Advertencias: Vale, esto incluye unas descripciones un tanto gráficas (y no sexualmente hablando), no te lo recomiendo si eres especialmente impresionable.


1998

Subía los peldaños lentamente, paladeando el sonido de los zapatos contra la madera. Pasaba la mano por la descascarillada pared a su lado, llevándose pintura a su paso. Sabía muy bien hacia donde iba, segundo rellano, tercera puerta a la derecha.

Podía sentir su buen humor latiendo en el pecho. No podía evitar estar emocionado por lo que estaba a punto de hacer, y quería hacerlo lentamente, quería saborear cada insignificante movimiento.

Empujo lentamente la puerta, que se abrió sin un ruido. Dentro reinaban en sintonía el caos y la penumbra en un ambiente cargado, denso y agrio. Todo diseminado, revuelto en una frenética búsqueda, incluso el violín estaba acabado, desangelado, en un rincón. Jim esquivó las mugrientas prendas diseminadas por el suelo, ignoró la gran cama con las sábanas desubicadas y giró hacia la izquierda donde sabía estaba el baño.

Le encontró allí; desmadejado en el suelo. Caído de lado; con sus largos brazos estirados hacia la nada, la espalda encorvada y apoyada en el frío suelo. Moriaty se acercó inexorablemente, paso por encima del cuerpo para poder mirarle a la cara, sobre sus cabezas la luz del baño zumbaba.

Se acuclilló a su lado, Jim Moriarty sonreía y un espasmo recorrió el cuerpo de Sherlock.

-Hola sexy.-Dijo felizmente, los desenfocados ojos de Sherlock no respondieron. Sus pupilas eran minúsculas, como la cabeza de un alfiler, cedían el papel principal al verde iris. Los labios agrietados y azules parecieron entreabrirse en una exhalación; otro doloroso espasmo recorrió su cuerpo.-Hace tanto que no te observaba detenidamente…que tuve que arreglar esta pequeña reunión. El problema de los yonkis, querido Sherlock, es que son predecibles; siempre compráis al mismo camello de confianza. Creo que no estas disfrutando de la especial pureza en la heroína que te he conseguido, una pena, siempre has sido un desagradecido.- Jim paseó la vista por el alicatado; vio la jeringuilla que rezumaba sangre acompañada de un negro cinturón, alejados por tan solo unos pasos, una cuchara metálica ennegrecida y un mechero.

-Mírate, comenzado a usar cinturón porque has adelgazado tanto que los pantalones se te caen-Moriarty levantó la sucia camiseta que Sherlock llevaba; hasta dejar entrever los huesos de la cadera, que parecían a punto de atravesar tortuosamente la fina piel. Luego agarró el negro pantalón que llevaba y fue capaz de deslizar tres dedos entre el cuerpo y la tela.-Seguro que no recuerdas cuando fue la última vez que comiste caliente. No has muerto ahogado en tu vomito porque ni siquiera eres capaz de generar tanta bilis… que por lo que veo, oh ya has echado.-Jim paseó las manos por el abdomen, sintiendo la enferma piel bajo sus dedos, subió por el consumido torso, delineando las marcadas costillas bajo la camiseta. Llegó hasta el cuello; donde acarició con devoción la nuez y bajó por el desnudo brazo cubierto de masivos moratones azulados con pinchazos rojos, brillantes. El último de ellos aún dibujaba sanguinolento un reguero hasta las baldosas. Las venas púrpura colapsadas, culminaban en temblorosas y huesudas manos de uñas cobalto que Moriarty agarró.

-Tenemos tanto por delante, no puedes ni imaginarlo. Te he estado observando todos estos años, nueve. Desde aquella vez en la piscina, Sherlock Holmes. Pero aún nos queda un largo camino hasta que nos crucemos. Porque habrá un día en el que fijes los ojos en mí y haremos temblar el mundo, fantaseo mucho con ese momento; cuando los días sean oscuros. No es tan divertido cuando ni tan siquiera puedes verme…crearemos un nuevo juego, lo disfrutaremos tanto…

Y es que desde que Jim descubrió aquella mañana el nombre del chico que había visto una mínima parte de él, no le había quitado un ojo encima; era su pasatiempo favorito. Supo que nunca le reconoció en las fotos, porque solo salía en la del club de esgrima, con el traje entero puesto. Como predijo, era un chico brillante con una mente magnifica. Habló con alumnos cercanos y supo que era un solitario, que no tenía ni conocidos, menos hablar de amigos. Un ser perfecto en su desgracia.

Casi una década desde las sombras, como fue a la universidad, como la abandonó en su último año de química, como por fin el aburrimiento le colapsó. Observarle era delicioso, observarle autodestruirse, aún mejor. Como bailaba entre las drogas, cocaína cuando se aburría, heroína cuando desea poner la vida en pausa; ambas es coctel mortal por experimentar. Moriarty se recreaba soñando con ser él quien le hiciese bailar y no un sintético.

-Pero debemos tener paciencia, estoy construyendo un imperio. La gente es tan estúpida, somos demasiado buenos para ellos, espero que cuando llegue el momento no me defraudes.-Jim manoseaba los sucios rizos.

Sherlock estaba perdido en el delirio, sabía que estaba sufriendo una sobredosis pero, era incapaz de moverse. No sentía nada más allá del duró suelo sobre el que sabía estaba, las entrañas le atormentaban con terribles espasmos, tan solo oía una voz extremadamente lejana. Era un ruido sordo que no entendía, no sabía ni a quien pertenecía, ni si la había escuchado antes, en aquel momento tampoco le importaba. Solo podía decir que cada vez se hundía más y más en la somnolencia; que veía todo negro pese a que con seguridad sus ojos estaban abiertos, fijos en algún punto muerto del vacío.

El irlandés sentía como la respiración se hacía cada vez más superficial y forzada, puso boca arriba a Sherlock. Apoyó la cabeza en su pecho; podía oír el débil y errático latido de un corazón apagándose.

-Oh, no, no, no-Dijó como si reprendiese a un niño-Parece que vamos a tener que dar por terminado el encuentro, porque vas a entrar en parada respiratoria. Y tengo buenos planes para nosotros como para que te mueras tan pronto.-Jim metió la mano en el bolsillo del vaquero y sacó una pequeña ampolla, junto a otra jeringuilla aún en su envoltorio sanitario y una aguja.-Este es un buen regalo Sherlock, naloxona. No te preocupes, en unos…-Miró el reloj de muñeca con soltura-cinco minutos entrará tu "amigo" yonki del cuarto. Ese al que debes veinticinco libras, para pedírtelas, pues las necesita para su diario chute del mediodía. Así que si valora mínimamente tu vida (y da por seguro que la valora mientras le debas dinero), te inyectará el reactivo y todo seguirá su curso.

Dejó el pequeño kit junto a Sherlock, bien a la vista del próximo invitado.

-Hasta la próxima vez que nos encontremos-Recorrió por última vez con el dedo las facciones, marcó los prominentes pómulos y siguió la línea de la mandíbula, le tomó de la barbilla. Se acercó a los índigos labios y derramó su cálido aliento sobre ellos. Sherlock se revolvió y gimió en su personal calvario, así que Jim se alejó riéndose. A su salida dejó atrás la puerta abierta, que derramaba luz en el interior, iluminando el caos.


Notas de la autora:

Quería escribir algo que no estuviese socialmente aceptado (¿)