––Levántate, Malfoy.

Draco abrió los ojos parpadeando al sentir el toque de Hermione, la miró con despreció y se tapó de nuevo.

––Largo, Granger.

–– ¡Llegaremos tarde a la primera reunión! Anda, ya debemos bajar…

––Me importa un comino esa maldita reunión. Ve tú.

––No puedo ir yo sola, Malfoy. Tú eres el de la vida social, ellos siguen viéndome como una Sangresucia.

Draco apartó la sábana y se fijo en que ella estaba sentada junto a su cuerpo en el sofá, en su rostro había una casi imperceptible mueca de frustración y tristeza.

––Está bien–– respondió quitándose la sábana y levantándose de la cama–– te acompañaré, después de todo no podrás sola toda una semana.

Hermione lo observó con una mezcla de sorpresa y alivio, cuando él la miró ella no pudo evitar sonreírle en agradecimiento.

––Gracias, Malfoy. De verdad.

––No entiendo porque te importa tanto eso de todos modos–– refutó él sacándose la pijama desnudándose frente a la joven, ella se ruborizó y volteó su cabeza disimuladamente hacia otra dirección–– esas criaturas están bien así, y a los elfos les gusta servir.

––Eso es porque no conocen una vida mejor que esa, Malfoy. No digo que no sirvan, pero que lo hagan por un contrato justo, que incluya salario, seguridad y vacaciones.

––Eso es pedir demasiado.

––No lo es. Además no sólo lo hago por elfos, sino por todas las criaturas que están en condiciones paupérrimas. Claro, que si a ti no te importa eso no afectará en mis planes.

Draco rodó los ojos y entró al baño totalmente desnudo, ella suspiró aliviada cuando el cerró la puerta y escuchó la regadera.

O.o.O.

Hermione se había esforzado aquel día en verse como una profesional. Quería que la miraran por su calidad y no por su sangre, había comprado un pantalón oscuro con líneas marrones muy finas que se camuflaban pero daban aire de jefe. Una camisa blanca bastante sencilla pero elegante y se había alisado el cabello ––tanto como pudo–– así que ahora sólo eran algunas ondas y las había recogido atrás.

Pero cuando llegó a la dichosa reunión que en realidad era un gran salón algo desbaratado y parecía que estaban arreglandolo, se encontró con que todos los inversionistas estaban vestidos de suéteres y jeans. La cara le ardió con la sangre agolpada en sus mejillas cuando todos se giraron a mirarlos y al parecer les hizo gracia que específicamente ella, se hubiese vestido así.

Draco observó su rostro, su cara estaba roja de la vergüenza y parecía que quería desaparecer en ese instante.

––Buenos días–– habló el rubio, la sala no era una oficina, de hecho, era el lugar en el que se llevarían a cabo las múltiples actividades para la recolección de fondos que daría el dinero para la subasta.

Las personas lo miraron un poco sorprendidas, Draco era un sujeto de presencia y poder, el simple hecho de haber abierto la boca los había deslumbrado. De inmediato una mujer blanca con el cabello oscuro se acercó sonriendo de oreja a oreja.

––Buenos días––– le regresó el saludo con picardía––– Draco Malfoy ¿no?

El rubio asintió mirándola con indiferencia.

––Yo soy Amelie Richards, estoy encargada de los eventos de la subasta, desde costos, donaciones y aportes obligatorios ––– sonrió aún más––– los representantes de cada país, como me imagino te habrán informado, deben donar cierta cantidad de… dinero, pero… siendo que ustedes desean obtener una parte de la ganancia, pues su aporte deberá ser aún mayor.

–––Ya lo sabía–––– Hermione estaba a su lado ahora, Amelie la miró de arriba abajo con una ceja alzada lo más discreto que su antipatía lo permitió.

––Y tú…–––murmuró en una ligera combinación de desprecio y asco––– debes ser Hermione Granger––– amagó una carcajada a su nombre, Hermione lo notó pero prefirió hacerse la de la vista gorda y asintió––– Bueno, tú estarás a mi servicio, me han dicho que eres buena con los números ¿es eso cierto?––– preguntó como si el hecho fuese imposible, ella sonrió.

––Así es, será un placer trabajar con usted.

