Capítulo 2 – Trato hecho
-¡Shhhhhhhhh! – saltó, alterado – ¡aún puede haber alguien por allí merodeando! – le soltó, y comenzó a murmurarse a sí mismo una sarta de palabras ininteligibles, de las que sólo entendió una exclamación del estilo de "oh Dios, estoy muerto".
Ren estaba en estado de shock por dos cosas: uno, uno de los peores bravucones de la escuela era la consejera sentimental de la escuela, y dos: estaba parado en frente suyo y todavía no lo había matado. Debía ser su día de suerte o algo así.
Al percatarse de lo idiota que debería verse con esa expresión confundida, rápidamente recuperó la compostura y su frialdad habitual, y comenzó a procesar las palabras finales de su interlocutor. Terminó de asimilarlo con una pequeña sonrisa maliciosa en los labios. Demasiado fácil, sabía que el tipo era un idiota, pero no sabía que lo era tanto.
-¿Así que estarías muerto si yo… hablara? – preguntó sin cambiar su semblante ni un poco. El otro recién pareció percatarse de su presencia y todo deje infantil en su cara se fue por el caño.
-No, tú estarás muerto si lo dices – le soltó con brusquedad, intentando empujarlo, pero fracasando horriblemente en el intento, puesto que Ren le tomó por las dos manos y se las trenzó de manera que no pudiera moverlas.
-De cualquier manera, toda la escuela lo sabría para el momento en que me golpees. Las noticias corren rápido, Sayuri, querida – le respondió el Tao, sintiendo un perverso placer en vengarse de ese modo. El otro lo miró con el ceño fruncido por un momento más, y soltó un suspiro.
-Bueno, ya que no hay otra opción… hagamos un trato – le ofreció, con voz cansina.
-¿Y de qué me serviría hacer un trato contigo? – preguntó Ren, visiblemente molesto por la calma que conservaba el otro. Quería hacerlo sufrir, gritar, llorar, hacerlo… bueno, creo que el concepto estaba.
-Pues, podría ayudarte con el tema de Hao – soltó de repente, sonriendo tranquilamente. – y he notado que tienes unos cuantos problemas, desde autoestima, sociabilidad, respeto…
-¡Ya, ya, no quiero que un idiota como tú me psicoanalice! – exclamó, visiblemente contrariado.
Su padre ya había dejado bien claro su mirada sobre el psicoanálisis: persona que va al psicólogo, loca. Persona que hace lo que sus padres dicen y continúa la dinastía, cuerda. Tema finalizado.
Pero algo más le preocupaba más ahora¿Todo el mundo lo veía como un bicho raro que odiaba a los demás tanto como a sí mismo? Y esto último no lo había dicho el otro, sino que él mismo estaba confirmándoselo…Qué vergüenza, por Dios, si su padre lo viera…
-¿Tanto se nota?– preguntó intentando que aquello no sonara lastimero, y haciendo que Horo se sobresaltara. Su interlocutor había estado tanto tiempo en silencio que se había puesto a mirar un insecto en la rendija de ventilación. Lo miró un momento, confundido, y asintió. – está bien: no diré a nadie tu secretito si me ayudas con mis problemas, no sé, sociales – respondió, sonrojándose un poco y frunciendo el entrecejo, aunque la situación se le antojaba graciosa, o al menos irónica.
Es decir, estaba inmovilizando a una de las personas de 14 años más altas que había visto nunca, que para colmo era el mejor amigo de su peor enemigo y mantenía una conversación civilizada con él como si tal o cual cosa… simplemente era un día muy largo.
Soltó a HoroHoro de repente, como si comenzara a quemarle. Éste examinó sus manos a modo de broma, soltó algo que le sonó a "no hay marcas", y se sentó en su escritorio, lo más tranquilo.
-Oye, tienes fuerza. No entiendo como sigues dejando que te molestemos – murmuró al cabo de unos momentos, mientras ponía en orden un par de cosas. Ren estaba de una pieza¿cómo es eso de hablarle así de sencillo al niño que tiraste de su banca en el recreo?.
-No me apetece pelear – murmuró, a modo de excusa. Era cierto en parte, después de todo, no le apetecía pelear con tanta gente. Era una especie de suicidio voluntario.
-¿Ah sí? Yo ya casi he perdido la costumbre. Hace mucho que no golpeamos a nadie de manera… ya sabes, golpear real – comentó, mientras terminaba la respuesta para la tal Momoko – pero podrías hacer algo. Nadie te molestaría si al menos te tuvieran algo de respeto – murmuró, su voz perdiéndose entre el sonido de las teclas de la máquina de escribir.
