Hola!!! Tuve que volver a subir la historia no sé que paso pero no salía en la página principal. Así que solo lean este capítulo y espero lo disfruten. Por supuesto, muy agradecida por sus comentarios.
2.- VOLVER A RESPIRAR
Sumida en imágenes ambiguas que cruzaban su mente una y otra vez, entregándole un ambiente de completa incertidumbre logrando que sintiera una sofocante presión en su pecho, su respiración alterada y un prominente sudor que abrazaba su débil fisonomía, solo le recordaban los sucesos del día anterior. En un estrépito despertar se irguió con pesar para divisar donde se encontraba.
Temblando verificaba su alrededor, sabiendo de lleno que esa no era su casa, un cuarto simple con mamparas de shôji (papel japonés), una típica habitación de las antiguas residencias japonesas. Sobre un futón inmaculado había dormido, percatándose que ni siquiera traía sus ropas puestas sino una especie de bata grisácea, el temor volvió a ella al imaginar que desconocidos hubiesen podido tocarla.
Nuevamente sus latidos se aceleraron con pavor, recordando en que lugar se hallaba intentó centrar sus pensamientos para una pronta huída, no necesitaba ni deseaba saber quienes eran y mucho menos que querían de ella, sabía que ese tipo de personas podían ser peligrosos. Observó con suma precaución el lugar para encontrar una abertura, hasta que una sombra robusta detuvo su mirar, bloqueaba la única posibilidad de escape ya que las ventanas parecía muy altas y estrechas.
Desganada calló sobre el futón, estaba claro que no la dejarían ir tranquilamente, se sumió en oscuros pensamientos imaginando las peores situaciones posibles, recordando que aun cuando desapareciera nadie vendría por ella. Su abuela hace unos 3 años había muerto, su único familiar; mientras que sus amigos… en realidad no tenía "amigos" quizás algunos conocidos, pero no lo suficientemente cercanos como para preocuparse por su ausencia.
En estos momento se maldecía por ser tan solitaria, su personalidad retraída además de su fuerte empeño de lograr sacar adelante su negocio, la habían terminado por aislar de la sociedad, a penas y se relacionaba con sus vecinos, con los cuales solo se saludaban amistosamente, pero más allá de eso absolutamente nada. Recordando eso se desmoralizó de lleno, habría roto a llorar sino fuera por que la puerta corrediza se abrió, permitiendo el acceso de una joven mujer.
-Buenos días, señorita – saludó cordialmente una chica de cabellos castaños y sonrisa afable.
-B-buenos días – logró responder.
-Espero que haya dormido bien; anoche parecía muy agobiada y nos costó limpiarla – decía con la mirada baja.
-¿Tú… me… cambiaste? – esperanzada emitió.
-Por supuesto, cuando mi marido la trajo para acá, otra chica y yo nos encargamos de usted – afirmó para tranquilizar a Sakuno.
-Gracias – expresó con total sinceridad - ¿cuál es tu nombre? – preguntó para sorpresa de la aludida, que no pudo evitar levantar su rostro y mostrar sus bellos ojos celestes.
-Ann, mucho gusto – hizo una leve reverencia.
-Sakuno, encantada – retribuyendo el gesto.
-Le traigo el desayuno, espero sea de su agrado – indicando la bandeja que mostraba los alimentos.
-¿Hasta cuándo estaré aquí? – una súplica se escuchó.
-Lo siento, pero no se nada de eso – expresó cabizbaja, para abandonar el cuarto ya que el hombre en la puerta le indicó que saliera – si me excusa.
Alcanzó a emitir un sonido sin definición, ya inmediatamente la joven cruzo el umbral la puerta fue cerrada nuevamente, dejándola atemorizada en su interior. Observó la comida, pero el nudo en su garganta le impediría tragar algún alimento; una lluvia de preguntas venían a su cabeza, intentando comprender por que le sucedía esto, en que momento su vida giró de manera imprevista como para dejarla en una posición tan inestable y desconocida, hasta que la puerta se abrió otra vez.
Ahora la visitaba una mujer que logró intimidarla, entró con decisión y suma elegancia, vestida de impecable kimono negro con estampados florales rojos, perfectamente ataviada en un bello peinado y maquillaje. Su imponencia le indicaba que debía ser una persona importante, ya que esta vez el guardia había cerrado la puerta para darles privacidad.