La susodicha apretó la mandíbula y luego le sonrió falsamente, miró de nuevo al rubio y se giró hacia las demás mujeres reunidas que cuchicheaban sin parar como adolescentes mientras miraban al rubio.

––Creo que debería irme a cambiar–– Hermione miró su ropa y luego los ajustados jeans de mezclilla de las demás con esas blusas escotadas supuestamente deportivas. ¿Cómo se le pudo ocurrir que podía venir en traje a organizar salones? Tenían que correr mesas, guindar adornos, barrer, sacudir… y a ella se le daba por causar buena impresión con un traje de oficina.

––No–– la contradijo el rubio–– si te cambias les darás el gusto de la humillación por la que te hicieron pasar–– ella lo miró con los ojos abiertos como si no creyera lo que acababa de decir–– ellos no sufrieron tanto con lo del Señor Tenebroso, por eso siguen siendo tan racistas. Pero tú sí te viste afectada, eres superior a ellos.

Hermione se quedó muda ante aquellas especulaciones, después de todo no lo esperaba de él.

––Gracias.

O.O.O

El primer día fue el más duro.

Habían usado más de cien encantamientos de limpieza y muchas veces sus propias manos para componer daños que la magia podía estropear. El polvo estaba pegado a los vidrios, pisos y paredes y no bastaba con un solo encantamiento para desaparecerlo.

Sin embargo, Draco observaba la enorme sonrisa con la que ella trabajaba, estaba sucia y algo cansada pero lo hacía todo con el mayor gusto que podía, a pesar de las frívolas miradas y de los constantes desprecios.

––Es una muchacha extraordinaria–– murmuró uno de los viejos a su espalda. Andrew Macobish era uno de los inversionistas más importantes, y era muy amigo de los Malfoy–– Sé que en tu familia los hijos de muggles no son bien vistos. Pero esta jovencita es excepcional–– la voz ronca tenía el mismo timbre que la de Dumbledore, Draco asintió sin apartar la vista de la castaña–– No me gustaría que le pasara lo de hace un par de años. Ese joven Weasley dejó ir una joya.

Draco volvió a asentir y se alejó del hombre caminando hacia ella, la detuvo cuando iba a llevar un par de mesas hacia un lugar del salón.

––Creo que ya has hecho bastante por hoy, Granger–– puso una mano en su hombro, ella lo miró confundida–– ve a lavarte, ya van a pasar al comedor todos.

Hermione se sacudió las manos y lo miró con una sonrisa de agradecimiento que lo tomó por sorpresa.

––Claro, gracias…

Hermione entró al comedor con su bandeja de comida y observó las numerosas mesas de seis personas, casi todas llenas.

Miró donde podría sentarse, fijándose en que la mayoría de las mesas no estaba completamente llena, sin embargo, en ninguna de ellas parecía apreciarla. Intentó dirigirse a la de las demás mujeres que estaban reunidas hablando en murmullos, pero cuando estuvo cerca ellas se giraron a mirarla deteniendo la charla y Hermione incómoda optó por sentarse en la mesa vacía delante de aquella.

Se mordió los labios sintiéndose repentinamente estúpida. Desde un principio sabía que las cosas serían así, que la despreciarían por su sangre.

Pero no se imaginaba tanto. Tenía además la esperanza de que no fuera tan malo.

Tomó la cuchara y la introdujo sobre su sopa caliente. El apetito se había desvanecido tan rápido como la atacó.

Podía escuchar a las de la mesa de atrás como hablaban de lo encrespado que ahora tenía el cabello por trabajar, de su ropa inadecuada y de su delgadez sin gracia. No es que se desviviera por su aspecto, pero ahora entendía porque todos y cada uno de los chicos con los que salía terminaban por dejarla por otra más guapa.

Suspiró pesadamente sintiendo un fuerte nudo en su garganta, preguntándose si alguna vez alguien que valiera la pena se fijaría en ella.

––Granger–– oyó la voz de Malfoy a sus espaldas, se reincorporó tratando de dejar a un lado esa estúpida sensación–– ¿Puedo sentarme?

Hermione lo miró y le indicó el puesto a su lado, Draco tomó asiento sin apartar su vista de ella.

–– ¿Por qué tan apartada?

Ella bufó como si fuera obvio.

––Por si no te has dado cuenta, no soy del agrado de la mayoría de esta gente.

