Candy observó su habitación, era muy ordenada, había libros en la estantería, un escritorio, un baño y una cama. Se recostó en ésta boca abajo y comenzó a dibujar círculos por las sábanas con sus dedos. Estaba aburrida, tocaron la puerta, Candy dejó pasar a quien tocaba con un pase Una chica con cabellos castaños abrió la puerta.
―Soy Patricia O'Brien, tu vecina, pero puedes llamarme Paty.- dijo la chica con un tono de timidez.
― ¿vecina? ¡Oh! Tu habitación es la de junto. Mi nombre es Candice White Andrew, pero puedes llamarme Candy.- dijo Candy levantándose de la cama
― Hola Candy, ¿te gusta tu habitación?-dijo entrando totalmente
― Sí, es muy linda. Oye Paty.- dijo dudando
― ¿si, Candy?
― ¿De casualidad sabes dónde está el edificio de los chicos?- dijo Candy inocentemente
― ¡Candy!- exclamó Paty.- ¿Qué cosas dices?
― Bueno Paty, lo que pasa es que mis primos, Anthony, Stear y Archie, están en ese edificio y los quisiera ir a saludar.- dijo guiñándole un ojo.
― Aunque lo supiera, serías expulsada apenas llegues
― ¿Me expulsan sólo por eso?- exclamó indignada Candy
― Sí, este colegio es muy estricto
Candy suspiró, tendría que esperar a los descansos para ver a los chicos. Después de que Paty se fuera, Candy se quedó completamente sola en su habitación, decidió que si iba a estar en ese colegio, se divertiría a su modo.
Salió sigilosamente del dormitorio de chicas y corrió por el pasto verde, una colina muy parecida a la de Pony estaba frente a ella, de espaldas vio a un chico alto que estaba sentado frente a un árbol, se parecía un poco a Anthony, pero no era él, los cabellos de aquel chico eran castaños, y entonces lo recordó, "el muchacho del barco", pensó Candy.
Sigilosamente rodeó el árbol y lo observó de lejos, era él. Su mirada estaba fija en el atardecer. Trató de acercarse pero pisó mal y cayó al suelo llamando la atención del chico.
― ¿Quién está ahí?
Candy no sabía si salir de su escondite o quedarse ahí, la final optó por la segunda opción, sería algo incómodo que se enterara que una chica lo miraba, el muchacho se puso de pie y caminó de regreso al colegio.
Candy suspiró, ese había sido un susto terrible, salió del arbusto y decidió sentarse en el árbol donde el chico había estado.
― ¿Acaso no sabes que es de mala educación espiar a los demás?- dijo una voz detrás suyo
Candy se dio la vuelta y en seguida se arrepintió de haberlo hecho.
― Lo siento.- trató de decir Candy
― No lo sientas, estoy acostumbrado a que las chicas me espíen.- dijo engreído
― ¡Pero yo no te estaba espiando! Yo llegué aquí y tú estabas sentado, yo solo esperé a que te fueras.
Él abrió los ojos momentáneamente, la mayoría de las señoritas de alta sociedad no se habrían atrevido a hablarle así, todas con las que había tratado sólo les importaba lo que las demás personas piensen de ellas.
― ¿Quién te crees para llamarme así pecosa mal educada?- dijo con una sonrisa y una voz autoritaria
― ¿Pecosa? ¿Quién te crees tú para llamarme así mocoso engreído, rico y mimado?- dijo Candy mirándole
― ¿Mocoso engreído? Sí que tienes imaginación, ¿la guardas en esas pecas que tienes ahí?
Candy se enfureció aún más, ella no había elegido tener pecas, y no estaba tan de buenas como para que un mocoso como aquel, llegara y las insultara, sin embargo, recordó que se comportaría, así que decidió jugar el juego.
― Pues fíjate que sí, y últimamente estaba pensando en adquirir más.- dijo con sarcasmo
― ¿Acaso las coleccionas?- dijo con una sonrisa, apenas la había conocido y ya le gustaba hacerla enojar.
― ¡Ahh! Eres increíble.- dijo Candy hablando con más sarcasmo
― ¿Crees que soy increíble señorita pecas?- dijo sonriendo
― ¡Mi nombre no es señorita pecas! Me llamo Candice White Andrew.- dijo saltando con aire infantil
― Con que Candice White Andrew, ¿eh?- se quedó pensando un segundo.- me gusta más señorita pecas
― ¡No tienes remedio mocoso malcriado!
― En eso te equivocas señorita pecas, me llamo Terrence Grandchester.- dijo haciendo lo que menos esperaba. Tomó su mano y la besó.
Candy no podía entender como una persona puede cambiar de arrogante a dulce en un solo momento.
― Puedes llamarme Terry.- dijo mirándola a los ojos, unos ojos color esmeralda que hicieron que él casi se derritiera.
Candy no se quedaba atrás, pues Terry, con sus ojos azul zafiro, podía cautivar un pueblo entero.
― A mí me puedes llamar Candy.-dijo cuando volvió en sí.
― Yo prefiero llamarte Señorita Pecas.- dijo sacando un cigarrillo de la cajetilla.
― ¿Por qué haces eso?
― ¿Hace qué?
― Fumar, ¿acaso no sabes que eso te hace daño?
― Claro que lo sé pecosa entrometida
― Bueno, ¿y por qué lo haces?
― Porque es divertido. Debo irme, fue un placer señorita pecas.- dijo guiñándole un ojo y desapareciendo.
Candy se recostó en el pasto, no dejaba de pensar en Terry, era justo lo que había pensado, un cretino; pero aun así había algo en él que la hacía quedar hipnotizada.
BUENO, AQUÍ ESTOY DE NUEVO, AGRADECIENDO A LAS QUE ENVIARON SUS REVIEWS EN EL CAPÍTULO ANTERIOR. LOS PERSONAJES PRINCIPALES SON CANDY Y TERRY, LA VERDAD ESPERO QUE LES GUSTE.
SALUDOS,
-LITZY ANDREW