-Hn, mi problema – gruñó Ren mientras Horo sacaba al fin el papel y lo metía dentro de un sobre.
-No, ahora también es mi problema – le contestó el otro, tomando otra carta y leyéndola.- mi reputación está en tus manos¿recuerdas? – el chino bufó, queriendo cambiar de tema.
-¿Y tu amiguito Hao sabe de esto? – preguntó entre incrédulo y asustado por su repentino ataque de sociabilidad. El chico frente a él guardó silencio por un segundo (nuevamente procesando lento, se dijo el Tao) antes de responder.
-¡Claro que sí¿Cómo podría ocultarle algo así a mi mejor amigo? – rió el otro. – Siempre me espera a la salida para irnos juntos… tranquilo, te ayudaré a huir sin que te vea, después de todo, hicimos un trato¿no?
Ren se relajó. Por un momento pensó que todo su plan se había ido por el caño.
La tarde pasó inusualmente rápido para él. HoroHoro acabó con las cartas algo así como dos horas después (según él, había terminado más tarde porque el chinito lo distraía con su charlatanería, y que nunca se le había pasado por la cabeza que alguien tan callado hablara tanto, cosas que lo avergonzaron al límite) y las metió todas en una bolsa gigante, una especie de saco de Santa Claus pero a la inversa. El más bajo arqueó una ceja cuando tomó una especie de mapa y salió del cuarto. Al ver que no lo seguía, el otro se volvió.
-¿Piensas venir o no? – le preguntó, y el otro asintió con desgano, siguiéndolo. – genial, ahora… como cada semana, Jeanne - soltó un pequeño bufido - ni siquiera necesito ver el mapa – comentó, poniendo los ojos en blanco y metiendo la carta por la rendija del casillero de la anteriormente nombrada chica.
-Así que este es el secreto de la Señorita Sayuri – murmuró Ren, los brazos cruzados, y un deje burlón en su voz. En ese tiempo que había pasado con Horo, le había perdido el miedo por completo, aunque aún guardaba cierto respeto por sus puños. – muy impresionante. – terminó, y rió por lo bajo cuando vio que el muchacho a su lado lo miraba como diciendo "esta noche duerme con un ojo abierto".
Era de lo más fácil hablar con HoroHoro. En parte porque era un idiota con temas de conversación poco inteligentes y ordinarios (aunque a veces le ganara con ese tema del psicoanálisis, pero ya se las arreglaría para hacerlo morder el polvo), en parte porque durante toda la tarde que habían pasado como… ¿no-enemigos, conocidos que pueden verse sin intentar tirarse a matar? Daba igual, había demostrado que era un bocafloja incurable. Y le había contestado por… bueno, porque ahora tenía un consejero personal, tenía que aprovecharlo¿no?. No es que de buenas a primeras fuera a contarle toda la historia de su familia, pero era su primer amigo en tres meses, aunque fuera a la fuerza (lo que era bastante deprimente, si se ponía a pensarlo), era obvio que querría platicar un poco, aunque fuera para molestarlo.
-¿Así que haces esto todas las tardes, todos los días? – preguntó, luego de un momento de silencio (Horo estaba revisando el mapa cuidadosamente para entregarle su carta a un tal Oyamada Manta). Su interlocutor asintió, aún sin verlo. – Deberías buscarte un hobbie… o una novia – le soltó burlesco, y ahora si, HoroHoro lo miró de reojo.
-¿Qué, tu sí tienes novia? – le preguntó el otro divertido, alzando una ceja, y finalmente dando con el casillero del dichoso Oyamada (que inexplicablemente estaba mucho más abajo que cualquiera de los otros).
-No, pero al menos yo no ando por ahí metiendo cartas en los casilleros de los demás – le respondió el chino, conteniendo una risita. – ni quedándome hasta tarde en la escuela para escuchar los problemas de una bola de niñas sentimentaloides…
-No, en cambio, llegas a tu casa, miras un rato la TV hasta que llega alguien, ahí te encierras en tu cuarto y lees hasta que es tan tarde que tienes que dormir¿me equivoco? – al ver la expresión atónita de Ren, Horo pensó que había dado justo en el clavo. Y es que así era.
-¿Cómo supiste eso?
-Tu hermana escribe los jueves… un amigo suyo viene siempre a recoger las cartas – respondió este, sin mucha ceremonia y bastante divertido, por lo que Ren le dio un zape en la cabeza. Un momento más y le habría dicho algo como "realmente eres bueno en eso de sacar conclusiones". Bastardo. – ¡oye!, y después yo soy el bravucón aquí.
