[England x Argentina] Crónicas de Guerra. Capítulo 2 [R-13]

La verdad es que puse esa advertencia de clasificación no porque pase nada entre ellos, sino porque hay menciones y descripciones explícitas de torturas y violencia.

Sigo con esta historia que lleva enloqueciéndome desde hace semanas y que finalmente pude hacerme un hueco para escribir.

Nos vemos,

Livia.

Marzo-Abril de 1982.

Arthur revisaba los documentos sobre su escritorio una y otra vez, los firmaba y los apilaba de nuevo. Escribía diversas cartas y organizaba reuniones. Cansado, se sostuvo la cabeza con las manos entrelazadas bajo el mentón y suspiró.

El Ejército Argentino había ocupado por la fuerza el archipiélago del Atlántico Sur, conocidas para él como las Falkland Islands. Y aunque había enviado reiteradas advertencias y pedidos de rendición a la castaña, había obtenido negativas, una tras otra, firmadas por el Comandante en Jefe de dicho Ejército, un militar que había heredado el gobierno de facto tras el Golpe de Estado hacía ya 6 años.

El rubio sabía perfectamente que ganaría. Mercedes nunca había ido a la guerra seriamente, por lo que no tenía entrenamiento militar serio. Pero la conocía lo suficiente para saber que ella también estaba al tanto de ello y que, aunque era necia, no lo era tanto como para sacrificar inútilmente a sus soldados. Eso sólo podía significar que el dicho Comandante la estaba incomunicando. Sólo le quedaba la opción de apersonarse en la capital argentina e informarla directamente o verla en el campo de batalla. Las cosas no hacían más que complicarse.

Un suave golpeteo en la puerta lo sacó de sus pensamientos.

-Pase- ordenó, inexpresivo, sin cambiar de posición. La puerta se abrió tras el ligero crujir metálico de la cerradura al trabajar y su mayordomo avanzó dentro del despacho en silencio. Avanzó hacia el escritorio y le tendió un sobre. –Gracias- el joven hizo un formal reverencia y se retiró en el mismo silencio con el que había entrado.

Arthur abrió el sobre con cierto desdén, ya sabiendo qué tipo de respuesta recibiría a la última carta que había enviado. El militar a cargo de Mercedes y Patricia se había negado a desocupar las islas, de nuevo.

Había tenido un viaje tranquilo, aunque la Primer Ministro estaba algo nerviosa y con ánimo belicoso. Arthur no quería bajar del avión ya con intenciones de pelear. Conocía a la argentina lo suficiente como para saber que normalmente habría aceptado y se habría retirado, o mismo no las habría ocupado en primer lugar. Tenía el mal sabor de boca que le advertía que algo estaba mal.

El viaje había sido más espantoso que de costumbre. Desde que habían aterrizado en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, el ambiente había sido totalmente opresivo y deprimente, oscuro, descuidado. No era sólo la habitual pobreza de su déficit, sino algo peor. Tristeza absoluta. Miedo.

Cuando llegaron a la Casa Rosada, sede central del gobierno argentino, fueron recibidos por un comité totalmente uniformado. Pasaron escoltados primeros por su propia seguridad que viajó con ellos desde Londres y luego por los militares locales. En el inmenso lobby con aire colonial español, recuerdo de sus épocas bajo la custodia de Antonio, los esperaba el Comandante rodeado con algunos soldados más, en su mayoría de rangos menores y que no tendrían más de 19 años.

-Bienvenidos los dos- saludó, carente de modales y petulante como todo militar. La mujer entrada en años, encargada del gobierno inglés, mantuvo la compostura y correspondió amablemente el saludo.

Sin muchos rodeos, le reiteró al uniformado el cese de la ocupación de las islas, a lo que se negó. Arthur decidió intervenir.

-He dicho que no- respondió de mal modo dicho militar, ofendido por la insolencia del ojiverde.

