De cómo los reyes encontraron su caballero.

Trío.

James Moriarty y Molly Hopper son los reyes del patio.

No eran los más populares del colegio. La gente los ignoraba, pero ellos sabían que eran el rey y la reina. Los profesores sabían que cuando se juntaban nada bueno podía salir de ellos. Dos mentes maravillosas, ambos inteligentes y astutos. Demasiado para sus diez años.

Molly Hopper y James Moriarty.

Los Reyes del patio.

Ella es tímida, callada y algo torpe, al menos desde fuera. Por dentro es una mente calculadora y algo fría, la amante de los gatos y los peluches que quiere ser forense desde que tiene memoria. Molly parece tonta, pero no lo es.

Molly es la luz de la pareja, la que controla que James se comporte y no se pase.

Molly es el blanco.

Él es más hablador, extrovertido y le sería fácil hacer amigos de no pensar que son todos idiotas. Es un chico astuto, le gusta vestir bien y odia las manchas, siempre viste de manera impecable y detesta los experimentos de Molly. Jim parece vulnerable, pero las apariencias engañan.

James es quien impulsa a Molly a saltarse las normas y a no aceptar que nadie pase por encima de ella.

James es el negro

Se complementan, pero desgraciadamente, no están completos, les falta algo... o alguien. Los reyes necesitan un caballero.

Los dos niños estaban sentados en el patio del colegio, James, con una corona de cartón en la cabeza miraba al resto de niños que corrían y se peleaban.

-Aburridos y comunes Molly…

La chica solo lo miró unos segundos y habló suavemente.

-Cómo tú digas Jim.

Siempre igual, ella se entretenía mirando cualquier cosa y Jim se quejaba. Les hacía falta algo más, un milagro.

Ambos niños siguieron como estaban, Jim quejándose y ella, ella observando el vuelo de un gorrión que hacía su nido. Pena que nunca fuese a terminarlo, puesto que el pequeño pájaro cayó frente a la niña, emitiendo un último silbido.

Molly, a diferencia de lo que habrían hecho otras niñas no chillo ni comenzó a llorar, sino que recogió el pájaro con cuidado y lo sostuvo frente a sus ojos, sonriendo enigmáticamente.

-¡Tú!

James había visto quien había matado al pájaro. James lo veía todo, siempre vigilante, siempre atento, dispuesto para usar sus conocimientos en contra de sus semejantes.

-¡Menuda puntería!

Dijo cuando el tirador s acercó. Un chico escuálido, alto, con el pelo rubio arena cortado militarmente, una ramita entre los labios y unos ojos astutos y metálicos de halcón.

-¿Cómo te llamas desconocido?

-Sebastian.

Hablaba en voz baja, una voz bastante suave, casi tanto como la de Molly, quien no había abierto la boca desde que el pajarillo cayó en sus manos.

-¡Sebby! Yo soy Jim, ella, Molly… ¿Querrías participar en nuestro juego?

El asintió, Sebastian, Sebby para el rey y la reina del patio, era uno de esos chicos solitarios y ansiosos por tener amigos, Por raros que fuesen.

-¡Perfecto! Pero…

Jim cerró los ojos como uno de los gatos de Molly tras comerse un ratón, entreabriendo los labios unos milímetros.

-Pero… tengo que avisarte Sebby, nosotros no jugamos limpio.

Cuando el joven oyó esas palabras sonrió de lado, mordisqueando su ramita.

Sebastian, odiaba el juego limpio.

Y al fin había encontrado gente como él, amigos.

James Moriarty y Molly Hopper son los reyes del patio; pero ya no están solos. Sebastian Moran, es su caballero.

¡Perdón por este desvarío! Pero… Siempre he creído que estos tres estaban relacionados entre ellos. Y Molly siempre me ha parecido algo más que la científica tonta. ¡Por el amor de dios! Trabaja con cadáveres.