Malfoy observó indisimuladamente a la mesa de atrás y Hermione pudo oír la risa estúpida de la tal Amelie.

–– ¿Te refieres a ellas?

––No sólo a ellas–– se alzó de hombros–– ¿O se te olvida que soy una Sangresucia?

Draco suspiró y tomo una cucharada de su crema de pollo.

––Al menos nos divertiremos hoy.

–– ¿A qué te refieres?–– le preguntó ella.

––La primera recolecta de fondos será un baile–– anunció–– ya sabes, cena, baile… y esas cosas. Es informal.

–– ¿Quién te lo ha dicho?

––Amelie.

–– ¡A mí no me lo dijo! Y se supone que soy su ayudante–– rechinó los dientes y Draco sonrío.

––Yo creo que está celosa.

–– ¿Celosa?–– lo miró como si estuviera chiflado, miró disimuladamente a la morena–– ¿de qué?

––De esto–– se señaló a sí mismo––Vienes acompañada del hombre más rico y hermoso de toda Gran Bretaña.

Hermione rodó los ojos y probó un poco de sus papas asadas.

––Eso es absurdo. Como si tú fueras a fijarte en mí. O peor, en una impura.

Draco la miró durante varios segundos antes de responder.

––Nunca digas de esta agua no beberé, Granger.

Ella se giró a mirarlo confundida pero la conversación la dio por terminada.

…..

..

Hermione miraba por décima vez el reflejo en el cuarto de baño.

Tenía más de una hora de estar lidiando con su cabello y eligiendo que ropa se vería mejor en ella.

No sabía por qué lo hacía exactamente, pero estaba realmente esmerándose en conseguir un buen aspecto.

Ya que sería un baile informal como le confirmó Draco un par de horas atrás optó por una blusa negra con lentejuelas que le había costado una décima parte de su salario y un pantalón negro informal pero adecuado.

Sus ojos estaban delineados y había ensombrecido sus párpados con un café muy suave, sus mejillas estaban rosadas y sus labios rojos.

Suspiró por última vez armándose de valor para salir del baño completamente lista.

Cuando lo hizo pudo ver a Draco sentado en el sofá esperando por ella mientras sujetaba su cuello, Hermione se había sentido algo culpable pues él parecía tener los músculos tensos al pasar la noche fuera de su cama.

Sin embargo, Draco levantó su vista y la posó en ella durante largos segundos que a Hermione se le hicieron eternos, tuvo que desviar la vista sonrojada.

––Ah…–– balbuceó–– creo… creo que estoy lista, Malfoy.

––Sí…–– él salió del letargo carraspeando dos veces su garganta–– ya estamos sobre el tiempo…

El camino para llegar al lugar donde se realizaría el primer evento fue largo, demasiado para ambos. Él olía delicioso y eso la estaba matando.

Observaba sus uñas y sus pies incómoda por el silencio y por el rabillo del ojo lo único que podía ver era el movimiento del cuello de Draco por el espasmo.

Se reprendió por eso una vez más. ¿Desde cuándo ella era tan pretenciosa? ¡No le hacía falta dormir en esa cama de dosel tanto como a él!

–– ¿Te… duele mucho?–– murmuró ella mirándolo y se sonrojó enormemente cuando el fijó sus ojos en los de ella.

––Pues…–– se alzó de hombros a modo de respuesta.

––Tengo un ungüento que quizá te ayude. Lo utilizo cuando tomo vuelos largos.

Draco sonrió de medio lado.

––Seguro me servirá, si destensa músculos amargos como los tuyos–– se rió y ella lo miró enojada–– ¡No te pongas así! Es la pura verdad.

––Desgraciado–– refunfuñó cruzándose de brazos y mirando de nuevo a la ventana.

El lugar donde habían organizado el evento era una disco-bar reconocido en la ciudad y muy prestigioso.

Hermione observó la gran fila de magos y brujas jóvenes que esperaban ansiosamente a entrar a la exclusividad del lugar.

––No está mal…–– murmuró Draco a su lado–– al menos estos Irlandeses tienen algo de imaginación.

Sin poder evitarlo Hermione sonrió con la forma despectiva que él había utilizado para dirigirse a ellos.

––Entremos, aquí hace mucho frío.

