Los personajes de esta historia no son míos. Le pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer. Mi cabecita loca y yo solo los pedimos prestados para crear esta historia total y completamente de mía.


La semana se paso muy rápido, entre compras y arreglos de una fiesta que yo no quería, pero mi amiga ya había repartido las invitaciones y ya no se podía hacer nada.

Llego el día lunes... solo faltaban menos de 4 días para la "gran" fiesta, la cual Alice se había encargado de hacer muy famosa, que hasta me entere que las animadoras estaban buscando invitación. Dudo mucho que les llegue.

Entre clases y los últimos arreglos de la fiesta, el día se pasó muy rápido, y todo eso me tenía muy estresada, así que decidí Salir a dar un paseo por la pequeña ciudad de Forks. La tarde era perfecta; nublada y con una ligera lluvia.

Mientras caminaba comencé a crear un plan para escaparme de esa fiesta. Era en casa de Alice, así que podría salir de ahí e ir a mi casa y poder descansar. Así Alice obtendría lo que quiere y yo también.

Sin darme cuenta llegue a una calle que no conocía. Estaba un parque, se veía muy lindo, vestido de naranja por los colores otoñales. Aunque Forks es una región muy fría y no se ven transcurrir las estaciones, el otoño era la única estación que indicaban el paso de los meses. Si no fuéramos consientes del caer de las hojas de los árboles y su tono naranja pensaríamos que siempre es invierno.

El paisaje era bellísimo, pero, lo que atrajo mi atención fue un pequeño edificio, de dos pisos donde provenía una hermosa melodía tocada a piano.

No pude resistir la curiosidad y decidí acercarme y entrar.

Estando dentro de aquel edificio, me encontré con un recibidor muy acogedor, con algunas ventanas en el fondo, un escritorio al frente, y a lado, unas escaleras, de las cuales llegaban volando hasta mí aquellas notas musicales.

Me debatía en mi interior si debía averiguar o no de donde provenía la dulce y armoniosa música. Pero al darme cuenta ya subía por la elegante escalera de madera. Al llegar me encontré con una puerta abierta que se encontraba al fondo del pasillo.

Me acerque sigilosa, abrí un poco más la puerta para poder asomar mi cabeza, apoyándome solo en un pie y entonces…. ¡Dios Santo! ¿Lo que veía era una alucinación?

Encontré sentado un ángel frente a un esplendido piano, tocando con deleite.

Mis ojos recorrieron aquel Dios, que se encontraba de perfil, tocando con delicadeza y pasión cada nota. Comencé a devorarlo con la mirada, desde un cabello sensualmente despeinado, de color broncíneo, una camisa a cuadros sutilmente abierta con una camiseta blanca debajo, sus jeans que le quedaban como una segunda piel, haciendo resaltar muy buenas partes de su anatomía, hasta sus tenis….Que aun que estaban un poco desgastados le quedaban muy bien. Sentía como de mi boca comenzaba a salir un líquido caliente, hasta que su voz sensual me distrajo.

-Disculpa, ¿no viste el letrero? Hoy no hay clases - mis ojos no dejaban de mirarlo, y la verdad no había captado ni una palabra de lo que había dicho.

-¿He? Ammm…-sacudí la cabeza tratando de sacarme de mi aturdimiento-Disculpe, no quería molestarlo- Dije mientras me tambaleaba sobre mi pie, no sé cómo paso que de un momento a otro tropecé y caí.

-¡Mierda! Mi tobillo- dije mientras sobaba mi pie, y en segundos sentí unos brazos fuertes tomarme por la cintura.

-¿Te duele mucho?- dijo aquel hombre extremadamente sexy acercándose demasiado a mí, haciendo que sintiera su respiración en mi rostro.

Al voltear, mis ojos se toparon con una verdadera escultura del cielo, si con su cuerpo había quedando aturdida, con su rostro casi me desmayo. Cada centímetro de esa hermosa piel blanca que adornaba su rostro me pedía a gritos una caricia, sus cejas masculinas, que se encontraban arriba de unos ojos verde esmeralda, rodeados de pestañas gruesas y negras, terminando con unos labios gruesos, rojos, besables…

-Por favor respóndeme- me pidió aquel ángel con voz preocupada, sacándome de mis pensamientos.

-Oww! Lo siento- dije aun aturdida. Sentía a mi corazón latir frenéticamente. Estaba segura de que en cualquier momento saldría de mi pecho.

El se levanto y me ayudo a pararme. Me llevo tomada de la cintura hasta una pequeña silla a un lado del gran piano, esa mano en mi cintura se sentía tan bien…. Cuando me ayudo a sentarme, alejo su mano de mí. Sentía la enorme necesidad de llorar, pero me contuve. Lo vi alejarse por una puerta y en segundos reapareció con un maletín de primeros auxilios.

Podía sentir a mi cuerpo despertando ante este hombre desconocido, quería besarle, acorralarlo y tomarlo hacia el sofá negro que se encontraba en la habitación. Iba a acercarme, no lo aguantaba más, necesitaba de él. Intente pararme pero el dolor en mi tobillo no me lo permitió.

-mierda –susurre sentándome de nuevo, llevando mi pie a mi rodilla.

-No te levantes, puedes dañarlo más- dijo aquel Dios reencarnado. Se acerco a mí, se incoó y comenzó a curar mi pie.

