Los personajes no son míos, si lo fueran, habría muchas Crackparings, mucho de todo (?) Hetalia es de Himaruya.

Esta obra de arte es creación del gran George deValier.

Y ni siquiera la traducción me pertenece, es de onee, yo solo reviso la ortografía .3. ¡Alábenla simples mortales! (¿?)


Chihaya, ¡No te preocupes! La traducción está un poco avanzada c:

¡Y gracias a ti! Por tomarte el tiempo de revisar la ortografía, se agradece, prometo intentar mejorar. También Shady dice que intentará ponerse al corriente con la historia.


Editado


Feliciano caminaba hasta el mercado todas las tardes, era su parte favorita del día. Su abuelo siempre le decía que caminara directamente a donde tenía que ir, que mantuviera la vista en el suelo, que no holgazaneara, que no le hablara a nadie y que volviera rápido. Pero Feliciano disfrutaba su caminata vespertina. Amaba caminar por los campos y recoger flores. Amaba hablar con las personas del pueblo y regalarle flores a las chicas lindas. Amaba correr por los caminos llenos de polvo jugando a las carreras con los niños locales. Y cuando el día había acabado no amaba nada más que sentarse bajo su árbol favorito, un roble, un par de campos antes de llegar a su casa, y solo ver las nubes pasar flotando por el cielo naranja. Fue cuando ya estaba cerca del árbol con la canasta en la mano dirigiéndose al mercado, cuando notó un soldado alemán fuera de lugar caminando lentamente en la distancia. Su estómago se retorció y se hizo nudo mientras aferraba su bandera blanca, mientras se acercaba reconoció al soldado como el que le había ayudado en la calle el día anterior. Su estómago de repente se revolvió por una razón completamente diferente.

"¡Buon pomeriggio, alemán!"

El alemán volteó a ver a Feliciano y levantó las cejas. Inclinó su cabeza comprensivamente.

"Buon pomeriggio, Italiano."

Feliciano sintió un pequeño salto en su pecho. Él sabía que no debía estar saludando soldados alemanes, pero no podía evitar sentir que este alemán era un buen hombre. Debía serlo - Feliciano no le tenía miedo como pasaba con los otros. "¿Qué te trae aquí, a esta hermosa parte de Italia? Bueno, no al pueblo entero, yo sé que te trae aquí, me refiero a ¿Qué te trae al campo? Nunca había visto un soldado alemán tan lejos del pueblo antes."

El alemán se tomó un momento para responder. "Tuve la repentina necesidad de salir a caminar."

Feliciano asintió comprensivamente. "Eso me pasa a veces. ¿Comiste mucha pasta?"

El alemán parpadeó un par de veces y arrugó la frente "No"

"Verás, yo usualmente salgo a caminar después de una gran comida. Luego me quedo dormido debajo de este gran roble. Y después Lovino me despierta y se enoja conmigo. Lovino es mi hermano mayor. ¿Tú tienes un hermano mayor?"

El alemán parecía tener problemas siguiendo la conversación, aunque Feliciano no podía ver porque - parecía que hablaba el español perfectamente. "Sí, tengo uno."

"¿Cuál es el nombre de tu hermano mayor?"

"Gilbert."

"¿Cuál es tu nombre?"

"Ludwig. Quiero decir, Teniente Beilschmidt."

"Es un placer conocerte Ludwig, mi nombre es Feliciano. Feliciano Vargas. Gracias de nuevo por evitar que ese hombre enojado me golpeara ayer. Voy al mercado a ver si tienen tomates a la venta, ¿Te gustaría caminar conmigo hasta allá?"

