Esa noche intenté dormir, pero es que había ocurrido ese evento tan ficticio y vergonzoso, en términos de quedar en ridículo tratando de convencer a los demás, que me era imposible pegar un ojo. Me levante y baje a la cocina a buscar un vaso de agua, tal vez de esa forma podría calmarme. Roots me siguió hasta la puerta de la heladera asombrado.

– ¿Qué me miras así? ¿Tú también quieres? –Respondí ante su mirada y asintió y busqué su tazón para ponerle agua– Podría decirse ahora que imaginé todo ¿verdad? –me froté los ojos, estaba muy dormida, debía de ser tarde

–No es tu culpa–oí un susurro que provenía del lado de las escaleras, sonaba a la voz de mi papá–.

Esa noche los había oído susurrando algo sobre el perro, pero no les presté mucha atención, yo sé que querían lo mejor para mí de todas maneras.

–Es solo que eres pequeña y esas cosas pasan–prosiguió–, pero no te preocupes se pasará con el tiempo.

– ¿Qué es lo que quieres decir con eso? –le espeté

– Que a mi también me pasaba de chico según tu abuela, pero ya lo olvide, así que supongo que será igual para vos. De niños a muchos nos ocurre que vemos cosas extrañas pero está en nuestra alma y en su inocencia y capacidad de imaginación–explicó–.

– ¿Quieres decir que es mi imaginación entonces? –interrumpí

–No del todo, ya comprenderás cuando seas más grande. Ahora ve a la cama, es demasiado tarde y no quiero que te quedes dormida en el colegio–señaló hacia las escaleras–Te quiero mi pequeña princesa.

–Yo también pa–respondí y corrí escaleras arriba–.

Me recosté en mi cama mientras Roots subía encima mio y escuchaba los pasos de mi papá hacia su habitación. Intenté volver a dormirme y creo que lo logré instantáneamente y que dormí como un tronco, porque esa mañana no recordé nada más.

A eso de las seis y media ya estaba mi mamá llamando a que me levantara. Siendo honesta, los lunes era para tirar el despertador a la piscina y seguir durmiendo, creo que no debe existir ser humano al que le guste levantarse tan temprano el primer día de la semana. Y para peor, que tenga que estar todo el día en el colegio y llegara tarde a mi casa era como para quedarse y dormir hasta las once.

Como de costumbre me bañe, me vestí, desayune, me lavé los dientes, agarré mis cosas y subí al auto. No podía esperar para seguir durmiendo en el auto por eso era la primera en terminar y la primera en bajarme, primera parada la Escuela Primaria Estatal de San Francisco.

Llegue a mi aula saludé a mis compañeros y esperé a que llegara la maestra. Recuerdo que ese día tenía un sueño mortal, se me hacía difícil mantenerme despierta. Lo único que me mantenía despierta era saber que una vez finalizado el día escolar tenía la revancha de futbol en la que quería concentrarme, teníamos que ganarles a los chicos y por algunos puntos para demostrarles que no se dejaran engañar. Lo que me hizo acordar de la charla de esa noche con mi padre y sobre mi perrito. Todavía tenía tantas dudas que necesitaban una respuesta. Debe haber sido el día que menos atención presté en clase, pero eso no tenía importancia, había cosas mucho más "interesantes" que tenía que resolver en mi vida, eso no podía quedar así, necesitaba más explicaciones. En definitiva nada era suficiente para mí, estaba definidamente en la etapa del "¿por qué?".

Lo bueno es que mis amigos de la escuela podían distraerme, era demasiado frustrante estar con el mismo tema todo el día. Mis compañeros de la escuela eran graciosos, me ayudaban y todo, hasta uno de ellos tenía la particularidad de parecerme muy lindo, pero no tenían comparación con mis amigos del vecindario, ellos están a mi lado desde bebé, y nos hemos juntado todas las tardes desde entonces, se podría decir que somos una "hermandad de angelitos" como a veces nos llaman nuestros padres y vecinos. Era lo mejor del día llegar a casa y juntarme con ellos, hasta podría decir que sabían más de mí que mis padres o yo misma. Nunca, jamás los hubiera querido abandonar, ni siquiera para ir a la universidad, a menos que vayamos a la misma.