-¿Así que es doctor y músico?- dije sin pensar, al momento me arrepentí.

El me miro con una sonrisa divertida en su rostro, si no fuera porque sentía que me ahogaba, no me hubiera dado cuenta que no estaba respirando.

-Pues, si. Algo así, mi padre es doctor, así que he aprendido algunas cosas.-Dijo aun con su sonrisa deslumbrante, sin dejar de mirarme.

Pasaron unos minutos, cuando volvió a dejar mi pie en el piso.

-Listo, ahora solo ten cuidado de no resbalar de nuevo.

Me ayudo a levantarme y me di cuenta que ya no se sentía mucho dolor.

-Gracias- dije mientras me mordía el labio. No pude evitarlo

¡Oh Por Dios! Hubiera jurado escuchar un gruñido salir de los deliciosos labios de este hombre. Me miro, como queriendo decir algo, pero cerro sus labios y sacudió la cabeza.

-Soy Edward Cullen- dijo extendiendo su mano y al mismo tiempo creando una sonrisa torcida en su rostro de ángel… ¡Dios! ¡Se veía tan sexy!

-Bella -dije tomando su mano. Ese pequeño pero delicioso toque fue suficiente para hacer recorrer una corriente eléctrica en todo mi cuerpo, haciendo que mis bragas se empaparan, mucho más de lo que ya estaban.

Ninguno de los dos decidimos soltar nuestras manos, hasta que alguien llamo nuestra atención, haciendo que nos soltáramos.

Voltee y me di cuenta que era Tanya, una de las odiosas porristas de la escuela. Llevaba el cabello suelto, un vestido muy corto y provocativo, con unas zapatillas altísimas que aun que yo no supiera de moda, no quedaban con ese vestido.

"si Alice estuviera aquí…" pensé en mi fuero interno.

-Lo siento Edward, no pensé que estabas ocupado- dijo Tanya fulminándome con la mirada.

-No te preocupes Tanya. ¿Qué haces aquí? Hoy te di el día libre- le dijo Edward indiferente.

-Lo sé Ed. Yo Solo vine por algunas cosas, y también vine a ver si no se te ofrecía nada… - menciono dirigiéndole una sonrisa, y una mirada lujuriosa, mientras se acomodaba el cabello, dejando ver un escote muy atrevido.

-No Tanya gracias, puedes irte… espero que encuentres todo lo que estabas buscando.- dijo Edward con una sonrisa en su rostro, pero con tono indiferente.

¡Qué bien! Edward le pedía a Tanya que nos dejara solos. Pude ver claramente como ella me miraba con odio, pero enseguida volteo a ver a Edward con su sonrisa de estúpida

–Está bien Ed, nos vemos- dijo mientras se alejaba caminando "sexy", yo comencé a reír en mis adentros, pues se tropezaba con esos tacones.

-¿Y de que das clases Edward?- pregunte para hacer algo de platica, al quedarnos solos.

-Emm…. ¿No es obvio? -Dijo con una sonrisa señalándome con la mano el hermoso piano que estaba en la habitación. Me sentí tan avergonzada al no saber lo obvio, así que intente cambiar de conversación.

-Yo amo la música de piano, cuando era pequeña, tomaba clases, pero han pasado tantos años que ya no lo recuerdo- dije con algo de tristeza en la voz, mientras me acercaba hacia el esplendido instrumento.

-Si quieres yo te enseño- al decirlo Juraría haber visto a un Edward sonrojado, y con un brillo en sus ojos angelicales.

-¡Claro! Me encantaría. Pero… no quiero quitarte tu tiempo, aparte tengo que pagarte, dime cuanto ser….

-No te preocupes - me interrumpió- estas clases serán gratis, al fin ya sabes algo, ¿no? Es solo cuestión de que te acuerdes- dijo regalándome una sonrisa torcida, que desde ahora era mi favorita.

-¿De verdad?, te lo agradezco mucho- dije lanzándome a sus brazos.

No esperaba tal reacción de su parte, pues al abrazarme comenzó a bajar sus manos por mis caderas, hasta llegar al nacimiento de mi trasero, donde sentí que tuvo que detener sus manos a la fuerza. Yo hubiera querido decirle que continuara, pero decidí callar. El rompió el abrazo, y al separarnos me miro a los ojos. La mirada fue tan intensa que poco a poco íbamos acercándonos, cuando de pronto sonó su celular. Se alejo tan rápido que no supe si lo había escuchado o no maldecir.

Aun aturdida por analizar lo que había sucedido, me quede ahí estática. En menos de 2 minutos ya había terminado su llamada. Ambos nos miramos pero no pude soportar el hechizo de sus ojos, así que decidí bajar la mirada.

-Emmm…. ¿Cuándo inicio con mis clases?

-Desde mañana, ¿te parece a las 6:00 pm aquí mismo?- dijo mientras tomaba asiento en su sofá.

-Claro, aquí estaré. Muchas gracias, por todo- mencione mientras le dedicaba una sonrisa.

-No hay de que- respondió imitando mi gesto.

Salí de ahí, ahora con la oscuridad de la noche sobre mis hombros, ¿Cuántas horas abre pasado con esa escultura del cielo? No lo sé, pero estoy ansiosa por que llegue mañana y comenzar mis clases.


¡Hola! De nuevo yo, dejando el siguiente cap. Espero y les agrade. No olviden dejar un comentario ;)