Por desgracia Hetalia no es mio y sufro por ello...

Aqui dejo unas relaciones para que no se confundan:

Arthur y Alfred son hermanos.

Matthew es primo de los dos primeros.

Francis y Seychelles son hemanos también.


Cap.2

Desde el punto de vista de Francis.

-¿¡Se puede saber que mierdas tienes en la cabeza, Francis!

Dio un puñetazo a su escritorio, era la primera vez que veía tan furioso al abuelo.

-…era solo una broma…- trate de excusarme.- no creí que se lo fuera a tomar tan apecho…

-¡no seas idiota!- grito.

-¡no sé porque te molestas en hacer esto! ¿Qué no ya me regañaste junto con los demás? ¿Por qué entonces regañarme de vuelta en privado?- le pregunte frenético.

Dio un suspiro, me indico que me sentara en el sofá, lo obedecí sin chistar, se paro frente mío, tomo un poco de aire y dijo:

-no tienes ni la menor idea de cómo se siente ese pobre chico.

-¿Pobre? ¿Arthur Kirkland? ¿Tienes idea de lo que estás hablando, abuelo?- le pregunte con cierta ironía.

-¡cierra la boca! - me ordeno.- ¡y mientras estemos en esta oficina soy tu director, no tu abuelo!

Asentí con la cabeza, no muy conforme.

-te lo voy a decir con la esperanza de que esto se quede entre tú y yo.- me dijo.- la familia del joven Kirkland está pasando por una terrible perdida, el padre de Arthur, Allan Kirkland, falleció.

-¿Y eso qué?

La verdad es que lo que ocurra en la vida de Arthur me da lo mismo, y si el abuelo… el director espera que sienta compasión por el está muy equivocado.

-"¿y eso qué?" Francis, esperaba un poco más de comprensión de tu parte, su padre ha muerto, el chico esta abatido.- me reclamo.

-¿y cuanto tiene eso? ¿Un año, dos…? ¿Cuánto?- pregunte fingiendo interés.

-una semana.- respondió con frialdad.

Eso sí que no me lo esperaba… una semana, pero Arthur dijo que él vivía en Inglaterra… ¿en qué momento enterraron a su padre para poder mudarse?

-¿Y por qué se mudo aquí?- pregunte.- el vivía en Inglaterra, ¿no?

-realmente no lo sé, mejor dicho no lo comprendí del todo.- se sentó a mi lado.- solo sé que al día siguiente de que muriera Allan Kirkland, su madre pidió la transferencia de Arthur y su hermano a este instituto, los motivos, por lo menos a mí, me son desconocidos.

-¿y después?- pregunte entrecortadamente.- ¿simplemente se mudaron y ya?

-no lo sé, lo único que puedo decir es que Arthur es muy independiente, muy maduro.- dijo.- pero eso no significa que sea de piedra, la pérdida de su padre, la transferencia y demás lo han afectado aun que no lo demuestre.- coloco su mano en mi hombro.

Baje la mirada un instante, me sentía mal, Arthur realmente era una persona solitaria…

-no te pido…- continuo mi abuelo.- que seas su amigo porque sé que él no es de tu agrado, lo único que te pido es que…- me miro a los ojos.- es que trates de ser amable con él, eso es todo.

-comprendo…- dije.

-y, Francis…- dijo levantándose.

-¿Qué ocurre?- pregunte.

-Esto te lo digo como tu director, te ganaste una semana en detención.- dijo seriamente.

-¿¡Qué!- grite.

-y tu castigo en casa será de cero salidas, cero televisión y cero internet por tres días.- agrego.- puedes retirarte.

Salí de la dirección a toda velocidad, mi travesura me había costado cara, no tanto por los castigos, era el sentimiento de culpa que no me dejaba en paz.

Entre a clases, hoy nos tocaba matemáticas las dos primeras horas.

No preste atención a la clase, ni siquiera pude distraerme en la profesora, que estaba muy linda, su vestimenta consistía en: una blusa blanca de manga corta y corbata negra, un short verde corto, unas botas a las rodillas cafés y un hermoso lazo rojo como diadema… lucia tan guapa, pero ni su imagen me serbia en estos momentos.

Estaba molesto, muy molesto… y no podía sacarme a Arthur de la cabeza.

Al terminar la clase Antonio y Gilbert se dirigieron a mi lugar.

-¿Francis? ¿Estás bien?- me preguntaron a la par.

-no.- conteste secamente.- no estoy bien… me siento fatal…

-¿tan fuerte fue el castigo?- me pregunto Gilbert.

-no.

-¿Entonces?- pregunto Antonio.

-siento algo llamado culpa, no sé si la conozcan.- dije con sarcasmo.

-¿Culpa? ¿Pues qué te dijo?- me pregunto Gilbert.

-prometí no decirlo, así que olvídenlo.- respondí.

-vaya, Fra…- dijo Antonio realmente preocupado, solo me llama Fra cuando le preocupa algo.- enserio, sea lo que sea, te ha afectado, ¡Luces fatal!

Ignore el comentario de Antonio y comencé a recorrer el salón con la vista.

-no está aquí.- dijo Gilbert.

-¿Eh?

-la enfermera vino hace un rato y le dijo a la profesora que Arthur tenía un fuerte dolor de cabeza.- comento Antonio.

Recordé la rabieta de Arthur antes de salir corriendo del salón y me sentí peor, realmente no se en que condición lo haya encontrado el profesor Honda, tal vez le dio jaqueca de tanto coraje que hizo… y todo por mi culpa…

-¿Te vas a disculpar con él?- dijo una voz femenina.