"…Sí," dijo Ludwig lentamente, aunque no parecía muy seguro. "Ahora, voy a regresar por ese camino." Feliciano sintió una cálida felicidad situada en su estómago mientras Ludwig le seguía el paso por un lado mientras caminaban lentamente atravesando el campo. Feliciano tuvo que ahogar una risa pensando en lo que el abuelo Roma y Lovino tendrían que decir acerca de aquello… ¡Caminando hacia el pueblo con un soldado alemán! Caminaron en silencio por unos momentos mientras Feliciano se tomaba el tiempo de estudiar al alemán apropiadamente. El uniforme gris de Ludwig era ligeramente diferente de los otros a los que Feliciano estaba acostumbrado a ver pero inmediatamente lo reconoció como el de un oficial. Sus ojos se perdieron en la línea de decoraciones en el pecho de Ludwig, luego más adelante, y no pudo evitar notar los músculos en los brazos de Ludwig abultándose contra la tela. Feliciano mordió su labio y se dijo así mismo que debía mirar hacia otro lado, sintiéndose un poco confuso. Rápidamente sacudió el sentimiento de su cabeza. Respiró el aire fresco profundamente y balanceó su canasta vacía felizmente, sorprendido de lo cómodo que se sentía el solo caminar al lado de aquel alemán. Ya se sentía decepcionado de que una vez que llegaran pueblo probablemente nunca volvería a ver a Ludwig de nuevo. Pero eso era de esperarse.

Ludwig no parecía ser del tipo hablador, pero a Feliciano no le importaba ser quien llevaba la conversación. Disfrutaba la oportunidad de hablar español. "¡Oh mira! ¡La lavanda ya está floreciendo! Eso significa que será un invierno corto, sabes… Lo cual es bueno… Porque el invierno es frío y no me gusta el frío, o la nieve, o la lluvia realmente, a menos que pase cuando este dentro cerca del fuego. ¿Cómo es el invierno en Alemania? ¿Llueve mucho? Escuché que en Inglaterra, llueve casi todo el año. ¡Te lo imaginas! ¡Nunca podrías salir a afuera! Yo creo que estaría muy aburrido, ¿No crees? Ludwig, ¿Cuál es la palabra en alemán para lluvia?" Feliciano volteó para encontrar a Ludwig mirándolo fijamente con una expresión imposible de leer en su cara. Feliciano sonrió y Ludwig rápidamente volteó a ver hacia sus pies.

"Es Regen."Cuando Ludwig hablaba su voz era profunda y acentuada.

"Regen." repitió Feliciano. La palabra se sentía fuerte en su boca. "En Italiano es pioggia. Sabes, me gustaría aprender alemán algún día." Algo botó dentro de su mente y su pecho dio un vuelco. Acababa de dar con la manera perfecta para ver a Ludwig de nuevo. "¡Oh, Ludwig, tengo una brillante idea! ¡Tú me puedes enseñar alemán y yo te voy a enseñar italiano! ¿Qué piensas de eso?"

"Yo…" Ludwig observó a la nada de nuevo. Feliciano tenía el presentimiento de que no estaba acostumbrado al sentimiento. "Ni siquiera te conozco."

"Por supuesto que sí, estamos hablando, ¿No? ¿Eso no nos hace amigos?"

"Amigos…" Ludwig parecía tropezarse con la palabra. Sacudió su cabeza. "Eres un hombre muy extraño. ¿Por qué de repente piensas que somos amigos? Soy un desconocido en tu país."

Feliciano rió. "¿Desconocido? No eres un desconocido, Ludwig, ¡Ya nos conocemos! Y pareces ser una muy buena persona, después de todo, me ayudaste cuando no tenías que y me vas a enseñar alemán y tienes unos ojos bondadosos, ¿Estas ubicado cerca de aquí?"

Ludwig fue lento con su respuesta. "Sí, pero no puedo decirte donde."

Feliciano sonrió. Esperaba mucho. Ludwig obviamente no era lo suficientemente estúpido como para dar tal información a alguien que acababa de conocer. "Eso está bien. No puedes estar muy lejos de todos modos, y eso significa que nos podremos ver todos los días, ¿Si? Y tú me enseñaras alemán, y podré enseñarte italiano, y estoy seguro de que nos vamos a volver muy buenos amigos. Me puedes encontrar en el gran roble la mayoría de los días. Si estoy dormido, asegúrate de despertarme lentamente, porque me puedo poner muy loco cuando me despierto de una, pero eso no detiene a Lovino de hacerlo todo el tiempo. Los hermanos mayores pueden ser muy molestos, ¿No es así?"