Ambos avanzaron del otro lado por donde se veían a los organizadores del evento con camisetas del Ministerio de Magia. Cuando entraron por la parte trasera, Amelie saltó de inmediato hacia ellos, específicamente hacia él.

Hermione pensó que era más que obvio que ella también se había esforzado en su atuendo.

Tenía una blusa con un escote que ella lo nombró vulgar que llegaba hasta casi el ombligo. Sus pantalones estaban tan ajustados a su cuerpo que de ser blancos podrían confundirse con su piel, estaba cargada de pulseras y sus aretes eran enormes.

–– ¡Draco!–– exclamó esta coqueteándole–– Qué bueno que hayas llegado–– sonrió–– Pero pasa, nos ha tocado en la misma mesa, la de allá–– señaló con el dedo y él asintió.

–– ¿Vamos, Granger?–– le preguntó a la muchacha que asintió dispuesta a seguirlo.

–– ¡Oh, no!–– exclamó de inmediato la chillona voz de Amelie––De hecho, has llegado tarde, Granger–– Murmuró con repugnancia–– Tú permanecerás allí–– señaló una mesa junto a la entrada donde había una caja fuerte y varias cintas para las manos–– te encargarás de recoger el dinero de las personas y entregarles las cintas que deberán ponerse en sus brazos para saber que han pagado.

Hermione quiso quejarse pero simplemente apretó los puños con orgullo y miró a la morena.

––Bien, lo haré con mucho gusto–– murmuró–– pero por favor, la próxima vez no olvides decírmelo antes, de otra manera no podré hacerme cargo.

Estaba furiosa.

Oh, sí, estaba muy, muy furiosa.

Caminó hacia la mesa indicada y se sentó resignada a pasar una larga y aburrida noche.

No podía creer que fueran casi la una de la mañana y la gente siguiera llegando.

Estaba cansada de pies a cabeza, literalmente.

La silla era malditamente incómoda y debía cambiar de posición para que no se le durmiera el trasero, la música estaba muy fuerte y tenía dolor de cabeza y lo que más faltaba; se moría de hambre.

Draco en cambio había bailado toda la noche y comido todo cuanto Amelie le había ofrecido como ella pudo notar. Con rabia recostó su cabeza masajeando el puente de su nariz.

Merlín, quería largarse en ese instante, no aguantaba más.

––Granger–– la muchacha abrió los ojos mirando al rubio de pie junto a ella–– ¿Estás cansada?

Hermione suspiró con algo de sarcasmo.

––No, de verdad que me encantaría pasármela así el resto de la noche–– bufó acomodando el dinero de la caja por valores.

Draco sonrió–– Siempre tan graciosa, Granger.

Hermione se cruzó de brazos y lo miró con cansancio.

–– ¿Qué es lo que quieres, Malfoy?

––Oh, pues es muy sencillo–– se sentó a su lado con una sonrisa malvada–– ¿No te apetece mover las piernas un rato?

Hermione sonrió.

–– ¿Pues sabes qué? Sí me apetece–– le mostró sus dientes con la nueva sonrisa y unos leves hoyuelos en sus mejillas, pero luego bufó–– No puedo dejar el puesto.

Malfoy frunció el ceño y giró su cabeza buscando algo con la mirada.

–– ¡Oye!–– le gritó a alguien, a una joven chica con camisa del Ministerio–– ¿Puedes venir aquí un momento?

La joven se acercó extrañada pues por el acento, él no era de Irlanda.

––Escucha… mi compañera no ha comido y está muy cansada–– le explicó señalando a Hermione–– ¿Podrías ocupar su lugar? No creo que hagas mucho, ya es tarde en realidad.

La joven que no tendría más de dieciocho años se alzó de hombros y asintió con amabilidad.

–– ¡Pero que persuasivo eres!–– murmuró Hermione con un dejo irónico cuando Draco la guió un poco más lejos llegando hasta la mesa de bocadillos.

––Es uno de mis muchos talentos–– le pasó un vaso con ponche y un sándwich de pollo–– están buenos estos sándwiches, no sé de dónde los sacaron.

Hermione no pudo estar más de acuerdo con él en cuanto lo mordió, su estómago además ya empezaba a reclamar.

Después de unos segundos ya había terminado tanto con el sándwich como con el ponche.