Se trataba de mi hermana, entro trotando al salón, se había hecho dos coletas y las traía atadas con unos hermosos lazos rojos.

-¿disculpa?- le dije.

-con Arthur, si te vas a disculpar.- dijo.

-¿Disculparse?- dijo Gilbert como si no comprendiera.

-sí, disculparse.- exclamo.

Escondí mi rostro entre las manos, eso no serviría de nada, para Arthur soy el idiota que acabo de hacer su vida un infierno.

-el se encuentra en la enfermería.- me dijo con tranquilidad.- me lo ha dicho Matthew, pero no es conveniente que vayas ya que su hermano está ahí y quiere golpearte.

-oh, genial…- dije.- ahora tengo al hermano encima.

-tú te lo has buscado, aun que tu broma no haya sido cruel del todo.- me restregó Sey en la cara.- Lo has dejado mal y ahora tienes que solucionarlo.

Intercambie miradas con mis amigos y mi hermana.

-¿Qué me recomiendas que haga entonces?- le pregunte.

-Es fácil: espera a que se apacigüe un poco, después ve y afróntalo.- dijo Seychelles.

Antonio le dio la razón, Gilbert frunció el ceño, y yo volví a esconder la cara entre las manos.

Seychelles me tomo por el cabello y me dio un tirón.

-¡Pues haz lo que quieras entonces!- grito acomodándose la falda.

Se dio la media vuelta y se dirigió a la salida.

-Vaffanculo.- dijo haciéndome una seña obscena.

-¡Oh! ¡Magnifique!- exclame con ironía.

-¿Qué le ocurre?- pregunto Gilbert alzando la ceja.- jamás la había visto tan molesta.

-debe estar en sus días.- dije.

Antonio meneo la cabeza en señal de desaprobación.

-¿y tú de qué lado estas?- le reclamé.

-del tuyo.- contesto sonriente.

-¿Entonces?- inquirí.

- solo es que… Seychelles tiene razón, tanto sobre lo de enfrentar las cosas, como de enfadarse contigo.- expuso.

-¿y porque, según tu, tiene razón de enfadarse?

Lo mire con frialdad, tratando de lucir serio, el sonrió y dijo:

-simple, no estoy seguro de la relación que tengan, pero al parecer Arthur y Matthew se conocen.

Me quede boquiabierto tratando de asimilar lo que había dicho, después de un rato, y de pensar mucho lo que le diría, le pregunte:

-¿es ese entonces el problema? ¿Matthew y su relación con Arthur? No… mejor dicho Seychelles y su relación con Matthew.

Lo mire detenidamente, estaba jugando con una goma de borrar en forma de tomate, se volvió hacia mí.

-tal parece que sí.- respondió.

-¿no será también el hecho de que sacaste de quicio al v… al director?- señalo Gilbert.

-también puede ser eso.- dijo Antonio.

-y hay que admitir que te dio una solución bastante sensata.- me recalco Gil.

-lo sé.- respondí sin mirarlos.

-¿y entonces…?- inicio Gilbert.

-¿Qué piensas hacer, Francis?- completo Antonio.

-yo…- susurre, después caí en cuenta de que más que una charla esto parecía un interrogatorio.- ¡un segundo!- grite.- ¿¡Por qué tengo que darles explicaciones!

-¡porque nosotros también estamos involucrados! ¡Por eso!- grito Gilbert.

-además, somos un grupo, ¿no? Somos el Bad Friends Trio y si alguno de nosotros toma una decisión, esta involucra al resto.- señalo Antonio.

-lo que dijo Antonio.

Mire a mis amigos, Gilbert tenía una expresión de fastidio, Antonio, en cambio, lucia bastante tranquilo.

-Esto… yo… ¿Ustedes que me recomiendan?

Sabía que no me ayudaría mucho su opinión, pero necesitaba otras alternativas, mis amigos se dirigieron una mirada cómplice.

-te estás encomendando a las personas equivocadas…- susurro Antonio.- si me preguntas que debes hacer mi respuesta seria algo como: Déjalo que se pudra al maldito ingles ese.

La expresión en su rostro había cambiado por completo, lucia...

Trague saliva, y con el valor que pude acumular tartamudee:

-¿A-Antonio? ¿Q-que…?

-lo siento, pero desde que lo vi sentí un odio inexplicable hacia él.- farfullo para después volver a dibujar una amplia sonrisa en su rostro.

Me volví hacia Gilbert el cual estaba tan asombrado como yo.

-¿y tú, Gilbert? ¿Qué harías o le dirías?- le pregunte.

Gilbert hizo su típica expresión de "Que genial y guapo soy" y dijo a todo volumen:

-Bien, supongo que le diría algo como: Soy genial y por eso no puedes enojarte por jugarte una de mis magnificas bromas, es más, ¡deberías sentirte honrado! Pero si lo que quieres oír es una disculpa… ¡Olvídalo!

Los mire, no sabía si reír o llorar ante aquellos consejos tan inútiles.

-…ustedes dos no ayudan en nada…- susurre.

-Pues hazlo a tu modo.- dijeron a la par.

-Mejor cambiemos de tema.- pedí.

-Bien, ¿y de quieres hablar?- me siguió Antonio.

-mmm… no sé, ¿De amor?- dije con una sonrisa picara.

-nha… prefiero que el viejo me castigue…- exclamo Gilbert indiferente.

¿Qué el viejo lo castigue? ¿Cuál v…? ¿¡Se está refiriendo al abuelo!