-Buen día, tú debes ser Ryusaki-san – cambiando drásticamente su imponente persona a una totalmente amable, casi podía imaginar una dulce y sencilla mujer sino fuera por la elegancia de sus trajes – Mucho gusto, soy Echizen Rinko – sonrió, sobresaltando a la joven.
-M-mucho… gusto – consiguió responder aturdida.
-Primero quiero disculparme por el descortés trató que recibiste ayer por los miembros de mi familia – expresó sincera – espero comprendas que las circunstancias no han sido las mejores, la muerte de mi suegro causó una gran conmoción, aunque eso no justifica el comportamiento grosero que ellos tuvieron – haciendo una reverencia que perturbaron a Sakuno.
-No se preocupe – dijo avergonzada al ver que aquella mujer le expresara tan efusivamente sus disculpas, dejando a un lado su orgullo y distinción.
-Te agradezco tu comprensión, cualquier cosa que necesites no dudes en pedirla – anunció ya recompuesta.
-¿Cuándo… podré… irme? – cuestionó con sumo cuidado y claro temor.
-No te preocupes, me encargaré ahora mismo de eso; tú no eres una prisionera, así que por que no desayunas mientras Ann-chan te trae tus ropas y después le pediré a mi chofer que te lleve a tu casa – confirmó sonriente la mujer – a menos que quieras quedarte unos días, serías mi invitada.
-Gracias, pero no creo que sea posible – expresó un tanto incómoda por la amabilidad tan contraste que mostraba la mujer, muy distante a los hombres.
-Entiendo – mientras salía del cuarto con la misma elegancia.
Una vez Rinko abandono el cuarto a los pocos minutos después fueron devueltas sus ropas, totalmente limpias y planchadas logrando que sintiera cierto alivio con esto, aquella desconocida mujer parecía sincera, así que estaba esperanzada que pronto la dejarían marchar y en lo posible nunca más volver a cruzarse con este tipo de gente, sobretodo con ese hombre arrogante que la insulto.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Mientras tanto, en la sala principal se hallaban desayunando los miembros hombres de la familia Echizen, en un mutismo absoluto intentando encontrar una rápida solución a los recientes problemas. De seguro este día sería insoportable, ya que deberán llevarse acabo todas las ceremonias pertinentes para el sepelio del mayor de ellos, como es habitual en estos casos un sinnúmero de personas vendría a entregar sus condolencias, por tanto había que estar preparados.
En realidad, se encontraban afectados por el deceso del abuelo, aunque no fuera una demostración elocuente, quizás la única forma de manifestarlo era estar en silencio o mantener conversaciones sin sentidos, lo último ya había sido efectuado la noche anterior, así que ahora la nula bulla era signo de respeto. Solo ruidos proveniente de sus actos normales para comer o alguna otra una nimiedad.
Aquella inestable templanza que los rodeaba fue interrumpida por la dama de la casa, quien entró inexplicablemente con cierto grado de molestia remarcada en su rostro, las miradas fueron dirigidas a ella en son de saludo intentando no alterar aún más a la mujer, pues temían ser castigados por lo que la angustiara, no imaginando que justamente ellos eran los causantes.
-¿Querida, vienes a desayunar con nosotros? – tanteando el camino, pero al ver la mirada tosca en su esposa le hicieron arrepentirse de su tono burlesco.
-Nanjiro, no te hagas el gracioso conmigo – fulminando a su esposo en cada palabra - ¿se puede saber, por aún permanece en esta casa aquella chica, además de mantenerla como si fuera una prisionera? – espetó con indignación.
-Por que puede ser la ramera que mató a mi abuelo – expresó seguro su hijo menor, que rápidamente recibió una gélida mirada de su madre.
-Debes estar orgulloso, Nanjiro – mirándolo con reproche; ahí íbamos de nuevo, cualquier cosa era culpa suya sobretodo si eran sus hijos quienes cometían el error – lo único que les enseñaste sobre mujeres trata sobre prostitutas, es que no se te ocurrió que existen otra clase de mujeres.
-Mamá, no creo que sea para tanto – intentó defender Ryoga – sabemos la diferencia.