-Dejas de decir tonterías, yo dejo de golpearte – espetó el más bajo con cierta molestia. Había casi admirado a ese idiota. Comenzaba a reconsiderar eso de el trato, podría aguantárselas bastante bien, podía seguir escondiéndose de Hao. Lástima que ya hubiera aceptado, y los Tao eran hombres de palabra. Mierda.
Sinceramente ¿en qué estaba pensando cuando consintió ese acuerdo? Es decir, todo iba muy bonito hasta ahora, pero no era una solución duradera: sólo cambiaba en que ahora Hao iba a matarlo a escondidas, por amenazar a su amigo del alma o algo así. Sabía que Horo se lo contaría de todas maneras, eran algo así como… ¿almas gemelas?. Apartó rápidamente esto de su mente. Este pensamiento le había parecido extremadamente repugnante. No es que fuera homofóbico pero… es decir, pasar la tarde con un chico que fuera… eso¡agh! Sacudió con fuerza la cabeza, como tratando de ahuyentar unas cuantas moscas. Quizás quedaran mejor al ponerlos como mejores de los mejores amigos, por alguna razón desconocida, y como este tipo de relación se basa en la verdad, tarde o temprano terminaría contándole al Asakura que él lo había amenazado. Eso si llegaba al día siguiente.
-Oye Hoto…
-¡Horo!
-Hoto – replicó Ren con una sonrisa petulante. - ¿Cómo vas a hacer para que Hao no me mate mañana? – le preguntó con sincero interés. Eso estaba dándole vueltas en la cabeza desde hacía un rato. El chico suspiró.
-Bien… podríamos montar un pequeño numerito… Hao no lo creerá, pero de él me puedo encargar fácilmente. – terminó con una sonrisa, y entregó la última carta a su respectivo casillero.
-¿Y el plan consistiría en…?
-A eso voy… ven – y como en la mayoría de las películas, el plan es relatado en una voz tan baja que no puede oírse, y, pese a que esto está escrito y podrían leerlo de todas formas, aún no sabrán que se proponen nuestros amigos.
ooo
-¿Seguro que Hao no te está esperando en esta entrada? – preguntó Ren, por como enésima vez en cinco minutos. HoroHoro bufó.
-¡Que no! Si siempre me lo encuentro en la entrada principal… no seas paranoico, sólo tienes que irte un rato después de nosotros y ya… - le respondió, nuevamente. – No se cómo es que pareces tan frío aún cuando dices estas pendejadas… - espetó, poniendo los ojos en blanco y metiendo la llave en la cerradura.
Ya le había explicado que por su servicio a la escuela, el director le había dado la llave maestra, para poder entrar y salir cuando le diera la gana. Una movida arriesgada, a su juicio, que veía a Horo como un niño travieso esperando la oportunidad para hacer alguna idiotez, pero al parecer nunca había causado (demasiados) daños, porque conservaba esa llave desde el año anterior y lo decía con el orgullo de un niño que ha aprendido a leer una palabra larga. Y dale con la comparación del niño, el siguiente paso era pensar que era tierno. Eso sería tan extraño… principalmente, porque se trataba de un mastodonte con pésimos modales y de cerebro extremadamente reducido.
-No digo pendejadas, es sólo tener cuidado… no quiero que tu amigo me destripe antes de que pongamos el plan en marcha…
-Y no lo hará, deja de ser tan paranoico – de nuevo, ojos en blanco. – soy un hombre de palabra, no te pasará nada a menos que se te de por hablar sobre lo que no te conviene – terminó, con cierto tono amenazador, que hizo que Ren recordara que estaba frente al matón de la escuela, y no con un niñato de kinder. Por más que se viera como una buena persona, aún debía ser cauteloso. Quizás sí era un poco paranoico, pero mejor prevenir que curar¿no?.
-Bien… hasta mañana, Tao. Espero no lo eches a perder. – le dijo muy serio, pero en su voz había un deje de diversión, como si fuera sólo para fastidiarlo.
-El único tan imbécil como para arruinar esto eres tú, así que mejor ahórrate los comentarios, picudo – le devolvió la misma moneda su interlocutor.
-Mira quien viene a hablar de picos… en fin, ya voy saliendo. Mejor esperas unos cinco minutos y ya, mañana me devuelves la llave ¿bien?
-Bien, ahora vete¡vamos! – le gruñó. Nunca le había gustado que lo trataran como si fuera débil mental, de echo, era mucho más inteligente que ese idiota (que lo habían adelantado un año, pero después de ver a Horo le parecía que debían ser dos).