-Y yo no tengo por qué discutir esto con usted. Exijo hablar con Mercedes- el inglés no se iba a dejar doblegar por un mero militar que ni siquiera era el gobernante legítimo.

-Hable conmigo; yo estoy representándola a ella-

-Insisto, señor, que no voy a discutir esto con usted que no me llega ni a los tobillos. Sólo hablaré con mi igual y esa es Mercedes- el hombre frunció el seño bajo la visera de la gorra.

-Muy bien. ¡Cabo!- llamó en un vozarrón a uno de los jóvenes de pie a su lado que se puso rígido ante el grito- Llévelo con la Mercedes- dicho cabo respondió un seco"Sí" y se despidió con un saludo militar. Lo miró a Arthur que, tras dedicarle una mirada desafiante al militar, siguió al joven al interior de la residencia.

Lo llevó por algunos pasillos y se detuvo frente a una puerta que llevaba hacia las catacumbas y las celdas.

-Señor Kirkland…- llamó con cierta timidez y el rubio clavó sus ojos en él, mucho más suaves que cuando habló con la cabeza del Gobierno.- Si no se ofende, preferiría no acompañarlo. Abajo en la primera celda está la señorita Patricia, ella va a saber decirle dónde está Mercedes pero… yo preferiría no verla… Cuando veo cómo está se me parte el alma…- explicó con cierta tristeza, cabizbajo. Arthur dejó caer amistosamente una mano sobre el hombro del joven que a duras penas podía sostener el fusil.

-No hay problema. Muchas gracias por guiarme hasta aquí- le dijo y se adentró por el pasillo oscuro escalonado hacia abajo. Casi no había luces y el frío de la piedra le recordaba a los pasadizos de los viejos castillos que residían en su tierra aún.

Los pasos resonaban secos a lo largo del mismo y finalmente, luego de unos minutos, las escaleras se terminaron. Se extendía un pasillo recto, oscuro y húmedo. Se oía agua goteando sobre un trasto metálico no demasiado lejos. Caminó con cautela, el olor a humedad viciando el aire.

Al encontrarse con el primer enrejado se detuvo a ver al interior. Sentada sobre la cama, tal y como le había informado el jovencito, estaba Patricia con el pelo negro suelto por debajo de los hombros. A su lado, estaba doblado su poncho color mostaza con adornos negros y vestía una camisa celeste con el clásico pañuelo rojo al cuello y los vaqueros dentro de las botas de montar de cuero. Al reconocer al inglés, se encaramó hacia el enrejado.

-Por favor, tenés que ir a fijarte cómo está Mechi-le pidió con desesperación, aferrada débilmente a las rejas oxidadas. Estaba algo pálida y un poco demacrada.

-Decime dónde está- Arthur no comprendía totalmente la situación; nunca había visto a la provinciana tan mal y tan débil.

-Está a unas celdas de distancia. Hace un tiempo que ya no hace ni un ruido y no me responde. ¡Por favor! ¡Andá y decime si está bien!- casi lloraba. El inglés se apresuró a dónde le habían dicho. El piso parecía estar mojado con una sustancia más espesa, que en la oscuridad no sabía distinguir.

Miró hacia el interior con miedo de ver con qué se iba a encontrar. Mercedes estaba sentada en el suelo, recostada contra la pared. Notó que respiraba por el movimiento de su pecho.

-¡Respira!- le gritó a la morocha, que suspiró aliviada desde su celda. Volvió a clavar la vista en la porteña, que ahora lo miraba con una sonrisa pícara.

-Así que viniste de visita, Iggy- lo molestó, con voz débil. –Debo estar terrible para que mires así-comentó, irónica, ante la cara de terror del inglés.