-¿¡Viejo!- exclame tomándolo por el cuello de la camisa.

-¡el director! ¡Juro que dije director!- grito Gilbert tratando de zafarse.

-¡Te voy a…!- deje la frase a medias, la razón: habían dado el timbre que indicaba el final del receso, ¡Habíamos perdido otro descanso!

Antonio se levanto y, literalmente, me arranco a Gilbert de las manos, dejándome solo mientras los demás entraban al salón y tomaban asiento.

Las chicas me miraron feo, los chicos me dirigieron miradas interrogantes, como exigiendo saber que ocurrió en la dirección, pero los ignore, lo único que me importaba en ese instante era ver a Arthur y tratar de arreglar las cosas.

El profesor de idiomas entro al salón de clases… pero Arthur no.

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Lo que no me gusta de los jueves es que el día que salimos más tarde, y también es el día que nos tocan las materias y, algunos, de los profesores más pesados.

Después de una hora de idiomas, dos de física y una de química, sentía como mi cabeza, mejor dicho mi cerebro, palpitaba, si alguien más se acercaba con la intención de que retuviera información mi cabeza terminaría explotando.

Mi estomago me exigía comida y mi cuerpo descanso, así que en cuanto el profesor dio por terminada la clase tome mi mochila y salí de ahí a toda velocidad.

Me detuve en la entrada principal a esperar a mis amigos, Seychelles había salido temprano, una vez reunidos los tres nos dirigimos a la parada de autobuses.

-¿vamos a comer algo?- sugerí.

-no puedo.- dijo Antonio.- les prometí a Felicia y a Roma que las acompañaría a comprar ropa.

-¿y tú, Gilbert?- dije volviéndome al albino.

-hoy no, mi amada madre me ha amenazado… si llega a casa y ve a Ludwing solo, me castigara de por vida.

Suspiramos con amargura y nos sentamos a esperar la ruta correspondiente, primero llego la de Antonio, se limito a sonreír y subió, después vino la de Gilbert, hizo un ademan con la mano y subió dejándome solo.

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Como el autobús no pasaba, tome un taxi; al llegar a la casa vi a Seychelles sentada en el sofá viendo la televisión.

-estoy en casa.- dije.

No contesto, ni siquiera volteo a verme.

Deje la mochila en la entrada y me dirigí a la cocina.

-¿Quieres comer algo?

Mi hermanita se limito a subir el volumen del televisor.

-Preparare pescado a la naranja y budín…- grite.- ¿Vainilla o coco?

Seychelles apago el televisor y sin mirarme dijo:

-no trates de sobornarme con budín… ni mucho menos con pescado a la naranja.

-¿soborno?- dije inocentemente.- ¿Qué tiene que prepare tus platillos favoritos con el soborno? Solo quiero complacerte.

-si quieres complacerme…- farfullo frunciendo el ceño.- discúlpate con Arthur

Ya tenía suficiente, no estaba de humor para seguir escuchando como criticaban mis acciones, tome el cuchillo y lo deje caer sobre el pescado cortándole la cabeza al instante.

-¿¡Por qué te importa tanto!- grite.- ¿¡Que es lo que hice mal realmente!

Seychelles me miro atónita, rara vez le gritaba y por lo general ella me respondía con algún insulto, mas esta vez no dijo nada… solo se recostó en el sofá en silencio.

-Preparare un poco de ambos…- susurre.

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Después de comer subí a mi habitación, amarre las cortinas y abrí la puerta del balcón, dejando entrar la briza marina… Marsella sí que es bella.

Me recargue en el barandal y comencé a repasar lo ocurrido, no solo lo de Arthur, también lo de Seychelles… era tan raro verla así, tan triste, tan solitaria…

Me preocupaba, no había tocado la comida y solo me dirigió la palabra para pedir permiso para retirarse a su habitación.

Extraño… realmente extraño.

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Había pasado la tarde entera en el balcón sin llegar a ninguna conclusión, ya estaba oscureciendo y los veleros cerca del puerto comenzaban a encender las luces.

Las noches en Marsella son espectaculares, en especial si vives cerca del puerto, las luces de los veleros reflejadas en el mar le dan un toque mágico.

Me pregunte si Arthur pensaba lo mismo de Marsella aun que tuviera poco tiempo viviendo aquí… Arthur… me pregunto…

-Es hermosa, ¿Verdad?

Me voltee rápidamente y, para mi sorpresa, vi a Seychelles que se encontraba recargada en el marco de la puerta.

-¿ya no estás enfadada?- le pregunte.

-un poco.- dijo.

-¿Qué ocurre?- le pregunte.- Si te molesta algo de lo que he hecho, puedes decírmelo… si es algo que te hicieron también puedes decírmelo… confía en tu hermano mayor.

Sey se coloco a mi lado y recargo su cabeza en mi hombro, coloque mi mano sobre su cabeza y comencé a acariciar con cuidado su cabello.

-estoy muy triste y enojada a la vez…- susurro.

-¿y a que se debe eso, señorita?- pregunte con dulzura.

-es que…- dijo entrecortadamente.- papá… y mamá… ¿no crees que le dejan todo al abuelo?... ellos… ellos nunca están y yo me preguntaba si…

Guardo silencio un instante, deje de acariciar su cabello, pase mi brazo por sus hombros y comencé a acariciar su brazo.

-¿realmente les importamos?

Mire los veleros tratando de buscar una respuesta a aquella pregunta.

-Claro que si…- dije después de un rato.- que estén muy ocupados en su trabajo no significa que no les importemos…

Le di un abrazo rápido.

