Parte: 2/3

-¿Por qué lo dejo ir?

-Porque él tenía razón, hemos sido educados con ese pensamiento, y sabía que, cuando decía que debía presentarme como digno heredero, él sería poco más que un sirviente en algún lugar.-El chico suspiro- Triste ¿no? Ver una mente tan brillante como esa, una persona que iluminaba con solo su presencia, él era increíble, él era… Draco, solo eso debía de haber sido, para mí lo fue. Pero no para los demás. Para todos fue solo Malfoy. Y con esa estúpida excusa fue juzgado.

-¿A los doce?

El chico volvió a sonreír

La guerra duro aproximadamente dos años, el siguiente año fue para establecernos nuevamente como poblado, había desesperación a donde mirásemos, como Draco había dicho, nuestro bando había ganado y los Malfoy como tantas otras familias cayeron en desgracia. Los juicios comenzaron, y Draco fue mandado a una casa hogar. Les rogué a mis padres ir a buscarlo, pero dijeron que no, que no era el momento.

Para cuando lo hicimos él se había fugado, el lugar era horrible y en todas las esquinas se leía el dolor de los que ahí la habitaban. Yo deje de hablarles a mis padres. Ellos al principio me ignoraron, con el tiempo no lo soportaron y me rogaron perdón, yo les dije que lo quería de vuelta y que solo si lo veía vivo y frente a mí los perdonaría.

Por aquellos años los vagabundos eran tantos que eran muy pocas las personas que eran capaces de vivir en un lugar aunque sea lleno de ratas, cucarachas y con algo más que agua, pan y cosas podridas para comer. Nosotros mismos perdimos mucho dinero, pero nunca pasamos por algo como aquello.

Mis padres se esforzaron, y un día mi padre llego y dejo unos papeles frente a mí.

-¿Este es el precio que pedias?- dijo viéndome fríamente- aquí lo tienes.

Simplemente se dio la vuelta, y yo me lance a los papeles, los leí mil veces en un segundo, mi padre aún no había dado cinco pasos cuando yo ya salía corriendo en su busca.

Era un barrio demasiado pobre, y su belleza no se comparaba a la que tuvo cuando era de noble cuna, su cabello rubio ahora estaba por sus hombros, su palidez era más profunda y enfermiza, unas grandes y horribles ojeras rodeaban sus ojos, la delgadez que siempre tuvo ahora mucho más pronunciada. Pero su sonrisa, esa que me dirigió cuando me vio ahí parado junto a mi carruaje, era aún más hermosa de lo que recordaba. Cuatro años, cuatro largos y eternos años sin verlo, fue lo más horrible que pase, y en el momento en el que le vi fue cuando lo note, estaba completamente enamorado de él.

-Joven Potter- dijo con educación y una reverencia cuando llegue frente a él.

-Draco…- fue un susurro lo que salió de mis labios, y levante la mano para acuñar su mejilla, era un poco más áspera que antes, aun así parecía que nunca perdería esa delicadeza y esa suavidad tan suyas.

-Joven Potter, sé que no será mucho, pero puedo ofrecerle un vaso de agua, aunque no aseguro que sea adecuada para usted.

-Harry. Dime Harry, como antes, no Potter.

-Joven Harry- dijo con una sonrisa de esas tan suyas que con el tiempo se volvieron también mías.

-Ven- dije mientras bajaba la mano por su cuello, su hombro, su brazo y llegaba a su mano. Su delicada y fina mano, ahora callosa y áspera de tan pocos cuidados.

-No puedo, mi amo no me lo permitiría, aun ahora seré castigado por hablar con usted.- dijo con una mirada tan triste que no pude evitarlo. Lo abrace, lo abrace tan fuerte que pude oír sus huesos crujiendo levemente.

-Harry, vuelve hoy a la media noche, y entonces podremos hablar, pero no ahora.

-Prometes que no te escaparas

-No podría aunque quisiera, el señor Greyback me atraparía aun si lograra huir del pueblo.

-Bien, vendré esta noche, y pediré a mis padres que te compren.

-¿Y el chico no se ofendió con eso?