Mercedes no estaba sólo demacrada, estaba por varios kilos debajo de su peso, con la piel de un blanco enfermizo pegada a los huesos en todo su cuerpo de una forma muy notoria. Tenía puesta una camisa sin mangas, arrugada y, aunque seguro sería blanca en su origen, estaba gris en diversos tonos y tenía enormes manchas de sangre, algunas más frescas que otras. Sus piernas, totalmente expuestas con sólo un corto short cubriendo lo mínimo indispensable, estaban llenas de marcas y la delgadez se notaba aún más, especialmente en sus rodillas y tobillos. Sobre la cama estaba su poncho color vino con adornos negros, totalmente retorcido delatando que lo usaba como cobija.

-Pe..pero qué demonios te pasó…- hablaba en un hilo de voz debido a la impresión. Ella frunció el seño.

-Eso pasa cuando tú y quien te gobierna tienen una mala relación- masculló molesta y, con mucho esfuerzo, sólo pudo acercar ambas piernas a su pecho en un intento de reincorporarse.-¿A qué viniste?- Arthur recordó entonces, liberado del trance de la demacrada imagen de la castaña, por qué estaba ahí.

-Desiste con lo de ocupar las islas, Mercedes. Vas a salir perdiendo-le dijo, serio, y la expresión de ella, increíblemente pálida, se tornó aún más amarga.

-¿Es que esta celda…-empezó a incorporarse lentamente, apoyándose contra la pared. Sus delgadas piernas parecían incapaces de mantener su propio peso. Prosiguió, recargándose contra el muro, avanzando hacia el enrejado-…no te dice nada? ¿Es que crees que yo quiero esto? ¿Que llevo 6 años aquí encerrada por gusto? ¿Que me torturan porque yo se los pido?- quedó frente al inglés, que la miraba sin comprender pero con algo de miedo. Demacrada como estaba pero rebosante de ira era escalofriante.

-Pero entonces sólo quítalos del poder si te hacen mal a ti y a tu gente- ella se sostuvo del enrejado, mirándolo fijamente con una expresión oscura y adolorida.

-Vos no entendés, británico de mierda, lo que es esto. Nunca pasaste por nada semejante, ni vos ni ninguno allá en la tierra vieja. Ustedes no podrían saber lo que se siente ni en un millón de años. Es un gobierno de facto; te toman, te encierran y hacen con la gente lo que les place. Aún si te dijera todo lo que hicieron, pedazo de infeliz malnacido, no lo entenderías. No podés ni imaginar lo que se siente. Llevo 6 años acá, 6 malditos años. Encerrada, escuchando a mi gente sufrir, retorcida de miedo en sus casas. Estos hijos de puta me pasean cuando les conviene, intentando venderles a ustedes, fallutos hijos de su re putísima madre, que todo está bien. ¡No está bien una mierda!- Iba elevando el tono de voz a medida que perdía los estribos- Habrás pasado por guerras y pestes, pero todo eso es un carajo al lado de esto. ¿Sabés lo que es tener más de 25 000 desaparecidos, Arthur? Son miles de familias que no saben si llorar a sus hijos, sus nietos o sus padres porque se los tragó la tierra. No están muertos, no están vivos y acordes al sistema jamás existieron. Y en esa incertidumbre sin saber qué va a pasar mañana están viviendo todos, temiendo ser los próximos. Vos no tenés ni la remota idea de que lo que es una tiranía basada en el terror, así que no me vengas con tu superioridad y tu sabiduría ¡Te las podés pasar por el orto!- Hizo una pausa, el rubio mirándola con pavor y pena. Ya no tenía energías para seguir de pie y terminó en el suelo cuando se le vencieron las piernas. –Y además crees que no sé que voy a perder la guerra. Serás iluso, boludo. Es obvio que voy a perder, aunque ellos quieran venderle a la gente lo contrario. Va a ser una maldita masacre; van a perderse vidas al pedo. Pero yo no puedo decidirlo. Yo estoy acá, impotente, oyendo a la gente sufrir y morir mientras ellos intentan que colabore con todo esto. Casi no me queda sangre en las venas ni carne en los huesos, pero aún así esto no se detiene...- la argentina empezó a llorar y Arthur no podía hacer otra cosa que observarla conmiserado en silencio.-Así que ya sabés cómo son las cosas. Andate- le masculló en un quebradizo hilo de voz y él se fue.

