DECISIÓN

Se percibe intranquila, ¡¿y como no estarlo si su novio fue al baño hace veinte minutos y no ha vuelto?! Debió intuirlo: Se extravió seguramente.

Insólito e inconcebible le es a la mujer que un hombre de veinticinco años se pierda en una heladería a la que ha acudido cientos de veces, pero más insólito e inconcebible le parece que no lo haya visto venir desde un comienzo... ¡¡Gran torpeza!!

Se permitió sonreír levemente al pensar en la graciosa desorientación de Ryoga, el muchacho puede extraviarse hasta en los lugares más pequeños y alcanzar los territorios más insólitos, al conocer esta 'nimiedad' en él pudo catalogarlo como un 'prometido bastante singular'...

Su 'prometido'....

Suspiró hondamente.

Su 'prometido', escogido a merced de sus padres.

Su mente la sumerge en una extensa meditación en la que ha caído usualmente los últimos meses, y es que el muchacho ha resultado ser un joven amable y muy atento, dulce y respetuoso con ella, pero francamente, por más que lo intenta, no consigue verlo como a un 'prometido' y mucho menos como un 'marido'.

Su manera de ser le inspira una infinita ternura, pero sólo eso... ternura, a lo más cariño, ese que se da entre amigos, entre hermanos, esa ternura que sólo consigue transmitir aquel cuya bondad emerge del alma, pero sólo es eso al fin y al cabo, y lamentablemente no se relaciona con el amor de pareja.

... Y se niega rotundamente a unir su vida con alguien a quién no ama, ¡¿Por qué hacerlo infeliz a él y a sí misma?! Pero mientras tanto, erróneamente, alimenta una esperanza, una ilusión que jamás se concretará, pero ¡cuánto desea sentir algo más por él! Es generoso y bien sabe que la mujer que él escogiera sería inmensamente feliz a su lado.

Ha intentado dar fin a aquella relación que emocionalmente se sostiene únicamente por él, pero al estar frente a aquella mirada calma y serena, que irradia tanto cariño y bondad, que no es capaz de destruir, no halla las términos adecuados, y cobardemente sustituye lo que planeaba argumentar por una dulce frase y una traidora sonrisa.

No obstante, y contrariando a su deseo, su corazón alberga un temor que le juega en contra y es un factor importante que vota a favor de su silencio: Su amistad. Aquel cálido sentimiento que él le supo entregar por equivocación.

Aún recuerda que el día en que lo conoció, él la miró y le dedicó una sonrisa tímida, y supo engañarlo con esa fachada porque no vio venir la frase que le dedicó luego: 'Haré todo lo posible para que funcione', rompiendo de tajo toda posibilidad de aclarar lo que a ella le parecía una reverenda locura, una estupidez por completo, fue esa amabilidad su mayor enemiga y lo sigue siendo, y fue conociéndolo, fue aprendiendo de su personalidad..., las intenciones de él eran claras, pero las de ella no lo suficiente.

Y cuándo le presentó a sus amigos, cayó en la cuenta de que, sin proponérselo, había dejado pasar el tiempo inmisericorde y pudo ver todo el amor que tiene para entregarle en aquella cálida mirada castaña, él quería que fuera 'más serio' cada vez, él quería que ella actuara de la misma manera, él quería formar parte de su vida, quería conocerla todavía más, lo percibe, lo pide, y ella cree que no puede permitir que 'esto' llegue más lejos de lo que ha llegado, por lo tanto debe arriesgarse a perder aquella valiosa amistad que se construyó equívocamente, debe ser fuerte y no sucumbir, y destruir aquella sonrisa cálida si es preciso.

-Ryoga…- suspira pesadamente, de su meditación surgió una importante decisión.

Calló toda palabra que pudo salir de su boca, inmovilizó todo movimiento que pudo dedicar con tan sólo el pronunciar de ese nombre, por lo tanto, se dio media vuelta y emprendió su retirada tan silenciosa como había sido su llegada.

Continuará…