-y respecto al abuelo… tratare de no meterme en tantos líos… y- dije muy a mi pesar.- hare las paces con Arthur, lo prometo.

Seychelles sonrió y me dio un beso en la mejilla.

-eso espero…- dijo saliendo de mi habitación.

Volvía a ser la misma, al parecer Gilbert tenía razón… que extraño se escucha eso… Gilbert… tenía… razón…

Un escalofrió recorrió mi espalda.

-Algo malo va a pasar…- me dije a mí mismo.

Solté una carcajada, era una lástima no tener con quien compartir mi chiste sobre Gilbo…

Desamarre las cortinas mas no cerré la puerta, saque unos libros de texto de la mochila e hice mi tarea.

Una vez terminada, baje a la cocina y grite:

-¿¡Que quieres para cenar, Sey!

-¡Sándwiches…! ¡No, mejor crepas!- respondió mi hermanita desde su cuarto.

-entonces…- susurre.- crepas serán.

Tome los ingredientes necesarios y comencé a preparar la mezcla… sonreí.

En este mundo no existe nada mejor que cocinar.

Desde el punto de vista de Arthur.

Me dolía la cabeza, la maldita jaqueca había vuelto.

Me encontraba encerrado en uno de los baños, era tan simple como abrir el pestillo y salir de ahí, pero en ese momento salir no era mi mejor opción.

Seguramente las clases ya habían comenzado, pero no importaba… no era la primera vez que me saltaba una clase.

Cruce los brazos y me recargue en la puerta, tenía mi mochila a la mano y un dinero extra, solo era de salir de la escuela sin ser visto y vagar un poco por las calles hasta que se hiciera hora de volver a casa.

Tome la mochila del suelo y abrí el pestillo…

Grave, grave… muy grave error.

-¿Kirkland-san?- dijo mi profesor de literatura.- ¿Por qué esta…?

-¿Mojado? ¿Empapado? ¿Húmedo?- pregunte dando los sinónimos que se vinieron de momento.

-eso también me gustaría saberlo…- saco una toalla de papel y me la entrego.- yo realmente me refería a que está haciendo fuera de clases.

Me seque el rostro con la toalla y la deposite en el cubo de basura; no sabía si era buena idea comentarle al profesor Honda lo ocurrido con los bastardos… los idiotas… con mis compañeros.

-sea lo que sea, usted puede decírmelo… prometo no enfadarme.- susurro dándome una mirada cómplice.

-vera… - no tenía idea de cómo explicárselo.- la razón por la cual estoy fuera es…

-¿Sí?- me indico que continuara con un tono amable.

-yo…- me comenzaron a temblar las manos.- tengo un terrible dolor de cabeza y…

-pero eso no explica el por qué de que este empapado, aun que es sencillo deducirlo…- coloco su mano sobre mi hombro.- ¿El Akuyuu hizo otra de las suyas?

-¿Qué…? ¿Akuyuu? ¿Qué o quién es eso?- cuestione.

-El Akuyuu es el Bad Friends Trio.- explico el profesor.- supongo que le hicieron una novatada.

Sí que es extraño, es como si el profesor Honda estuviera un paso adelante, deje de darle vueltas al asunto y por fin logre decirle:

-vaya novatada… escribieron sandeces de mi en el pizarrón, me lanzaron globos llenos de agua, no estoy seguro si era el BFT, solo sé que fueron cinco chicos…

Era verdad, no había logrado ver sus rostros, sabía que eran varones porque usaban pantalones, no podía asegurar que el BFT lo había hecho o planeado, pero estaba seguro de que estaban involucrados de cierta manera.

-¿No vio sus rostros?- me pregunto.

-estaba demasiado oscuro y no pude distinguirlos bien.- le explique.

Se quedo un rato en silencio, tal vez estaba analizando la situación a fondo.

-Bien, digámosle al director sobre este acontecimiento.- sugirió.

-¿¡Qué! ¡No!- grite, yo podía ser muchas cosas menos un delator, prefería hacerme justicia yo solo antes de pedirle ayuda a alguna autoridad.

-No podemos dejar esto así, la novatada ya paso y a usted se la jugaron fuera de tiempo.

Lo mire como si acabara de decir una estupidez, debía serlo, pero como lo dijo y con ese semblante tan serio… tal vez si era enserio.

-¿o sea que es tradición?- pregunte tratando de obtener más información.

-se hace cada inicio de curso.- dijo como si fuera de lo más normal.

Ok, era oficial… ¡Entre a una escuela de desequilibrados mentales, desde el director hasta a los alumnos!

-¿¡…que clase de maldita escuela de locos es esta!- pregunte indignado.

-¡Kirkland-san!- me reprendió el profesor.

-¡Pero si es verdad! Es decir, ¿Qué clase de persona deja que los alumnos hagan eso?

-es una tradición.- dijo.- no una muy buena, pero a fin de cuenta tradición. Cuando comencé a dar clases aquí no lo entendía, han pasado cinco años y sigo sin entenderlo, pero me he adaptado a ello.

-… bien, no importa.- el dolor de cabeza se volvía cada vez más intenso.- solo déjeme irme, no estoy de humor…

-no puedo hacer eso.- dijo.

-¿¡Que no entiende! ¡Me duele a horrores la cabeza y no quiero estar aquí!- grite, estaba harto de esta escuela, de los profesores y no quería volver a casa temprano.

-vaya a la enfermería.- dijo, no comprendía la situación al igual que los demás profesores, y yo que creí podía confiar en él.- hablare con el director sobre su problema.