Ludwig hizo un ruido que casi era una risa. "Sí, estoy de acuerdo contigo en eso." dijo mientras caminaban fuera del campo y se adentraban al camino de tierra que conducía al pueblo. Feliciano aferró su canasta, sintiendo una felicidad delirante con cada pequeña cosa que aprendía acerca de Ludwig. Feliciano era prácticamente un experto en adquirir información antes de que el informante se diera cuenta de que la había dado. A veces usaba esa habilidad para la causa de la resistencia; pero era mucho más lindo descubrir cosas solo porque estaba interesado. "¿Es tu hermano un soldado como tú?"

Ludwig hablo concisa y firmemente. "Mi hermano está en el frente ruso, y si es un soldado. Yo sin embargo no lo soy."

Feliciano miro a Ludwig curiosamente. "¿No eres un soldado?"

"No," dijo Ludwig, sus labios curveándose ligeramente "Soy un piloto."

Los ojos de Feliciano se expandieron. "¿Un piloto? Nunca había conocido un piloto antes. ¿Tu entregas suministros y esa clase de cosas?"

"No. Soy un piloto de combate."

Feliciano trató de no hacer un ruido embarazoso de la emoción. Un piloto de combate… Sonaba como algo salido de una novela de aventuras. Algo completamente diferente a todo lo que él conocía. Algo nuevo. "¡Eso es impresionante! ¿Es dificultoso? ¿Es aterrador? ¿Tienes que usar esos sombreros graciosos? ¿Has peleado contra los ingleses?" Feliciano inmediatamente se arrepintió de la última pregunta.

Ludwig tomó un profundo respiro y exhaló lentamente, aun mirando hacia el frente. "Para mí, no es dificultoso, no es aterrador, usamos el equipamiento requerido. Y si peleo con los ingleses, todos los días"

"¿Todos los días?" parecía inconcebible.

"Por supuesto. Después de nuestro fracaso en Luftschlacht um Inglaterra…" Ludwig no terminó la oración. "Yo solo deseo hacer lo mejor que puedo por mi país."

Feliciano rápidamente se dio cuenta de que no quería seguir con ese tema. Inmediatamente lo cambió. Mientras continuaban caminando y hablando. Feliciano estaba sorprendido por lo mucho que tenían en común. Ludwig también tenía un hermano mayor y había sido criado por su abuelo, quien le había enseñado español cuando era un niño. Le gustaban los animales también, pero prefería a los perros mientras que Feliciano siempre había amado a los gatos, él también era de un pequeño pueblo y amaba la vida en el campo. Feliciano descubrió que ambos amaban el futbol y que Ludwig incluso había jugado a nivel casi nacional antes de la guerra. Y que cuando pensaba que Feliciano no lo estaba mirando Ludwig casi sonreía y Feliciano podía sentir su corazón saltarse un latido. De todas las tardes de todos los años que Feliciano había pasado caminando al mercado aquella era la mejor.

Caminaron lentamente pero eventualmente llegaron al pueblo y se dirigieron por las calles empedradas hacia el mercado. Construcciones de piedra y madera los encerraban por todos lados, lanzando sombras en los adoquines. Después de unos momentos de silencio Feliciano se giró hacia a Ludwig y lo encontró estudiándolo atentamente. Sintió como se ponía rojo "¿Qué pasa?"

"¿Cuántos años tienes?" preguntó Ludwig curioso.

"Diecinueve, ¿por qué?"

"¿Estas sano?"

Feliciano hizo una pausa por un momento. Que pregunta tan extraña. "Eso creo. El otro día me enterré una astilla en el dedo mientras ayudaba a mi abuelo con la leña y Lovino la saco con una aguja y después me dijo que a veces las personas se enferman y mueren por cosas pequeñas como astillas pero yo me siento bien… ¿Alguna vez ha escuchado de alguien que haya muerto por una astilla?"

"Er…"

"Oh, y tuve fiebre el verano pasado - no duró mucho, pero a excepción de esas veces, si estoy bastante sano gracias" Feliciano esperó a Ludwig para que continuara, pero no lo hizo, buscó algo educado que decir. "¿Y tú… Estas sano?" era un tema extraño de conversación, pero quien sabe de qué hablaban en Alemania.

