Capítulo 2: Huida y noticias

10 de marzo, 18:30 p.m.

Ya llevaban un día entero batallando sin parar; los orcos estaban pagando muy caro el paso por el Anduin. Faramir ya había matado a demasiados orcos, al igual que Madril y sus arqueros, pero eran muy pocos gondorianos y seguían llegando orcos a través del río.

Faramir corría escapando de los haradrim

Madril: ¡Faramir! – Le grito advirtiéndole

Faramir esquivo las flechas de los montaraces, que impactaron en muchos cuerpos sureños y orcos.

Madril: Faramir, no podemos contenerlos por más tiempo. La ciudad está perdida – Dijo en medio del fragor de la intensa batalla

Faramir: Prepara los caballos. Cabalgaremos a Minas Tirith

Los hombres de Gondor seguían peleando sin cuartel; a pesar de que eran excelentes soldados, era imposible luchar contra tantos enemigos. Caían y caían de ambos bandos, no cesaba la batalla que había durado más de un día seguido.

De pronto, se oye un chillido espantoso. Era un nazgul

Soldado: ¡Un jinete oscuro! – Grito aterrado

Los enemigos hostigaban cada vez más a los de Gondor. Madril trataba de contener a los orcos con desesperación

Faramir: ¡Vuelvan! ¡Vuelvan a Minas Tirith! – Grito

Se escuchó otro chillido, los soldados comenzaron a retirarse de sus peligrosos puestos de combate, en todos los caminos se encontraban con orcos, sureños, trolls de las montañas de Mordor y mumaks que trataban de bloquearles la salida. Los arqueros de Madril derribaron a muchísimos mumaks, y ardían las torres de asedio, caían sin cesar trolls, orcos y haradrim. Otra descarga de flechas mato a varios mumakils…

Un orco ataca por la espalda a Madril y este queda lesionado en el piso

Los hombres de Gondor tomaron sus monturas y partieron a todo galope. Otro chillido del nazgul espanta a los gondorianos

Faramir: ¡Retirada! ¡Retirada! ¡Salven sus vidas! – Grito

Gothmog ve a Madril con vida tirado en el piso, y lo mata clavándole su estandarte en el pecho

Gothmog: El tiempo de los hombres termino. El tiempo del orco ha llegado

Soldado: ¡Vámonos! – Grito horrorizado, pero más nazgul llegaron y con sus chillidos horripilantes torturaban a los soldados que estaban escapando de la ciudad

Los nazgul mataron a bastantes soldados, pero apareció Gandalf, montado en sombra gris, junto con Pippin, a tiempo y con su bastón blanco convoco una luz de un blanco puro espantando a los nazgul, que dieron media vuelta y se fueron.

Gandalf se reunió con los agotadísimos hombres. Se juntaron en la plaza de Minas Tirith, con la gente que los recibía con alegría y entusiasmo, sin saber que Osgiliath había sido conquistada

Faramir: Mithrandir, superaron nuestras defensas, tomaron la ribera oeste – Dijo cansado y preocupado, mientras empezaba a desmontar de su caballo. Miraba atentamente a Pippin, sin quitarle los ojos de encima

Soldado: ¡El señor Denethor predijo esta derrota!

Gandalf: ¡La predijo, y no hizo nada!

Al ver que Faramir seguía observando a Pippin, que se estaba incomodando, el mago intuyo que Faramir había visto a Frodo y Sam

Gandalf: Este no es el único mediano que se te cruza por el camino – Adivino con voz preocupada

Faramir: No, vi a Frodo y Sam en Ithilien del norte – A Pippin se le ilumino la cara de felicidad al comprobar que sus mejores amigos seguían vivos – Mithrandir, tomaran el camino de Cirith Ungol – Añadió preocupado

Gandalf: ¿Cirith Ungol? – Dijo incrédulo y horrorizado – Faramir, cuéntamelo todo

El capitán, el mago y el hobbit fueron a reunirse enseguida con los generales de Gondor y el senescal Denethor

Faramir: Emboscamos a cientos de haradrim día tras día; todos se reúnen en la puerta negra, pero casi ningún ejercito llega, de eso se ocupan nuestros montaraces – Dijo orgulloso – pero…tres días antes, mientras atacábamos a huestes del sur, divisamos a dos medianos, y uno de ellos es el de la profecía: el portador del anillo de Mordor – Todos se tensaron – Al principio los envié a Osgiliath, que estaba siendo asediada, como de costumbre…pero al final, me di cuenta de que el anillo único no servía para Gondor, y los deje marcharse

Denethor: ¡Eres una vergüenza, Boromir me lo habría traído!

Faramir: ¡Boromir se lo habría quedado, y la única esperanza es destruir el anillo!

Imrahil: Faramir tiene razón, cálmese mi señor – Todos los capitanes asintieron apoyando a Imrahil – La fuerza de Sauron es demasiado poderosa, tenemos que poner a todas nuestras tropas en la capital, y resistir. O por lo menos la mayoría

Denethor: No voy a abandonar a la ligera las defensas exteriores, a la gloriosa Osgiliath y el Rammas edificado con tanto esfuerzo; que cada hueste defienda su ciudad, sería una vergüenza para Gondor perder Pelargir, o Dol Amroth, o también Osgiliath – Miro duramente a su hijo

Imrahil: Separados somos demasiado débiles, pero unidos somos fuertes – Replicó

Denethor: Como mínimo exijo recuperar Osgiliath ¿Qué tal tú, Forlong? ¿O por qué no tu Imrahil? Si hay alguien en esta sala que tenga la voluntad suficiente para ejecutar la voluntad de un superior

Faramir: No me opongo padre, si es tu deseo – Dijo triste. Gandalf, Pippin y los capitanes lo miraron con lastima y asombro

Denethor: Te lo ordeno

Faramir: Si regreso, ten una mejor opinión de mi

Denethor: Eso dependerá de cómo regreses

Muerto – Pensó Faramir abatido

De repente un mensajero sucio, herido, con ropas desgastadas y manchas de sangre, entro en la sala y dijo:

- ¡Atacaron Cair Andros, Pelargir, Linhir, Calembel y Anfalas mi señor! Los ataques empezaron ayer a la tarde. Piden refuerzos

Denethor: Diles que no puedo enviar ni un solo hombre más

Mensajero: Pero son muy numerosos. No aguantaran

Denethor: Pues que sus defensas aguanten, no podemos darnos el lujo de perder más territorio. Lo único que les puedo dar son mis bendiciones. Vete a luchar con ellos

El mensajero se fue decepcionado