-vale…- farfulle.

Me dirigí a la enfermería, toque un par de veces la puerta.

-¡Adelante!- grito una voz femenina. Entre.

Dentro había una chica de cabello largo negro, traía una bata blanca que le llegaba a las rodillas, las mangas de esta le cubrían las manos por completo. Ella se volvió hacia mí, me miro de pies a cabeza y pregunto:

-¿En qué puedo ayudarte? Mmm…

Me miro un rato. Era obvio que no tenía idea de quién era.

-Disculpa…- susurro.- ¿Cuál es tu nombre?

-Arthur…- respondí.- Arthur Kirkland.

Repitió mi nombre por lo bajo un par de veces. Se dirigió a su escritorio, tomo una lapicera y una hoja suelta.

-¿Grado y grupo?- pregunto.

-Sexto grado, grupo B.- respondí.

-bien, Arthur.- dijo haciendo apuntes en la hoja.- ¿Qué ocurre?

-vera, señorita.- ella sonrió.- me duele la cabeza, para ser exactos el lado izquierdo, el dolor es insoportable… es como una punzada constante…

-ah, ya veo…- dijo levantándose de golpe. Se dirigió a un archivador, abrió uno de los cajones.-tu nombre es Arthur Kirkland, ¿Verdad?-me pregunto sacando mi expediente, yo asentí.

Comenzó a revisarlo, mientras me hacía preguntas de rutina.

-pues por lo que me has dicho y lo que veo en tu expediente, es jaqueca y es recurrente.- me miro preocupada.-…es demasiado raro en un joven de tu edad.

Abrió uno de los cajones de su escritorio.

-veamos… sé que tengo algo para el dolor por aquí…- dijo hurgando el cajón.

Si que era extraña. Todos en esta escuela son extraños.

-¡Ana, ana~!- exclamo alegre con una tableta en la mano. La mire. ¿Ana, ana? ¿Qué se supone significa eso?- tomate esto y recuéstate un rato.- dijo dándome el medicamento.

Arroje la píldora a mi boca y la trague sin agua, me recosté en la camilla justamente como me lo había indicado.

-en estos casos sería mejor tenerte en observación…- susurro.- pero supongo que quieres es ir a casa…- dijo haciendo unos apuntes nuevamente.-… ¿No te molesta esperar en lo que voy a conseguirte un permiso?

Me levante de golpe. Debía estar bromeando. ¿En serio me dejaría irme?

-si voy ahora…- dijo.- Yekaterina se ocupara de que me atiendan rápido. Como sea.- se volvió a mí.- ¿Crees poder esperar?

-¡Of course!

Claro que sí. Esperaría lo que fuera necesario con tal de irme.

-bien, ¡no tardo!

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Había pasado media hora y ella no volvía. La cabeza aun me dolía. Tal vez debía avisar a Matthew y a Alfred donde me encuentro.

Saque mi celular de mi mochila y comencé a escribir un mensaje.

Me encuentro en la enfermería. No me busquen. Me dejaran ir temprano.

Di en la opción enviar y volví a guardar el teléfono.

Ahora solo era cuestión de esperar a que la enfermera volviera con el permiso.

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Escuche el sonido de unos pasos, los cuales conocía muy bien. La puerta se abrió violentamente. El idiota de mi hermano hizo aparición.

-¡ARTHUUUUR!- grito corriendo hacia mí.

La enfermera seguía sin aparecer. Ya había pasado una hora.

-¿Qué no se supone deberías estar en clases?- dije molesto.

Alfred, que estaba pegado a mí como lapa, me soltó.

-se supone…- dijo sentándose a mi lado.- Dije que me dolía el estomago y me mandaron aquí.

-¿Mentiste?

El idiota asintió.

-¿solo para venir a verme?

Volvió a asentir.

-estaba preocupado… tu sabes… por lo de tu cabeza.- dijo levemente sonrojado.

-Idiota, se llama jaqueca, y es mejor que dejes de preocuparte y te vayas a clase.- le dije avergonzado. ¿Por qué tengo un hermano tan honesto y obsesivo?

Alfred coloco su mano sobre mi espalda y comenzó a darme unas suaves palmadas.

-Arthur…- dijo después de un largo rato.

-¿Qué quieres?

-¿Por qué esta mojada tu ropa?- pregunto.

Me quede estático. No debía decirle. No era buena idea.

-Arthur…

No voy a contestar. Haga lo que haga no debo contestar.

-… anda, dime…

Tomo la manga de mi camisa… ya venía una de sus clásicas rabietas, no, no, no y no. Todo menos eso.

-¡DIME! Dime, dime, dime… ¡DIME! ¡ARTHUR, DÍMELO!- grito dándome de tirones.

Lo matare. Juro por dios que lo hare.

-¡Ya cállate maldita sea ¿¡Qué no ves que me duele la cabeza!- y gritando solo conseguí que me doliera aun mas.

Alfred me miro desconcertado.

-ya…- dije tratando de reprimir mi instinto homicida.- te diré solo si prometes no hacer un escándalo.

-Lo prometo.- dijo Alfred con su estúpida sonrisa de niño bueno.

Mentiroso. Romperá su promesa, eso es seguro. No durara ni cinco segundos callado cuando arme su alboroto. Típico de Alfred.

-bien… ¿Por dónde empiezo?- susurre.

-Por el inicio, ¿no?- dijo Alfred como si fuera la cosa más obvia del mundo.

…maldito idiota.

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-y eso fue lo que ocurrió.- finalice.