-¿Eso crees? – expresó con superioridad – si dices conocer la diferencia, entonces ¿cómo explicas que esa chica aún este aquí? Además¿por qué la trataron como si fuera una de esas mujerzuelas, con las que ustedes están acostumbrados a tratar? – los retó sin clemencia.
Por unos instantes, los hombres se observaron entre sí como intentando encontrar una disculpa convincente, sino esta reprimenda no acabaría nunca, asimismo fingían no entender la última acusación. Esa actitud inocente de parte de ellos solo empeoraba la situación.
-¿Acaso creen que son tan estúpida? – preguntó en un bufido – sé perfectamente los tipos de lugares que suelen frecuentar, que piensan que me case con su padre sin conocer los negocios en los cuales su familia hacia fortuna.
-No estamos diciendo nada – aventuró a decir su hijo mayor.
-Pero lo piensan – contestó sin vacilar – les voy a decir algo, no voy a permitir que vuelvan a tratar de esa manera tan despectiva a Ryusaki-san, ella es una señorita que nada tiene que ver con este sórdido mundo.
-El mismo mundo al que tú perteneces – interrumpió Ryoma con frialdad, que nada le gustaba las ordenes de su madre.
-Calla… quien está hablando soy yo – con gran autoridad para que a nadie le quedaran ánimos de molestar – es cierto que pertenezco a este mundo, pero esa fue mi opción.
En efecto, Rinko pertenecía a una familia de la alta sociedad nipona, pero estando en la universidad conoció a Nanjiro, aunque en un principio lo detestaba por su arrogancia y orígenes familiares, este supo ganarse a la chica entre un sin fin de situaciones que lograron conquistar a Rinko, la principal fue cuando la ayudo a escapar de un matrimonio arreglado, para evitar que su relación con Echizen tuviera frutos, aunque eso ya era imposible.
Abandono su vida de princesa para convertirse en la mujer del futuro heredero de Seigaku, uno de los principales clanes del Yakuza; obviamente su familia renegó de ella, no volviendo a tener contactos con ellos nunca más. Sin embargo, para Rinko esto no generaba ningún problema, a pesar que tuvo dificultades para ser aceptada por los padres de Nanjiro, supo ganarse su lugar.
-Aquella inocente chica ni siquiera sabe en donde esta y ustedes se atrevieron a insultarla, que esperaban… que luego de haberla maltratado a ese punto, además de que estuvo expuesta a semejante escena, ella vendría de buenas a primera a decirles lo que había sucedido – alzando la voz exasperada por la nula delicadeza de ellos.
-Chibisuke pensó que era una ramera – desligándose un tanto – y además¿qué podría estar haciendo el abuelo con una mujer?
-Es verdad, mujer – interfirió su marido – que otra cosa íbamos a pensar.
-Por supuesto, para ustedes el mundo se divide en dos clases de mujeres – pronunciaba con ironía – yo y las prostitutas, a menos que a mi también me consideren como tal.
-No hemos dicho eso – se apresuró a decir Nanjiro – es solo que… entiende la situación.
-Nadie puede asegurar que esa... – retractándose al ver la fiera mirada de su madre - que ella no tiene nada que ver en esto – intervino Ryoga.
-Si solo se hubiesen detenido por unos segundos a observarla, podrían haberse dado cuenta de la realidad. Esa chica no es capaz de matar ni a una mosca, no digo que sea una santa devota, pero es claro que la muerte del abuelo también fue una sorpresa inesperada para ella – elocuente discurso que terminó por convencer a los hombres, al menos a los mayores.
-Puede que tengas razón – aceptó su marido – pero ella estaba allí, así que algo debe haber visto.
-Eso es verdad, no podemos permitir que se vaya – complementaba Ryoga.
-Se equivocan – afirmó Rinko – ella debe irse, no es justo implicarla en esto, el trauma debe ser muy grande para que no recuerde nada, así que hay que darle tiempo.
El ambiente estaba enrarecido, algo denso y perturbador, no era para menos considerando la reciente discusión con su familia. Sin embargo, no torcería su decisión de permitir ir a Sakuno, a pesar de la inmensa molestia del menor al notar la delicadeza con que su madre la trataba.
