Digimon no me pertenece.
Capítulo 1: Viejos presentimientos
Odaíba, la ciudad donde se había críado durante toda su vida. Hacía mucho que no podía caminar tranquilamente por los barrios de la población. Se notaba que ya venía la época navideña, porque las calles ya estaban decoradas y los niños ya iban hablando de que pedirían a Santa Claus.
Pudo ver a lo lejos a una gran amiga suya, la que era su mejor amiga. Ella se encontraba mirando el escaparate de una tienda de ropa de niña. Entendía el dolor de ella, puesto que perdió a su hija.
- ¡Sora! - gritó moviendo el brazo en forma de saludo.
La chica de cabellos naranjas se giró, y esbozó una leve sonrisa.
- ¡Tai! - dijo yendo hasta donde estaba el chico de cabellos castaños.
- ¿Estás bien?
Sora Takenouchi tenía los ojos bastante llorosos. No merecía para nada todo lo que le estaba pasando. Desde su divorcio con Yamato hasta el aniversario de la muerte de su hija. No entendía nada su hija estaba bastante bien, ella lo podía notar. No se había perdonado aún que hace ocho meses se le hubiera roto la única foto que tenía de ella, pero ya había comprado un marco.
- No, Tai, no estoy bien... hace once años desde la muerte de mi hija, ¿cómo quieres que esté?
Sora empezó a llorar y Taichi le consoló dándole un abrazo. Ella continuaba llorando sin parar, y él quería preguntarle como estaba después del divorcio con su mejor amigo, Yamato Ishida. Pero, no tuvo valor a decírselo. Sabía que ambos lo estaban pasando bastante mal, lo sabía porque hacía una semana se vino Matt a su casa y hablaron del tema.
- Sora, te voy a prometer una cosa... - le dijo, la chica de cabellos naranjas le miró atentamente.- Voy a hacer todo lo posible para que la vuelvas a ver, te lo prometo Sora.
Taichi estaba harto de ver a sus mejores amigos de esa manera y iba a hacer todo lo posible para que la pequeña Ishida volviera a encontrarse con sus padres, y pudieran vivir felices.
· · ·
Estaba sentado en el sofá mientras que jugaba con su hijo menor a las cosquillas. El pequeño pelirrojo se reía bastante y le pegaba pataletas a su progenitor. Aquel fin de semana, le tocaba a Yamato estar con sus dos hijos. Él vivía en un pequeño apartamento de alquiler desde hacía un par de meses. Contaba con una cocina, un cuarto de baño, un salón pequeño y una habitación de matrimonio, donde dormía con sus dos hijos cuando les tocaba con él.
Su hijo mayor había salido con su sobrino y el hijo del bástardo de Motomiya (así le llama Yamato). Él se había quedado en su casa con su pequeño hijo de cinco años, Tsubasa. El menor paró de reírse y miró a su papá con una mirada inocente.
- Papá, quiero que me cuentes cosas de cuando era chiquitito... - dijo el pequeñajo.
Yamato colocó a su hijo en su regazo y le sonrió.
- Pues haber, ¿qué quieres que te cuente? - preguntó el adulto.
- ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando nací? - el niño miraba inocentemente a su papá.
- Pues verás, en el momento que te vi me diste una felicidad inmensa, a mí y a tu mamá, fuistes como un ángel enviado desde el cielo, por eso te pusimos Tsubasa. - contestó.
- ¿Y por qué si os hice feliz, aún seguís estando tristes los dos? Es que no os dais cuenta que a mi y a Dai no nos agrada la idea de que estéis mal... - el pequeño agachó la mirada.
Eso le llegó al corazón a Yamato. Ni él ni Sora se habían percatado de que sus hijos notaban la tristeza que habían en el fondo de sus corazones, por mucho que trataban de mostrarse felices, sus hijos eran conscientes de que no lo eran.
Acarició la pequeña cabezita del pequeño, y le dió un beso en la frente.
- No te preocupes Tsu, apartir de ahora las cosas irán mejor. - le respondió.