"¿Qué? sí, yo…" Ludwig hizo una pausa, y luego sacudió su cabeza bruscamente. "¡Nein! A lo que me refiero es… Si tienes la edad correcta y estas sano, ¿Por qué no estás en el ejército?"

"Oh." Feliciano se encogió de hombros. "Yo no quiero pelear."

"¡Pero tu país está en guerra!" la voz de Ludwig era más fuerte y firme de lo que había escuchado hasta entonces, pero solo se encogió de hombros de nuevo.

"Su guerra, no la mía. Yo no quiero herir a nadie. ¿Qué me han hecho los ingleses a mí? Los ingleses parecen buenas personas usan trajes y saben mucho de poesía. Yo no quiero matar gente como esa. No deberíamos matar gente que sabe mucho de poesía."

"Es el deber de todo joven pelear por su país en tiempos de guerra." Ludwig dijo como si estuviera recitando un escrito.

"¿Es por eso que lo haces? ¿Porque es tu deber?" Feliciano estaba genuinamente curioso.

Ante esto Ludwig pausó. Tomó unos cuantos respiros profundos, como si estuviera pensando. Finalmente respondió "Yo amo mi país."

"Qué tal si tu país está peleando por las razones equivocadas. ¿Alguna vez has pensado en eso?"

Un espasmo de dolor parecía recorrer el rostro de Ludwig. Pero parpadeó para alejarlo. "No es mi lugar cuestionar por lo que pelea mi país."

"Si lo es."

Ludwig se miraba aturdido. Por entonces ya habían llegado al mercado, emergiendo de las estrechas y sombreadas calles a una plaza totalmente abierta. La gente del pueblo se alejaba de ellos con miradas sospechosas y preocupadas hacia el oficial alemán. Feliciano los ignoró y se fue directo a los estantes donde podía ver hileras de brillantes vegetales.

"Oh mira Ludwig, tienen tomates después de todo... ¡Lovino va a estar muy feliz!"

Cuando el dueño del puesto los miró, de alguna manera viéndose enojado y aterrorizado, Ludwig discretamente tocó el codo de Feliciano y dijo suavemente "Creo que me retiraré ya"

"Oh," dijo Feliciano, sintiéndose decepcionado. "Está bien. Pero, ¿Me vas a ver mañana en la tarde en el roble, no? ¿Para nuestra lección de lenguaje?"

"Sí." Feliciano estaba sorprendido por lo rápido que Ludwig respondió. "Si, lo hare."

"¡Oh qué bien! ¡Ciao!" Feliciano inmediatamente alcanzó a Ludwig para pararlo mientras se giraba para irse. "Espera, Ludwig, ¿Cómo dices adiós en alemán?"

Ludwig se detuvo, se dio la vuelta, y miró a Feliciano. "Auf wiedersehen, Feliciano." Luego se alejó entre la multitud que los rodeaba y se abría nerviosamente mientras pasaba. Feliciano agitó su mano en forma de despedida antes de volver con el dueño del local. El hombre lo miraba sospechosamente, aunque Feliciano estaba bastante seguro de que no había entendido sus palabras en español.

"¿Qué hacías platicando con un alemán, niño?"

Feliciano encogió sus hombros. "Nada."

Los ojos de dueño del local se abrieron a tope comprensivamente cuando vio la cara Feliciano y asintió, riéndose escandalosamente. "Ah, ¿Eres el nieto de Roma, no? ¡Por supuesto! ¿Qué estas planeando con ese?" Asintió con la cabeza a donde estaba Ludwig.

Un nada familiar enojo y molestia llenaron el estómago Feliciano, pero él solo sonrió. "Ssh, silencio."

"Oh si, si, súper secreto y eso, entiendo. Aquí, ¿Eran tomates lo que buscabas antes? No hay muchos, me temo."