-Ya oyeron – dictaminó con rudeza – no quiero volver a escucharlos… a ninguno – afirmó mirando expresamente a Ryoma – que vuelvan a llamar a Ryusaku-san de una manera tan denigrante como antes y la dejaran ir ahora mismo.
-Pero mujer – se aventuró a pronunciar su esposo.
-Nada de pero… basta con verla a los ojos para saber que ella no sabe nada ¿es qué acaso no lo ven? – la incredulidad en sus oyentes le entregó la respuesta - ¡Es el colmo! – vociferó por lo alto.
-¿Qué esperas? – cuestionó Nanjiro – no sabemos nada de esa chica y eso que no recuerda nada… ¡por favor! – dijo con recelo.
-Está mintiendo – afirmó Ryoga – no podemos permitir que se vaya.
-¡Basta! – siendo silenciados por la mujer – es obvio que no recuerda nada, que creen que todo el mundo esta familiarizado con esas escabrosas escenas – decía ya molesta – Ryusaki-san es una joven ingenua, no conoce nada de este mundo; para ella esto debe ser tan real como para ustedes las mujeres castas y puras.
Volvieron a mirarse entre sí, era increíble ver como su madre defendía a esa chica aun sin conocerla, aunque más inverosímil aun era imaginar mujeres vírgenes e inocentes, ya que hasta donde ellos sabían eso era un suceso de lo más improbable solo de novelas románticas. El mundo donde estaban insertos les había enseñado que las mujeres son capaces de venderse a cualquier precio, que los sentimientos verdaderos son una vaga ilusión, jamás auténticos.
-Además, si Taro-san pidió que la protegieran, no creen que es porque ella es inocente – los miraba casi con burla de lo obvio que podía ser pensarlo – si ella fuera la asesina o tuviera que ver en algo, el abuelo jamás te habría pedido eso, sería algo irrisorio solo imaginarlo – hablaba convencida mirando al menor de sus hijos.
-Puede que tengas razón – decía su esposo con algo de resignación.
-¡Viejo! – vociferaron sus hijos con desconcierto.
-Escuchen… no podemos perder mucho tiempo y tu madre tiene razón en algo, aquella chica puede haber bloqueado esos recuerdo por miedo, si queremos su ayuda tendremos que hacer lo que el abuelo nos pidió. El mantener a esa niña cautiva no facilitara las cosa para que recuerde y tu madre no permitirá que la torturemos – su mujer lo miró fijamente por aquella insinuación – no te preocupes, la integridad de ella esta a salvo - emitió con autoridad, ese era su rol su palabra es ley.
-¡Está bien! – Se resigno el mayor – mientras me encargaré de buscar información por otro lado, iré hablar con Atobe.
-No te preocupes por eso, Tezuka se hará cargo de eso – le informaba su padre – una cosa más, será mejor que no se revele nada sobre esa chica, por su seguridad; solo nosotros sabremos de ella al menos por ahora.
-Al fin comienzan a pensar con la cabeza – interrumpió Rinko – entonces le pediré a Kawamura que lleve a Ruysaki-san a su casa – miró con seriedad a su marido verificando que no la contrariaría.
-Has lo que te parezca conveniente, mujer – emitió rendido, aunque una mirada sospechosa le dedicó al ver su empeño por cuidar de esa chica.
Aquel tenso ambiente fue cambiado levemente, ya que ahora las energías eran concentrarse en otros asuntos. No obstante, el menor de los Echizen no estaba satisfecho con esto, dejar ir a esa chica no era de su agrado, para él lo mejor era tenerla cautiva hasta que recobrara la memoria, si es que la había perdido. Como no estaba dispuesto a seguir escuchando decidió marcharse.
-Ryoma, querido – le llamó su madre.
-Madre – expresó con recelo.
-Supongo que harás lo que corresponde – pronunció con suspicacia.
-Si te refieres a mi trabajo, por supuesto – decía como arrastrando las palabras.
-A eso y a cuidar a Ryusaki-san como te lo pidió tu abuelo – remarcando claramente las palabras importantes.
-No tengo alternativa¿cierto? – bufó exasperado que continuaran recordándole aquello.
-Me alegro, hijo mío – sonriendo complacida.