Mientras dejaba el oscuro pasillo en silencio, a sabiendas que lo que estaba en el suelo era la sangre de la porteña, se quedó pensando en lo que había visto. Ciertamente, nunca había pasado por nada semejante, ni él ni nadie del viejo continente. La impresión había sido demasiado fuerte y no había dicho ni una palabra en todo el viaje de regreso hasta el aeropuerto.

Regresó a Londres esa misma noche para luego, una semana después, estar partiendo hacia las Falkland Islands para ayudar en el frente. Sería una batalla corta, cruel y sangrienta. Acorde a los datos provistos por el servicio de inteligencia, aquellos en el frente no eran más que unos niños que a duras penas sabían usar las armas, que a comparación de las suyas, eran antiguas e inoperantes. ¿Cómo podían sus jefes permitir esto? Sin duda se trataba de hombres terribles, no sólo por lo que le habían hecho a su tierra madre, sino por lo que les hacían a sus mismos hermanos. Semejante crueldad tenía que terminar lo más pronto posible.

Y entonces, aquel fatídico 2 de Abril de 1982, se desató el infierno en un miserable archipiélago en el Atlántico Sur entre las preparadas y numéricamente superiores tropas inglesas y un grupo mal entrenado y mal alimentado de jóvenes sin experiencia que, en su mayoría, no pasaba la veintena y que, después se supo, hubo más bajas por hambre y frío que a manos británicas.

Así termina la segunda parte, con la apertura al desastre. Los militares se ensañaron con Mercedes dado que ella es la que lleva las relaciones con el exterior y el Gobierno Nacional tiene cede en Buenos Aires. Patricia queda presa porque también tiene cierta autoridad en el interior, pero no la torturan porque no la necesitan colaborando en nada.

Arthur se ganó una reprimenda bien merecida y un discurso terrible. La porteña se cae a pedazos y sufre en su reclusión por su gente, que está sumida en el miedo y la desesperación. Y ahora estalló la guerra que ambos saben cómo va a terminar.

Algunas aclaraciones respecto al lenguaje usado por Mercedes y Patricia:

-En primer lugar, en Buenos Aires al menos (no puedo hablar por todo el país) usamos la segunda persona del singular con el "vos" en vez de "Tú" y hacemos casi todos los verbos con acentuación aguda (es decir, en la última sílaba, como por ejemplo "Andá" en vez de "Anda").

-En segunda instancia, los argentinos somos muy malhablados. Decimos muchas groserías. La mayoría se entienden y casi no usé las propiamente nuestras, pero aún así aclaro algunas palabras que vienen del lunfardo:

-(…)"Hijos de puta" /"(…) de su re putísima madre (…)": Una puta es una prostituta. Es la forma argentina más grosera de decir la frase internacionalmente conocida "Hijo de perra". La segunda después de la barra es con aún más énfasis despectivo. Es una forma de llamarlos malnacidos/malparidos haciendo referencias a la madre.

-"fallutos": falsos, hipócritas.

-"Pasártelo por el orto": Entre nosotros, el orto es el culo, el trasero, la parte posterior (¿A qué venía el eufemismo en este punto?) y mandar a alguien a meterse/pasarse algo por el orto/culo es básicamente mandar a esa persona a la mierda/al demonio (o a lo que sea que haya dicho/sugerido).

-"boludo": idiota, tonto, imbécil, retardado, fofo, tarado. Funciona como sinónimo de cualquiera de las anteriores, pero es ligeramente más despectivo.

-"(…) perder vidas al pedo.": En el sentido de "en vano".

Y creo que eso es todo, cualquier duda me consultan en el review. Y si no tienen dudas, por favor, un review con su opinión no vendría mal. Gracias :3

Espero que lo hayan disfrutado. Se viene la tercera y última parte.

Saludos,

Livia.