desconsuelo –Rosie comenzó a carcajearse también y lo que hacía tan solo una día le había parecido la noche más vergonzosa de su vida hoy podía admitir abiertamente que el asunto era por demás cómico- al final… -terminó Rosie recuperando la compostura- la única felicitación que recibimos fue por parte de mi tía Luna –la pelirroja sonrió.
-Amo a la Señora Longbottom –apuntó Alen aún doblándose de la risa- habría pagado por estar ahí, sin duda fue todo un suceso.
-No seas malo – dijo Rosie golpeándolo en el brazo- tú tienes mucha suerte, tus padres aman a Claire.
-Más de lo que me aman a mí–dijo Alen limpiándose las lágrimas.
-Absolutamente NADA salió como yo lo había planeado… ¿pero sabes qué? –Rosie se levantó con el ánimo renovado- no importa, ¡no importa porque la que se va a casar soy yo!, ¿me habría gustado que las cosas fueran de otra forma?, ¡sí!, pero no voy a dejar que eso arruine el día más importante de mi vida, soy perfectamente capaz de planear la boda de mis sueños YO SOLA, ¡incluso seré mi propia dama de honor si es necesario!
-¡Esa es mi jefa! –aplaudió Alen exagerando el gesto con alegría.
-Espera tu invitación pronto Alen, me voy a casar el 17 de octubre y nadie, ¡ni siquiera mi padre va a poder evitarlo!
Alen la abrazó con fuerza y estaba a punto de decir algo cuando alguien tocó a la puerta.
-Perdón Señorita Weasley, pero el Señor Powell recién volvió con el Señor Doge y desean hablar con usted, la esperan en la sala principal –anunció uno de los asistentes del Señor Powell.
-Gracias Bastor, estaré ahí en seguida.
Rosie y Alen se miraron confundidos.
-¿Elphias Doge?, ¿El Mago Jefe del Wizengamot? –preguntó Alen - ¿Qué querrá?
-Ni idea –respondió Rosie acomodándose la túnica.
Ambos jóvenes se dirigieron a la sala principal del departamento, donde el Señor Powell y el Señor Doge ya los esperaban con una humeante taza de té.
-¡Y aquí está la famosa Rose Weasley!, siéntese Señorita Weasley, por favor –El Señor Powell se veía por demás animado.
-No puedes ser tú... la pequeña de Ronald Weasley –dijo el Señor Doge con tierna melancolía. Elphias Doge había pasado a ser el Mago Jefe del Wizengamot tras la muerte de Dumbledore, era un hombre ya muy viejo pero muy respetado en la comunidad mágica gracias al excelente trabajo que había desempeñado durante todos estos años – la última vez que te vi eras apenas una bebé y tu padre te había traído a conocer el departamento de Aurores, le extrañamos mucho cuando se fue, tengo entendido que ahora tiene una tienda de bromas en el Callejón Diagon.
-Sí señor, con mi tío George –dijo Rosie sentándose junto a él enternecida por el esfuerzo que ponía aquel hombre de edad tan avanzada en utilizar las palabras correctas.
-Fue una buena elección si me lo preguntas, nadie con hijos debería ser Auror, tu padre no quiso perderse sus mejores años y respeto eso… -terminó el hombre con una sonrisa sincera.
-Bueno, bueno suficiente de saludos, Señorita Weasley, el Señor Doge está aquí porque tiene un trabajo muy importante para usted –se apresuró el Señor Powell – dígale Señor Doge.
-Señorita Weasley me veo en la necesidad de poner en sus manos un trabajo que ciertamente no le corresponde, pero no puedo pensar en nadie mejor para hacerlo.
Rosie escuchó con cuidado.
-Tenemos una situación delicada en el Wizengamot, los tiempos han cambiado y es triste reconocer que la reforma de la Ley Mágica no sirve para estos días, no servía en los días del Señor Tenebroso, no servía en los días antes del Señor Tenebroso y me temo que seguirá sin ser la adecuada para lo que sea que nos depare el futuro. –el hombre hizo una pausa y continuo- No estoy diciendo que las leyes son incorrectas sólo son... inadecuadas. El Ministro de Magia pasa la mitad del día firmando autorizaciones y cláusulas que permitan al Wizengamot llegar a la solución más justa.