Hizo una ligera reverencia para despedirse de su madre, ignorando a los otros que notaba divertidos observando la escena, ya que sabían que él no sería capaz de contradecirla así como tampoco a su abuelo; sin más remedio que aceptar esto salió del cuarto.
-Madre¿por qué te empeñas tanto en defender a esa chica? Si ni siquiera la conoces – retomó la conversación el mayor de sus hijos.
-Digamos que me recuerda mucho a mi cuando tenía su edad – respondió sin vacilar, mientras sorbía un poco de té.
-Como quieras – emitió pensativo – será mejor que también me vaya, adiós – reverenciando para salir.
-A mi no me engañas – afirmó su esposo, que había esperado que quedaran solos – creo que tú sabes algo que yo ignoro y me gustaría saber – exigió con cierta seriedad.
-No se a que te refieres – fingiendo no entender, pero la mirada instigadora de su esposo la hicieron hablar – está bien, puede que sepa algo… pero nada tiene que ver con la muerte del abuelo, así que no te preocupes por eso, nunca te ocultaría algo que perjudicara la investigación – aseguró.
-Pero tiene que ver con mi padre – intentando averiguar.
-Quizás, pero ya no seas curioso cuando crea conveniente te diré lo que yo sé – finalizó la conversación con una leve caricia en el rostro confuso de su marido.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Luego de haber hablado con aquella distinguida mujer, la joven de cabellos rojizos se encontraba con cierta esperanza en su corazón, aunque todavía inquieta por seguir en el cuarto encerrada, pero sabía que pronto se podría ir, al menos así se lo había confirmado Ann una vez trajo sus ropas limpias, solo debía esperar que vinieran por ella.
-Ryusaki-san – la llamó la joven desde la puerta – este es Kawamura-kun, el chofer de Rinko-san – presentaba al hombre parado a su lado, un sujeto alto y robusto con una apariencia un tanto atemorizante, pero una sonrisa tímida y nerviosa.
-Buenos… días, Ryusaki-san – efectuando una torpe reverencia – si esta lista… nos podemos ir – aquel gran porte no hacía juego con sus palabras inseguras.
-Buenos días – correspondió al saludo – por favor, vamos – casi una súplica por escapar.
Sin más retrasos se encaminaron hacia los estacionamientos, entre largos pasillos de madera y armónicos jardines que complementaban la inmensa residencia, otorgándole gratos espacios para refugiarse del implacable verano. Se cruzaron con variadas personas, unas pocas mujeres que Sakuno reconoció como sirvientas por llevar la misma sencilla vestimenta que Ann y en mayor medida hombres uniformados de traje negro, que los observaban intimidantes.
No pudo evitar sentirse presionada ante las instigadoras miradas de algunos individuos, agachando inevitablemente su rostro y casi arrastrando sus pies para moverse, solo observaba las piernas de Kawamura para no perder el paso. Pero a cada instante era más difícil avanzar, se sentía como una especie rara en exhibición logrando incrementar su nerviosismo.
Mientras tanto cerca de donde estaba Sakuno, caminaba casi a trancadas el menor de la casa, pateando sus frustraciones y rabia al verse sometido a una inusual situación, preguntándose incesantemente ¿desde cuándo ellos se habían convertido en guardaespaldas?
-Hey, Ryoma – despertándolo de un golpe – te estoy hablando, tenemos que ir al muelle por la llegada de un pedido desde Tailandia.
-Mmghh – con una mueca de aceptación, aunque sin mayor interés.
-¿Qué haremos con respecto a esa chica? – quiso averiguar pues ya había escuchado cierto rumor de su esposa.
-Si ya lo sabes, no preguntes – contestó con pesadez.
-¿Y cómo haremos eso? – cuestionó incluyéndose, ya que era claro que él tendría que ver ese trabajo.
Eso mismo se preguntaba él, enfrascándose en sus problemas divisó a la causante de ellos, que ese momento cruzaba frente a él aunque no había notado su presencia. Sin embargo, la voz sonora de Kawamura la alertó.
-Buenos… días, Ryoma-san – reverenció el joven robusto, mientras el aludido solo hizo un gesto de saludo – hola Momo.
-Hola Kawa¿qué tal? – con su alegre sonrisa.