Bien, hora del conteo… cinco, cuatro, tres, dos…

-¿¡Quien ha sido! ¡Dime quien fue para partirle la cara!- grito colérico.

Lo sabía, era una mala idea contárselo.

Alfred siguió gritando y maldiciendo, ignorando mis comentarios y peticiones de que cerrara de una buena vez la boca.

De pronto la puerta se abrió por segunda ocasión, esta vez lentamente.

-¿Arthur? ¿Alfred? ¿Puedo pasar?- dijo una voz bastante suave.

Se trataba de Matthew. Nuestro primo se quedo quieto en el umbral de la puerta.

-Pasa, Matthew.- le pedí.

-¿Qué ha ocurrido?- pregunto cerrando la puerta con cuidado.

-¡Unos idiotas han atacado a Arthur! ¡Eso paso!- grito Alfred.

-Alf…- dijo Matthew.- Tranquilizarte por favor.

-¡I can´t do it! ¡Primero a ti y ahora Arthur! – Dijo señalándome.- ¡Esto es una especie de conspiración!

Tenía que haber crecido en USA, solo un norteamericano puede estar lleno de ideas sobre complots y conspiraciones… bueno, aun que los mexicanos… ¡Pero eso es punto aparte!

-Alfred, por dios, aquí no hay ninguna conspiración. Es solo mala suerte.- le dije.

-ese concepto tuyo es tan falso como eso de que no existen los alienígenas.- exclamo haciendo morritos.

No tenía sentido contestar a eso, si lo hacía terminaríamos peleando como siempre.

-como sea, estoy bien, con algo de jaqueca pero bien. No hay necesidad de que estén aquí.- no es que quisiera que se marcharan, pero estaban perdiendo clases por mi causa.- Gracias por preocuparse, ya pueden irse.

-¿Nos estas corriendo? ¡Qué malo eres! ¡Eres malo!- grito Alfred.

-Alf, no grites por favor…- le pidió Matthew al idiota.- Arthur se siente mal y necesita descansar, es obvio que no debemos estar aquí.- le explico.

-bien…- dijo no muy convencido.- me iré, pero antes… ¿Quién fue, Arthur?

-¡No pienso decirte nada! ¡Ya se dé que va el asunto contigo!

-¿¡Fue el rubio que vimos en ese restaurant! ¡El va en tu salón, ¿verdad? Dijiste que era un chico problemático… él y los otros dos que le acompañaban, ¡Fueron ellos, ¿Verdad?

-¡ya te dije que no voy a decirte nada! ¡Y no saques tus propias conclusiones!

-¡Cuando lo vea voy a darle una tunda!

-¡Nada de tundas! ¡Y nada de líos!

-¿… un chico rubio de cabello largo? ¿El fue?- cuestionó Matthew con una expresión de completo asombro.

-no saques conclusiones apresuraras, Matt.

-no es eso… esto… creo que lo conozco.-susurro.

-¿¡En serio!- grito Alfred tomándolo por los hombros.- ¡Dame su nombre!

-¡Espera Matthew! ¡No le digas nada!

-Déjalo, Alfred.- dijo Matthew zafándose de su agarre.- No te lo diré, además… conozco a la persona indicada para hablar con él.

-¿¡Ahhh! ¿Quién?- pregunto mi hermano.

-Eso es un secreto. Bien, debo irme. Espero que se recupere pronto, Arthur.

-ah… si, gracias.

Matthew procedió a marcharse. Alfred se quedo un rato más conmigo.

-¿Quién crees que sea?

-No lo sé. No me interesa. Y ya vete a clases.

-bien… ya me voy.

Alfred se dirigió a la puerta y la abrió, justo antes de salir se volvió a mí, sus mejillas estaban levemente sonrojadas, me miro a los ojos y me dijo:

-Ve con cuidado, Arthie, si algo llegara a pasarte yo…

-no te preocupes.- le interrumpí.- ya nada va a separarnos.

Alfred sonrió, se despidió con un ademan y salió de la enfermería dejándome solo.

Nada…

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-¡Ana, ana~! ¡Mei Mei, aquí!- grito una voz femenina.

Me levante de golpe, era la enfermera que por fin había decidido aparecer.

- Lamento la demora Kirkland pero tuve que ir a avisarle a tu maestra, de ahí a Yekaterina y luego hablar con el director para…- suspiro.- Lograr conseguirlo.

Extendió una pequeña hoja de papel color azul.

-Tómala.- dijo, yo obedecí.- con esto no te pondrán excusas ni pretextos.

Tome mis cosas y salí de la enfermería, no sin antes agradecerle a la enfermera.

-No hay de que.- grito desde la puerta.

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Una vez fuera me dirigí a la parada del autobús, iría a casa a cambiarme de ropa y, si mamá no estaba ahí, saldría a dar un paseo por la ciudad.

La ruta no pasaba, lo más seguro es que estuvieran en huelga o almorzando o yo que sé… cosas típicas francesas.

Me colgué la mochila en el hombro derecho y comencé a caminar, en el trayecto de la escuela a mi casa no paso ni un solo autobús. Ni uno. Otra cosa a mi lista de "Por qué odio Francia".

Para cuando llegue a casa mis ropas ya estaban secas y yo cansado, saque las llaves de mi mochila y abrí la puerta.

-¿…Por qué será que no me sorprende?- farfulle.

La casa estaba sucia. Ni rastro de mi madre.

Me quite los zapatos y arroje la mochila al sofá. Tome la escoba, y suspire con pesadez.