-¿Me está pidiendo que reformule la Ley Mágica? –preguntó Rosie apabullada y parpadeando varias veces.
El Señor Doge dejó escapar una risita.
-No mi niña, sólo te pido un nuevo orden para los estatutos del Wizengamot, tu preparación en cuanto a la Ley Mágica, tu conocimiento de la organización del Ministerio y la perspectiva de justicia que corre en tu familia es exactamente lo que busco; te pido que las reglas del consejo se limpien de impiedades para el próximo juicio… el 16 de octubre, en poco menos de un mes.
-¡Un mes! –gritó la pelirroja, sonrojándose inmediatamente ante su reacción.
-¡Pues ya está!, le dije Señor Doge, la Señorita Weasley aquí presente tiene muchas cosas en que pensar por ahora, ya sabe… flores, vestidos… lo mejor será delegar el trabajo a alguien más –apuntó el Señor Powell más que encantado.
Rosie le dirigió una mirada llena de indignación.
-El Señor Powell me comentó tu compromiso con el joven Malfoy, felicitaciones. Yo entiendo si justo ahora no quieres atender a este proyecto, pero me permito recalcarte una vez más que no puedo pensar en nadie más para hacerlo.
Alen y el Señor Powell dirigieron su mirada a la pelirroja, que respirando hondo dijo:
-Lo haré.
¿Qué? – fue la pregunta de Alen y el Señor Powell al unísono.
-Lo haré –reiteró Rosie- puedo hacerlo.
-Rosie la boda… -susurró Alen en su oído con discreción.
-Puedo hacer las dos cosas, soy perfectamente competente y no defraudaré al Señor Doge –la pelirroja estrechó firmemente la mano del complacido mago.
-¡Perfecto!, pasa a mi oficina en una hora y tendré todo listo para que mis consejeros y yo te detallemos el proyecto –dijo entusiasmado el Señor Doge y levantándose con dificultad volvió a estrechar la mano de Rosie y dejó la habitación ayudado por los asistentes del Señor Powell.
-¡Señorita Weasley le recuerdo que esto es un trabajo muy serio y no admitiré que…! –comenzó el Señor Powell.
-No habrá ninguna queja –interrumpió Rosie con decisión- con su permiso Señor Powell tengo que prepararme para una junta en el Wizengamot.
El hombrecillo se quedó a media palabra y carcomiéndose de furia mientras la pelirroja salía seguida por Alen, ninguno de los dos mencionó palabra hasta llegar a la oficina de la chica.
-¿Rosie estás segura de esto? –preguntó Alen apenas cerró la puerta- Es demasiado trabajo.
-¿No entiendes?, esto sería maravilloso para mi carrera, una reformulación de la Ley Mágica para el Wizengamot, ¿cómo podría decir que no?, y no voy a darle el gusto al idiota de Powell. Puedo hacerlo, puedo hacer esto –respondió Rosie emocionada.
-¿La boda y el proyecto?, ¡no puedo pensar en cuál es la más demandante de las dos! – siguió el muchacho –Rosie todavía puedes cambiar de opinión.
-Sólo tengo que reorganizar algunos planes y… -la pelirroja empezó a caminar en círculos por la habitación, con una sonrisa clara en su rostro.
Alen la tomó por los hombros y la miró fijamente.
-Es un día antes de la boda.
Y la sonrisa de Rosie se esfumó por completo…
Qué tal?
La historia toma un poco más de ritmo en los siguientes capítulos y espero poder actualizar más seguido ahora que estoy de vacaciones.
Por cierto, ya sé que es una pregunta muy tardía pero cuéntenme cómo les fue con la última peli, yo en lo particular veo las películas de Harry como eso, películas, no espero la magia del libro en ningún momento y sucede que estoy enamora de Rupert Grint así que a mí me encantó xD, la única queja que podría tener es que el beso de Ron y Hermione no se vio "de frente" pero estuvo bien, amé la película por ser el final y he de decir que son los mejores efectos que he visto (la vi en 3D), ustedes qué tal? . Cuéntenmelo todo xD
Besos Capuchinos!