Me fue a buscar mi madre como siempre y me llevó a casa, donde deje tirada en el comedor mi mochila y fui a buscar a los chicos para la revancha. Fue un partido cansador pero muy divertido. Ya por lo último las chicas teníamos la ventaja de 3 puntos contra 2, tan solo un punto más antes de que acabáramos y nos declarábamos mejores. Hasta podríamos haber iniciado la idea de un campeonato. Pero a último momento Sean nos metió un gol y aprovechamos que se distrajo y le metimos uno nosotras cuando justo se hizo la hora de volver para cenar a casa así que ganamos la revancha pero solo por un punto. Fue el partido más interesante de la temporada dirían los narradores si hubiéramos tenido.

Cuando llegue a mi casa me recibieron Roots y papá que no me veían desde la mañana y el cachorro balbuceó algo que sonaba a "extrañé", por lo que lo miré extrañada tan solo un instante y luego noté que mi padre también lo miro fijo, como si lo hubiera escuchado también, pero de todas formas no le pregunte. Nos quedamos charlando como siempre hasta que mamá sirvió la mesa, comimos y después de lavar los platos ella se fue y nosotros nos quedamos solos hablando junto al animal.

De repente recordé lo que habíamos hablado la noche anterior y de como había mirado al perro hacía un instante y le hice le siguiente pregunta:

– ¿Tú lo escuchaste también?

– ¿Qué cosa? –respondió

–A Roots–respondí como si fuera obvio, exaltada–.

– ¿Cuándo? –tenía una mirada sutil, como si lo supiera pero solo me hacía gastar el tiempo haciendo preguntas tontas

–Cuando vinieron los dos a recibirme– me hacía dudar si tendría sentido seguir con eso–.

–Mmm…–Vaciló, casi pude predecir que algo ocultaba– No recuerdo, tú ¿sí? ¿Qué crees que dijo?

–Algo con "extrañé" –quería sacarle información pero no sabía como así que insistí–. Vamos, tú lo miraste cuando lo dijo, lo sé.

–Dije: "Te extrañé" –pero esta vez no fue mi padre quien contestó, sino Roots, y tanto mi papá como yo miramos al perro, estupefactos–.

–Ajá–lo atrapé–. Lo acabas de oír, no lo puedes ocultar–con una sonrisa triunfadora levante los brazos–.

–Baja la voz, vas a despertar a todo el vecindario si sigues gritando. Además–añadió–, no podemos dejar que los demás sepan.

– ¿Saber qué cosa? –Me quedé extrañada, algo estaba sucediendo – Cuéntame –le exigí–.

–Es delicado–dijo con aire pensativo–, no todo es tan simple como parece. No sé si es el momento indicado.

–Vamos, ya soy lo suficientemente grande para entender–dije imperativamente y él se limitó a asentir–.

–De acuerdo. Tu y yo somos distinto a los demás–comenzó a explicar con una mueca en su rostro–, ambos escuchamos, vemos y sentimos distinta la realidad, solo que al cabo de unos años se logra, como si fuera un instinto que se gana. Pero recuerda–me miró con los ojos fijos en mí y poniendo la cara más seria que le había visto poner hasta ese momento–: nadie debe saber de eso, si no consideran que uno está loco y no queremos que nada nos pase solo porque ellos no pueden comunicarse como nosotros. Por ahora solo necesitas saber que nos podemos comunicar con los animales. Pero trata de ignorarlos, solo así será más fácil llevar una vida normal.

–Esto… –Dudé–¿Quiere decir que no somos normales?

–En efecto–respondió con una mirada resignada–. Mira, solo trata de seguir como hasta antes de escuchar hablar a Roots y si te parece que se complica, solo pregúntame, pero que tu madre no se entere. ¿Vale?

Asentí. Me acababa de lanzar una bomba, no sabía antes como hacer y después de eso menos, pero al menos sabía que podía confiar en mi padre. Solo tenía, como él había dicho, vivir una vida "normal". Tenía muchas más dudas pero intenté que funcionara.