El otro no esperó una segunda reprimenda, y comenzó a correr hasta la entrada, a tal velocidad que Ren tuvo ganas de golpearse la frente con la mano¡No podía ser más idiota!, tendría que ir a ver que tanto decía…
Caminó lentamente y rodeó por completo la escuela, siempre cuidando de irse detrás de los árboles o en los rincones, hasta llegar a una distancia prudente de la puerta principal. Al principio pensó que era demasiada distancia, pero en realidad, Hao y Horo estaban prácticamente… ¿gritándose el uno al otro? Que amistad se gastaban esos dos…
-… ¡Te digo que no me pasa nada! – gritó el chico de cabello azul. Definitivamente era horriblemente malo mintiendo: estaba todo rojo, jadeaba por haber corrido y su voz temblaba horrores. Con esto su impulso de golpearse la frente se acentuó aún más. No duraría.
-¿Y por qué estás así, entonces? Deja de hacer payasadas, y dime lo que te pasó de una buena vez. ¿Pasó algo con ona? –preguntó en un tono que a Ren se le antojó preocupado. Realmente, no veía al bastardo aquel como el buen amigo interesado, por más que lo intentara. Por otro lado, eso de 'ona' lo había despistado ya. ¿De qué estarían hablando?
-¡No! No pasó nada, Hao¿podemos irnos ya? – Preguntó HoroHoro nuevamente, aún más nervioso – es que… tengo miedo, por Pirika, ya sabes… - el chino pensó que ni en mil años alguien se tragaría una mentira así, pero el Asakura endureció el semblante y asintió levemente con la cabeza.
-Vamos, de todas maneras Yoh no llega hasta tarde... ¿Sabes que no pudimos matar a Tao? El muy cobarde, de seguro se escondió en algún lado. – Ren casi salta a molerle la cara a golpes al castaño, pero se contuvo cuando se dio cuenta de que era verdad. Mierda de conciencia.
-Hum, que mal… pero en serio, Hao, que fue un accidente, deja de ser tan paranoico…
Luego de terminar esa parte de la conversación, ambos amigos comenzaron a caminar hacia la calle. Cuando los hubo perdido de vista, Ren comenzó a andar también, pensando en qué le diría a Jun cuando llegara a casa. Su hermana por lo general no volvía hasta que era de noche (iba a trabajar durante las tardes, luego de la universidad) y no creía que ese día fuera la excepción, pero al tener que mentirle a una de las únicas personas que realmente estimaba, se sentía en inferioridad de condiciones.
Cuando Jun volvió a casa del trabajo, se sorprendió bastante al ver que Ren no estaba en la sala, esperándola para retirarse a su cuarto. Caminó hacia la habitación con cautela, y abrió un poco la puerta. Casi se le escapa una leve risita cuando vio que su hermanito estaba hecho un enredo de sábanas, y que su almohada descansaba a un metro de su cama occidental. Estaba profundamente dormido, emitiendo leves gruñidos. Seguramente había tenido un largo día…
…Ella no se imaginaba cuanto.
ooo
Esa noche tuvo un largo y extraño sueño. O quizás fueron muchos sueños cortos pasando a la velocidad de la luz por su cerebro, no lo sabía. En un estado de semi-consciencia, a las 3:45 a.m. sólo pudo recordar una luz cegadora. A la mañana siguiente su despertador no sonó, y era tan tarde que ya no pudo ponerse a pensar sobre ello.
Se alistó rápidamente y salió corriendo para la escuela: faltaban minutos para que el plan fuera puesto en marcha.
Fin del capítulo 2
¿Qué fue eso de 'ona'?
¿Es Horo bipolar? xD
¿Qué fue ese sueño¿Ren se está metiendo algo?
¿Quién me manda a escribir una trama en un fic PWP?
Y por sobre todas las cosas ¿QUÉ OMGSOPLAN ES EL DE HORO? (recuerden que es Horo, siempre xD)
¡Esto y mucho más lo sabrán en los próximos capítulos de Encontraré la Manera! xD
Notas de la Autora:
Bueno, aquí terminó el segundo capítulo :)
LOL este capítulo tiene dedicatoria, a… Makita :3 gracias por tu review, me pareció super constructivo :D espero que lo de la extensión de los párrafos te deje más conforme esta vez… y que te guste este capítulo, claro está.
Quisiera agradecer por sus reviews
También quiero agradecer a Kyky, que aunque no betaredereó (xD) esto últimamente, lo hizo hace un tiempo, y como el fic va en parte para ella… que más da xD.
Bueno, creo que eso es todo. Cualquier pregunta, lo que sea, en sus reviews pueden :3
Ah¡de eso me olvidaba! No dejen de dejar reviews xD. ¡O se convertirán en Mut! (no hagan caso a la loca tras las teclas u.uU)
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
Aome Faith Usui Jinx
Próximo capítulo: Primera lección.