Después de adquirir los tomates, algo de harina, e incluso unas naranjas, Feliciano salió del mercado, pero en vez de dirigirse fuera del pueblo tomó una calle estrecha, la entrada al callejón era apenas perceptible desde afuera. Se dirigió por los adoquines hasta que dio con una puerta de madera maltratada, con un letrero torcido en el que se leía 'Cantina Verde'. Caminando a través de la puerta, podía haber sido cualquier cantina en Italia. Mesas y sillas puestas en un orden común, un bar corría a lo largo de la pared del fondo, unas cuantas meseras andaban por la habitación. Feliciano daba saltitos feliz a través de la habitación. Y saludaba al personal. Ellos a penas lo reconocían, algo a lo que estaba acostumbrado hasta ahora. Discreción era la orden del día aquí. Por la puerta trasera, detrás de la cocina, había otra habitación, una que contenía algunas de las más secretas y peligrosas juntas del país. La resistencia seguido se reunía en esta cantina para discutir asuntos y planes de ataque. Y había una reunión ese día. Toda la habitación volteo a ver cuándo Feliciano empujó la puerta trasera. Sonrió y saludó a todos felizmente, pero los partisanos al igual que las meseras tampoco hicieron caso. Feliciano encogió los hombros para sí mismo y caminó dentro de la habitación. Era apenas tan larga como la parte delantera, cubierta con mesas y sillas y se miraba como una simple área de servicio. No había evidencia que sugiriera el uso real del lugar.

El abuelo Roma estaba situado en la mesa central y hablaba uniformemente pero enfáticamente a la multitud reunida. "La presencia militar en el pueblo está incrementando y necesitamos vigilancia extra. Yo sé que todos han sido cuidadosos pero esta vez más que nunca..." Feliciano perdió el interés rápidamente, apenas escuchaba las palabras que iban sobre su cabeza. Era una pequeña reunión ese día, mucho más pequeña que la multitud que había estado celebrando la noche anterior. La atmosfera no podía ser más diferente, todos a letra y poniendo completa atención a cada palabra de Roma. Lovino estaba sentado en una mesa, apretando una pistola entre sus manos y asintiendo a todo lo que el abuelo Roma decía. Feliciano rodó los ojos y se preguntó si la pistola estaba si quiera cargada. Lovino realmente se dejaba llevar a veces.

Feliciano estuvo mirando a Roma por unos minutos más, tratando de escuchar pero incapaz de recuperar la concentración. Todo sonaba igual para él entonces. Así que caminó hasta la habitación de atrás y encendió un pequeño radio inalámbrico que estaba en la mesa del fondo. Lovino se volteó y lo miró con desaprobación, pero cuando Feliciano levantó la cesta con tomates para él vio su boca formar una pequeña sonrisa. Roma también lo miró y le sonrió igual, así que Feliciano tomó eso como una señal de aprobación para escuchar la radio. La sintonizó hasta que encontró música y se recostó en la pared, tarareando las canciones que reconocía. Esperaba que no tuviera que esperar tanto hasta que el abuelo Roma y Lovino estuvieran listos para irse a casa. Eventualmente una canción salió de las bocinas, una en ingles que Feliciano había escuchado un par de veces pero nunca le había prestado atención. Pero esta vez la primera letra llamó su atención y escuchó atentamente.

Auf wiedersehen, auf wiedersehen...

Feliciano sonrió. Realmente era una canción encantadora, y no estaba seguro de si lo ponía triste o feliz. De cualquier manera, le recordaba a Ludwig. Ludwig quien era tan grande y se miraba tan imponente, pero de alguna manera parecía inseguro e incluso tímido. Ludwig quien piloteaba aviones y jugaba futbol y tenía tres perros y un hermano de los cuales preocuparse.

Ludwig quien Feliciano acababa de conocer y sentía que lo conocía de siempre. Ludwig quien era parte de la ocupación alemana en Italia y parte de todo lo que Feliciano se suponía odiaba y luchaba en contra. Feliciano miró hacia donde estaba el abuelo Roma inclinado en la mesa, bosquejando un mapa de los alrededores del campo y hablando forzosamente mientras los partisanos lo miraban. Feliciano suspiró para sí mismo y se preguntó por qué de repente su vista se nublaba.