-¿Ofenderse?-pregunto Harry- En absoluto, eso era como una promesa de matrimonio. Para un esclavo que alguien que te aprecie se ofreciera a comprarte a tus amos, era lo mismo que adoptarte aunque tuvieran que seguir siendo siervos, pero era igual a obtener protección y un valor más allá de un objeto o un juguete. Eso era mucho más de lo que podían esperar. En especial teniendo su belleza.

-Pero ¿Cómo es que no lo compraron si era tan hermoso?- pregunto incrédulo

-Oh, fue porque el momento aún era crítico para muchos, pero eso no impedía que muchos le echaran el ojo.- dijo con un ligero tinte de rabia, de pronto suavizo su expresión, y le miro con burla- No me cree que él era hermoso ¿Cierto?

El hombre frente a él se retorció levemente las manos

-Bueno, la gente no puede tener tanta belleza, y mucho menos después de una guerra y en tan deplorables condiciones de vida.

-Tenga- dijo sacando una foto de su bolsillo, una muy vieja y arrugada.

El hombre la tomo y se quedó boquiabierto.

-¿En verdad es un hombre?- dijo comprendiendo quien era la persona que sonreía

-Si- dijo el de ojos verdes con simpleza.

-¡Vaya! En verdad es bellísimo-

-Hermoso- corrigió, disfrutando de lo que había logrado causar en el hombre- y esa es la razón por la que simplemente quede prendado de él. Y tal vez no lo logre entender, pero yo no solo estaba enamorado de su carita de ángel, también lo estaba de su hermosa forma de ser. Era tan lindo y dulce, tan enojón y paciente a la vez, era irónico y gracioso con su sarcasmo.

-Y ¿Consiguió que su padre lo comprara?

La mirada del chico se ensombreció.

-No.

Cuando regrese a la media noche el me esperaba con la cabeza gacha.

-Draco, mírame.

-Lo hago, pero no me pidas que levante el rostro.

-Draco.

Y levanto su rostro, tenía un ojo morado e hinchado, su labio estaba partido y por el cuello tenía más golpes. Lo abrace y bese su cabello.

-Harry, tu… ¿Cuándo van a comprarme?

Y Harry sintió que se rompía

-Mis padres dijeron que hasta que cumpliera mi mayoría de edad y que yo mismo te compraría

Draco me vio horrorizado.

-Faltan dos años, Harry- dijo con lágrimas en los ojos

-Huyamos- dije seguro- he traído muchas de mis cosas, incluso he sacado dinero, el suficiente para que podamos huir y vivir durante un tiempo, tendremos que trabajar pero no importa. Draco, por favor.

Vi en sus ojos el terror de lo que podría significar huir así, y no solo por él, sino por mí, mi honor, huir con un esclavo, y no solo por eso, sino con otro hombre. Ese sería el fin de mi buen nombre.

-No, Harry, no puedo hacerte esto.

-¿No entiendes que me estas matando quedándote aquí? El honor no me importa, te amo Draco, no quiero que te pase nada.

Vi como Draco agachaba la cabeza y se retorcía las manos, tenía miedo, de que nos encontraran, de tantas cosas que en ese momento casi pude ver sobre su cabeza las millones de suposiciones que volaban a toda velocidad en busca de ser las protagonistas de su negativa. Pero en un momento se detuvo, volteo a ver a la fea casucha, y me miro a mí con una decisión que hacía años no veía.

-Vámonos rápido Harry.

Lo tome y corrí, por precaución había dejado el carruaje más allá escondido, cuando llegamos a él, abrí la puerta y lo metí entre todas mis maletas, demostrando que era verdad que ya lo había pensado y que no había modo de decirme lo contrario, cerré y rápidamente me puse al mando dándole fuertes golpes a los caballos negros que se pusieron a galopar velozmente. Aquella noche no nos detuvimos, huimos a toda marcha.

-¿No los atraparon?- pregunto el hombre alzando las cejas con admiración

-No esa noche al menos.

Recorrimos muchos kilómetros velozmente sin parar, cuando llegamos al final del pueblo la victoria se sentía en todo nuestro cuerpo, o al menos eso sentía yo.