De un respingo la joven de ojos carmesí levantó su rostro al escuchar aquel nombre, rápidamente el miedo mezclado con rabia afloró en ella, por eso al enfrentar la mirada ámbar en un colosal gesto lo ignoró completamente, continuando su recorrido como si nada. Al verse obviado sintió como su orgullo nuevamente era pisoteado por la chica, situación que no dejaría pasar otra vez así como así.
-Ryoma¿crees qué…? – las palabras nunca llegaron al interceptor, pues ya caminaba hacia la joven víctima.
Empuñó sus manos amenazantes intentando contener la rabia que recorría su ser, a pesar de su indignación sabía que no podía golpear a la chica, ganas no le faltaban, no obstante, si llegaba hacerlo solo confirmaría lo dicho por Sakuno, que no era más que un cobarde y un Echizen jamás sería tachado de eso, además, era la protegida de su madre e irónicamente la de él.
-¡Espera! – espetó de golpe, agarrando el delicado brazo femenino para voltearla con brusquedad.
Al conectarse sus miradas el tiempo instantáneamente detuvo su andar como inmortalizando este inevitable encuentro, solo el sonido del viento acompañaba la escena filtrándose en la escasa distancia que los separaba. Respirando al unísono, las palabras parecían innecesarias e ineficaces, ya que sus labios permanecían desprovistos de movilidad y sus mentes incapaces de formular frases coherentes.
Un bloqueo total de expresión se observaba en la pareja, ninguno daba señales de iniciar algún movimiento como si la capacidad para manifestarse les hubiese sido arrebatada. Por un lado, la perturbada joven intentaba encontrar respuesta a su actuar, ya que inexplicablemente sentía como su cuerpo reaccionaba al contacto con aquel hombre, desmesuradas palpitaciones y un pudoroso rubor en sus mejillas la invadían, un total desconcierto; era como si su cuerpo estuviese enterado de algo que su mente todavía desconocía.
Mientras tanto, el joven de gran orgullo no comprendía porque al instante de tocarla su cuerpo se paralizo hasta el más mínimo músculo, suprimiendo sus pensamientos y negándole la opción para hablar, sentía que todas las palabras que había ideado para escupir en la cara de la fémina, habían quedado atrapadas inevitablemente en su garganta ejerciendo una presión agónica cerrándole por completo el paso.
-¡Suélteme! – expresó en un débil pero firme sonido, ya que era sujetada tenazmente por sus brazos.
Turbado con esta indescriptible sensación, parpadeo confuso para luego en un leve empujón zafarse de Sakuno, como si hubiese tocado algo sumamente caliente terminó impulsándola lejos de él. Solo la miró una vez más con cierto desprecio (aunque no pudo evitar que sus ojos viajaran deleitosos por todo el extenso de la fisonomía de ella), para luego alejarse con mayor frustración descargando su ira con quienes se le cruzasen en ese momento, sin obviar a ninguno… Como odiaba a esa mujer, mas ahora que le impidió reaccionar.
Asimismo la joven comenzaba a recobrar sus sentidos, incapaz de entender lo sucedido observó como su captor se distanciaba, entonces se despejó las ideas perturbadoras para subirse rápidamente al vehículo, debía escapar de ese lugar. Por instinto percibió que aquel sujeto de ojos ámbar era peligroso, aunque no podía definir en que sentido podía ser perjudicial para ella… pero si su cuerpo había reaccionado así, pensó… seguro debe ser el gran temor que sentía con solo mirarlo, sino ¿por qué tembló con solo verlo?
Ambos se retiraron en disímiles direcciones, tratando de olvidar absolutamente toda esta contrariedad de emociones. Cada uno con el firme propósito de hacer caso omiso a esto, Sakuno dando por seguro que jamás volvería a verlo (negando cualquier imagen que su mente insistía en mostrarle); en cambio, Ryoma convenciéndose que nunca más estaría tan cerca de aquella mujer, protegerla no significaba hacerlo él mismo.
Continuará...
Nos vemos en otro capítulo, como no tengo mucho que decir mejor me despido, esperando su incondicional apoyo... esto recien esta comenzando, cualquier duda o sugerencia no olviden decirla, Bye Bye