––Bien, Granger… me estaba preguntando si quieres bailar una canción antes de marcharnos–– ofreció Malfoy con una sonrisa a medio lado–– responde rápido antes de que cambie de opinión.

––Vaya…–– se sorprendió ella sonriéndole–– tendré que anotar la fecha y hora en que Draco Malfoy sacó a bailar a una Sangresucia, pero lo aceptaré para no pecar de grosera.

Malfoy le extendió una mano y se adentraron en la pista de baile, pero en cuanto él la tomó de la cintura y la pegó a su pecho ambos sintieron un escalofrío recorrerles desde el final de su espalda hasta la nuca.

Hermione sentía la respiración fría del rubio sobre su cuello y sin darse cuenta se había aferrado a sus brazos con fuerza y podía escuchar el corazón del rubio acelerado en su pecho, tanto como el suyo propio.

––Malfoy…––murmuró, gimió, jadeó… no supo con exactitud qué fue lo que salió de sus labios, pero él se aferró a su cintura con fuerza pegándola a su pecho.

La extraña sensación que la había perturbado desde que llegaron, cuando se acercaba a él la embargó con más violencia robándole hasta el aire.

Draco no habló, no dijo nada, incluso se sintió desubicado, jamás el corazón se había acelerado tanto con el abrazo de alguien, jamás sintió que un olor fuera tan exquisito y necesario para sus pulmones.

No sabe si bailaron minutos, segundos u horas, pero estaba perdiendo el control de su mente y no quería que lo mismo pasara con sus manos, estaba esforzándose para no moverlas de su lugar.

––Granger–– carraspeó desesperado por la sensación agobiante que sentía al tenerla tan pegada a él––Creo… creo que está bien tarde–– balbuceó e intentó sonreír–– deberíamos irnos ¿No crees?

Hermione asintió igualmente aturdida, con las piernas temblorosas y las manos frías.

Durante el camino ninguno dijo nada y trataron de evitar mirarse a toda costa. Draco se reprendía mentalmente por su idiotez, él no era un adolescente apenado, él era un hombre, que si quería joderse a una chica lo hacía y podía llamarla o tratarla como si no hubiera explorado sus piernas, él no era una niña estúpida que se sonroja cuando un niño le habla.

Y no sabe porque mierdas tiene que hacerlo ahora.

Era incómodo. Y con un demonio, él detesta lo incómodo. Detesta subir el ascensor en silencio y que todos noten la pesada atmósfera.

Maldita Granger.

Todo lo hace más difícil, todo lo hace un laberinto, maldita sabelotodo.

Maldita, maldita.

––Malfoy–– Hermione lo llamó cuando ya dentro de la habitación él tomó una almohada y una colcha para acomodarlas en el sofá. Draco giró su rostro para mirarla pero ella no lo miraba directamente, sino a las sábanas, aún estúpidamente avergonzada––Yo… ¿Sabes?–– balbuceó–– creo que si duermes ahí otra noche…–– lo miró a los ojos roja como un tomate y jadeó un poco al darse cuenta de que él no había despegado sus ojos grises de los suyos––…mañana no podrás levantarte de la tortícolis–– sonrió nerviosa.

–– ¿Y cómo piensas solucionarlo?

Hermione abrió los ojos de par en par. Maldito cretino, estaba tratando de ser amable, era más que obvia la respuesta.

Y aún así le daba vergüenza pronunciarla.

––Creo que–– carraspeó pues su garganta sonó quizá demasiado ronca–– si compartimos la cama–– la voz se le quebró un poco de la pena–– no pasará nada ¿o sí?

Él se alzó de hombros con indiferencia y ella quiso ahorcarlo.

Estúpido malcriado, ella ni siquiera debería estarle ofreciendo nada.

––Podemos dormir cada uno de un lado–– murmuró él trayéndose de nuevo la almohada y la colcha–– A menos que quieras que te abrace.

Hermione sintió los oídos echarle fuego y frunció los labios.

––No, gracias. No hace tanto frío.

Sería una noche larga.

Ahora lo sabía, ahora que tenía los ojos cerrados, las luces apagadas y más de media hora tratando de conciliar el sueño lo sabía.

Ahora que él acaba de pasarse a tu lado de la cama y se ha aferrado a tu vientre con una de sus amplias y cálidas manos.

Maldito. Repite una vez más.