· · ·
Dos hombres estaban atentos a la pantalla del gran ordenador. Habían descubierto que la puerta del Digimundo se había abierto por tan sólo unos segundos. Koushiro Izumi comenzó a investigar. Pero no logró encontrar nada.
- Señor Izumi, quizá sea mejor que mantegamos esto en secreto, puede haber sido un error. - ordenó Shuun Kido.
- Sí, será lo mejor pero me mantendré alerta por si vuelve a abrirse. - contestó Izzy mientras tecleaba en el ordenador.
· · ·
La profesora del jardín de infancias terminaba de hacer la comida junto con la ayuda de su mejor amiga, Miyako Ichijouji. Hacía mucho tiempo que los cuatro no se reunían para conversar un rato sobre sus últimas anéctodas.
Hikari Takaishi estaba algo extraña de lo habitual. No sabía si era cosa suya o no, pero notaba que algo malo se avecinaba. Y no era la única en aquella casa, Ken Ichijouji también lo notaba.
- Kari, ¿que día era el que se iban de colonias los chicos? - preguntó Miyako sacando de su mundo a Hikari.
- El lunes... - hizo una pausa. - No sé que me pasa pero tengo un mal presentimiento, Yolei. - se sinceró.
Miyako no se sorprendió en absoluto.
- Ken también lo tiene, pero creo que deberíamos de dejarlo pasar. - dijo no muy segura.
Takeru entró en la cocina.
- Mi amor, ¿dónde está la leche? Es para Eriko. - preguntó el escritor.
La señora Takaishi no pudo evitar sonreír, ella estaba enamorada como el primer día de él. Así que le indicó donde se encontraba la leche y TK le hizo a su hija un biberón.
· · ·
Estaban caminando tres niños sin rumbo, sin una zona fija a donde ir. Tan sólo andaban para matar el aburrimiento. Los niños eran Tenshi Takaishi, Daiki Ishida y Akira Motomiya. Eran los tres niños más mayores, sin contar a Kaori, la hija de Ken y Miyako.
- Oye, ¿y si vamos al parque ese? - señaló Akira.
A los otros dos niños les pareció una buena idea.
Llegaron y se sentaron en un banco cerca de unos arbustos, sin saber ni siquiera que alguien les observaba cerca de ellos.
- Maldito domingo... - refunfuñó Tenshi mientras alargaba sus brazos en señal de cansancio.
- Pero Tenshi, mira el lado positivo, mañana nos vamos de colonias. - dijo Daiki Ishida.
Un ruido extraño empezó a surgir de entre los arbustos. Los chicos se giraron; Tenshi se alejaba del banco mientras que Akira y Daiki se quedaban intrigados.
Un pequeño ser con apariencia de perro, salió de los arbustos, bastante cansado y sin fuerzas.
Akira fue al rescate del pequeño que creía animal. Mientras que Tenshi se quedaba mirándolo como si ya lo hubiera reconocido, le sonaba bastante.
- Tenéis que venir conmigo, vosotros y los demás niños elegidos, tenemos que salvar el Digimundo y vuestro planeta. ¡Están en peligro! - dijo el pequeño Digimon.
En ese momento Tenshi cayó en cuenta de que ya sabía que era esa criatura. Lo había leído en los libros de su padre.
- ¡Akira! ¡Daiki! Es un Digimon. - dijo acercándose hasta donde estaban sus dos amigos.
- Es mejor que se lo digamos a nuestros padres, ellos sabrán que hacer... - dijo sabiamente Daiki.
- Lo mejor será que no, vuestros padres no os dejarán... - advirtió. - Mañana tenéis colonias, ¿no? Pues allí nos iremos al Digimundo, os están esperando vuestros Digimons.
Akira decidió que él escondería al Digimon, que como bien sabréis es Salamon (pero no el de Hikari). Y cada uno se fue a su casa a descansar para el día siguiente. Tener todas las fuerzas y prepararse.
En el próximo capítulo:
Tenemos que ir todos juntos, si nuestros padres pudieron, nosotros también.
Hola, sus hijos han desaparecido misteriosamente sin dejar ni rastro.
Oye despierta, que tenemos que salvar el Digimundo.
Así que tú eres la hija de Sora y Yamato.