Cruzamos sin problemas, y llegamos mucho más allá, pasamos dos pueblos sabedores de que de no hacerlo sería muy fácil atraparnos, nos detuvimos solo para ir al baño sin comer y sin más seguimos el camino, así fueron otros cinco días y seis noches, cuando llegamos al sexto poblado nos detuvimos nuevamente. Ahí nos paramos a comer después de tanto tiempo solo probando pedazos del pan que yo había robado. Había un riachuelo en donde Draco y yo no bañamos, por primera vez le vi desnudo completamente y nuestras hormonas ganaron. No puedo decir que fui gentil, fue rápido y debo aceptar que un tanto rudo, pero en ese momento fue lo más increíble que había hacho y sentido y ambos estábamos desbordantes de felicidad.

Recuerdo la sonrisa coqueta que me dedicaba cada vez que le veía demasiado tiempo sin siquiera parpadear. En aquellos momentos no quisimos detenernos ni a pensar en todas las consecuencias porque simplemente sabíamos que todavía nos quedaban dos años por salvar antes de ser completamente libres para amarnos con tranquilidad.

Después de otros cinco pueblos, nos volvimos a detener, a él y a mí nos gustó el lugar, compre una pequeña granja, con tierras de siembra, no puedo decir que tuviera muy poco dinero, pero para lo que ambos habíamos estado conscientes a tener cuando éramos niños y lo que yo seguía acostumbrado a tener, estábamos en la ruina.

Draco rápidamente me enseño a trabajar la tierra, y con los pocos animales que venían con la granja, teníamos lo elemental y Draco con su gran inteligencia comenzó un pequeño negocio de vendimias y poco a poco fuimos teniendo cada vez más, pero cuando creí que volveríamos a ser lo de antes él se detuvo.

-No es bueno que hagamos tanto alarde, aun somos menores y tus padres pueden venir en cualquier momento con lo llamativos que ya hemos sido- dijo con pena dándose cuenta de que habíamos llamado demasiado la atención.

Recuerdo que lo abrace por la espalda y bese su blanco y suave cuello, susurrándole promesas de cuando fuéramos mayores.

Y era ya una hermosa costumbre, levantarnos con el canto de los gallos, y despertar sintiendo su cabecita en mi pecho, sentirle tallarse los ojos y que me diera un beso de esos profundos con los que uno pierde el aliento y sin embargo no es para sentirse desbordado de pasión, más bien desbordado de tanto amor. Nos vestíamos, y salíamos él se iba a ver las plantas y yo a ordeñar a las vacas, él se acercaba con una jarra y yo la llenaba de leche. Me daba otro beso y tomaba la jarra y una canasta, se iba a con las gallinas.

Yo iba a ver a los caballos y demás animales y para cuando regresaba a casa el desayuno estaba servido con una pequeña porción de algún postre, que el mismo preparaba, a un lado. Lo veía lavando los trastos que ocupaba para cocinar y lo abrazaba por la cintura le decía cuanto lo amaba y lo sentaba en mis piernas para desayunar. Para esos momentos el sol ya despuntaba en el horizonte y ya vendrían siendo las seis y media.

Al acabar de desayunar entre besos nos desnudábamos hacíamos el amor y nos metíamos a bañar, y luego muy felices salíamos a vender y a hacer intercambios con los vecinos, que por cierto creían que teníamos veinte años.

Al anochecer, ya molidos por el día de trabajo, llegábamos abrazados, el con la cabeza recargada en mi hombro y yo apresando su cintura delicada. Nos acostábamos y entre largos y apasionados besos terminábamos volviendo a hacer el amor, en las mañanas yo dominaba y en las noches yo le dejaba escoger si quería estar arriba o abajo, lo cual no implicaba que yo fuese el pasivo.

La delicadeza de su cuerpo siempre había confundido a la gente del pueblo, y su cabello largo junto con esas facciones delicadas no les daban pista del sexo de Draco, y su voz era excesivamente suave para ser de un chico lo que dejaba en una difícil decisión, aunque su falta de senos hacia que eso se volviera un hecho, las señoras lo adjudicaban a su delgadez.