-Limpio, tomo un baño, me cambio y a la jodida de aquí…- susurre.

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-¡Damn!- exclame soltando el cuchillo. Estaba lavando la vajilla y me corte la palma de la mano mientras secaba los utensilios.

Corrí al baño, dejando la limpieza de la vajilla incompleta, y rápidamente tome algodón y alcohol del botiquín de primeros auxilios.

-En definitiva hoy no es mi día…- me dije mientras empapaba una bola de algodón con alcohol.- esto me va a arder…

Comencé a pasar con cuidado el algodón sobre la herida, por suerte no era muy profunda y el sangrado se detuvo pronto.

-Que problema…- sonreí.- en esta condición no podre continuar con mis deberes.

Bien, tal vez sería un problema la herida, pero también se le podía sacar ventaja.

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Restregué la toalla sobre mi cabello un par de veces.

Saque los zapatos de deporte del closet, no sabía cuánto iba a durar mi recorrido. Traía un pantalón deslavado de mezclilla y una camisa blanca de manga corta con un estampado del lado izquierdo. A fin de cuentas nadie me conoce así que no importa mucho la ropa que use en estos instantes. Además lo más seguro es que será un paseo rápido debido a que no hay mucho que ver aquí.

Tome las llaves y la cartera, baje corriendo las escaleras y, con un solo movimiento, cerré la puerta. Lo único que me gusta de estar solo es que puedo comportarme como me venga en gana sin pensar en el que dirán… Aun que cuando vivía en Inglaterra eso era lo de menos.

Por lo menos hasta que…

¡Basta! No es momento de pensar en cosas tristes.

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Me detuve frente a uno de los restaurantes. Un aroma peculiar provenía de este. ¿Fish and chip?

Realmente no sé como termine en la zona restaurantera, pero estaba seguro de que no había sido casualidad. Como sea, entre al restaurant.

-Bienvenido.- dijo una chica.

Respondí el saludo con una sonrisa y le pregunte:

-Disculpe señorita ¿Qué es ese aroma?

La chica sonrió nerviosa.

-esto… al chef se le ha… quemado la…- dijo entrecortadamente.

-¡No ha pasado nada! ¡Lo he apagado todo!- grito alguien desde la cocina.

Mire desconcertado la escena. Opte por tomar asiento y tratar de superar este penoso accidente. La chica coloco el menú sobre la mesa y se alejo.

¿Cómo pude confundir el olor de comida quemada con Fish and Chip?

…Odio Francia.

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Deje una propina sobre la mesa y salí del restaurant. Para ser francesa la comida no había estado tan mal del todo.

Continúe con mi paseo por la ciudad.

…No sé por qué me imaginaba este lugar un poco menos… ¿Urbanizado? No sé porque se me venía en mente un pequeño puerto con una bahía de lo más despejada, con casas poco llamativas.

Esto es una ciudad en todo el sentido de la palabra.

"Nada es lo que parece" Eso solía decirme mi padre. Y creo que en Marsella esto aplica.

Tampoco significa que empiece a gustarme este lugar, Londres es más elegante y sobre todo más misterioso.

Seguí mi recorrido, a través de las calles, más allá de la las casas, los puestos comerciales, sin rumbo fijo, realmente… Para cuando me di cuenta ya me encontraba en el muelle.

El muelle.

¿Cómo diablos vine a parar aquí?

Camine un poco, había varias embarcaciones, una tras otra de todos los tamaños y tipos.

Busque un lugar donde sentarme para pasar el rato, dentro de poco tenía que volver a casa…

Mire el mar y sentí la briza marina… era bastante tranquilizante.

Tal vez este lugar no es tan malo del todo.

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No puedo creerlo. No quiero creerlo. ¡Tonto, tonto, tonto!

Fue lo que me repetí una y otra vez mientras corría por las calles de Marsella. Era ya de noche y seguía sin entender como había pasado tanto tiempo sin hacer nada a excepción de mirar el mar.

Cuando llegue a casa, cansado y sudado, abrí la puerta procurando no hacer ruido y me dispuse a entrar.

-¿Tienes idea de qué hora es, Arthur?- dijo una voz femenina. Era mi madre que se encontraba sentada en las escaleras.

-…realmente no…- conteste.- olvide el móvil.

-Son las doce, Cinderella.- dijo sumamente molesta.- espero que tengas una buena explicación.

-… salí a dar un paseo y… tarde más de lo planeado.- dije subiendo.

-ARTHUR KIRKLAND JONES.- dijo realmente molesta, solo me llama por mi nombre completo cuando está enfadada de verdad.- Tu no iras a ninguna parte, te quedaras aquí a esperar conmigo a que llegue tu hermano.

Me cruce de brazos, no muy conforme.

-¿También ha salido?- Pregunte.

-Salió a buscarte porque tú no te dignabas a aparecer.- me reprocho.- Mi dulce niño se preocupa por su hermano mayor y tu solo causas problemas.

Apreté los puños y reprimí el deseo de contestarle.

-¿Qué es lo que tienes en la cabeza, Arthur? ¿Aire? ¿O está vacía?- pregunto. Apreté los puños con más fuerza aún.

Pensaba en decirle: "Lo mismo que en la tuya" o algo así, pero opte por seguir en silencio.

- Contéstame.- me ordeno.- Arthur, contesta. Te estoy hablando.- dijo poniéndose de pie frente mío.- Te recuerdo que ya no estás en Londres y mucho menos con tu padre. Ahora estás conmigo y ya no puedes hacer lo que te venga en gana.

-Espéralo tu sola entonces…Yo no le pedí que fuese a buscarme.- refunfuñe. Ella frunció el seño.

-Ese cinismo es tan propio de ti.- dijo.- Adáptate ya, ya no vives con Allan, ahora tienes que ser un buen ejemplo para Alfred.

Alfred. Siempre Alfred. Nunca se detiene a pensar en mí.

-Ojala…- susurre.

-¿Qué?

-¡Ojala mi padre estuviera vivo así no tendrías que soportarme!- Grite.- ¡Solo serian tu y Alfred como siempre y no tendrías porque cuidarme!

-¡Modera tu tono de voz, jovencito!- Grito.- ¡Siempre has sido un rebelde, Arthur! ¡Siempre hacías lo que querías! ¡Por eso tu padre…!- se calló al instante y desvió la mirada. Había hablado de más.

La mire. No necesitaba que completara la frase. Sabía a la perfección lo que me trataba de decir.

-Dilo…- le pedí.- continua con lo que ibas a decir.

-¡Nada!- susurro.

-¿Por eso se murió?- dije.- ¿Por qué yo no hacía más que causar problemas? Es eso lo que querías decir, ¿Verdad?

-¡P-por supuesto que no! ¡El estaba enfermo y viejo!- dijo tratando de excusarte.

-Yo sé que no fue eso lo que trataste de decirme.- exclame dándome la media vuelta.- Agradécele a Alfred de mi parte. Me voy a dormir.

Corrí hasta mi habitación y cerré la puerta de golpe. Las lágrimas corrían sobre mis mejillas, una tras otra como en aquella ocasión. Mi madre me llamo un par de veces mas no le conteste.

Me recosté en la cama y me cubrí con una colcha aparte la cabeza. Como a la media hora oí que alguien abrió la puerta principal.

-No lo he encontrado.- escuche que dijo Alfred a lo lejos.- Tendremos que llamar a la policía.

-No es necesario.- Le contesto mi madre.- Se encuentra en su habitación.

-¡Qué bueno que está en casa!- Exclamo mi hermano.- ¡Hablare con él, mamá y…!

-No.- dijo ella.- no lo interrumpas mientras duerme. Ya mañana podrás decirle lo que quieras.

-But mom…

-I say NO, Alfred. You could talk with your brother tomorrow morning.

-… Yes, mom.

Mi hermano y mi madre subieron juntos. Cada quien se dirigió a su habitación.

-¡Que descanses, Mamá!- dijo Alfred.

-Que tengas dulces sueños, cariño.

El sonido de dos puertas cerrarse a la par resonó por toda la casa. Cerré los ojos y trate de conciliar el sueño.

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Lloré toda la madrugada y solo dormí una hora. Cuando la alarma sonó me dolía la cabeza. Aun así me levante.

Baje a desayunar. Mi madre no me dirigió la palabra y Alfred estaba más dormido que nada, pero despertó después de que sumergió la cara en el cereal.

-¡Idiota!- grite.- ¡Por poco y te ahogas!

El se limito a sonreír mientras que mamá le limpiaba el rostro con una toalla húmeda.

-Es mejor que se vayan a clases.- sugirió.- Falta poco para las siete.

Alfred y yo tomamos nuestras mochilas y nos despedimos. Durante todo el camino Alfred no dijo ni una sola palabra.

Al llegar a la escuela cada quien tomo su rumbo. Era viernes y estaba feliz por ello. En efecto tendría que soportar a mis compañeros hoy y tendría el fin de semana libre.

Llegue al salón y sentí como todas las miradas se dirigieron a mí, en especial la de Bonnefoy.

-Buenos días.- dije tomando asiento.

Justo cuando me senté, entro el profesor y las clases comenzaron.

Por suerte era viernes por la mañana y nadie se había dado cuenta de lo mal que me sentía.


¡Segundo capitulo arriba! ^¬^/

Muchas gracias a todos los que comentaron y espero sigan haciéndolo –Si no los acusare con Arthur-

Se acepta de todo: tomatazos, críticas, ideas, sugerencias y corregirme en mi pésimo intento de hablar lenguas extranjeras -sobre todo en lo último-

He aquí las respuestas a los reviews:

DarkCat14: Lo del UsaUK solo era para ver quien caia, pero no hay nada de eso. Si va haber Arthur punk y otras sorpresitas. Tienes razon con lo del M, voy a ver si puedo corregirlo. Gracias x comentar!

nickypooh: Matthew es primo de Alfred y arthur mas adelante voy a explicarlo. y el punto es que el amor se de sin k lo quieran. Gracias por comentar!

maestro jedi: Todos amamos el FrUK! Me alegra k te guste! Gracias por comentar!

hohokamwolf:No importa. igual y yo te contesto aqui! Arthur serio es la razon de mi vida... es tan sexy!1 y admitamolos, k seria de Francis sin la seriedad de Arthur?

Procurare actualizar lo más pronto posible –Si no es que la censura (?) y el sindicato de maestros y trabajadores (?) no me detienen-

¡Gracias x comentar!

Traducción:

Vaffanculo: Jódete, púdrete y/o derivados…

¡Oh! ¡Magnifique!: ¡Oh! ¡Magnífico!

Damn: ¡Maldición!

¡I can´t do it!: ¡No puedo hacerlo!

¡Of course!: ¡Claro!/ ¡Por supuesto!

I say NO, Alfred. You could talk with your brother tomorrow morning: Dije No, Alfred. Podrás hablar con tu hermano mañana en la mañana.

Si lo sé… no salgo de lo básico.