Los hombres decían que sus manos eran demasiado delicadas para ser las de un hombre, e incluso aunque callosas decían que eran demasiado suaves.

Mi complexión en cambio era esbelta pero no delicada, mi cuerpo tenia músculos hechos a fuerza de trabajo, y mis manos eran ahora rasposas, los hombres nunca comprobaron eso porque decían que no había dudas de que yo era un hombre hecho y derecho, esto la gente del pueblo creía que él no lo sabía, pero yo se lo contaba y el con gracia solía usar cosas que lo hacían ser aún más difícil de definir. Con el tiempo su cabello creció demasiado.

-Harry, creo que deberías cortarlo- me dijo una mañana, después de ducharnos.

-Me gusta como tal y como esta- le respondí besando su frente.- me encanta acariciarlo y en especial cuando hacemos el amor y tú estás arriba, creo que es muy erótico como me roza.

-No soy una mujercita- me dijo con el ceño fruncido

-No, no lo eres y eso lo sé mejor que nadie, pero me encanta como esta.

-Lo dices porque te avergüenza que sepan que no soy una chica, y que te miren mal.

-No, nunca lo vuelvas a repetir- dije tomándolo de la barbilla para elevar su rostro. Otra cosa que le hacía indefinible, su estatura, demasiado alto para ser mujer y demasiado bajito para ser un hombre.- No me avergüenzo de amarte, no me avergüenzo de lo que eres, simplemente me gusta como esta, pero si tú quieres cortarlo por mi está bien, amor, de verdad, tu dime cuando te lo corto y hasta donde y yo lo hare.

Se lo dije aunque mis ojos decían que no quería que se lo cortara.

El suspiro y me miro con esos hermosos ojos grises, me sonrió con una suavidad que me volvió a enamorar como todos los días al verlo.

-Bien, entonces solo ayúdame a peinarlo.- me dijo

Yo muy contento tome el cepillo y comencé a trenzarlo.

Mi cabello siempre había sido rebelde, era algo parecido al cabello chino, pero simplemente no lo era, así que yo lo llevaba hasta el hombro, y cuando crecía le pedía a Draco que me lo cortara, y él tenía una mano maravillosa. Desde que él lo cortaba mi cabello se había puesto más bonito. Y el solía despuntárselo, por eso es que le crecía tan deprisa, aunque nunca se atrevió a cortárselo por miedo a que quedara disparejo. Lo cual era una ventaja a la hora de rogarle que no se lo cortara.

Y desde entonces, Draco lo había comenzado a llevar trenzado, era la envidia de todas las señoras y señoritas por la belleza que tenía, y por ese hermoso cabello rubio casi blanco.

Draco era mayor que yo por unos meses, así que cuando cumplí los diecisiete ambos nos sentíamos muy felices, solo un año más y yo lograría sacar a Draco de esa mierda de ser esclavo, me casaría con él sin importar nada. Ya tenía todo pensado, en el pueblo de donde veníamos había un viejo sacerdote que aceptaba unir a las personas aunque fueran del mismo sexo. Yo lo veía cuando se iba a platicar con las señoras

-Para mantener apariencias y que no sepan nunca porque lado tiro.- Solía decirme con una mirada coqueta ya que él sabía mucho mas de economía y esas cosas, pero también de novelas y eso que a las mujeres volvía locas.

Recuerdo que en las reuniones dejaba a todos con la boca abierta de tantos conocimientos, y luego se sonreía con esa risa musical tan bonita que tenía y decía algo gracioso haciendo que todos rieran decidiendo que algún día le preguntarían si era chico o chica, a mi miles de veces me lo habían preguntado, pero yo simplemente sonreía y les decía "yo le amo tal cual es". Y eso aun los dejaba más en duda.

Ese era nuestro juego, yo nunca me refería a él definiendo que era, y él se reía si le decían algo que tuviera que delatar su sexo.

Así pasábamos el tiempo en el pueblo.

Un mes antes de que Draco cumpliera los dieciocho llegaron mis padres. Estaban furiosos